Tras la hora de la comida, Lizbeth y Ughbert se quedaron en la habitación del chico moreno para descansar y hablar. Hobo se metió en su jaula, comiéndose un pequeño muslo de pollo asado que le habían dado, y estaba tan tranquila sin decir nada.
Ughbert había estado pensando en el hecho de que su rata le dijera que algunas personas con el alma oscura podían disfrutar de su música, también pensaba seriamente en si él en sí era alguien oscuro, terrorífico, alguien al que temer, aún no había hecho malo, pero pensaba seriamente en hacerlo. Lizbeth no se le despegaba y no podía hablar con Hobo tranquilamente, así que tuvo que aguantar.
Ambos se habían sentado en la cama del joven Zondervan, y este estaba callado y pensativo, pero el trabajo de la pelirroja no solo consistía en cuidarlo y estar con él, si no que también consistía en hacerle pasarlo bien y divertirse, además de ser más social, cosa que ya estaba consiguiendo muy satisfactoriamente.
—Ughbert, ¿te gustaría jugar a algo?—Preguntaba ella, esperando que estuviera mejor que antes.
—No soy un crío, no me gusta jugar a cosas como el escondite o el pilla-pilla.—Contestaba este, mirando hacia su mascota, que ahora estaba callada royendo su comida.
—Me refiero a algún juego de mesa, tal vez el ajedrez o las damas, o quizá algún juego de estrategia, no se si tendrás de eso en casa.
—Ah, pues sí, me gusta el ajedrez, aunque no sé dónde está guardado.
—También tengo que ir a comprar al pueblo, si quieres puedes acompañarme, sería lo idóneo, no quiero dejarte solo.
—''Wo wo, chico, no puedes irte de aquí, ¡deberías aprovechar que se despegará de ti para actuar!''—Exclamó alarmada la rata, soltando el trozo de pollo.
—De nuevo, Lizbeth, no soy un crío,—Volvió a mencionar el adolescente.—puedo estar solo por un par de horas, no me importaría acompañarte y salir un rato, pero... estando la cosa como está con esa gente no quiero dejar la mansión sola, no me fío de ellos.
—Llevan muchos años de servicio aquí, si no fueran de confianza supongo que ya hubieran sido despedidos.
—Y tienes razón, pero hazme caso, la cosa ha cambiado desde que murió Patricè, estoy seguro de que piensan que hemos sido nosotros o algo y planean vengarse.
—Eh... No sé que decirte, pero bueno, como quieras, necesito comprar cosas para el pelo e ir a un local de reparaciones, espero no tardar demasiado.
—Realmente me gustaría acompañarte y pasar un buen rato fuera, si las circunstancias fueran otras... En fin, ¿qué es lo que necesitas reparar?
—Tengo que recoger algo... ¿puedo confiarte un secreto?
—Sí, claro, ¿qué ocurre?
—Bueno, no solo tú tienes defectos, yo también tengo, muchos, y uno de ellos es... esto.—Su gesto entristeció y se levantó el vestido hasta las rodillas; llevaba medias color marrón oscuro y se podía ver su ropa interior, a lo que el chico se sonrojó repentinamente y miró a otro lado.
—¡Lizbeth!—Exclamó este, avergonzado.
—¡Perdón, no quería ser descocada! Es solo que...—La pelirroja se quitó el zapato derecho y acto seguido la media que cubría esa misma pierna. Se vio como ella llevaba una prótesis de madera que simulaba su pierna desde la rodilla hasta el pie.—Mi pierna es de madera, perdí mi pierna real en un accidente, y el pie se rompió y lo llevé a arreglar, de momento tengo uno de repuesto que debo devolver al carpintero.
—Oh Dios... No me imaginaba que te pasase algo así...—Ughbert no sabía qué decir, se sentía mal por ella, no se imaginaba en qué situación se vio envuelta como para perder una parte de su cuerpo.
—No te preocupes, pasó hace años, al menos puedo caminar correctamente, pero no mencioné nada de esto por si tus padres me despedían por tullida, no me han aceptado en múltiples trabajos por eso, y es muy triste...
