miércoles, 25 de diciembre de 2019

Capítulo 14: Ventisca

Pasaron dos días después de que Lizbeth supiera cosas sobre Ughbert y él, gracias a Hobo, supiera también que ella lo sabía, por eso ahora el chico debía ir con mucho más cuidado. Esos días fueron un poco más tensos de lo habitual, puesto a que el servicio ya se había dado cuenta de que ni Ben y Meike se encontraban en la mansión, no dejaron ni una nota de despido ni nada. Ahora de la caldera se encargaba Izaäk, los restos de los cadáveres habían sido totalmente reducidos a cenizas y nadie descubrió el crimen, nadie podía vincular nada al adolescente.
Al parecer los planes del servicio cambiaron, no podían continuar con su plan sin ellos y sin saber si los iban a delatar o qué iban a hacer fuera de la mansión, Hobo comunicó al chico que ellos retrasaron el ataque a la familia Zondervan y este se relajó un poco, aunque eso no impidió que Ughbert quisiera continuar con su trabajo, de hecho había algo que le hacía volver a querer matar, y rápidamente se puso a pensar en quién sería el siguiente y cómo lo liquidaría.

Era por la tarde después de la comida. Lizbeth le dijo al muchacho que iría a descansar a su habitación, y que si necesitaba algo que se lo dijera, y este vio una oportunidad de oro para hacer de las suyas. La pelirroja se sentía cohibida y con miedo, por eso intentaba no estar tan encima de Ughbert, aunque a escondidas le vigilaba para evitar que hiciera algo malo, y como no había vuelto a hacer nada extraño quiso ir a descansar. Echó el cerrojo a su cuarto habiéndole dicho al muchacho de cabello negro que llamara fuerte a su puerta si la necesitaba, este aceptó rápidamente, pues quiso aprovechar esto y de paso dejar descansar a su nanny.
Él, que no había salido a la calle en días desde que fue a la nieve con ella, optó por ponerse una gabardina y salir a su nevado patio trasero para pasear y aclarar su mente. Hobo como de costumbre le siguió, tenía nuevas noticias para su amo, así que por allí podían hablar sin problemas.
Una vez ambos estuvieron en la destilería de ginebra, donde murió Patricè, ellos se sentaron en el suelo en una parte bastante escondida y oscura, así también refugiándose del frío.

—¿Qué querías decirme, Hobo?—Cuestionaba el chico, mirando a la rata marrón.

—''Como sabes, tus sirvientes han aplazado su plan,—Respondía ella, mirándole fijamente.pero Satán necesita que bajes igualmente a verle, con poderes te puedes librar de que te pillen más de una vez''.

—¿A qué te refieres? No termino de entender eso... ¿Y cómo puedes hablar con él? ¿Por telepatía?

—''A ver, te lo explicaré: yo puedo bajar al Infierno a través de portales que hace el Señor con el poder que tiene, al ser poco son pequeños, pero lo suficiente grandes como para que yo pueda pasar cuando me llama, generalmente lo hace por las noches cuando todos duermen para que no se vea, y allí me informa de todo lo que hablan a escondida esos... humanos, por eso tú nunca lo has visto y yo lo sé todo desde antes de que te enteraras, pero cuando Satanás tenga un poco más de poder con el siguiente asesinato que cometas podrá hacerlo lo suficientemente grande como para que tú pases, entonces después de eso recibirás el poder que te corresponde y serás imparable''.

—Vaya... ¿No es peligroso ir allí?

—''No, al principio tendrás mucho calor, pero una vez seas convertido ya no lo sufrirás, todo te lo explicarán una vez llegues, así que no te preocupes''.

—¿Convertido? ¿M-me van a convertir en una especie de demonio?

—''Mitad demonio para ser exactos, pero tranquilo amo, tu lugar sigue estando en la tierra, además tienes trabajo que hacer aquí... Ahora ponte alerta, alguien viene''.

Ughbert se quedó callado, escuchando cómo la puerta de la destilería se abría y alguien caminaba por allí.

