martes, 19 de febrero de 2019

Capítulo 10: Debut

Tras la hora de la comida, Lizbeth y Ughbert se quedaron en la habitación del chico moreno para descansar y hablar. Hobo se metió en su jaula, comiéndose un pequeño muslo de pollo asado que le habían dado, y estaba tan tranquila sin decir nada.
Ughbert había estado pensando en el hecho de que su rata le dijera que algunas personas con el alma oscura podían disfrutar de su música, también pensaba seriamente en si él en sí era alguien oscuro, terrorífico, alguien al que temer, aún no había hecho malo, pero pensaba seriamente en hacerlo. Lizbeth no se le despegaba y no podía hablar con Hobo tranquilamente, así que tuvo que aguantar.
Ambos se habían sentado en la cama del joven Zondervan, y este estaba callado y pensativo, pero el trabajo de la pelirroja no solo consistía en cuidarlo y estar con él, si no que también consistía en hacerle pasarlo bien y divertirse, además de ser más social, cosa que ya estaba consiguiendo muy satisfactoriamente.

—Ughbert, ¿te gustaría jugar a algo?—Preguntaba ella, esperando que estuviera mejor que antes.

—No soy un crío, no me gusta jugar a cosas como el escondite o el pilla-pilla.—Contestaba este, mirando hacia su mascota, que ahora estaba callada royendo su comida.

—Me refiero a algún juego de mesa, tal vez el ajedrez o las damas, o quizá algún juego de estrategia, no se si tendrás de eso en casa.

—Ah, pues sí, me gusta el ajedrez, aunque no sé dónde está guardado.

—También tengo que ir a comprar al pueblo, si quieres puedes acompañarme, sería lo idóneo, no quiero dejarte solo.

—''Wo wo, chico, no puedes irte de aquí, ¡deberías aprovechar que se despegará de ti para actuar!''—Exclamó alarmada la rata, soltando el trozo de pollo.

—De nuevo, Lizbeth, no soy un crío,—Volvió a mencionar el adolescente.—puedo estar solo por un par de horas, no me importaría acompañarte y salir un rato, pero... estando la cosa como está con esa gente no quiero dejar la mansión sola, no me fío de ellos.

—Llevan muchos años de servicio aquí, si no fueran de confianza supongo que ya hubieran sido despedidos.

—Y tienes razón, pero hazme caso, la cosa ha cambiado desde que murió Patricè, estoy seguro de que piensan que hemos sido nosotros o algo y planean vengarse.

—Eh... No sé que decirte, pero bueno, como quieras, necesito comprar cosas para el pelo e ir a un local de reparaciones, espero no tardar demasiado.

—Realmente me gustaría acompañarte y pasar un buen rato fuera, si las circunstancias fueran otras... En fin, ¿qué es lo que necesitas reparar?

—Tengo que recoger algo... ¿puedo confiarte un secreto?

—Sí, claro, ¿qué ocurre?

—Bueno, no solo tú tienes defectos, yo también tengo, muchos, y uno de ellos es... esto.—Su gesto entristeció y se levantó el vestido hasta las rodillas; llevaba medias color marrón oscuro y se podía ver su ropa interior, a lo que el chico se sonrojó repentinamente y miró a otro lado.

—¡Lizbeth!—Exclamó este, avergonzado.

—¡Perdón, no quería ser descocada! Es solo que...—La pelirroja se quitó el zapato derecho y acto seguido la media que cubría esa misma pierna. Se vio como ella llevaba una prótesis de madera que simulaba su pierna desde la rodilla hasta el pie.—Mi pierna es de madera, perdí mi pierna real en un accidente, y el pie se rompió y lo llevé a arreglar, de momento tengo uno de repuesto que debo devolver al carpintero.

—Oh Dios... No me imaginaba que te pasase algo así...—Ughbert no sabía qué decir, se sentía mal por ella, no se imaginaba en qué situación se vio envuelta como para perder una parte de su cuerpo.

—No te preocupes, pasó hace años, al menos puedo caminar correctamente, pero no mencioné nada de esto por si tus padres me despedían por tullida, no me han aceptado en múltiples trabajos por eso, y es muy triste...

—Yo no pienso delatarte, eres perfecta para esto, y ya lo sabes, mis padres son comprensivos pero no sé si en cuestión de trabajo se lo tomarían bien, despidieron a un señor porque se quemó los ojos y no pudo ver bien, aunque eso es comprensible...

—Ya, no es lo mismo, pero olvidemos el tema, debo ir para recoger mi pie de madera y que me lo pongan y comprar cosas que necesito como ya he dicho, no creo tardar demasiado, así que si quieres quédate, pero ten cuidado... por favor.

—Lo tendré.—Él le puso la mano en la rodilla, la cual estaba articulada por diferentes piezas de madera pulida y tenía una correa para abrocharla en el lugar donde se metía el muñón. Aunque después acarició hasta donde terminaba su prótesis, de hecho su ropa interior empezaba ahí, ya que esta era larga y con volantes en los extremos.

Repentinamente alguien se tomó la molestia de abrir la puerta sin llamar; era la sirvienta de antes, la que seguía a Ughbert por las escaleras; Meike Hertzberger, la encargada de las habitaciones, la que se había metido con Lizbeth insinuado que le hacía cosas subidas de tono al adolescente para ganarse su cariño. Al mirarles en ese plan se quedó sorprendida, y la pelirroja cogió su media y volvió a ponérsela mientras que el chico de cabello negro apartaba la mano de su pierna.

—Disculpen... debí haber llamado.—Dijo agachando la cabeza y después cerró la puerta de vuelta.

Los dos se miraron un poco rojos y Ughbert se levantó de la cama alarmado.

—Ha visto la prótesis, podría decírselo a los demás,—Aseguró el chico seriamente.—no lo voy a permitir, por favor, ve preparándote si quieres.

—Vale... pero me preocupa más que cuente otras cosas que ha visto...—Susurró ella, aunque Ughbert no lo escuchó y corrió hacia la puerta, abriéndola y siguiendo a la doncella.

—¡Eh, Meike!—Vociferó el joven, a lo que la mujer de cabello marrón se giró exaltada y se quedó quieta en mirad del pasillo.

—¿S-sí, joven Zondervan?—Cuestionó atendiéndole, aparentemente aterrorizada.

—Agradecería que no comentases nada sobre el problema de la señorita Van Divel, me lo estaba contando en confidencia y no quiere que nadie más sepa de ello, ¿guardará silencio?

—¡Por supuesto! Jamás revelaría algo así...

—Bien... ah, y después me gustaría hablar con usted sobre otras cosas.

—Claro, le estaré esperando mientras hago mi trabajo.—Esta le hizo una leve reverencia y Ughbert volvió a su habitación sin decir nada más. Allí Lizbeth estaba terminando de ponerse su zapato y se levantó, estirando su falda. Luego miró al chico y se acercó a él.