—Yo no pienso delatarte, eres perfecta para esto, y ya lo sabes, mis padres son comprensivos pero no sé si en cuestión de trabajo se lo tomarían bien, despidieron a un señor porque se quemó los ojos y no pudo ver bien, aunque eso es comprensible...
—Ya, no es lo mismo, pero olvidemos el tema, debo ir para recoger mi pie de madera y que me lo pongan y comprar cosas que necesito como ya he dicho, no creo tardar demasiado, así que si quieres quédate, pero ten cuidado... por favor.
—Lo tendré.—Él le puso la mano en la rodilla, la cual estaba articulada por diferentes piezas de madera pulida y tenía una correa para abrocharla en el lugar donde se metía el muñón. Aunque después acarició hasta donde terminaba su prótesis, de hecho su ropa interior empezaba ahí, ya que esta era larga y con volantes en los extremos.
Repentinamente alguien se tomó la molestia de abrir la puerta sin llamar; era la sirvienta de antes, la que seguía a Ughbert por las escaleras; Meike Hertzberger, la encargada de las habitaciones, la que se había metido con Lizbeth insinuado que le hacía cosas subidas de tono al adolescente para ganarse su cariño. Al mirarles en ese plan se quedó sorprendida, y la pelirroja cogió su media y volvió a ponérsela mientras que el chico de cabello negro apartaba la mano de su pierna.
—Disculpen... debí haber llamado.—Dijo agachando la cabeza y después cerró la puerta de vuelta.
Los dos se miraron un poco rojos y Ughbert se levantó de la cama alarmado.
—Ha visto la prótesis, podría decírselo a los demás,—Aseguró el chico seriamente.—no lo voy a permitir, por favor, ve preparándote si quieres.
—Vale... pero me preocupa más que cuente otras cosas que ha visto...—Susurró ella, aunque Ughbert no lo escuchó y corrió hacia la puerta, abriéndola y siguiendo a la doncella.
—¡Eh, Meike!—Vociferó el joven, a lo que la mujer de cabello marrón se giró exaltada y se quedó quieta en mirad del pasillo.
—¿S-sí, joven Zondervan?—Cuestionó atendiéndole, aparentemente aterrorizada.
—Agradecería que no comentases nada sobre el problema de la señorita Van Divel, me lo estaba contando en confidencia y no quiere que nadie más sepa de ello, ¿guardará silencio?
—¡Por supuesto! Jamás revelaría algo así...
—Bien... ah, y después me gustaría hablar con usted sobre otras cosas.
—Claro, le estaré esperando mientras hago mi trabajo.—Esta le hizo una leve reverencia y Ughbert volvió a su habitación sin decir nada más. Allí Lizbeth estaba terminando de ponerse su zapato y se levantó, estirando su falda. Luego miró al chico y se acercó a él.
—Voy a coger mis cosas y a cambiarme de ropa, luego te veré, Ughbert.—Mencionó ella, un tanto avergonzada aún.
—Vale, abrígate bien.
La pelirroja de ojos marrones no pudo evitar reírse un poco y le puso la mano en la mejilla acariciándola.
—Lo haré, luego te veo.—Ella se fue de la habitación del chico y se fue a la suya a arreglarse.
Pasó un largo rato y Lizbeth por fin se marchó a hacer sus recados al pueblo. Ughbert había estado en su cuarto leyendo y Hobo terminaba de comer, así que no le dijo gran cosa.
Cuando ya supieron que la cuidadora se marchó, la rata salió de su jaula y se puso junto a Ughbert en su cama.
—"Es hora de empezar, chico, ¿quién será la primera víctima?"—Interrogaba Hobo a su dueño.
—Meike Hertzberger, esa que ha entrado antes aquí, obviamente dirá a los demás lo de Lizbeth y no lo puedo permitir.—Contestaba el adolescente moreno, levantándose de la cama.
—"Seguramente ya lo haya dicho, es un punto débil de ella y a esos delincuentes les interesa saber los puntos débiles de sus enemigos"
—Me da igual, van a morir todos igualmente, pero será la primera. ¿Tienes alguna idea para empezar?
—''En este trabajo tienes que ser creativo, no puedes depender siempre de mi, pero te recomendaría que no llames mucho la atención, sepárala de la gente y busca una manera de ocultar su cuerpo y limpiar el estropicio''.
