domingo, 7 de noviembre de 2021

Capítulo 19: La fábula de las cabras y el lobo

Después de la cena, Ughbert y Lizbeth junto a Hobo se habían retirado a la salita de descanso para esperar a Antonella. La pelirroja durante la preparación de la cena había estado en la cocina vigilando a los sirvientes por si se les ocurría hacer algo indebido, y de paso, cuando estos cenaron ella se puso a hacer el té para después, aunque en ese momento no le añadió el ingrediente estrella porque alguien podría verla.
Fue junto a Ughbert con la bandeja del té, con su tetera y sus tres tazas para ellos.
Mientras esperaban a la doncella italiana que llegaría en breves instantes, Ughbert aprovechó para echar un poco del contenido del bote de laudano en la tetera, así se mezclaría todo y Antonella no sospecharía de que querían envenenarla.

—Espera, ¿qué haces?—Preguntaba Lizbeth mirando lo que hizo el chico.—Tendremos que beber nosotros también...

—Sí, pero creo que nos dijeron que estas cosas no nos afectaban ahora, ¿no?—Respondió Ughbert y luego miró a Hobo para que ella le diese una respuesta.

—''Exacto, ahora que sois semi-demonios el veneno y algunas otras sustancias no os afectarán como a los humanos corrientes, con esa cantidad de laudano probablemente os sintiérais un poco mareados, pero se os pasaría en seguida.''—Aclaraba la rata mirando a su dueño y luego a la pelirroja.

—Entonces esto nos vendrá de lujo.—La muchacha de cabello rizado esbozó una sonrisa algo maquiavélica y se puso a servir el té caliente en las tazas. Justo en ese momento entró por la puerta la sirvienta encargada de la limpieza y se reverenció ante ellos para saludar.

—Buenas noches señorito Zondervan y Lizbeth.—Saludó con extrañeza mientras se acercaba a una silla y se sentaba, mirando con duda las tazas, estaba segura de que había algo muy raro en todo aquello.

—¡Hola Antontella!—Contestaba la cuidadora, fingiendo una sonrisa calurosa.—Me alegra que hayas acudido al final.

—Sí, eso, espero que disfrutes con nosotros.—Mencionaba también Ughbert, con un tono algo más seco para hacer creíble la situación.

—Déjenme clara una cosa... ¿de qué trata todo esto...? Es que no logro comprender por qué me invitan de repente a un té por la noche... solo a mi...

—Ya te lo hemos dicho, necesitas un descanso de haber trabajado hoy mientras los demás estaban de paseo por ahí.—Ughbert agarró delicadamente su taza después de hablar para comenzar a beber.

—Bueno... no estoy segura de si debería tomar té de noche...

—Ah, no te preocupes, es una infusión relajante.—Dijo Lizbeth, tratando de parecer confiable y amable.—Puedes beber tranquila, pero si no te apetece puedo prepararte otra cosa... 

—No no... bueno, me lo beberé... Aunque... ¿me podrías cambiar la taza...? 

—¿Está sucia o algo? ¿O es que no te fías de nosotros?

—¡No, no es eso...! E-es que... bueno, verán... en la servidumbre hay... cierta inquietud y rumores a cerca de la desaparición de nuestros compañeros...

—Vaya tontería,—Dijo Ughbert de repente.—la falta de sirvientes también nos afectaría a nosotros, cuando vengan mis padres se va a armar una buena polémica, probablemente hasta abran una investigación policial y debamos contratar más personal o averiguar lo que está ocurriendo. Pero si te inquieta lo del té lo mezclaremos de nuevo en la tetera para que veas que no tiene nada.

—Por favor... y disculpen la desconfianza... 

—Lo comprendemos, yo también sentiría miedo.—Lizbeth abrió la tapa de la tetera y taza a taza fue vertiendo sus contenidos en esta lentamente, luego volvió a servir el líquido amarronado en ellas y las entregó al moreno y a la italiana nuevamente, agarrando también la suya.—Espero que estés más tranquila ahora, todos beberemos el mismo contenido.

—Vale, muchas gracias... no sé qué me ha pasado por la cabeza al pensar que me íbais a envenar.—Antonella finalmente rió un poco y los otros dos se miraron entre sí y también se rieron con ella, pero a la vez de ella, solo ellos sabían lo que le esperaba...

—''Pobre e ingenua Antonella, te van a salir caras las veces que has tratado de darme un escobazo o ahogarme en el agua apestosa de fregar.''—Repercutía la voz de Hobo en la cabeza de los semi-demonios mientras estos continuaban sentados en sus sitios, ella estaba en el regazo de Ughbert simplemente escuchando la conversación. 

Cuando la cosa parecía relajarse todos empezaron a tomar su té y a charlar sobre cosas varias, Antonella se encontraba más confiada, y Ughbert ya estaba pensando en cómo proceder con su siguiente asesinato, aunque aún debía asegurarse de ciertas cosas antes de nada.

—Una cosa, Antonella, ¿le has dicho a alguien más que ibas a estar aquí?—Preguntó el adolescente de cabello negro, mirando fijamente a la criada.

—Eh... no, ¿por qué?—Ella de nuevo se puso un poco tensa, mirando con algo de miedo al chico.