—Voy a coger mis cosas y a cambiarme de ropa, luego te veré, Ughbert.—Mencionó ella, un tanto avergonzada aún.

—Vale, abrígate bien.

La pelirroja de ojos marrones no pudo evitar reírse un poco y le puso la mano en la mejilla acariciándola.

—Lo haré, luego te veo.—Ella se fue de la habitación del chico y se fue a la suya a arreglarse.

Pasó un largo rato y Lizbeth por fin se marchó a hacer sus recados al pueblo. Ughbert había estado en su cuarto leyendo y Hobo terminaba de comer, así que no le dijo gran cosa.
Cuando ya supieron que la cuidadora se marchó, la rata salió de su jaula y se puso junto a Ughbert en su cama.

—"Es hora de empezar, chico, ¿quién será la primera víctima?"—Interrogaba Hobo a su dueño.

—Meike Hertzberger, esa que ha entrado antes aquí, obviamente dirá a los demás lo de Lizbeth y no lo puedo permitir.—Contestaba el adolescente moreno, levantándose de la cama.

—"Seguramente ya lo haya dicho, es un punto débil de ella y a esos delincuentes les interesa saber los puntos débiles de sus enemigos"

—Me da igual, van a morir todos igualmente, pero será la primera. ¿Tienes alguna idea para empezar?

—''En este trabajo tienes que ser creativo, no puedes depender siempre de mi, pero te recomendaría que no llames mucho la atención, sepárala de la gente y busca una manera de ocultar su cuerpo y limpiar el estropicio''.

—Uf... no me puedo creer que vaya a cometer un asesinato, pero... allá vamos...—Él respiró hondo y salió de su habitación, buscando a Meike, quien le dijo que le esperaría trabajando, así que debía seguir por las habitaciones.

Caminó por el piso de las habitaciones y miró en todas las que había, la de sus padres e invitados, pero ella no estaba por allí. Mientras bajaba a la planta baja pensaba en cómo lo haría, no tenía armas ni nada claro, pero Hobo le alentaba a seguir y confiaba demasiado en que Ughbert sabría qué hacer. Aunque rápidamente se le ocurrió algo que podría salirle bien o muy mal.

Finalmente encontró a Meike caminando hacia el pasillo por el que se bajaba al ala de los sirvientes, y antes de que entrase y bajase, el chico la alcanzó y carraspeó detrás de ella.

—Meike, ya estoy, ven conmigo, por favor.—Dijo este y la sirvienta morena se giró a él y asintió sin poner pegas, mirando hacia abajo.

Ambos nuevamente subieron las escaleras para ir al piso de las habitaciones y volvieron a la del adolescente, allí el chico pensaba actuar.
Hobo se había quedado allí y estaba en su jaula observando.

—¿Qué desea, joven Zondervan...?—Preguntaba con cierta inquietud la sirvienta de cabello marrón oscuro.

—Quiero que me digas qué pensaste al ver esa escena antes,—Contestaba seriamente el chico, aunque también nervioso en su interior, no sabía como actuar.—no quiero que me mientas, y también quiero que digas los problemas que tienes con Lizbeth, os he visto discutir, y no quiero disputas en mi casa.

—Oh, v-verá, señorito... solo es algo de desconfianza por ser nueva, y porque tal vez se está acercando a usted por interés... lo que veo es que puede intentar seducirle...—Ella se explicaba y se quedaba callada para ver si Ughbert hablaba, pero simplemente la miraba fijamente, callado, esperando a que se explicase del todo.—Y... lo que he visto antes es que usted está fascinado por su cuerpo... a pesar de no tener pierna sigue siendo una chica joven y bella y es normal que usted se sienta atraído... pero no se deje engañar....

—¿Cómo te atreves?—Interrogó ferozmente el muchacho moreno.—Ella no me está seduciendo, yo solo estaba tocando su pierna de madera para ver como era, y si hubiera sido por otra cosa más lasciva no tendría por qué ocultártelo ni darte explicaciones de lo que hago, ¿no crees?

—P-por supuesto, joven Zondervan, no voy a pedirle explicaciones...

—Entonces dejemos este tema para ocupar otro...—Ughbert caminó hasta la puerta lentamente dándole la espalda a la doncella y cerró el pestillo de esta para que nadie entrara al oír ruidos. Cogió su oboe aún montado, que se encontraba sobre una cómoda y luego se giró hacia ella, que le miraba cada vez más incómoda.

—¿P-por qué ha cerrado la puerta...?—Preguntó algo asustada Meike.

—¿Quieres oír una canción, Meike? Tal vez eso te relaje después de trabajar tanto...—Ughbert sonrió pérfido, eso por algún motivo le estaba haciendo sentir bien, encarar a una persona que le molestaba y que sabía que conspiraba contra él y su familia, y él tenía la oportunidad de acabar con ella.

—T-tal vez en otro momento, señorito... debería irme, pronto es la hora de la comida de los sirvientes...—Ella quería irse, se le notaba en la mirada y en la palidez de su rostro por el temor, pues presentía que algo no iba bien. Ughbert jamás se ofrecería a tocar para el servicio y mucho menos les sonreiría, jamás había visto a ese chico sonreír y aquello no le gustaba nada.

—Ya es muy tarde para negarse...—Él avanzó con brusquedad hacia ella agarrando su oboe con las dos manos, alzó el instrumento y la golpeó en la cabeza con el extremo de este en la cabeza con toda la fuerza que pudo, esperando que con eso pudiera matarla.

La criada cayó al suelo duramente, dando un quejido del sobresalto y del golpe, no le dio en un punto mortal por desgracia, pero si le abrió una brecha en la cabeza y empezó a sangrar un poco. Así que pasó al plan B: se quitó su pañuelo del cuello rápidamente mientras esta se intentaba levantar como podía. La doncella estaba aturdida y en pánico, pero Ughbert logró ponerse tras ella mientras aún seguía de rodillas y rodeó el cuello de esta con el pañuelo azul verdoso, cruzándolo y tirando hacia él para ahogarla. Hizo fuerza todo lo que pudo nuevamente mientras ella jadeaba y trataba de quitarse aquello con las manos, incluso se arañaba el cuello con las uñas muy fuertemente para evitar morir, más fue en vano, pues tras unos treinta segundos de forcejeo y adrenalina por parte del muchacho, esta se asfixió por completo y acabó cayendo al suelo finalmente cuando Ughbert la soltó.

Él jadeó cansado, nunca hizo tanta fuerza para algo en su vida, y su corazón latía bastante deprisa. Observó el cuerpo de Meike, quien estaba boca abajo, con la cara amoratada, los ojos rojos y el cuello también enrojecido con marcas de estrangulamiento y de sus propias uñas.

