viernes, 10 de mayo de 2019

Capítulo 12: Sangre fría

Estaba a punto de amanecer, eran las cinco de la madrugada, y Ughbert se despertó con el sonido de su despertador. No le apetecía nada levantarse, además se había acostado a las dos y pico de la mañana y aunque no durmiera demasiado ese no era su horario normal. Se levantó a regañadientes, pero ni siquiera se vistió ni se peinó, sólo se puso el camisón de la noche anterior por si se volvía a ensuciar y tuviera algo limpio que ponerse después. Directamente se puso unas pantuflas, se colocó otra vez sus guantes y bajó por los pasadizos hasta la sala de la caldera. Había guardado un tronco mediano para quedar la puerta entreabierta y la quedó así.
Al meterse dentro corrió hacia la caldera, abrió la escotilla y miró dentro: el cadáver no estaba ni a medio quemar. Eso asustó bastante al chico, no podía sacarlo de ahí ni volver a encenderla sin que el encargado de la caldera sospechara al ir a la sala y verla encendida, de modo que a Ughbert no le quedaba otra más que esperar dentro del pasadizo secreto con Hobo, tratando de pensar en un plan B.

—¡Maldición! No se ha quemado... debí haber pensado mejor en todo esto...—Se lamentaba en bajo el chico, apoyado en la pared.

—''Lo suyo es seguir alimentando la hoguera continuamente y no dejar que se apague para que el cuerpo se queme por completo.''

—¿Por qué no me has dicho esto antes? ¡Tenemos disolventes más eficaces que esto que podíamos haber usado en mi misma bañera!

—''Porque el que tiene que usar el cerebro eres tú, amo,—Hobo le miraba poniéndose de pie, comenzando a explicarse.—cuanta más inteligencia uses para tus asesinatos más poder reunirás, cuanto más sufra tu víctima también. Esta noche Satanás me ha dicho que al matar a Meike sintió un poder bastante fuerte salir de ti, y que cuanto más reúnas más poderoso serás, obvio, pero antes debes matar a más personas para que el Señor Oscuro te pueda dar lo que te pertenece al bajar al Infierno, él te explicará mejor todo esto''.

—Esto es una paranoia... Pero ya lo he captado: no debo pedirte más consejos y debo pensar con más claridad...—Ughbert se puso serio, ahora creía a Hobo por mucho que le costase, él no notaba un cambio en sí mismo, pero sí se dio cuenta de que era una persona muy fría y sin remordimientos, cosa que le aclaraba el por qué de que Satanás confiara en él para obtener beneficios de los humanos, pero por otro lado era sentimental con Lizbeth, con ella había hablado más que con nadie aquel último mes.

—''Exacto, y ahora no tienes mucho más tiempo para prepararte algo, Ben llegará a encender la caldera en menos de media hora, así que usa tu cerebro.''

Ughbert no dijo nada y se puso a pensar. Al rato, decidido, subió de vuelta a su cuarto y cogió otras pantuflas nuevas para cambiarse, ya que su ropa limpia de antes la dejó sobre su cama, pero las zapatillas se las llevó al pasadizo junto a la sala de la caldera y luego salió de este y se quedó en una parte oscura de la sala, no sin antes haber dejado el tronco sosteniendo la puerta, para que pudiera entrar pero a su vez que no se viera mucho la entrada. Hobo no mencionó nada al respecto, solo se quedó mirándole por allí, sentada sobre un leño, y Ughbert se puso a buscar por la sala alguna herramienta útil para lo que planeaba. Para su sorpresa encontró un hacha de cortar madera que parecía estar recién afilada, la miró de cerca y la cogió con ambas manos, le resultó un poco pesada, pero era una de las pocas herramientas útiles que podía usar, puesto a que las otras de limpieza y mantenimiento no servían de mucho.

—Muy bien, ahora solo queda esperar a Ben... y tengo algo muy interesante que comentarle.—Dijo el muchacho en bajo hacia su rata, podía verla gracias al candil que quedó por allí, ya que la sala estaba completamente a oscuras al no tener ventanas ni nada por donde entrara la luz.

—''Bueno, pero asegúrate de que acaba muerto después de esa conversación, no queremos que se descubra nada''.

—No te preocupes, Hobo, este sitio está bajo tierra y nadie se molesta en bajar hasta aquí, además, los gritos difícilmente se oirán, y no pienso dejarle ninguna oportunidad de escapar, por difícil que sea luchar contra un hombre de su tamaño...