—Ah, porque luego querrán más privilegios todos, y no se puede, evidentemente.

—Bueno, no hubiera pasado nada si se lo hubieras comentado a alguien, con dejarles claro que no se puede es suficiente.—Aclaraba Lizbeth, terminando de beber, estando confiada en que no le pasaría nada.

—Está bien... Por cierto... No quiero ser indiscreta ni nada, pero... ¿usted y el señorito... tienen algún tipo de relación sentimental?—De nuevo cuestionaba la asistenta, viendo que estaban muy cerca la mayor parte del tiempo. Ellos dos se miraron de nuevo por unos segundos y luego volvieron a mirar a Antonella.

—Sí... tampoco tendríamos que ocultarlo más...—Admitió Ughbert, aunque fuera para tener una coartada para lo de la lavandería.—Cuando estábamos en la lavandería... Ella y yo nos estábamos besando, por eso... tal vez actuamos un poco nerviosos cuando nos viste allí.

—¡Ah! S-si...—Exclamó Lizbeth, podíendose colorada de la vergüenza.—Bueno... probablemente no sea muy apropiado, pero es cierto... Te rogamos discrección con esto y que no digas nada a nadie... confiamos en ti...

—No diré nada, lo prometo...—Se le vio sorprendida, sin embargo su expresión estaba somnolienta, su taza estaba casi vacía, pues había bebido casi todo el té, y estaba a punto de quedarse dormida.—Ah... creo que debería retirarme ya... estoy muy cansada...

—Sí, ahora que lo dices yo también tengo bastante sueño.—El joven de ojos grisaceos fingió un bostezo mientras se tapaba la boca con la mano.—Este té es bastante fuerte.

—En efecto, tiene hierbas relajantes para dormir bien, veréis como esta noche vamos a descansar muy bien todos.—Lizbeth sonreía aún amablemente mientras se levantaba y empezaba a recoger las tazas para ponerlas en la bandeja de nuevo.

—Todos lo necesitamos a decir verdad.—Ughbert se levantó también del sofá en el que estaba, y miró de reojo a Antonella, ella se levantaba con dificultad tras ellos, estaba tambaleándose un poco y tuvo que apoyarse en una pared para no caerse.—¿Te encuentras bien, Antonella?

—Estoy... algo... mareada, señorito... c-creo que no me ha sentado bien, s-siento que me voy a desmayar...—Contestaba con dificultad la mujer.

—Claro, has ingerido una peligrosa cantidad de láudano y vas a quedar dormidita como un bebé, nadie te va a poder despertar en unas largas horas...

—...Y en esas horas pueden pasar muchas cosas.—Terminó Lizbeth la frase de Ughbert mientras empezaban a reírse maliciosamente y la criada miraba atónita y aterrorizada a ambos chicos.

—¡¿C-cómo lo han hecho...?! ¡Ustedes están bien y han bebido lo mismo!—Exclamó con horror, tratando de escabullirse por la puerta, pero Lizbeth se adelantó y se puso frente a ella para taparle el paso.

—Digamos que somos especiales...—Susurró el adolescente, acercándose a ella por el frente, mientras la pelirroja por atrás la agarraba de los brazos y se los ponía a la espalda para que no se moviera hasta que quedara inconsciente. Hobo se había subido en el hombro izquierdo de Ughbert, y la criada italiana, al ver cómo esta cada vez estaba más cerca de su cara empezó a negar con la cabeza, aunque estaba atontada por el laudano.

—¡D-dejadme en paz...!—Exigía temblorosa con debilidad.—Y-yo no he hecho nada...

—Oh... sí que lo has hecho: acordaste crear una conspiración hacia los Zondervan con tus compañeros, y uno a uno estáis pagando por ello, y aunque aún no hayáis hecho nada a nuestra familia sé que habéis cometido más crímenes y que sois bastante ''buenos'' en ello.

—¿Cómo sabes eso...?—Ella cada vez estaba más asustada y adormilada, casi no aguantaba en pie y Lizbeth la mantenía agarrada, aunque esto no era un problema, pues la pelirroja era más corpulenta y alta que Antonella.

—Alguien nos ayuda y nos ha mostrado todo lo que teníamos que saber para proteger a los que os han dado trabajo y hogar, y no ha sido Dios ni el espíritu santo, de hecho, te voy a decir un secreto, Antonella: hemos bajado hasta el mismísimo infierno y os hemos visto a todos maquinar contra los Zondervan. 

—S-sois... ¿demonios...? ¿Los dos...?

—Los tres.—Ughbert sonrió mientras le ponía la rata en la cara y esta le ponía las patas en las mejillas chirriando a modo de risa maligna. La criada quería gritar, pero acabó desmayándose, no sabían si fue exactamente por Hobo o por el láudano, pero igualmente se la podían llevar ahora para el siguiente paso de su plan.

—"¿No puedes ser menos teatral?"—Le preguntó Hobo a su dueño, mientras aún seguía en sus manos.

—Me he emocionado, esto es bastante divertido.—Contestó sonriendo pérfido Ughbert. 