—¿Señorito Zondervan? ¿Está usted aquí?—Preguntaba el que parecía ser Izaäk. El llamado se levantó del suelo y salió de su escondite, mostrándose ante su joven sirviente.

—''Vaya, es el lavaplatos otra vez, pero sabes, es el único que se mantiene firme y se niega a participar más en todo esto''.

—¿Me buscabas?—Ughbert tuvo que ignorar a la fuerza lo que Hobo le dijo para acercarse al chico rubio, aunque mantuvo una expresión seria a pesar de que por alguna razón se sintiera bien al verle a solas, era casi la misma sensación que tenía al estar con Lizbeth, pero menos intensa.

—Sí, bueno, le vi entrar aquí solo y me preguntaba si le ocurría algo... me preocupa que alguien venga aquí solo sin motivo después de lo ocurrido.

—Lo entiendo, pero puedes mantener la calma, no planeo quitarme la vida si eso es lo que te apura. Vine aquí a pasar un rato con mi mascota, estar encerrado en casa tampoco me sienta bien.

—Menos mal...—Izaäk suspiró aliviado y se puso la mano en el pecho mirando hacia abajo, aunque después volvió a mirar a Ughbert a los ojos y se sonrojó.—También... quería hablar a solas con usted a cerca de... bueno...

—¿El beso? Yo también quería hablar sobre ello.—Al rubio no le dieron buenas vibras al ver que el moreno se mantenía serio y frío y mantenía la distancia con él.

—¿Qué opina...? ¿Le resultó placentero...?

—...Sí, la verdad es que me gustó, no voy a engañarte, pero espero que no hayas ido diciendo por ahí que te he besado, Holanda es muy pequeña y los rumores se disparan como la pólvora.

—¡No pienso comentar nada, puede confiar en mi!—Se le iluminó la cara al joven sirviente y sonrió ilusionado.—A mi también me gustó que usted me besara... La verdad es que pensé que me golpearía y me despediría al decirle aquello...

—Normalmente no despido a nadie por declararse ante mi, no despedí a Lizbeth cuando casi lo hizo, solo le pedí que mantuviera las distancias a unas más profesionales.

—¿Lizbeth se le ha declarado?

—Eso no importa ahora, Izaak.—Ughbert le agarró de la mano y le pegó a una pared despacio y acorralándole, mirándole fijamente.—¿Qué quieres de mi? Eso es lo que quiero saber.

—Eh... Ya se lo dije, solo deseo divertirme con alguien que me atrae... ya sabe...

—¿Y exactamente cómo quieres divertirte conmigo? Me temo que no sé demasiado sobre relaciones.

—Yo le puedo enseñar, señorito, solo debe confiar en mi.—Izaäk acarició la cara de Ughbert y esta vez fue él el que decidió besarle. Ahora ambos se besaban mutuamente y se acariciaban, el moreno se sintió bastante bien al hacerlo, era una lástima que aquello a largo plazo no pudiera funcionar.

Hobo miraba aquello desde el suelo riéndose por dentro, aquello le extrañó, ya que pensaba que eso sucedería antes con Lizbeth que con otra persona, y menos con un chico del servicio.
Después de un rato besándose y acariciándose mutuamente, se separaron y se miraron sonrojados. Izaäk se fijó en la nariz de Ughbert y le acarició despacio.

—¿Le sigue doliendo?—Preguntó el sirviente aún cerca del otro.Parece que los moratones se están yendo.

—No me duele casi... pero, ¿a qué viene eso ahora?—El de cabello negro rió un poco coqueto, aunque en parte era fingido para no hacer saltar las alarmas al rubio cenizo.—Me da vergüenza recordar cómo me hice ese golpe...

—Señorito... ¡¿Está riendo?! J-jamás le he visto ni siquiera sonreír...

—Ya te lo dije una vez: las personas cambian, y más cuando conocen a otra que les gusta...—Ughbert, intentando ser seductor, puso sus dedos en la barbilla del joven sirviente y volvió a besarle los labios, después bajando hasta su cuello por puro instinto y dándole besos también.