—Uf... no me puedo creer que vaya a cometer un asesinato, pero... allá vamos...—Él respiró hondo y salió de su habitación, buscando a Meike, quien le dijo que le esperaría trabajando, así que debía seguir por las habitaciones.
Caminó por el piso de las habitaciones y miró en todas las que había, la de sus padres e invitados, pero ella no estaba por allí. Mientras bajaba a la planta baja pensaba en cómo lo haría, no tenía armas ni nada claro, pero Hobo le alentaba a seguir y confiaba demasiado en que Ughbert sabría qué hacer. Aunque rápidamente se le ocurrió algo que podría salirle bien o muy mal.
Finalmente encontró a Meike caminando hacia el pasillo por el que se bajaba al ala de los sirvientes, y antes de que entrase y bajase, el chico la alcanzó y carraspeó detrás de ella.
—Meike, ya estoy, ven conmigo, por favor.—Dijo este y la sirvienta morena se giró a él y asintió sin poner pegas, mirando hacia abajo.
Ambos nuevamente subieron las escaleras para ir al piso de las habitaciones y volvieron a la del adolescente, allí el chico pensaba actuar.
Hobo se había quedado allí y estaba en su jaula observando.
—¿Qué desea, joven Zondervan...?—Preguntaba con cierta inquietud la sirvienta de cabello marrón oscuro.
—Quiero que me digas qué pensaste al ver esa escena antes,—Contestaba seriamente el chico, aunque también nervioso en su interior, no sabía como actuar.—no quiero que me mientas, y también quiero que digas los problemas que tienes con Lizbeth, os he visto discutir, y no quiero disputas en mi casa.
—Oh, v-verá, señorito... solo es algo de desconfianza por ser nueva, y porque tal vez se está acercando a usted por interés... lo que veo es que puede intentar seducirle...—Ella se explicaba y se quedaba callada para ver si Ughbert hablaba, pero simplemente la miraba fijamente, callado, esperando a que se explicase del todo.—Y... lo que he visto antes es que usted está fascinado por su cuerpo... a pesar de no tener pierna sigue siendo una chica joven y bella y es normal que usted se sienta atraído... pero no se deje engañar....
—¿Cómo te atreves?—Interrogó ferozmente el muchacho moreno.—Ella no me está seduciendo, yo solo estaba tocando su pierna de madera para ver como era, y si hubiera sido por otra cosa más lasciva no tendría por qué ocultártelo ni darte explicaciones de lo que hago, ¿no crees?
—P-por supuesto, joven Zondervan, no voy a pedirle explicaciones...
—Entonces dejemos este tema para ocupar otro...—Ughbert caminó hasta la puerta lentamente dándole la espalda a la doncella y cerró el pestillo de esta para que nadie entrara al oír ruidos. Cogió su oboe aún montado, que se encontraba sobre una cómoda y luego se giró hacia ella, que le miraba cada vez más incómoda.
—¿P-por qué ha cerrado la puerta...?—Preguntó algo asustada Meike.
—¿Quieres oír una canción, Meike? Tal vez eso te relaje después de trabajar tanto...—Ughbert sonrió pérfido, eso por algún motivo le estaba haciendo sentir bien, encarar a una persona que le molestaba y que sabía que conspiraba contra él y su familia, y él tenía la oportunidad de acabar con ella.
—T-tal vez en otro momento, señorito... debería irme, pronto es la hora de la comida de los sirvientes...—Ella quería irse, se le notaba en la mirada y en la palidez de su rostro por el temor, pues presentía que algo no iba bien. Ughbert jamás se ofrecería a tocar para el servicio y mucho menos les sonreiría, jamás había visto a ese chico sonreír y aquello no le gustaba nada.
—Ya es muy tarde para negarse...—Él avanzó con brusquedad hacia ella agarrando su oboe con las dos manos, alzó el instrumento y la golpeó en la cabeza con el extremo de este en la cabeza con toda la fuerza que pudo, esperando que con eso pudiera matarla.