—No sabes cuánto me alegra verte contento.—Dijo Lizbeth hacia el moreno, mirándole con ternura mientras sujetaba a Antonella.—Pero bueno, luego lo hablamos mejor, debemos llevar a esta inútil a algún sitio seguro y pensar en qué haremos para acabar con ella. Hobo, ¿puedes salir y ver si queda alguien por la mansión?

—"¡Ahora mismo!"—Hobo saltó al suelo y salió de la habitación correteando, y al quedarse solos, la pelirroja volvió a mirar al moreno, esta vez algo más seria.

—Oye, Ughbert... Lo que has dicho antes de que tenemos algo... ¿lo has dicho en serio?

—No lo sé... tendremos que hablarlo luego a solas cuando esto termine, estos temas me confunden, pero es indudable que siento atracción por ti, y ahora que sabes del tema de Satán y todo este embrollo no tengo excusas para evitarlo más.

—Yo también siento atracción por ti... es obvio... pero tienes razón, lo hablaremos luego... creo que tuve una idea gracias a un cuento que solía contarles a los niños que cuidaba, la usaremos para nuestro cometido si te parece bien.

—De acuerdo, ahora vamos a ver si al moverla no nos ve nadie...—Ughbert prefirio dejar el tema de su amorío para un momento más tranquilo aunque se sintiera muy bien de escuchar que sus sentimientos eran correspondidos, pero en ese momento también estaba nervioso de ser atrapado. 

Salió de la sala poco después que Hobo y Lizbeth se limitó a mirarle para ver qué señales le hacía el chico, este a su vez vio que la rata volvía con ellos y les daba vía libre, pues ya no había nadie por el pasillo a esas horas y todo estaba oscuro.

Afortunadamente tenían cerca la salida y aún el hall principal estaba iluminado, pues era lo último que solía apagarse porque era lo más complicado, Jefferson era quien debía subirse a unas altas escaleras e ir apagando las velas de la lámpara de araña que había una por una con un instrumento alargado especial, y normalmente lo hacía a media noche, así que estaba a punto de llegar a hacerlo y Ughbert y Lizbeth debían darse prisa en trasladar a la inconsciente Antonella. 

Asegurándose de que en el hall no había nadie, los semi demonios salieron del pasillo donde se encontraban y atravesaron muy deprisa el gran recibidor hasta la puerta principal llevando al cuerpo entre los dos. Salieron de la mansión y tras atravesar el patio nevado se escondieron en un cobertizo cercano donde estaban las herramientas del jardín, allí se veía bastante poco, solo lo poco que entraba a través de una pequeña ventana.

—Bien, estamos a salvo de momento,—Comentó Ughbert, suspirando cansado.—Cuéntame qué has pensado, Liz, aún tenemos tiempo.

—Pues existe una fábula de un lobo y unas cabras que le contaba a los niños, el lobo engañó a las cabras pequeñas para entrar a su casa mientras su madre no estaba y se las comió enteras excepto a una que no pudo encontrar.—Explicaba muy resumidamente la chica de cabello rizado.—Cuando su madre llegó y vio el desastre la cabra menor que se escondió le contó todo y decidió vengarse del lobo. Cuando lo encontró durmiendo le rajó la barriga, sacó a todas sus hijas vivas y les metieron piedras en su lugar entre todas. Cuando este despertó tenía mucha sed, así que se inclinó a beber en el río pero se cayó en él por el peso, se hundió al fondo y se ahogó. Esa es mi idea, aprovechar que Antonella está inconsciente para abrir su estómago y meterle piedras, luego lo cosemos y la tiramos al río para que se ahogue, ¿qué te parece?

—Vaya...—Ughbert se quedó muy sorprendido y se rascó la cabeza mirando incrédulo a su cuidadora evitando sacar a relucir muchas incongruencias que tenía esa fábula, como el hecho de que el lobo no se enterase de que le estaban cortando la piel y los órganos, que no se muriera desangrado o simplemente no notara una costura gigante en su estómago, o lo más importante: ¿Por qué rayos algo como eso era para niños?—Es muy buena idea, la corriente del río se llevará el cuerpo hacia otro lugar y tardarán en encontrarla, ¿pero qué pasará cuando lo hagan? Además aún debemos ocultar los restos de Angelien, siguen en la lavandería...

—Eso ya no lo sé... dejemos ese cabo suelto por ahora... nos ocuparemos de quemar luego el cadáver de Angelien como hiciste con los otros o ya se nos ocurrirá lo que hacer con él.

Asintiendo, el joven de pelo negro miró por la ventana, las luces de la mansión se estaban haciendo más tenues cada vez hasta que se apagaron, entonces miró a su compañera como pudo, ya que ya no había demasiada luz de la luna, y le agarró la mano para avisarle.

—Creo que podemos salir ya, Jefferson ha apagado las luces del hall y se irá a dormir. Espero que nadie se de cuenta ya de que falta Antonella, nosotros, o que de verdad le haya dicho ella a alguien que se iba con nosotros, dudo que sea tan fácil todo esto.

—No pienses en eso, tal vez haya confiado mucho y realmente no haya avisado a nadie, en este punto estoy segura de que desconfían unos de otros por la desaparición de sus compañeros.

—Tienes razón, vamos... aunque... aquí hay tijeras de podar, pero no tenemos con qué coserle las tripas a esta tipeja.