—S-señorito...—Jadeó estremeciéndose Izaäk, poniéndose una mano en la boca, a lo que el de ojos grises se acercó a su oído y le susurró:

—Puedes llamarme Ughbert simplemente, no me gustaría que esto fuese tan formal, al menos en privado.—Al acabar de hablar se separó de él, y este se quedó apoyado en la pared, mirándole bastante enrojecido y sorprendido, respirando entrecortado ante la soltura del hijo de los barones Zondervan, pues siempre le creyó serio, reservado y algo tímido, pero parecía saber cómo encender la primera chispa de la llama de la pasión, aunque realmente al moreno no sabía gran cosa, pero sabía desenvolverse ante una situación así aún si haber experimentado nada antes.

—Vale... Ughbert... Entonces... ¿Quieres que esto llegue a más? ¿No te importa que te llame de tú?

—Claro que no me importa, y llegará a lo que quieras que llegue... pero mientras sea privado, insisto.

—Sé la importancia de la privacidad en estos casos, obviamente la sociedad está en nuestra contra, mostrar ese tipo de afecto en público puede ser fatal para ambos, así que mi boca estará cerrada... al menos solo para decir cosas...—Izaäk se puso de rodillas frente a Ughbert, teniendo su cara justo enfrente de la entrepierna del adolescente.—Déjame complacerte... seguro que te gustará.

Ughbert se quedó en blanco, no sabía qué responder o qué pretendía aquel chico, aunque se imaginaba algo vagamente.

—¿Qué quieres hacer exactamente...?

—Oh, vamos, ¿eres tan inocente ahora como no saber qué quiero decir? Quiero darte placer con mi boca aquí...—Directamente el muchacho del servicio puso su mano derecha sobre el leve bulto que se le marcaba al contrario en sus pantalones y apretó un poco, no estaba erecto, pero si él seguía así lo acabaría estando.¿Me permites?

—Q-qué obsceno...—El de pelo negro miró a otro lado muy avergonzado y se quedó bastante serio, aunque le daba curiosidad saber cómo se sentía, pero le daba mucha vergüenza hacer aquello, y más allí dentro casi en público, que aunque la destilería estuviese cerrada por aquel momento, siempre podía entrar cualquiera de repente, y Ughbert no se sentía nada seguro.

—¡Ah, p-perdón!—Izaäk se levantó del suelo de inmediato disculpándose.—Me he dejado llevar por el momento... p-pensé que...

—E-escucha, Izaäk, sé que eres un poco mayor que yo y sabes más cosas, pero espero que comprendas que yo ahora mismo no estoy muy seguro, quiero decir... me pareces atractivo y realmente me ha gustado todo esto, pero este no es el mejor lugar, hace frío y puede entrar cualquiera... ¡Además vas demasiado rápido! Y-yo jamás he tenido ninguna experiencia amorosa, y menos con un varón...

Ughbert no pudo evitar mirarle de nuevo, ambos tenían la cara enrojecida por la situación y se sentían ardiendo, Izaäk estaba realmente excitado, sin embargo Ughbert quería poner más excusas para tener otras posibilidades, y no precisamente para pasar un rato placentero con él. El rubio se quedó en silencio algo cortado por haber ido tan deprisa, realmente no esperó que eso pasara y que Ughbert aceptara tan abiertamente que le gustaban otros chicos, el pobre solo quería aprovechar.
A Hobo le estaba encantando el espectáculo, su dueño le daba cada vez más sorpresas, pero no se imaginaba que se pusiera digno en ese momento.

—''¿En serio acabas de rechazar una felación?—Le preguntaba ella en tono jocoso.Estoy empezando a dudar de ti como demonio, jujuju...''

—Perdóname, no quería importunarte ni mucho menos...—Contestó el ayudante de cocina tras un largo e incómodo silencio.—Tienes razón, he ido muy rápido, no quería asustarte, e-estoy algo avergonzado ahora mismo.