—''Eso ha sido increíble, ¡y sin derramar una gota de sangre!''—Decía Hobo, tras haber estado callada todo el rato, observando lo sucedido.—''Bueno, quizá un poquito en la cabeza, pero no importa, ahora te toca ocultar el cadáver''.

—Eso es fácil... o al menos lo será hasta que empiece a soltar hedor.—Ughbert no podía reaccionar bien, solo deseaba que nadie hubiera escuchado el grito que ella dio al ser golpeada.

Primeramente se acercó y le tomó el pulso en la muñeca; no parecía tener, y acto seguido cogió un pequeño espejo de mano que tenía en la mesilla de noche y se lo puso bajo la nariz; tampoco respiraba, efectivamente: ella estaba muerta.
Al comprobar esto, Ughbert se dirigió a la pared que había a un lateral de su cuarto y retiró con cuidado el papel de la pared por un lado, bajo este había una palanca casi imperceptible que accionó el chico y una puerta secreta se abrió bajo el papel. Cogió por la pierna a la sirvienta y la arrastró difícilmente hasta allí dentro. Solo Ughbert tenía acceso a los túneles secretos de la casa, y eso sería de gran ayuda para proseguir con su labor.

Se adentró algo más en el túnel con el cadáver y lo dejó donde no se pudiera ver aunque abriera el pasadizo desde su habitación. Este lugar era estrecho y oscuro, no tenía ventanas pues se encontraba entre las paredes de la mansión, y solo se podía ver con velas o algún candil, sin embargo no lo necesitó, ya que solo iba a estar ahí por unos segundos.
Al final salió de allí cerrando la puerta de vuelta  y se apoyó de espaldas a la pared, suspirando y cerrando los ojos. Seguía muy nervioso, pero no había terminado, por supuesto que no: debía llevar el cuerpo de Meike al horno de la cocina o a la caldera, pero no sabía cómo hacerlo sin que le vieran.

—''¿Qué sientes, Ughbert?''—Preguntaba Hobo, acercándose al chico de ojos grises.

—Estoy nervioso, pero pensaba que me costaría más... No siento remordimientos ni culpabilidad.—Contestaba el joven de pelo negro, abriendo los ojos y mirando al suelo, por si había algo de sangre, pero no parecía haber ni una gota por ahí, el pelo de la sirvienta retuvo bien la sangre que brotó de su cráneo al ser golpeada.

—''Esa insensibilidad es la que te va hacer ser poderoso, dos personas más y podrás bajar''.

—¿Bajar?

—''Al Infierno, Satanás necesita que le envíes más poder para poder llevarte y convertirte en su enviado''.

—Hasta que no lo vea con mis propios ojos no voy a creer del todo nada de eso.

—''¿Entonces por qué estás matando a tus criados?

—Eh... ¿Sabes qué? Me voy a dar una vuelta por la casa para despejarme y decidirme por quién liquidaré a continuación.

—''Bien, pero no te distraigas, aún no has resuelto lo de esta señora, yo me quedaré aquí, tengo que defecar''.

Ughbert puso una mueca de asco, pero al asegurarse de haber dejado el pasadizo bien cerrado y haberse colocado su pañuelo de vuelta en su traje, limpio de sangre, quitó el pestillo de la puerta y salió de la habitación.
Pensó en dar un largo paseo para recapacitar sobre lo ocurrido, acababa de matar a una persona de verdad, pero no sentía ni la más mínima culpabilidad, lo único que tenía era un poco de nervios por lo que hizo, y necesitaba relajarse un poco.

Por un momento sintió un gran vacío en su interior, como si no tuviera alma, le daba vueltas a muchas cosas y su cabeza estaba pensando muy deprisa en todo. Bajó otra vez las escaleras hasta la planta baja y por allí decidió dar un paseo por entre los pasillos espaciosos, junto a los grandes ventanales por los que entraba la poca luz del sol, ya que el cielo seguía nublado, aunque esta vez no estaba nevando ni lloviendo.

Caminó por un rato solitario por su hogar, no se cruzó con nadie, salvo con Claire, que le evitó y no le dijo nada, pero Ughbert no le dio importancia a esto y simplemente estuvo vagando por un breve instante más, hasta que alguien le puso la mano en el hombro desde atrás. Ni siquiera había oído pasos de nadie acercarse, estaba tan absorto en los pensamientos sobre lo que acababa de pasar que ni siquiera oía las cosas a su alrededor, mas al ser tocado se sobresaltó, incluso dio un pequeño brinco y se asustó, pensando por un momento que le habían pillado, así que se giró con brusquedad sobre sus talones y miró a la persona que le había llamado: Era Izaäk Vog, este le miró extrañado al ver su cara, nunca le había visto tan expresivo, siempre estaba serio y no tenía una expresión muy marcada, cosa que en ese momento sí.

—Señorito Zondervan, ¿le pasa algo? ¡Lo siento si le he asustado!—Decía este, preocupado por esa reacción.

—Ah... el lava platos, eres tú...—Suspiró aliviado el adolescente, llevándose la mano al pecho.—Estaba... pensando en una melodía nueva que componer, pero no sale nada coherente...

—Es raro, nunca le vi pasear así por la mansión, normalmente se queda encerrado en su cuarto o en alguna sala tocando.

—¡La gente crece y cambia! ¡Hoy simplemente me ha apetecido pasear mientras espero a la señorita Van Divel! ¿Tienes algún problema?

—Claro que no, solo me ha extrañado, perdone...

—No importa...—Eso de mentir no se le daba especialmente bien, pero era lo mejor que podía hacer.—¿Querías algo...?

—Había terminado mi trabajo y quería charlar un rato con usted si es posible, para conocernos y eso...

Ughbert quería estar solo, pero tal vez hablar con alguien le calmaría y le haría olvidar lo ocurrido, aunque fuera con aquel sirviente, era demasiado positivo para él, pero eso ayudaría a eclipsar su inquietud, además Lizbeth era igual de positiva, de modo que le daría una oportunidad... antes de matarle.

—Vale, ¿por qué no? Vamos a alguna sala donde hablar tranquilos.—Dijo finalmente y comenzó a caminar hacia delante con intención de ir a alguna salita de descanso.

—¿Puedo sugerir algún lugar?—Preguntaba el rubio cenizo, poniéndose a la altura de Ughbert mientras caminaban.—Puede que me regañen si voy a vuestras salas comunes.

—Si quieres, a mi me da igual, si te doy permiso no pueden decirte nada.—El chico moreno pensó en que quizá Izaäk quería apartarle y hacerle algo, pero se reafirmaba en que ellos no tenían planeado matar a nadie hasta que sus padres llegasen, así que confiado accedió a ir donde el ayudante de cocina le sugería.

—Bien, pues... me gustaría ir a la biblioteca, siempre sentí curiosidad por verla y seguramente sea un buen sitio para estar medianamente escondidos.