—"Yo me encargo de eso chicos".—Habló Hobo de repente, que había estado muy callada.—"Lo estáis haciendo muy bien, no os preocupéis, hay más soluciones de las que pensáis, el poder que estáis recolectando al matar gente sirve para algo, no os atraparán si sabéis utilizarlo allí abajo".

 —Eso suena muy bien, me encargaré de que cuando volvamos nos expliquen sobre eso por si cometemos algún error.—Lizbeth cogió las tijeras y se las guardó en un bolsillo que tenía en su falda, ahí no se verían, entonces Hobo salió del cobertizo sola para buscar las cosas que necesitaban, mientras tanto los chicos pensaron en cómo harían para evitar mancharse de nuevo de sangre.

Después de pensar un rato decidieron  que sería Ughbert quien abriera en canal a la criada con las tijeras, ya que él podía quitarse la ropa sin problemas para hacer eso y luego volvérsela a poner, como ya no le afectaba la dura temperatura del invierno holandés podría lavarse fácilmente en el río si algo de sangre le salpicaba.

Entonces, tras acordar aquello, el chico y Lizbeth salieron del cobertizo arrastrando a Antonella hasta el bosque donde se encontraba una parte del río que pasaba junto a la mansión. Ambos se adentraron entre los árboles, y pronto se encontraron la alta valla metálica que cercaba el territorio de la mansión, Ughbert sabía que por ahí había una puerta por la que se podía salir y no necesitaba llave, pues sabía un truco para abrirla, y aunque alguien se quisiera colar por ahí, tenían mucha seguridad en la mansión y nadie podía entrar así porque sí.

Cuando atravesaron la puerta de la valla siguieron caminando con Antonella para llevarla hasta el río, y una vez empezaron a escuchar el agua fluir supieron que ya se encontraban cerca, pues entre la oscuridad de la noche y los árboles era difícil ver por dónde andaban, pero los rayos de luz de luna que pasaban por entre las ramas desnudas de los árboles del dejaba ver lo necesario.
Ya llegaron a la orilla, algunas zonas del río estaban congeladas por las bajas temperaturas, y había placas de hielo flotando y siendo arrastradas por la corriente, así se asegurarían de que si no moría ahogada la criada, se moriría de hipotermia porque tardarían en encontrarla, aquel río ya iba hacia otra región y se alejaba de las ciudades, así que era poco probable que encontrasen a Antonella antes de que muriera.
Colocaron el cuerpo en la hierba nevada junto a la orilla y Lizbeth sacó las tijeras de podar, dándoselas a Ughbert.

—Toma, córtala con cuidado de no mancharte, yo iré a buscar piedras.—Decía la pelirroja cuando el chico tomó la afilada herramienta.

—Me da que no te apetece mucho usar tijeras, ¿no?—Preguntaba con un tono jocoso el de pelo negro, sonriendo algo perverso.

—Pues no, la verdad es que no...—Contestó ella, poniéndose un tanto seria y cogiendo una piedra mediana del suelo.—creo que aún no estoy preparada para matar a nadie después de lo ocurrido hace años, ya que por culpa de aquello perdí mi pierna y tengo horribles cicatrices por mi cuerpo... y mi mente.

—Si no lo hubieras hecho probablemente hubieras perdido algo más que tu pierna, Lizbeth, tus actos fueron en defensa propia, y me gustó verte actuar de ese modo contra un indeseable.

—Pero ese indeseable tenía familia... y una hija que lo vio todo y que probablemente tenga un trauma de por vida tras ver cómo mataban a su padre.

—Ese no es tu problema, vi cómo se estaba comportando ese hombre contigo por el hecho de ser una mujer, ¿crees que hubiera respetado a su mujer y a su hija cuando esta creciera? Probablemente se hubiera convertido en un controlador y un maltratador.

—No sé si quiero hablar más de esto, es cierto que algunas veces le vi gritar a su mujer, pero no creo que se mereciera la muerte.

—Bueno, dejemos ese dilema moral para otro momento, el caso es que eso pasó hace años y tú estás bien, y tal y como dijo Satán: vas a tener que ayudarme en el futuro, así que tienes que intentar deshacerte de esos recuerdos.—Ughbert empezó a quitarse su ropa para no mancharla, primero sus zapatos, luego su casaca, su camisa, sus pantalones y sus medias, hasta quedar en ropa interior, había aprendido rápido a hacerlo solo. Luego dejó toda esta sobre una roca grande para que no se mojara con la nieve, y entonces le clavó las tijeras sin tapujos a la inconsciente Antonella debajo del esternón y volvió a mirar a Lizbeth, mientras del pecho de la sirvienta empezaba a brotar mucha sangre que estaba absorbiendo su ropa.—Yo también pensé en un principio en el daño que le estaba haciendo a estas personas y a sus familiares, pero su familia no tiene la culpa de que sean unos criminales, de hecho su tristeza durará unos meses después de su pérdida y después seguirán con sus vidas, en cambio si siguen vivos estos infraseres ya sabes lo que pasará, nos matarán como hicieron con anteriores víctimas, robaran y mancillarán el nombre de los Zondervan y luego seguirán haciendo exactamente lo mismo hasta que sean pillados. ¿Cuántos más tienen que caer?