La criada cayó al suelo duramente, dando un quejido del sobresalto y del golpe, no le dio en un punto mortal por desgracia, pero si le abrió una brecha en la cabeza y empezó a sangrar un poco. Así que pasó al plan B: se quitó su pañuelo del cuello rápidamente mientras esta se intentaba levantar como podía. La doncella estaba aturdida y en pánico, pero Ughbert logró ponerse tras ella mientras aún seguía de rodillas y rodeó el cuello de esta con el pañuelo azul verdoso, cruzándolo y tirando hacia él para ahogarla. Hizo fuerza todo lo que pudo nuevamente mientras ella jadeaba y trataba de quitarse aquello con las manos, incluso se arañaba el cuello con las uñas muy fuertemente para evitar morir, más fue en vano, pues tras unos treinta segundos de forcejeo y adrenalina por parte del muchacho, esta se asfixió por completo y acabó cayendo al suelo finalmente cuando Ughbert la soltó.
Él jadeó cansado, nunca hizo tanta fuerza para algo en su vida, y su corazón latía bastante deprisa. Observó el cuerpo de Meike, quien estaba boca abajo, con la cara amoratada, los ojos rojos y el cuello también enrojecido con marcas de estrangulamiento y de sus propias uñas.
—''Eso ha sido increíble, ¡y sin derramar una gota de sangre!''—Decía Hobo, tras haber estado callada todo el rato, observando lo sucedido.—''Bueno, quizá un poquito en la cabeza, pero no importa, ahora te toca ocultar el cadáver''.
—Eso es fácil... o al menos lo será hasta que empiece a soltar hedor.—Ughbert no podía reaccionar bien, solo deseaba que nadie hubiera escuchado el grito que ella dio al ser golpeada.
Primeramente se acercó y le tomó el pulso en la muñeca; no parecía tener, y acto seguido cogió un pequeño espejo de mano que tenía en la mesilla de noche y se lo puso bajo la nariz; tampoco respiraba, efectivamente: ella estaba muerta.
Al comprobar esto, Ughbert se dirigió a la pared que había a un lateral de su cuarto y retiró con cuidado el papel de la pared por un lado, bajo este había una palanca casi imperceptible que accionó el chico y una puerta secreta se abrió bajo el papel. Cogió por la pierna a la sirvienta y la arrastró difícilmente hasta allí dentro. Solo Ughbert tenía acceso a los túneles secretos de la casa, y eso sería de gran ayuda para proseguir con su labor.
Se adentró algo más en el túnel con el cadáver y lo dejó donde no se pudiera ver aunque abriera el pasadizo desde su habitación. Este lugar era estrecho y oscuro, no tenía ventanas pues se encontraba entre las paredes de la mansión, y solo se podía ver con velas o algún candil, sin embargo no lo necesitó, ya que solo iba a estar ahí por unos segundos.
Primeramente se acercó y le tomó el pulso en la muñeca; no parecía tener, y acto seguido cogió un pequeño espejo de mano que tenía en la mesilla de noche y se lo puso bajo la nariz; tampoco respiraba, efectivamente: ella estaba muerta.
Al comprobar esto, Ughbert se dirigió a la pared que había a un lateral de su cuarto y retiró con cuidado el papel de la pared por un lado, bajo este había una palanca casi imperceptible que accionó el chico y una puerta secreta se abrió bajo el papel. Cogió por la pierna a la sirvienta y la arrastró difícilmente hasta allí dentro. Solo Ughbert tenía acceso a los túneles secretos de la casa, y eso sería de gran ayuda para proseguir con su labor.
Se adentró algo más en el túnel con el cadáver y lo dejó donde no se pudiera ver aunque abriera el pasadizo desde su habitación. Este lugar era estrecho y oscuro, no tenía ventanas pues se encontraba entre las paredes de la mansión, y solo se podía ver con velas o algún candil, sin embargo no lo necesitó, ya que solo iba a estar ahí por unos segundos.
Al final salió de allí cerrando la puerta de vuelta y se apoyó de espaldas a la pared, suspirando y cerrando los ojos. Seguía muy nervioso, pero no había terminado, por supuesto que no: debía llevar el cuerpo de Meike al horno de la cocina o a la caldera, pero no sabía cómo hacerlo sin que le vieran.