—¿Para qué quieres que nos escondamos? Espero que no estés pensando en hacer nada extraño.

—¡N-no por Dios! Solo... Pensaba que a usted le gustaba estar apartado de la gente y oculto.

—En efecto, bueno, entonces vayamos allí, hay rincones donde podemos hablar sin ser molestados.—Quizá era algo raro para él todo eso, y era evidente que aquel joven sirviente quería distraerlo, sin embargo sentía que seguirle la corriente sería la mejor de las opciones, Ughbert no era tonto.

Entonces fueron a la biblioteca ambos jóvenes y cerraron el portón doble de esta, acto seguido se metieron por entre los altos estantes de los libros y se quedaron en un hueco bastante alejado de la entrada y al que a penas entraba la luz de las ventanas.
Allí el polvo flotaba en el ambiente y había un silencio muy profundo, solo se oían las pisadas de los muchachos, sus respiraciones y algún que otro crujido de la madera.

—Este sitio es perfecto, señorito Zondervan, ojalá pudiera venir aquí a leer.—Observaba Izaäk mientras miraba los numerosos libros de esa zona.

—Lo es, pero me gusta más mi habitación, aunque a veces tengo que bajar para coger algunos libros o simplemente dejar los que ya he leído.—Explicaba Ughbert. Ahora el otro adolescente le miraba sonriendo plácidamente, como si estuviera pensando cosas agradables del moreno. Este se dio cuenta, pues parecía que su carácter cambió de repente.—¿Sucede algo?

—He observado que está más hablador y expresivo, ¿se debe a la señorita Van Divel?

—Veo que los rumores se propagan bastante rápido allí abajo... Pero parece ser que sí, Lizbeth es la cuidadora perfecta, me trata bastante bien y con más respeto que la otra... Además no me obliga a hacer cosas que no quiero, y es un alivio no tener a una vieja gruñona detrás de mi todo el tiempo.

—No me refiero a eso... ¿le gusta, verdad?

—¿Gustarme? ¿En qué sentido? Porque acabo de decir que me agrada bastante como trabajadora y puedo decir que como amiga también.

—Me refiero a que le gusta de manera romántica, no se haga el tonto... ¡Q-quiero decir...! No haga como si no supiera de qué le hablo.

—Eso es absurdo, ¿me has traído aquí para interrogarme sobre mis sentimientos? La conozco desde ayer, además, es mayor que yo, dudo mucho que tenga interés en un adolescente.

—En verdad sí que le traje aquí para hablar de sus sentimientos, la diferencia de edad tampoco es muy grande, además, ¿no le gusta físicamente? ¿No se ha fijado en sus curvas? Y en esos pechos, nadie del servicio tiene un busto tan grande...

—¡Oye, deja de ser tan lascivo! Ya he tenido problemas con Jefferson por esa clase de cosas, Lizbeth no es un objeto, ella por supuesto es muy atractiva y admito que en ese sentido me agrada, pero yo no soy un degenerado y no pienso dejar que nadie hable así de ella.

—Tranquilícese, a mi ella no me atrae...—Izaäk se acercó un poco a Ughbert y le puso la mano en la mejilla, retirando un poco su flequillo para verle la cara.—Pero no me niegue que si no se le presentara la oportunidad, no tendría un encuentro... íntimo con ella.

El de ojos grisáceos se quedó quieto y se mantuvo serio, aún mirando fijamente al contrario, con una fría mirada algo molesta. Obviamente el chico se había sentido excitado por ella al bañarle, pero no podía confesarle eso, y desde luego el chico aún era bastante puro en ese sentido, pero tras lo que aprendió en su clase de biología también pesaba en esa posibilidad, aunque rápidamente la omitía de su mente.

—Mis padres me educaron para ser el futuro barón de Zondervan y no para ser un mujeriego, ¿a dónde quieres llegar con todo esto?

—Quiero saber si estaría dispuesto a probar ciertas cosas, los humanos sentimos atracción por otros humanos, y no es malo disfrutar de nuestra intimidad con otras personas, es otra manera de divertirse...

—Sigo sin entender tus intenciones, ¿me estás incitando a proponer a Lizbeth este tipo de cosas?—Ughbert veía a escasos centímetros de su rostro al rubio cenizo y se había vuelto a poner nervioso y se sentía algo extraño, parecía que la cosa no iba con Lizbeth más, y desde luego el adolescente no era idiota, sabía que algo quería Izaäk, mas aún no entendía el qué puesto a que su información sobre las relaciones amorosas y sexuales entre las personas era bastante limitada.

—No, lo que estoy intentando hacer es que pruebe, con quien sea...—El chico prácticamente quedó a Ughbert entre la estantería que tenía a sus espaldas y su cuerpo, acorralándole.—Tal vez esto le parezca insólito, pero me gusta, joven Zondervan, no se enfade conmigo, pero desde que le vi he tenido muchos pensamientos impuros, me parece muy atractivo.

—¿Qué? A mi me enseñaron desde siempre que los hombres debemos cortejar a las mujeres... nunca me han enseñado a lidiar con este tipo de situaciones, realmente no me lo esperaba, pero lo que es insólito no me parece, ¿por qué debería parecérmelo?

—La sociedad ve esto bastante mal, a otras personas no les gusta ver a dos hombres juntos, o a dos mujeres enamoradas entre sí, pero se sabe que los antiguos griegos y romanos hacían este tipo de cosas y no era mal visto. Mi filosofía es que si te atrae alguien, sea del sexo que sea, ve a por ella, sea solo placer o sea amor.

El muchacho de cabello negro se quedó muy callado una vez más, aún mirando al sirviente, aunque ahora estaba sorprendido, Izaäk le parecía atractivo, y quizá tenía razón; podía aventurarse a disfrutar y probar cosas nuevas antes de proseguir con su macabra misión, aunque nunca pensó en tener a un amante varón.
Antes de contestar nada notó a algo corretear por el suelo y miró hacia allí: Hobo le había encontrado y estaba mirándoles.

—''Vaaya Ughbert, ahora entiendo muchas cosas''.—Decía ella entre soniditos raros que el otro chico pudo oír y también miró a la rata.

—¿Cómo ha entrado? Juraría que hemos cerrado la puerta...—Mencionó el rubio, mirando fijamente al roedor. Ughbert no podía decirle que sus pasadizos secretos llegaban hasta la biblioteca, porque incluso había unas pequeñas y estrechas escaleras por dentro de las paredes para bajar hasta allí y a otros lugares, y Hobo tenía pequeños huecos bien escondidos por donde pasar.

Él no dijo nada, solo agarró a Izaäk de la nuca y le acercó a él bruscamente, dándole un breve pero intenso beso en los labios, después se apartó, aún mirándole serio, pero por dentro inquieto y acelerado.