—Yo también lo estoy, pero puedo llegar a entender por qué lo haces, las personas tenemos impulsos que nos hacen querer actuar...—Ughbert recordó cuando le dijo a Lizbeth que ellos se miraban de una manera especial y ella quiso decirle algo relacionado con ellos dos pero él la interrumpió negándolo todo, quizá no debió hacerlo.—¿Y sabes qué? Si no lo haces te quedarás con la duda de qué habrá pasado si no has hecho algo que querías, aunque las consecuencias sean malas, es experiencia en tu vida.

—Eres sabio para unas cosas pero no para otras, es algo extraño, la verdad, porque eres muy inteligente.

—Porque soy un bicho raro, mis padres han querido preservar mi pureza al contrario que otros chicos.

—No... eres un genio.—Izaäk sonrió y se acercó al moreno agarrándole las manos y besando su mejilla.—Realmente sé que eres un chico maduro y ejemplar, he oído a Lizbeth muchas veces decir lo maravilloso que eres... y no sé, quizá las cosas puedan ir mejor con ella que conmigo...

Ahora el que se quedó callado fue Ughbert, básicamente le estaba diciendo que se fuera con ella, pero eso era algo de lo que él no tenía duda, al menos se dio cuenta en ese momento.

—¿Qué...? ¿Por qué dices eso?—Pudo cuestionar confuso el de ojos grises.

—Estar conmigo te dará placer un tiempo y quizá algo de felicidad, ir con ella puede dártela el resto de tu vida, y sin tener que esconderos...—Izaäk suspiró triste y le soltó las manos, apartándose de él.—Tengo que volver al trabajo... ahora tengo que hacer más cosas, ya nos veremos... señorito Zondervan.

El rubio se despidió con la mano y sin decir nada más se marchó de la destilería volviendo a cerrar la puerta. Ughbert quedó confuso y también cabizbajo, se apoyó en la pared y caviló acerca de lo que acababa de pasar.

—''Espero que ese no te esté ablandando,—Habló la rata a su dueño.es tan culpable como los otros aunque no esté haciendo nada, solo te está distrayendo''.

—¡Ya lo sé, cállate!—Vociferó el chico, empezando a enfadarse.—¡¿Por qué rayos llega hasta el extremo de querer... lamer mis genitales?! ¡¿Qué clase de estrategia es esa?!

—''No creo que sea una estrategia, creo que te la quería chupar de verdad porque le gustas, no está fingiendo eso...''

—¡¿Entonces por qué mete a Lizbeth también?! ¡Él mismo ha dicho que esto sería solo placer y nada más! ¡Actuaba como si se hubiera enamorado de mi!

—''En eso concuerdo, ha actuado un poco raro, pero cálmate, ¿a caso estás sintiendo algo por él? Eso ha sido muy apasionado.''

—No siento amor, me gusta haberle besado, no me he sentido mal al hacerlo, pero en la biblioteca el otro día dijo bien claro que podía ser solo placer y yo di por hecho que esto era solo eso, yo... yo amo a Lizbeth.

—''Oh... vaya, que confesión tan espontánea, deberías decírselo, ella también''.

—¿Con todo lo que sabe de mi? Debe pensar que estoy chiflado, si en algún momento ha sentido algo por mi seguro que todo este asunto le habrá hecho cambiar de opinión... ¡Joder!—El chico movió su brazo a un lado golpeando con el puño la pared de madera, aunque luego al quedarse callados los dos escuchó cómo fuera un viento bastante fuerte golpeaba los tablones de la cabaña donde estaba la destilería instalada y los hacía crugir y moverse, entonces Ughbert fue a mirar hacia la ventana y observó que se había desatado una ventisca, debía volver a la mansión antes de que el camino se tapara y el viento huracanado y la nieve no le dejaran ver, o en todo caso esperaba que no le cayera encima nada.

—''Nunca te había escuchado decir una palabra malsonante tan fuerte como esa, realmente estás fastidiado.''

—Lo estoy, Hobo, pero ahora nos preocupa otra cosa; hay una ventisca muy fuerte, no sé si esperar a que amaine un poco o ir ya con cuidado.

—Ah, si ya fueras mitad demonio podrías derretir la nieve a tu paso...

—¿En serio?