—''¿Qué sientes, Ughbert?''—Preguntaba Hobo, acercándose al chico de ojos grises.
—Estoy nervioso, pero pensaba que me costaría más... No siento remordimientos ni culpabilidad.—Contestaba el joven de pelo negro, abriendo los ojos y mirando al suelo, por si había algo de sangre, pero no parecía haber ni una gota por ahí, el pelo de la sirvienta retuvo bien la sangre que brotó de su cráneo al ser golpeada.
—''Esa insensibilidad es la que te va hacer ser poderoso, dos personas más y podrás bajar''.
—¿Bajar?
—''Al Infierno, Satanás necesita que le envíes más poder para poder llevarte y convertirte en su enviado''.
—Hasta que no lo vea con mis propios ojos no voy a creer del todo nada de eso.
—''¿Entonces por qué estás matando a tus criados?
—Eh... ¿Sabes qué? Me voy a dar una vuelta por la casa para despejarme y decidirme por quién liquidaré a continuación.
—''Bien, pero no te distraigas, aún no has resuelto lo de esta señora, yo me quedaré aquí, tengo que defecar''.
Ughbert puso una mueca de asco, pero al asegurarse de haber dejado el pasadizo bien cerrado y haberse colocado su pañuelo de vuelta en su traje, limpio de sangre, quitó el pestillo de la puerta y salió de la habitación.
Pensó en dar un largo paseo para recapacitar sobre lo ocurrido, acababa de matar a una persona de verdad, pero no sentía ni la más mínima culpabilidad, lo único que tenía era un poco de nervios por lo que hizo, y necesitaba relajarse un poco.
Por un momento sintió un gran vacío en su interior, como si no tuviera alma, le daba vueltas a muchas cosas y su cabeza estaba pensando muy deprisa en todo. Bajó otra vez las escaleras hasta la planta baja y por allí decidió dar un paseo por entre los pasillos espaciosos, junto a los grandes ventanales por los que entraba la poca luz del sol, ya que el cielo seguía nublado, aunque esta vez no estaba nevando ni lloviendo.
Caminó por un rato solitario por su hogar, no se cruzó con nadie, salvo con Claire, que le evitó y no le dijo nada, pero Ughbert no le dio importancia a esto y simplemente estuvo vagando por un breve instante más, hasta que alguien le puso la mano en el hombro desde atrás. Ni siquiera había oído pasos de nadie acercarse, estaba tan absorto en los pensamientos sobre lo que acababa de pasar que ni siquiera oía las cosas a su alrededor, mas al ser tocado se sobresaltó, incluso dio un pequeño brinco y se asustó, pensando por un momento que le habían pillado, así que se giró con brusquedad sobre sus talones y miró a la persona que le había llamado: Era Izaäk Vog, este le miró extrañado al ver su cara, nunca le había visto tan expresivo, siempre estaba serio y no tenía una expresión muy marcada, cosa que en ese momento sí.
—Señorito Zondervan, ¿le pasa algo? ¡Lo siento si le he asustado!—Decía este, preocupado por esa reacción.
—Ah... el lava platos, eres tú...—Suspiró aliviado el adolescente, llevándose la mano al pecho.—Estaba... pensando en una melodía nueva que componer, pero no sale nada coherente...
—Es raro, nunca le vi pasear así por la mansión, normalmente se queda encerrado en su cuarto o en alguna sala tocando.
—¡La gente crece y cambia! ¡Hoy simplemente me ha apetecido pasear mientras espero a la señorita Van Divel! ¿Tienes algún problema?
—Claro que no, solo me ha extrañado, perdone...
—No importa...—Eso de mentir no se le daba especialmente bien, pero era lo mejor que podía hacer.—¿Querías algo...?
—Había terminado mi trabajo y quería charlar un rato con usted si es posible, para conocernos y eso...
Ughbert quería estar solo, pero tal vez hablar con alguien le calmaría y le haría olvidar lo ocurrido, aunque fuera con aquel sirviente, era demasiado positivo para él, pero eso ayudaría a eclipsar su inquietud, además Lizbeth era igual de positiva, de modo que le daría una oportunidad... antes de matarle.