—Wow... relájate, creo que una cosa no tiene que ver con la otra, el padre de familia que me atacó no era un delincuente, solo quería aprovecharse... pero olvidemos esto, ¿sí? Intentaré hacer más cosas para ayudar, no te preocupes.

El muchacho solo asintió y sacó las tijeras del cuerpo de Antonella que estaban cubiertas de sangre, las abrió y empezó a cortar torpemente la carne y la ropa con ellas, como no estaba muerta aún la sangre salía a borbotones, y se manchó bastante las manos y brazos, incluso le salpicó en las piernas, los calzones y el pecho. Lizbeth por su parte no dijo nada más y siguió buscando las piedras por la orilla y alrededores hasta que obtuvo la cantidad suficiente.
Ughbert ya había abierto todo el torso de la criada italiana y comenzó a sacar sus órganos poco a poco, ayudándose con las tijeras cortando algunas conexiones. Hizo una buena carnicería, y luego fue tirando al río los restos de carne que sacó. La joven adulta, cuando él terminó, fue dándole las piedras para que las metiera y que ella no se manchara, para ella quitarse la ropa era algo más complicado además de vergonzoso y no se podía permitir el mancharse otra prenda de nuevo, así que fue el adolescente el que colocó las piedras en el torso sangrante de Antonella. Solo faltaba que Hobo llegara con los utensilios que necesitaban para coserle el corte, de modo que ambos se sentaron a esperar junto a un árbol.

—A este paso se va a morir desangrada...—Mencionaba Ughbert, mirando hacia el cuerpo de Antonella tirado en el suelo, mientras sus órganos deshechados se iban flotando por el río, incluso pudieron ver que algún pez empezaba a llevárselos o a morderlos para comérselos, cosa que le pareció algo cómica al chico.—Mira esos peces, se están comiendo sus restos.

—Espero que Hobo venga rápido, estoy deseando descansar de una vez...—Contestó Lizbeth tratando de evitar ese tema porque le parecía algo asqueroso.

—Sí, yo también, creo que voy a lavarme mientras en el río, es un tanto incómodo estar sin ropa aquí aunque no esté pasando frío, es muy raro, siento la nieve y el viento pero no tengo frio.

—Yo tampoco, suelo salir con un abrigo a la nieve pero ahora no me hace falta, ser demonios está bastante bien, tampoco he sentido nada del laudano.

—La verdad es que hubiera sido un gran inconveniente envenenarnos a nosotros mismos también, pero bueno, a partir de ahora tenemos una ventaja bastante grande.—Ughbert se acabó levantando de nuevo y fue hacia el río, metiéndose lentamente y empezando a lavarse, tampoco podía sentir el agua helada, y le dio igual mojarse la ropa interior, pues podía quitársela e ir simplemente con sus pantalones de vuelta a la mansión y ya ponerse otros calzones al ponerse el pijama.

Tras unos momentos Hobo llegó corriendo con una bolsita en su boca y se puso junto a Lizbeth soltando la bolsa de tela, aunque luego miró a Ughbert, y algo alarmada se fue hasta la orilla y se puso a dos patas.

—''¡¿Pero qué haces, loco?!''—Exclamó a su modo el animal.—¡Te vas a congelar!

—¿Qué dices? No nos afecta la temperatura ya.—Contestó el chico, pensando que era evidente para ella, pero también extrañado por eso mismo.

—''¡Claro que sí! ¡¿Acaso no escuchas lo que se os dice?! ¡Satán dijo que aún sóis humanos y os podéis quemar y congelar! ¡Solo no sentís ni el frío ni el calor!''

—Ya, ¿y cómo pretendes que me limpie la sangre?

—''¡Si no hubieras hecho un trabajo tan sucio y desastroso no tendrías que limpiarte tanto! Sal de ahí antes de que te pase algo.''

Ughbert suspiró y terminó de lavarse, saliendo del agua, ya limpio. Lizbeth rápidamente levantó la capa exterior de su falda y rodeó a Ughbert para secarle, era lo bastante grande como para poder hacerlo, así que gracias a eso se secó bien y se quitó los calzones, ya que ahí estaba bien oculto, luego Lizbeth le ayudó a coger sus medias y sus pantalones para ponérselos y que se pudiera vestir bien sin que se le viera nada. Después de habérselo puesto, Lizbeth se apartó de él para colocarse de nuevo la falda y le ayudó a ponerse su camisa de nuevo y su casaca.

—Ya está, ¿contenta?—Cuestionó con algo de molestia el joven Zondervan hacia su rata.

—''Sí, no queremos que te mueras antes de completar el trabajo.''—Contestó Hobo, en un tono jocoso.—''Ahora, Lizbeth, cose a esta perra y la tiramos al río.''

—Bien, espero no mancharme yo ahora...—Lizbeth se desabrochó los botones de sus mangas y se remangó hasta por encima de los codos, cogiendo la aguja y el hilo gordo que Hobo le dejó en la bolsita, para luego ir hacia el cuerpo de Antonella y empezó a coserlo con cuidado de que no se saliera nada. 