—''Jejeje... buen chico...''

Él se quedó esperando, si algo tenía era paciencia, y entonces se quedó oculto en la parte más oscura de la sala, para que al entrar el lacayo no se percatara de su presencia, ocultando el hacha entre algunos sacos de carbón, apagó su candil para no ser descubierto y lo dejó también cerca para llevárselo más tarde.
Cerca de un cuarto de hora después, Ben Winkle, un hombre de unos cincuenta y muchos años, de un metro ochenta, pelo corto y marrón, bastante robusto, encargado de la caldera, llegó a dicha sala cargado con un saco de lo que parecía ser leña nueva o bien carbón. Este lo dejó a un lado suspirando cansado por llevar aquella carga a su espalda, todo sin ver al adolescente escondido. La caldera estaba apagada por ese entonces, así que no se veía nada más que la poca luz que entraba por la puerta de la entrada que quedó abierta, y Ben agarró un candelabro que había allí y lo encendió con cerillas para iluminar la habitación, y una vez lo hizo cerró la puerta, dispuesto a encender la calefacción central para calentar toda la casa.
Ughbert, ya listo para actuar, carraspeó para hacerse notar y el sirviente, asustado, se giró hacia el sonido son sorpresa y pudo ver con la tenue luz de las velas al adolescente.

—¡S-señorito Zondervan! ¿Qué hace aquí a oscuras?—Preguntaba aturdido el hombre.

—Respóndeme a algo: ¿qué opinas de Meike Hertzberger?—Cuestionó de vuelta el chico moreno, sin moverse del sitio.

—Eh... Es mi compañera de trabajo y la aprecio, no sé... ¿A qué viene esa pregunta? ¿Se encuentra usted bien? Es muy temprano para...

—Cállate,—Interrumpió él, manteniéndose serio y firme.—no la apreciarías tanto si supieras lo que me ha contado...

—¿Qué...? ¿Qué le ha dicho...?

—Oh, nada que no sepas tú, te lo explicaré, pero primero enciende la caldera, tengo mucho frío y no tengo más sueño, yo no sabía hacerlo solo y por supuesto ese es tu trabajo, yo no debo ensuciarme.

—E-está bien, pero... usted ha bajado hasta aquí por algo y se ha ensuciado igualmente, está lleno de hollín...

—¡No me contradigas y haz lo que te he ordenado!

—Sí, señorito...—Ben no le tenía tanto respeto a Ughbert como Meike, ella mantenía algo de miedo por el chico, pero él le diría un par de cosas a ese mocoso impertinente, sin embargo debía obedecer porque si no le podían despedir, al menos antes de que lograra seguir su plan junto al resto de sirvientes.

El hombre caminó hacia la caldera antes de meter unos troncos grandes y la abrió, al asomarse vio algo inusual entre las cenizas y al averiguar de qué se trataba dio un grito de pavor y tiró el candelabro al suelo, pero rápidamente lo volvió a coger para iluminar la sala, y sobre todo a Ughbert, aunque al mirar hacia donde el muchacho estaba antes pudo ver que ya no se encontraba allí.

—Ah... Meike confesó todo... que planeáis matarme a mi y a mi familia por el dinero...—Se escuchaba la lúgubre voz de Ughbert muy cerca de Ben, y este intentó alumbrar frenéticamente a los lados, aquello le estaba desconcertando, no se creía del todo que un chico de esa edad asesinara a alguien, estaba confuso y a la vez asustado tras ver el cuerpo a medio quemar de su compañera de trabajo.—Pero no llegó muy lejos, se me hizo muy fácil estrangular su delicado cuello... Por desgracia sus restos son más difíciles de eliminar.

—¡Ughbert...! ¡N-no sé qué rayos te crees haciendo esto...!—Ben estaba aterrorizado, a pesar de poder enfrentarse de sobra a un chico de quince años, pues él era un hombre adulto bastante fuerte y alto y no le frenaba un adolescente, pero el hecho de estar casi a oscuras y ver que pudo de sobras con otra persona adulta le hacía plantearse sus posibilidades contra él.—¡E-estoy seguro de que te mintió para hacerte creer eso o algo así de retorcido...! ¡Pero esto es ir demasiado lejos! ¡Asesino!

Ughbert no dijo nada, solo se limitó a coger el hacha, aunque no pudiera ver nada pudo cogerla gracias a que Hobo le estaba indicando hacia dónde ir por la oscuridad dándole toquecitos con la cola o el hocico en las piernas, la rata podía ver en ella, y eso le resultó muy útil al muchacho.