—Vale, ¿por qué no? Vamos a alguna sala donde hablar tranquilos.—Dijo finalmente y comenzó a caminar hacia delante con intención de ir a alguna salita de descanso.
—¿Puedo sugerir algún lugar?—Preguntaba el rubio cenizo, poniéndose a la altura de Ughbert mientras caminaban.—Puede que me regañen si voy a vuestras salas comunes.
—Si quieres, a mi me da igual, si te doy permiso no pueden decirte nada.—El chico moreno pensó en que quizá Izaäk quería apartarle y hacerle algo, pero se reafirmaba en que ellos no tenían planeado matar a nadie hasta que sus padres llegasen, así que confiado accedió a ir donde el ayudante de cocina le sugería.
—Bien, pues... me gustaría ir a la biblioteca, siempre sentí curiosidad por verla y seguramente sea un buen sitio para estar medianamente escondidos.
—¿Para qué quieres que nos escondamos? Espero que no estés pensando en hacer nada extraño.
—¡N-no por Dios! Solo... Pensaba que a usted le gustaba estar apartado de la gente y oculto.
—En efecto, bueno, entonces vayamos allí, hay rincones donde podemos hablar sin ser molestados.—Quizá era algo raro para él todo eso, y era evidente que aquel joven sirviente quería distraerlo, sin embargo sentía que seguirle la corriente sería la mejor de las opciones, Ughbert no era tonto.
Entonces fueron a la biblioteca ambos jóvenes y cerraron el portón doble de esta, acto seguido se metieron por entre los altos estantes de los libros y se quedaron en un hueco bastante alejado de la entrada y al que a penas entraba la luz de las ventanas.
Allí el polvo flotaba en el ambiente y había un silencio muy profundo, solo se oían las pisadas de los muchachos, sus respiraciones y algún que otro crujido de la madera.
—Este sitio es perfecto, señorito Zondervan, ojalá pudiera venir aquí a leer.—Observaba Izaäk mientras miraba los numerosos libros de esa zona.
—Lo es, pero me gusta más mi habitación, aunque a veces tengo que bajar para coger algunos libros o simplemente dejar los que ya he leído.—Explicaba Ughbert. Ahora el otro adolescente le miraba sonriendo plácidamente, como si estuviera pensando cosas agradables del moreno. Este se dio cuenta, pues parecía que su carácter cambió de repente.—¿Sucede algo?
—He observado que está más hablador y expresivo, ¿se debe a la señorita Van Divel?
—Veo que los rumores se propagan bastante rápido allí abajo... Pero parece ser que sí, Lizbeth es la cuidadora perfecta, me trata bastante bien y con más respeto que la otra... Además no me obliga a hacer cosas que no quiero, y es un alivio no tener a una vieja gruñona detrás de mi todo el tiempo.
—No me refiero a eso... ¿le gusta, verdad?
—¿Gustarme? ¿En qué sentido? Porque acabo de decir que me agrada bastante como trabajadora y puedo decir que como amiga también.
—Me refiero a que le gusta de manera romántica, no se haga el tonto... ¡Q-quiero decir...! No haga como si no supiera de qué le hablo.
—Eso es absurdo, ¿me has traído aquí para interrogarme sobre mis sentimientos? La conozco desde ayer, además, es mayor que yo, dudo mucho que tenga interés en un adolescente.
—En verdad sí que le traje aquí para hablar de sus sentimientos, la diferencia de edad tampoco es muy grande, además, ¿no le gusta físicamente? ¿No se ha fijado en sus curvas? Y en esos pechos, nadie del servicio tiene un busto tan grande...
—¡Oye, deja de ser tan lascivo! Ya he tenido problemas con Jefferson por esa clase de cosas, Lizbeth no es un objeto, ella por supuesto es muy atractiva y admito que en ese sentido me agrada, pero yo no soy un degenerado y no pienso dejar que nadie hable así de ella.
—Tranquilícese, a mi ella no me atrae...—Izaäk se acercó un poco a Ughbert y le puso la mano en la mejilla, retirando un poco su flequillo para verle la cara.—Pero no me niegue que si no se le presentara la oportunidad, no tendría un encuentro... íntimo con ella.