—Tengo que ir a ver si ha llegado Lizbeth, proseguiremos esta conversación en otro momento.—Habló con total normalidad Ughbert. El criado se había puesto totalmente rojo y no se había esperado aquello, solo pudo balbucear mientras el otro muchacho cogía a su rata y se la colocaba en el hombro.

—S-señorito Zondervan...—Intentó hablar el otro, pero Ughbert ya se estaba marchando y no dijo nada, simplemente le ignoró y siguió su camino.

—''Eres un chico muuuuy raro Ughbert, pero que muy raro...''

Continuará...

domingo, 10 de febrero de 2019

Capítulo 9: Oboes en el invierno

Aún estaba en su cuarto el joven Ughbert Zondervan sin saber cómo reaccionar a tal información que Hobo le daba. Esta había dejado de dibujar después de haber trazado un círculo alrededor de la cabeza del supuesto Jefferson, el mayordomo de la familia.

—''Él debe ser el primero, tú lo dijiste, consciente o no, en lo más profundo de tu corazón existe un profundo odio por ese cretino. Debe morir, y si no estoy equivocada, pronto tratará de hacer algo malvado para ponerte la cosas más difíciles, se creen que no sabes nada, pero lo sabes...''

—Si no tengo más remedio lo haré, intentaré... matar... Pero, ¿no crees que empezar por el mayordomo principal sería demasiado evidente? Si es el cabecilla hay que frenar a las personas que están bajo su mando, y esas son las doncellas, los lacayos o mismamente la cocinera...—Ughbert no se veía capaz de seguir adelante, pero sabía lo que hacía, era muy inteligente.

—''Vaaya, sí que tienes madera para esto, pensé que simplemente aceptarías matarle primero a el sin más''

—¿Eh...?

—''Exacto, esto era una prueba para ver de lo que es capaz tu mente, y no cabe duda, por esto te ha elegido el señor Satanás''

—Entonces, ¿no tengo que matar a Jefferson?

—''Ahora no, porque él por sí mismo no está haciendo nada, las que están saboteando todo son las doncellas, empieza por ellas.''

—Nadie echaría en falta una doncella de menos, eso me daría más margen para actuar con otros...—Se quedó callado por unos segundos dándose cuenta de que estaba hablando tan tranquilo de matar a alguien y pensaba realmente en llevarlo a cabo.—¡E-espera! ¡Yo sigo sin poder hacer esto, Hobo, soy un maldito crío! ¡Me van a descubrir y me van a llevar preso o quien sabe qué cosas me harán por asesinar personas!

—''Dime algo, ¿prefieres morir o matar a alguien malo que probablemente vuelva a las andadas después de masacraros a ti y a tu familia si no actúas?''

—...Muy bien, tú ganas, maldita rata de alcantarilla, como esto me salga mal yo te juro que te partiré el pescuezo.

—''Ese es el carácter que me gusta... frío niño asesino... Tienes tiempo hasta que lleguen tus padres del viaje, pues poco después de que pongan un pie en la casa... ¡se acabó!''—Rió la rata con una chirriosa voz que se podía oír fuera de la cabeza de Ughbert, entonces él, decidido, salió a prisa de su cuarto para pensar en lo que hacer.

Bajó de nuevo siendo perseguido por su rata y esta vez bajó con cautela hasta la planta de los empleados. Por allí había algunas personas paseando haciendo sus labores, no se detuvieron a mirarle demasiado, pero por respeto sí le saludaban, se reverenciaban y seguían su camino.
Ahora que lo pensaba, con todo ese revuelo, el chico no había reparado en Lizbeth, ¿dónde estaría ella? Se había quedado junto a las escaleras en el pasillo de la servidumbre, pensativo.
Ughbert después de saber que aquello de los criados podía ser real no se sentía muy seguro en su propio hogar, puesto a que podían envenenarle la comida o atacarle en cualquier momento por sorpresa, sin embargo, tras evaluar la situación, era imposible que le atacaran antes de tiempo si planeaban robar en su casa, lo que le daba a pensar en por qué los sirvientes esperaban a que sus padres estuvieran en la mansión de vuelta y no les robaban directamente y se escapaban con el dinero, algo más debían estar tramando esas personas. El chico tuvo tiempo de pensar en algunos dilemas, cuando de repente, un alguien tocó su hombro, haciendo que él se sobresaltara y mirara hacia atrás. Pensaba que sería Lizbeth, pero no, era Izaäk, el ayudante y sobrino de la cocinera, que era un chico un poco más mayor que Ughbert, tenía ropas de pobre, un delantal sucio y arrugado y llevaba su pelo rubio platino y largo recogido en una coleta baja con un lazo gris. El joven era delgado de rasgos finos y sus ojos eran de color miel, él no parecía estar resentido con Ughbert en comparación con el resto de servidumbre, y al mirarle el chico de cabello oscuro, el otro sonrió.

—¡Buenas tardes, señorito Zondervan!—Le saludó amigablemente.—¿Cómo le han ido las clases de hoy?

—¿A ti que te importa?—Preguntó un poco borde Ughbert.—¿No deberías estar trabajando?

—Por supuesto, a eso iba, pero usted está en medio del pasillo de la servidumbre, debo pasar por aquí igualmente.—El joven sirviente se mantenía con una amigable y dulce mirada hacia su joven amo, era como si no tuviera que ver con el resto, definitivamente.

—Supongo que tienes razón, pero sigue a lo tuyo, no tienes nada que hablar conmigo.

—¿No? Juraría que ayer dijo usted que necesitaba darme una charla, además si está aquí es por algo, ¡puede pedirme lo que necesite e intentaré ayudar! Ambos somos casi de la misma edad, supongo que se siente un poco solo aquí, de modo que...!

—No me interesa hacer amistad contigo... como te llames, solo cíñete a tu trabajo y déjame en paz, ¿a qué viene que quieras ser mi amigo ahora?

—Le veo algo solitario, además parece haber mejorado su ánimo con la presencia de la señorita Van Divel, de modo que tal vez lo que necesita es más gente joven a su alrededor que le comprenda. ¿Qué me dice? ¿Quiere que nos conozcamos un poco más?

Ughbert se quedó en silencio, no debía haber hablado tanto con él, había contestado más de lo que hubiese querido hacer, pero realmente la actitud del muchacho aquel hacía que hablase, fuera para bien o para mal.
Hobo seguía allí escuchando, y pensaba en que era la ocasión perfecta para aconsejar a su dueño:

—''Este sirviente de pacotilla está intentando ser tu amigo, y creo que si piensas un poco te darás cuenta de por qué lo está haciendo precisamente ahora, seguro que pretende despistarte o bien hacer que no entres aquí por si pillas a alguien hablando del crimen que planean''.

Eso abrió los ojos al chico, y entonces suspiró y asintió, mirando de vuelta al otro joven, que esperaba una respuesta en silencio, pero manteniendo su gesto amable.