Tras unos momentos de silencio, la pelirroja terminó su labor habiéndose manchado bastante poco, se lavó las manos en el río, y luego con ayuda de Ughbert la tiraron y dejaron que la corriente se la llevara. Por suerte poco a poco se iba hundiendo gracias a las piedras, ellos ya estaban limpios y todo acabó relativamente bien, ahora solo les quedaba deshacerse de los restos de Angelien y podían irse a dormir tranquilos, o al menos sintiendo que no tendrían nada más por hacer.

Ughbert cogió sus calzones con algo de verguenza y los escurrió, metiéndolos en la bolsa que Hobo habia traido, ahí entonces se marcharon de vuelta a la mansión con cuidado de no ser vistos ni oídos.

Entraron en la casa con sumo cuidado por la puerta principal, ahora todo estaba completamente a oscuras, Hobo fue por delante para ver si había alguien por allí, pero parecía que todo el mundo se había ido a dormir, así que rápidamente pero con cautela subieron las escaleras hasta las habitaciones. Ughbert abrió la puerta de su dormitorio y ambos entraron, cuando estuvieron dentro, Lizbeth cerró la puerta y el chico la miró seriamente.

—¿Qué hacemos ahora?—Preguntaba este, ligeramente inquieto.—Mañana mis padres estarán aquí y pueden ver lo que ha pasado en la lavandería, descubrirán que el tambor de lavado no está roto y probablemente haya algún resto de Angelien por ahí, después de todo Antonella era la que la había visto por última vez después de nosotros y los demás saben esto, si la encuentran muerta seremos sospechosos.

—Tranquilo, nadie puede sospechar de ti... puede que sospechen de mi primero.—Contestó ella, también preocupada.—Aunque podemos arreglárnoslas culpando a otros, si nos culpan podremos decir que tratan de inculparnos porque quieren rebelarse o algo así. Primero vamos a esconder bien el cuerpo, ahora Izaäk no es quien se encarga de la caldera, así que supongo que ya no podemos deshacernos de los cuerpos ahí, hay que buscar otro método antes de que empiece a oler mal el cadáver de Angelien.

—Vale, puedo intentar quedarla en el pasadizo secreto, pero el olor tarde o temprano se colará por las paredes, podíamos haberla llevado también al río, pero ir hacia la lavandería ahora sería peligroso porque nos pueden oír los demás transportarla.

—Entonces no sé lo que hacer, cerramos con llave la lavandería para que nadie entrara con la excusa de que el lavadero está roto y podía estallar, pero alguien podría forzar la puerta si no tienen la llave o seguramente alguien dispondrá de una copia.

—Sí, hay copias de todas las llaves guardadas, pero solo las tiene Claire, y esta las guarda en un sitio especial de la casa.—El adolescente se quedó pensando en qué hacer para que nadie descubriera el asesinato de Angelien, la encargada de la lavandería, pero todo estaba en su contra, acceder a ese lugar era algo de alto riesgo les iban a pillar si les escuchaban desde las habitaciones de los criados que estaban en la misma planta.

—''Oye, es probable que ahora recibáis más poder cuando Antonella muera en el agua,—Habló Hobo de repente, tal vez podáis usar algún portal del Infierno para trasladar el cuerpo de la otra a un lugar donde no la encuentren''.

—¿Podemos hacer eso? ¡Sería perfecto!—Exclamó Ughbert en un tono no muy alto pero contento.

 —''No estoy segura de si se pueda hacer, creo que los cadáveres no pueden pasar al Infierno, pero, ¿y de un lado a otro de la Tierra? ¡Satán, si me estás viendo y oyendo échanos una mano!''

—Sería un poco raro que nos estuviera viendo todo el...—Intentó hablar Lizbeth, pero fue cortada por un portal de fuego que se abrió ante ellos como antes.—Vale, nos ve todo el rato...

—Increíble, yo me ocupo de esto, guárdame las espaldas.—Le dijo el joven de cabello oscuro a su compañera pelirroja, y esta asintió, quedándose en la habitación con Hobo mientras él se metía en el portal de lleno.

Ughbert apareció en la lavandería, así que sin hacer mucho ruido fue hasta el armario donde había escondido la cesta dónde estaba el cuerpo despedazado de la sirvienta y se lo llevó hacia el portal. Al atravesarlo se encontró en un enorme lago que suponía que estaba bastante lejos de su localidad, puesto a que no alcanzaba a ver la mansión ni el pueblo más cercano a esta, pero eso era una buena señal, así que echó todo el contenido de la cesta de la ropa en el agua y dejó que los restos fueran desperdigados a causa del leve viento que había. El temporal de aquella mañana había amainado bastante, ahora nisiquiera nevaba aunque hiciera mucho frío.
Se deshizo de la cesta rompiéndola con una piedra y enterrando los trozos de paja y mimbre en la tierra y la nieve, entonces volvió al portal una vez el trabajo estuvo hecho y de nuevo fue a parar a su habitación. Lizbeth esperaba sentada en el borde de la cama del chico, parecía que no pasó nada malo, así que este se acercó a ella.

—Ya está, asunto resuelto, ojalá todo fuera así de fácil...—Mencionaba, agotado por tanto movimiento de aquel día.

—Bien, ahora podremos descansar tranquilos, espero...—Contestó la de ojos marrones, un poco más aliviada pero cansada también.—Oh, Hobo se ha ido en uno de esos mini portales, creo que la han llamado para comunicarle algo.