El de ojos grisáceos se quedó quieto y se mantuvo serio, aún mirando fijamente al contrario, con una fría mirada algo molesta. Obviamente el chico se había sentido excitado por ella al bañarle, pero no podía confesarle eso, y desde luego el chico aún era bastante puro en ese sentido, pero tras lo que aprendió en su clase de biología también pesaba en esa posibilidad, aunque rápidamente la omitía de su mente.
—Mis padres me educaron para ser el futuro barón de Zondervan y no para ser un mujeriego, ¿a dónde quieres llegar con todo esto?
—Quiero saber si estaría dispuesto a probar ciertas cosas, los humanos sentimos atracción por otros humanos, y no es malo disfrutar de nuestra intimidad con otras personas, es otra manera de divertirse...
—Sigo sin entender tus intenciones, ¿me estás incitando a proponer a Lizbeth este tipo de cosas?—Ughbert veía a escasos centímetros de su rostro al rubio cenizo y se había vuelto a poner nervioso y se sentía algo extraño, parecía que la cosa no iba con Lizbeth más, y desde luego el adolescente no era idiota, sabía que algo quería Izaäk, mas aún no entendía el qué puesto a que su información sobre las relaciones amorosas y sexuales entre las personas era bastante limitada.
—No, lo que estoy intentando hacer es que pruebe, con quien sea...—El chico prácticamente quedó a Ughbert entre la estantería que tenía a sus espaldas y su cuerpo, acorralándole.—Tal vez esto le parezca insólito, pero me gusta, joven Zondervan, no se enfade conmigo, pero desde que le vi he tenido muchos pensamientos impuros, me parece muy atractivo.
—¿Qué? A mi me enseñaron desde siempre que los hombres debemos cortejar a las mujeres... nunca me han enseñado a lidiar con este tipo de situaciones, realmente no me lo esperaba, pero lo que es insólito no me parece, ¿por qué debería parecérmelo?
—La sociedad ve esto bastante mal, a otras personas no les gusta ver a dos hombres juntos, o a dos mujeres enamoradas entre sí, pero se sabe que los antiguos griegos y romanos hacían este tipo de cosas y no era mal visto. Mi filosofía es que si te atrae alguien, sea del sexo que sea, ve a por ella, sea solo placer o sea amor.
El muchacho de cabello negro se quedó muy callado una vez más, aún mirando al sirviente, aunque ahora estaba sorprendido, Izaäk le parecía atractivo, y quizá tenía razón; podía aventurarse a disfrutar y probar cosas nuevas antes de proseguir con su macabra misión, aunque nunca pensó en tener a un amante varón.
Antes de contestar nada notó a algo corretear por el suelo y miró hacia allí: Hobo le había encontrado y estaba mirándoles.
—''Vaaya Ughbert, ahora entiendo muchas cosas''.—Decía ella entre soniditos raros que el otro chico pudo oír y también miró a la rata.
—¿Cómo ha entrado? Juraría que hemos cerrado la puerta...—Mencionó el rubio, mirando fijamente al roedor. Ughbert no podía decirle que sus pasadizos secretos llegaban hasta la biblioteca, porque incluso había unas pequeñas y estrechas escaleras por dentro de las paredes para bajar hasta allí y a otros lugares, y Hobo tenía pequeños huecos bien escondidos por donde pasar.
Él no dijo nada, solo agarró a Izaäk de la nuca y le acercó a él bruscamente, dándole un breve pero intenso beso en los labios, después se apartó, aún mirándole serio, pero por dentro inquieto y acelerado.
—Tengo que ir a ver si ha llegado Lizbeth, proseguiremos esta conversación en otro momento.—Habló con total normalidad Ughbert. El criado se había puesto totalmente rojo y no se había esperado aquello, solo pudo balbucear mientras el otro muchacho cogía a su rata y se la colocaba en el hombro.
—S-señorito Zondervan...—Intentó hablar el otro, pero Ughbert ya se estaba marchando y no dijo nada, simplemente le ignoró y siguió su camino.
—''Eres un chico muuuuy raro Ughbert, pero que muy raro...''
Continuará...
Me encantó que casi hubiera Yaoi.
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