—Si dices la verdad no te mataré, solo me basta un perdón y entonces me pensaré el decirle a mis padres que os despidan a todos.—El de ojos grises se acercó al hombre, aún con el hacha a la espalda para que no se le viera.—Todos cometemos errores, y el de Meike fue irse de la lengua frente a mi, ahora lo sé todo, y si no dices nada de esto yo tampoco lo diré sobre lo que tramáis, no sé, ella sonaba muy convincente, me dijo que el cabecilla es Jefferson, pero que todos estáis unidos en esa conspiración contra los Zondervan.

—No tienes pruebas niñato,—Dijo con ira finalmente Ben, y le agarró de un hombro bruscamente con la mano libre al chico, empezando a apretarle y zarandearle.—¡y yo sí las tengo! ¡Hay un maldito cadáver en la caldera! ¡Haré que te encierren en un manicomio!

—¡No me toques...!—Ughbert se apartó de él gruñendo y empuñó el hacha. Haciendo un movimiento rápido y fuerte le cortó el brazo al sirviente por la parte inferior del hombro limpiamente, él gritó de dolor y tiró nuevamente el candelabro, arrodillándose en el suelo y agarrándose el hombro, el cual no paraba de expulsar sangre a chorros.—Igualmente nadie hubiera podido demostrar que yo la maté, ahora puedo decirle a la policía que descubrí tu crimen, tú me querías asesinar por ello y yo solo, como un pobre chico inútil, me defendí con lo primero que encontré... Te has metido con la persona equivocada, Ben...

—¡T-te acabarán pillando, maldito crío asqueroso! ¡ESTÁS LOCO!—Chillaba con un horrible y angustioso dolor el hombre mientras se desangraba, aunque en un esfuerzo en vano por sobrevivir, se intentó levantar y le pegó un violento puñetazo a Ughbert en la cara con su único brazo. Él retrocedió agarrándose la cara, le hizo sangrar la nariz, a lo que el chico se tocó esta y se miró los dedos manchados de su propia sangre, entonces puso su mirada en Ben con una ira sobrehumana y agarró con fuerza el hacha, corrió hacia el sirviente y le asestó un duro hachazo debajo del estómago haciendo que el filo del arma se adentrara bien en su cuerpo, se desgarró tanto su ropa como su piel y su carne, haciendo que todos sus órganos sanguinolentos salieran hacia fuera cortados: los intestinos, el estómago, todo cayó al suelo junto a Ben, quien no paró de gritar incluso al caer boca abajo, tanto de dolor como de auxilio para que alguien viniera a rescatarle, mas nadie podía oír nada allí abajo, solo Ughbert podía deleitarse con ese macabro espectáculo, viendo como el otro se retorcía en un charco de su propia vitalidad.

—Aquí el único loco eres tú, y todos vosotros, que queréis destrozar una familia y matar personas inocentes por un poco de dinero.—Comentaba Ughbert, acercándose a la cabeza del hombre, y se puso de cuclillas, agarrándole del pelo para levantársela y mirarle a la cara, empezando a sonreír pérfido.—No lo vais a conseguir, yo no os voy a dejar...

—T-tú también e-estás m-matando gente...—Intentaba hablar con una voz débil y ronca el adulto moribundo, mientras expulsaba sangre por su boca también, tosiendo.—N-nosotros aún no os hemos hecho nada...

—Eso me sirve como confesión, además lo hubierais hecho, yo solo lo he impedido, lo voy a impedir, más bien...—Se levantó el chico de nuevo y se dispuso a rematarlo, pegándole más hachazos por todo el cuerpo, comenzando por su espalda, subiendo, y finalmente en su cráneo, casi partiéndole por la mitad la cabeza y dejando salir los restos de sus sesos que se desparramaron por el suelo.

Todo acabó lleno de sangre, había salpicaduras por todas partes, incluso en la propia ropa, piel y cabello de Ughbert, pero ya sabía que eso iba a acabar así, por eso quemaría la ropa ensangrentada y se pondría el camisón con el que durmió, que estaba limpio.

—''Eso sí que es pasar de cero a cien...''—Mencionó Hobo, bastante sorprendida.—''Creo que alguien debe de estar flipando ahí abajo, pero, ¿cómo vas a limpiar todo esto? Puede entrar alguien por curiosidad y verlo''.