—Normalmente diría que no, que eres un sirviente y no tienes que acercarte a mi, pero la verdad es que tienes mucha razón, me sentía depresivo y triste, y la señorita Van Divel me ha ayudado a abrirme y expresarme, seguro me viene bien un compañero masculino quien me comprenda mejor.

—¿Lo dice en serio? Yo también me siento solo por aquí desde que empecé a trabajar en la mansión, no hay nadie de mi edad ni de mi clase social, y estoy muy alejado de la civilización.

—Ayer aprendí que a veces las clases sociales separan mentalidades, no a las personas, así que no veo porqué no podemos hablar como iguales, pero no esperes gran cosa de mi de buenas a primeras, antes me hablaste muy borde y eso me ha molestado.

—Perdóneme por eso, solo quería parecer algo duro frente a los demás, a veces los lacayos y Jefferson se burlan de mi por ser el más joven.

—No es nada, puedo entenderlo, supongo, ¿cómo te llamabas?

—Izaäk Voog, soy el sobrino de la cocinera y me encargo de ayudarla en la cocina y de limpiar los platos y todo, digamos que soy lo más bajo en esta mansión en cuanto a mando, pero de algo hay que vivir.

—Sí, eso lo sabía, aunque por tus paseos por la mansión veo que te lo pasas muy bien igualmente, eres consciente de que no puedes hacer eso sin permiso, ¿verdad?

—Sí, pero nunca había estado aquí y me sorprende este sitio, aún no he conseguido ver todos los lugares que hay de lo grande que es la mansión, siento mi comportamiento tan desobediente, prometo rectificar.

—No puedes privar a un humano de su curiosidad, yo mismo te enseñaré la mansión, pero ahora será mejor que prosigas con tu trabajo, yo debo irme, vine por aquí buscando a Lizbeth, nada más.

—Por aquí no está, creo que nos ha cogido algo de asco... y es completamente normal después de todo.

—Bueno, en ese caso iré a buscar a otro sitio, gracias, ya nos veremos.—Ughbert, quien había mantenido una seria expresión durante toda la conversación, subió las escaleras del piso del servicio y se puso a buscar a su cuidadora por las estancias del primer piso.

El otro joven se fue a hacer su trabajo como si nada, todo había sido muy raro, pero Ughbert, quien no era nada tonto ni fácil de manipular, había estado fingiendo querer conocer más a Izaäk y enseñarle la mansión, obviamente no lo iba a hacer, y si lo hacía sería para tener más fácil un objetivo...

—''Wow, buena jugada, ¡has empezado como todo un profesional, chico!''—Le decía Hobo, siguiéndole de cerca.—''¿Piensas apartarle para matarle el primero? Tienes muy buen ojo''.

—No creo que él sea el primero, sí que es lo más insignificante que hay en la casa, pero se le ve entusiasmado y no es un borde como los demás.—Ughbert contestó un poco en bajo, mirando a todas partes por si aparecía alguien, para que no le sorprendieran hablando solo una vez más.—Además puede ser bueno mantenerlo para el futuro, pero definitivamente empezaré por una de las doncellas si no tengo otro remedio.

—''Muy bien, pero por lo que he estado viendo junto a Satanás, él es el único que no parece muy conforme con este plan de mataros y robaros, solo lo hace por ser un sirviente más y está metido en eso, tal vez lo único que le han pedido hacer es distraerte, de modo que ándate con muchos ojos cuando estés con él, porque algo estarán tramando los demás del servicio''

—De acuerdo, tendré cuidado con él, aunque, ¿sabes algo? Tengo bastantes ventajas en contra de ellos, y desde luego, soy muy inteligente.

—''Lo eres, Ughbert, eres raro, pero no te van a superar eso criminales de pocamonta''

Todo empezaba a tener sentido en la cabeza del adolescente de ojos grisáceos, ese cambio tan repentino de todos los sirvientes después de que sus padres se marcharan, que Jefferson empezase a adoptar conductas inapropiadas con Lizbeth y nada disimuladamente, que Claire intentara respaldar la vagueza de los demás empleados cuando siempre fue muy estricta con ellos, y que las doncellas trataran mal a Lizbeth, intentando cargarla con sus trabajos para no hacer nada. Esas conductas indicaban que algo estaba pasando, o sea que si Hobo no hubiera estado para avisar a Ughbert, él se daría cuenta de esto, pero no sospecharía que le querían asesinar junto a su familia, y moriría a manos de sus propios criados.

El futuro barón de Zondervan buscaba sin descanso a su cuidadora pelirroja, ni siquiera él sabía por qué, pues normalmente después de las clases se marchaba solo a su cuarto a encerrarse. Lo atribuía a que no estaba seguro y se sentía un poco más protegido con Lizbeth, pero no solo era eso, es más Ughbert podía ser mucho más letal que ella, solo que aún el joven no lo sabía.
Tras una larga caminata por su enorme mansión, por fin dio con ella, quien estaba charlando amigablemente con la institutriz en la puerta de la sala de enseñanza. El muchacho se acercó a las dos mujeres y las miró en silencio.

—¡Ughbert! Te he estado esperando aquí porque tu profesora me ha dicho que ya te marchaste.—Habló alegremente Lizbeth.—No veas que bien sienta encontrar a alguien que sea amable conmigo en esta mansión...

—No lo tome como algo personal, señorita Van Divel,—Contestaba Matilde, antes de que Ughbert pudiera decir nada mas.—esa gente ahora está muy irritada con el fallecimiento de Patricè, era una de las mujeres más longevas del servicio y llevaba mucho tiempo aquí, es normal que ellos le tuvieran aprecio y ahora se sientan mal con su pérdida.

—Han estado descuidando sus labores, se les paga por ello, y no precisamente una miseria, y si hubiera visto lo que vi yo no les respaldaría de ese modo.—Intervino seriamente el adolescente de cabello negro.—Jefferson se comportó de manera lasciva con Lizbeth delante de mis narices sin ningún tapujo o disimulo, siempre fue un hombre competente y educado, mas ese comportamiento descocado reciente nunca lo tuvo en nuestra presencia y lo de ahora es imposible que se deba a la muerte de Patricè, es injustificable.

—He de admitir que eso es raro, sí, aunque la gente hace cosas raras cuando se produce un cambio en su vida, y según sé, Jefferson no es el único que ha sido afectado por este cambio, es un hombre y acaba de llegar una mujer joven y atractiva a la casa, estará aprovechando que los señores Zondervan no están para cortejarla.

—Yo sigo aquí y no lo voy a tolerar, si va de macho alfa en MI casa voy a tener que pelear por ese puesto, por muy niño que me vea ese mequetrefe.