—Bueno, a saber... en fin, será mejor que descansemos de una vez, hoy ha sido un día muy surrealista y necesito descansar mi cabeza...

Lizbeth no dijo nada, solo se levantó y se puso frente al muchacho, poniendo sus manos en sus hombros, sonriendo gentilmente.

—Tienes una carga bastante grande ahora mismo para ser tan joven... y bueno, parece ser que yo también, pero a pesar de lo que te dije antes en el bosque, no pienso abandonarte, y si tengo que matar a alguien para defenderte lo haré.—Hablaba ella con un tono amoroso y delicado mientras le acariciaba el cabello y le miraba a sus grises y hermosos pero cansados ojos.—Ahora si quieres te ayudaré a ponerte el pijama y si me lo permites necesito asearme yo.

—Gracias Lizbeth... pero no te preocupes, ya puedo hacerlo solo hacerlo solo, tú puedes ir a descansar si lo deseas, también mereces un buen descanso...—Ughbert también observaba el bello rostro de la chica, aunque al poco ambos se apartaron y ella, dudando un poco se encogió de hombros y asintió.

—Vale... me iré a lavar y a cambiar de ropa, luego vendré por si necesitas algo antes de dormir.

El chico también asintió y luego la pelirroja se marchó mirándole de reojo todavía sonriendo, se podía notar una fuerte conexión entre los dos, se sentían altamente atraídos el uno por el otro, y harían algo al respecto.

Después de que Ughbert se limpiara la tierra de las manos y se volviera a asear bien, se quitó su ropa y se puso el pijama solo casi sin ningún problema, únicamente iba algo lento con los botones, pero al final pudo vestirse bien y se peinó para estar bien guapo cuando llegara su doncella personal, que ahora más que eso era su amiga, y algo más.
Esperó por unos minutos sentado en su cama leyendo un libro, hasta que de pronto, de un portal pequeño apareció Hobo saliendo de él. Saltó sobre la cama y se puso sobre su dueño, mirándole.

—''He estado hablando con el jefe,—Informaba la rata mientras el adolescente ponía un marcapáginas en su libro y lo dejaba en su mesilla de noche.—dice que no podemos abusar de los portales porque se pierde bastante poder, solo podemos usarlos en caso de que no haya una solución fácil, era muy posible que os pillaran con esto, pero ahora he provocado una avería real en el tubo de lavado para que todo sea más creíble, y si te has deshecho del cadáver de Angelien, no habrá ninguna pista''.

—Genial, pues gracias, a ti y a Satán, no me esperaba que nos ayudara tanto.—Respondió contento Ughbert.—La próxima vez pensaremos mejor las jugadas para que esto no vuelva a pasar, quise ir demasiado rápido.

—''Ya, pero todo ha salido bien, así que no te preocupes más y... ahora te recomiendo descansar mucho, yo me voy a dormir, los demonios también nos cansamos aquí en la Tierra.—Entonces el animal bajó de nuevo de la cama de su dueño y fue correteando hasta la jaula metiéndose en esta y cerrándola desde dentro.—¡Buenas noches, Ughbert!''

—Vale, descansa tú también, Hobo, buenas noches.

Iba a coger su libro de nuevo, pero entonces oyó unos golpecitos en la puerta y Lizbeth abrió esta, entrando y cerrándola después. Estaba vestida con un camisón de dormir de color beige que llegaba hasta sus tobillos y llevaba el cabello suelto y un candil. Ughbert la miró y se puso rojo sin saber qué decir.

—Lizbeth... iba a decirte que no necesitaba nada más, puedo ir yo a por lo que necesite.—Dijo el chico un tanto nervioso por su atuendo.

—Bueno, verás, no quiero dormir en mi cuarto porque no tiene cerrojo y... sinceramente no sé qué podrían hacer los sirvientes mientras dormimos,—Se explicó apenada la joven mientras se acercaba a la cama del chico.—me gustaría quedarme aquí si no tienes problemas... tu cama es bastante grande para los dos, incluso siendo yo tan... ancha.

—Ah, claro que te puedes quedar... también me sentiré más tranquilo durmiendo con alguien...

—Muchas gracias.—Lizbeth, al llegar a la cama del chico se sentó en uno de los bordes laterales y él se salió de las sábanas para ponerse de rodillas sobre esta y se puso tras la chica, poniendo sus manos sobre sus hombros y dándole un pequeño masaje.

—No tienes por qué agradecérmelo, disfruto mucho de tu compañía...—Comentaba el joven Zondervan, poniendo su cara junto al oído de la muchacha pelirroja, mientras presionaba delicadamente sus dedos sobre sus hombros y clavículas. Ella dio un suspiro de relajación y cerró los ojos, aunque pronto notó que una de las manos del chico fue a parar a su barbilla y giró la cara de ella hacia la suya para poder besarla, ahora sí era momento de hacer aquello en condiciones, los dos a solas y sin nada que les molestase.

Ella se había girado un poco hacia él correspondiendo al beso con delicadeza, y mientras se besaban, Ughbert rodeó el cuerpo de Lizbeth con sus brazos en un romántico gesto de amor.
Poco después tomaron distancia separando sus labios, ella le miró con la cara bastante enrojecida y luego decidió apartar la vista del chico, que se apartó y se sentó justo a su lado para poder verla mejor.