—Acabo de asesinar al encargado de la caldera, nadie más baja aquí, así que hasta que descubran que no está tendré tiempo de limpiar todo esto y entrar cuando se me antoje a terminar de quemar los cuerpos... Además puedo cerrar con llave esta sala, pero para ello tendría que quitársela a Claire que es quien tiene todas las de la casa... Si se la pido directamente sería muy sospechoso.

—''Oh, vaya, me pregunto quién podría coger una llave sin ser visto...''

—Pues obviamente la rata toca-testículos, tú vas a coger esa llave y entonces cerraré este lugar y me aseguraré de que nadie entra salvo yo.

—''Eso está hecho''.

Ughbert aún no había acabado ahí, a continuación debía eliminar lo más evidente que podía oler mal con el tiempo: el cadáver de Ben, así que con el mismo hacha comenzó a cortar sus extremidades sin pensárselo demasiado, aunque ahora le costaba un poco más hacerlo debido a que la adrenalina del momento se disipó y estaba bastante cansado de la confrontación y de haber dormido poco, pero finalmente logró desprender sus extremidades y cabeza de su torso y uno a uno los metió en la caldera junto a los órganos que quedaron por fuera del cuerpo, por suerte seguía teniendo sus guantes y no lo tocaría con las manos desnudas. Tras esto colocó unos troncos, se quitó su camisón y los guantes y se limpió la sangre de su cara y sus tobillos con la tela. Metió su pijama, los guantes y sus zapatillas ensangrentadas en la caldera también y la volvió a encender con unos cerillos y carbón, cerró la escotilla esperando que prendiera y cuando se vio que comenzó a hacerlo volvió al pasadizo secreto.
Él se encontraba en ropa interior y descalzo, aún con un poco de sangre encima que no logró quitarse bien, además él estaba dolorido por el golpe que le dio el sirviente y al no tener ropa estaba muerto de frío, pero quiso que así fuera para no subir ni una sola pista que le relacionara con el crimen a su habitación.
Se puso las pantuflas limpias que quedó allí y subió a su alcoba de vuelta con la intención de lavarse lo que le quedaba en su cuerpo de la sangre de Ben. Hobo se había ido por otro camino para hacer lo de las llaves antes de que Claire se despertara, y Ughbert, al llegar a su habitación, se metió en el cuarto de baño y empezó a lavarse la cara y el cuerpo en el lavabo. Se miraba al espejo mientras lo hacía, y a parte de ver su nariz enrojecida y un poco hinchada del puñetazo vio que unos mechones de su flequillo se habían mojado al lavar su rostro y quedaron sobre este, por lo que el muchacho pudo ver que empezaron a gotear un líquido rojizo acuoso, eso significaba que su pelo también estaba manchado de sangre y se dio cuenta tarde, intentó mojárselo poco a poco, retirando el viscoso líquido humano de sus mechones con los dedos. Una vez se aseguró de que su cabello estaba limpio, se lo secó con una toalla morada oscura y luego su cuerpo. Por suerte no veía que le quedase una sola gota de sangre en él, así que se peinó, aprovechó para hacer sus necesidades y salió del cuarto de baño al dejarlo seco y limpio. Se volvió a poner su pijama, apagó su candil y volviendo a meterse en la cama se arropó hasta el cuello e intentó dormir un poco más, se sintió bastante bien al sentir el calor de las sábanas y su ropa limpia, por desgracia no pudo hacer nada más con su cabello, seguía un poco húmedo.

Tras un rato de dar vueltas en su espaciosa cama se dio cuenta de que no podría dormirse otra vez: estaba acelerado, nervioso, deseaba que nadie bajara ahí abajo y descubriera todo, además sentía un molesto ardor en su cara, notaba como su nariz y parte del centro de su rostro se hinchaba más por aquel puñetazo, debía inventarse una excusa para eso, obviamente le preguntarían qué le había ocurrido, y desde luego no iba a contar la verdad.
Había asesinado a dos personas en dos días seguidos y no le había costado nada, por no hablar de que no sintió el más mínimo pudor ni asco al despedazar el cuerpo de Ben, ver sus órganos y tanta sangre, realmente se estaba convirtiendo en un asesino, y le preocupaba enormemente lo fácil que se le estaba haciendo, sin embargo la cosa se complicaría a partir de esa mañana, mas no podía detenerse, los sirvientes no lo iban a hacer.

Continuará.

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