—Bueno... ¿no tienes nada que hacer ahora? Este tema nos abruma un poco a todos y es mejor ignorarlo, mientras no pase nada malo y todos convivamos como personas civilizadas no nos sentiremos peor.—Lizbeth intentaba poner positividad al asunto, y su voz hizo que Ughbert se relajara un poco.

—Es lo mejor... me rehuso de hablar más de esa gente, vayámonos de aquí, Lizbeth, la veré en la próxima clase, Matilde, hasta luego.

La profesora se había quedado extrañada al ver al chico tan hablador, y definitivamente sabía que era por la nueva niñera. Matilde no parecía ser mala, y desde luego Hobo no dijo nada acerca de ella, por lo que Ughbert no sabía qué pensar, y en ese momento él no le podía preguntar a su rata, pues estaba Lizbeth delante.

Ellos dos se habían ido del pasillo aquel y se dirigieron a una de las salas comunes junto al gran salón. Allí ellos hablarían más tranquilamente y se conocerían más.
Se sentaron en los sofás que había allí, era una sala no muy grande pero espaciosa y acogedora, con una chimenea encendida y algunas estanterías con libros, así como una mesita para dejar las cosas de comer o las bebidas.

—¿Estás bien? Pareces enfadado, más de lo habitual.—Dijo Lizbeth, una vez quedaron ambos en silencio y estuvieron cómodos. Hobo se había subido al sofá donde se encontraba la chica y se quedó en su regazo, ella no supo que hacer, nunca antes había tocado a una rata y menos que fuera la mascota de alguien, además podían ser animales muy peligrosos por las enfermedades que podían transmitir, puesto a que en esa época no había vacunas para prevenirlas en estos animales.—¿Ha ocurrido algo con Jefferson otra vez?

—Por fortuna no, pero cuando recuerdo lo ocurrido con él ayer...—Ughbert apretó los puños y miró a otro sitio, con cara de enojo y un leve rubor en sus mejillas.—Antes no era así, Matilde sostiene que es porque has llegado, su carácter cambió entonces.

—No me extraña, he estado en casas en las que el padre trataba de propasarse conmigo, no me considero muy atractiva, pero ellos parece que sí, o simplemente quieren aprovecharse de mi. Pero dices que los demás están raros y que no crees que tenga que ver con Patricè, ¿entonces?

—Se creen que yo no soy autoridad suficiente para ellos, y piensan que pueden hacer lo que les plazca sin mis padres ni nadie más en la casa, pero se equivocan, y lo que me fastidia es que la voz de la razón las otras veces que ellos faltaban era Claire, no dejaba que nadie actuara raro y ahora les cubre, todo esto es muy extraño.

—Siento de no poder ser de más ayuda, no les conozco y no sé exactamente cómo eran antes los otros sirvientes, pero sí que he notado el cambio desde que estaban aquí los señores Zondervan a cuando se marcharon, igualmente no puedo hacer nada más que aguantarme hasta que ellos vuelvan.

—''Oh, cuando ellos vuelvan tú estarás muerta por su culpa si este bobo no se pone a matar gente, Ughbert, espabila, no es hora de tomar el té, ¡es hora de asesinar!''—Hablaba Hobo a su manera.

El chico miró a su rata con el ceño fruncido y negó inconscientemente.

—¡Ahora no!—Exclamó claramente nervioso el joven de cabello oscuro mientras agarraba los brazos del sofá. Lizbeth le miró un poco asustada recordando las cosas anteriores que había descubierto sobre el chico, y para ella era evidente que estaba hablándole a la rata, que se había puesto en pie mirando hacia su dueño.—Q-quiero decir... No tienes que esperar a que mis padres vuelvan, yo les pondré en su sitio a esos idiotas si pretenden molestarte, seguro que solo quieren que te vayas o alguna tontería así, pero no lo vas a hacer, yo voy a interponerme...

Ahora Ughbert se había quedado inquieto y algo acalorado, iba a empezar a sudar, de hecho se pasó la muñeca derecha por su frente intentando secarse el sudor de esta. Su cuidadora se había quedado callada, ese adolescente no estaba bien de la cabeza, sin embargo los gestos que hacía la rata eran demasiado humanos, se ponía a dos patas como si nada, las ratas hacen eso solo para olisquear y buscar cosas, sin embargo esta vez lo hizo cuando Ughbert parecía dirigirse a ella con solo mirarla. La situación estaba asustando a Lizbeth.

—Sigo pensando que es mejor no darle vueltas a esto... creo que estamos alterando a tu rata.—La chica acercó muy lentamente la mano al animal para acariciarla, y esta se puso de nuevo en sus cuatro patas y también se aproximó a la mano de Lizbeth para olerla, luego le dio unos lametones y se quedó quieta dejándose acariciar.—¿Qué pasatiempos sueles llevar a cabo para no aburrirte?

—''Sí, me estoy alterando porque mi dueño es un lento y os van a matar, no comprende la gravedad del asunto''—Volvió a hablar Hobo, a sabiendas de que solo Ughbert podía escucharla.

—Pues... suelo tocar mi oboe.—Respondió el moreno de ojos grises, visiblemente afectado, tratando de ignorar a su mascota una vez más, aunque se sentía bastante presionado, con Lizbeth cerca suyo no podía matar a nadie ni pensar en claridad en un homicidio que no le inculpase para seguir cometiendo más.

—Ah, ¿te gusta la música?—Preguntó la pelirroja, quien ya se atrevió a acariciar a Hobo, y al ver que esta ya se comportaba normal se tranquilizó, pero Ughbert le seguía preocupando, y ella intentaría estabilizarle si es que, como sospechaba, él tenía algún problema psicológico.

—Bastante, mis instructores me han dicho que tengo bastante talento para tocar instrumentos y la música en general, el campo del viento es mi favorito, le sigue el de cuerda y finalmente está la percusión, que no me entusiasma, pero ahí esta.

—Vaya, eso es genial, ¿te apetecería tocar algo para mi?

—Por supuesto, déjame que vaya a buscar mi oboe y tocaré para ti.—El chico se levantó, ahora parecía estar más tranquilo que antes, incluso miró a los ojos a Lizbeth y le sonrió por segunda vez, aunque esta vez era una sonrisa serena e incluso con un aire seductor, o al menos eso le pareció a la joven pelirroja.

Se levantó Ughbert del sofá y la chica se levantó y caminó un poco hacia el chico.

—¿Quieres que te acompañe?—Cuestionaba ella, ahora calmada.

—No hace falta, quédate aquí descansando, vuelvo enseguida.—Él salió de la sala cerrando la puerta tras de sí y se dirigió a su cuarto en busca de su oboe.

Lizbeth se quedó pensativa en la sala junto a la rata y se le quedó mirándola, esta tenía hasta un lazo rosa decorativo alrededor de su cuello, se preguntaba cómo era posible que un animal como ese lo aguantara o no lo royera.