—Sabes, ahora sí es momento de hablar de nuestros sentimientos...—Volvió a hablar el chico, también algo avergonzado por lo que acababa de hacer.—Me he enamorado profundamente de ti, ya te dije todo lo que opino...

—Ughbert... yo también te amo... pero no sé si es pronto o si está bien esto... quiero decir... tus padres van a venir mañana y... me van a ver aquí durmiendo contigo, además puede que no sea la persona que esperan para ti en el futuro, soy una niñera y... soy pobre...

—¿Y qué? Estoy seguro de que la persona que esperan es la que yo quiero que esté conmigo y la que amo, porque solo quieren mi felicidad, y a mi me da igual que seas mayor que yo, que no seas de mi estatus social o si quiera que te falte media pierna o que según tú seas ''ancha'', yo te quiero igual, y la gente tendrá que aceptarlo.

Se quedó en silencio la joven adulta pelirroja y al final se lanzó a abrazarle fuertemente, bastante emocionada, jamás se había sentido así con otro chico, ni siquiera siendo más pequeña en los orfanatos en los que estuvo, simplemente se dedicó a cuidar de las personas y a tratar de aprender a defenderse en la calle por su cuenta, tuvo una vida dura desde muy pequeña y ahora la suerte estaba de su parte al darle a un joven rico que además de tratarla bien le dio poderes sobrenaturales y le hizo feliz.

—No entiendo cómo puedes ser tan perfecto... nadie me ha tratado tan bien como tú...—Sollozaba aún con emoción la chica mientras se separaban y él intentaba limpiarle las lágrimas.

—Pero no llores... no soy perfecto, seguramente si esto sucediera al revés la gente podría pensar en tu entorno que yo soy un niño raro que no duerme, que juega y habla con ratas y toca canciones oscuras, el caso es que ahora los dos estamos juntos... ¿no? Quiero decir... ¿qué tipo de relación tenemos?

—Pues... supongo que somos... ¿pareja?

—Eso, pues ahora eres mi novia.—Ughbert se echó en la cama arropándose de nuevo y se quedó mirando alegremente a la pelirroja, quien se había quedado sonrojada pero contenta ante tal respuesta.—Venga, vamos a dormir, nos esperan cosas intensas mañana, van a venir mis padres al final...

—Sí...—Respondió y se subió un poco el camisón mientras seguía sentada para quitarse la prótesis de la pierna y así dormir cómoda como hacía todas las noches. Dejó esta apoyada en la misma cama para ponérsela por la mañana y entonces subió a esta y gateó hasta donde se había echado Ughbert para echarse a su lado y arroparse junto a él.—Tu cama es muy cómoda, me gusta mucho.

—Me alegro, espero que puedas dormir bien aquí.—El moreno acarició el rostro de la pelirroja y esta se le acercó para posar sus labios sobre los de él, ella no había tomado la iniciativa de hacerlo por sí misma, así que quiso hacerlo, aunque esta vez ambos estuvieron un rato más largo besándose y acariciándose, incluso se habían pegado sus cuerpos entre sí bajo las sábanas.

Ughbert podía sentir los pechos de Lizbeth sobre el suyo, y esto le hizo sentirse extraño, pero le gustaba aquello y no quería parar, de hecho se le quitó el poco sueño que tenía y comenzó a sentirse acalorado. Pudo sentir lo mismo que cuando ella le bañó por primera vez: su entrepierna empezaba a endurecerse y levantarse, y sentía un intenso calor ahí abajo. Se avergonzó porque estaba rozando a Lizbeth con su miembro y esta lo notó y se apartó del beso, mirándole muy sonrojada, aunque para ese punto el chico también lo estaba.

—Ughbert... ¿T-te sientes bien...?—Preguntó ella, echándose a un lado para no aplastarle.

—S-sí... bueno, me siento como aquella vez en la bañera... estoy algo acelerado y... siento calor, aunque es extraño cuando ya no nos afecta tanto la temperatura.—Respondió, apartando la mirada de ella, que le miraba atentamente.

—No es el mismo tipo de calor...—La pelirroja rió un poco y apartó las sábanas, mirando el bulto que se formaba entre las piernas del chico por debajo de su pijama.—Esta vez puedo ayudarte directamente... si quieres...

—¿De verdad...? ¿Qué es lo que vas a hacer...?

—Déjame enseñarte, y-yo no es que sepa mucho pero... intentaré algo, si te sientes incómodo y quieres que pare solo dímelo...—Ella puso sus manos en los bordes del elástico de su pantalón, aunque no los bajó y volvió a mirar al joven.—¿Puedo quitarte esto...?

—A-adelante...

Lizbeth, antes de hacer cualquier cosa decidió apartarse para ir hacia las cortinas moradas del dosel que rodeaban la cama y cerrarlas para tener más intimidad, por si Hobo decidía echar un vistazo, y cuando ambos estuvieron completamente tapados ella continuó con lo que iba a hacer. Y así estaría dispuesta a complacer el resto de la noche a su chico, y desde luego él también quería complacerla a ella y quería aprender a hacerlo.

Continuará...

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