—Ah, tu dueño es un poco raro, pero es una persona increíble...—Suspiraba Lizbeth, mirando hacia la puerta, un poco sonrojada.—Ojalá fuera un poco más mayor y le hubiera conocido en otras circunstancias.

—''No dirás eso cuando se cobre su primera víctima, reza para tú no seas una de ellas...''—Hobo se acomodó en el regazo de la chica y no hizo nada más, por supuesto ella no la pudo oír, así que continuó esperando a Ughbert allí sentada.

El adolescente de cabello oscuro subió las escaleras y llegó hasta su cuarto entrando en este. Fue hasta una cómoda y del segundo cajón sacó una caja grande y negra. Puso esta en el suelo, poniéndose en cuclillas frente a ella y la abrió, sacando las partes desmontables de su instrumento de sus huecos aterciopelados para montar su oboe. Se levantó una vez lo hizo y volvió a salir de su habitación, caminando hacia las escaleras para bajar.
Una vez llegó a las escaleras notó a alguien bajar tras él y repentinamente giró su cabeza para mirar atrás; vio a una sirvienta cargando un cesto con ropa sucia, por fin alguien se dignaba a llevársela. Ella al ver que Ughbert le miró tan bruscamente se quedó quieta, con cara de susto.

—¡B-buenas tardes, señor Zondervan!—Exclamó aparentemente nerviosa.

Él no contestó y solo siguió bajando las escaleras hasta la planta baja y volvió a la salita con Lizbeth y Hobo. Cerró la puerta tras de si y miró a la cuidadora.

—Bueno, aquí estoy, ¿preparada?—Decía el chico, poniéndose frente a ella con el oboe entre las manos.

—Claro, sería un placer, aunque pronto tendremos que ir a comer.—Mencionaba la pelirroja, acomodándose.

—''Sí, déjate de tantas tonterías, que tengo hambre y tú tienes cosas que hacer''.—Rechistaba Hobo.

—Bueno, no tenemos prisa, pero si tienes hambre lo podemos dejar para después.—Comentaba Ughbert, mirando a Lizbeth, ignoraba de nuevo a la rata.

—No no, aún no tengo hambre, tengo más ganas de escucharte, la verdad.—Ella le sonreía dulcemente, a lo que el chico no pudo evitar sonreír un poco y se puso la boquilla del oboe cerca de los labios.

—Bien, pues voy a tocar una canción que yo mismo he compuesto, cuando la escuches me gustaría que le pusieras nombre...

—De acuerdo.

Entonces Ughbert comenzó a tocar el oboe de una manera delicada y melódica, pero la música era algo lúgubre, daba una sensación de calma, pero a la vez de soledad. El adolescente tocaba bastante bien, eso era indudable, habría estado practicando desde hace años, y a Lizbeth le parecía increíble y disfrutaba de esa música.

Él estuvo tocando cerca de cinco minutos y al final se detuvo, habiendo finalizado su canción. La pelirroja le miró sorprendida y le aplaudió desde el sofá donde estaba sentada con Hobo.

—Tienes mucho talento, tocas de maravilla, me ha encantado.—Dijo la chica alegremente.

—Gracias, a mis padres le pareció bastante tétrica, no supieron describir lo que sintieron al escucharla, pero me dijeron que se sintieron incómodos por algún motivo.

—''Tu música es lo que proyecta tu alma, solo las personas con un alma oscura disfrutarán plenamente de tu música, los demás...''—A Hobo no le dio tiempo a acabar porque Lizbeth comenzó a hablar, obviamente porque no podía oír a la rata hablar.

—Vaya, pues a mi me ha parecido muy bonita, si que es algo oscura, pero tampoco es que sea para tanto, puede ser inquietante pero no se, cada cual tiene su estilo y está bien que tú tengas uno propio, Ughbert.

—¿No tienes nada malo que decir de mi? Parece que todo está bien y sea bueno, a veces está bien que señales mis defectos, no me lo tomaré a mal.

—Te estoy diciendo la verdad, he sido sincera en todo momento.

—No lo dudo, pero puede que ocultes lo malo para no hacerme daño.

—Soy una persona positiva, pero si quieres que te diga lo malo yo te lo diré, no hay problema.

—Muy bien, dímelo.—Él se sentó en el sillón que había frente a la chica, con el oboe sobre su regazo y la miró fijamente de manera algo seria.

—Pues... Eres un chico extraño y he observado que hay momentos en los que te comportas algo raro, pero por más que busco no logro encontrar más defectos en ti.—Omitió el hecho de que supiera que hablaba con su rata sobre matar, no era conveniente confesarle que le escuchó.

—Ya lo sé, todo el mundo opina eso de mi, y me enfadan...—Miró a otro lado, y esta vez parecía ponerse un tanto triste, algo que Lizbeth notó en el acto.

—Oboes en el invierno.—Acabó por decir ella, cogió a la rata y la puso cuidadosamente sobre el sofá mientras se levantaba. Ughbert la miró extrañado y luego a Hobo, que no se molestó en decir nada más hasta que ella se quedara en silencio.

—¿Qué?—Preguntó él.

—El nombre de tu canción, es algo simple, pero me recuerda a una fría noche de invierno estando a oscuras en un salón junto a una chimenea, un poco de paz y tranquilidad entre la oscuridad y la soledad.

Gratamente sorprendido, el muchacho de ojos grisáceos cambió su expresión y se levantó, mirándola incrédulo.

—Es un nombre estupendo, Liz... Gracias.—Admitió el chico y se acercó a su cuidadora, rodeando su cintura con sus brazos, abrazándola cariñosamente, eso la estremeció, pero también le abrazó y acarició su cabello.—No me puedo creer que existas...

—Me gusta mucho esta faceta cariñosa tuya.—Ambos se separaron, Hobo les miraba y para ella era evidente que ahí había algo más que amistad, había algo mucho más fuerte, solo el destino podía hacer una unión tan perfecta como aquella.

—Bueno... será mejor que ya nos marchemos a comer, se hace tarde.—Ughbert estaba sonrojado, algo que se notaba mucho sobre su pálida piel, así que Lizbeth al notarlo también se ruborizó, solo pasó un día y poco más, pero algo le unía a ese joven.

—De acuerdo, vamos.—Ella abrió la puerta dejándole pasar primero  y después a Hobo que se bajó del sofá saltando y siguió a su amo como de costumbre.

Lizbeth salió tras ellos y acompañó a Ughbert a dejar su oboe en su cuarto.

Se prepararon ambos para la comida y se dirigieron al gran salón, los sirvientes ya habían puesto la mesa, aunque solo pusieron platos para el chico, pero no tardó en quejarse y mandar a poner más para Lizbeth.
La servidumbre ya no tenía buena cara y ellos lo notaban, Ughbert sabía por qué, pero la nueva cuidadora no, y francamente estaba mejor no sabiéndolo.

Continuará.