—Claro que no, simplemente sal y ya está, Satán te protege, no vas a morir por una ventisca.

Ughbert bufó y caminó hasta la puerta de la destilería que permanecía cerrada, tenía intención de abrirla, pero antes de eso agarró a Hobo.

—Anda, agárrate fuerte a donde sea, voy a salir.—Advirtió a la rata, y esta se metió en su gabardina, escondiéndose en un bolsillo interior que había, y una vez lo hizo, el chico abrió las puertas y salió.

Una fuerte ráfaga de viento le azotó en la cara, haciendo que este frunciera el ceño, le había dado todo el frío en la cara, y decidió ponerse el brazo derecho ante esta para que no le volviera a pasar y así viera mejor.
Caminó entre el pesado manto de nieve que tenía su jardín, casi arrastrando sus pies por culpa de la ventisca, y poco a poco empezó a ver la fachada de su mansión y buscó una puerta por la que poder acceder a dentro, sin embargo, antes de hacerlo se fijó en que en el suelo había una persona tumbada boca abajo, a la que le estaba enterrando la nieve poco a poco, y el chico se agachó al lado de aquel cuerpo para ver de quién se trataba. Ughbert apartó la nieve de encima de aquella persona y pudo ver que se trataba de su sirviente Izaäk, que al parecer sufrió un accidente antes de llegar a la casa, pero el adolescente de cabello negro no pudo ver ninguna herida a simple vista.

—Izaäk... ¿Estás bien? Levanta...—Le hablaba algo preocupado a su sirviente mientras le zarandeaba un poco con las manos para que se moviera o dijera algo, pero el rubio platino parecía inconsciente.

—''¿Qué pasa, amo?''—Hobo salió levemente de su gabardina, pero el viento era muy fuerte y no pudo ver nada.—''¡Aay, entra rápido! ¡Este viento es insufrible!'' —Espera, Izaäk está aquí, tengo que llevarle a dentro, le ha pasado algo.

—''Déjale aquí y que se muera de hipotermia, así tienes menos a quien matar''

—No voy a hacer eso, no es el momento ni el lugar para dejarle morir...—Ughbert agarró como pudo a Izaäk e intentó levantarlo, aunque esta vez se le hizo más fácil, pues el chico era delgado y el moreno ya había trasladado otros cuerpos más pesados antes. Pudo casi ponerle en pie y avanzar torpemente hasta la puerta.

Finalmente pudieron entrar a la mansión junto a un montón de nieve que caía de sus atuendos y cabellos, dejando pisadas blancas en la moqueta de la sala. Justamente una sirvienta de cabello rizado y marrón oscuro, parcialmente oculto por su cofia blanca, estaba por allí limpiando el polvo con un plumero, y al oír entrar a Ughbert de sopetón, miró hacia él dándose cuenta de que cargaba a Izaäk haciendo un esfuerzo obvio.

—¡Signore Hugoberto! ¡¿Qué ha pasado?!—Exclamaba esta con un marcado acento italiano, corriendo hacia ellos.

—Antonella, llama al doctor Smith, he encontrado a Izaäk desmayado fuera... no sé qué le ha pasado.—Contestó Ughbert, intentando mantenerse tranquilo, dentro de lo que podía, aquello podía hacer que el resto del personal sospechara de él, aunque no hubiera hecho nada esta vez. Despacio dejó al chico en un sillón recostado e intentó mirarle para ver si le ocurría algo, pero seguía sin ver ninguna herida en su cuerpo.—No parece estar herido por ningún lado, pero estoy seguro de que le pasa algo...

—''Claro que le pasa algo, uno no se desmaya porque sí...''—Hobo asomó su cabecita marrón por la gabardina de nuevo y decidió saltar al suelo de ella para mirar mejor la escena.

Ughbert gruñó, ahora no podía decir nada, pero la criada salió corriendo de la sala hacia el teléfono más próximo y así llamar al doctor familiar.

—¿Y ahora qué hago? ¿Y si piensan que he sido yo?—Cuestionaba en bajo en chico, mirando a la rata, mientras intentaba quitarle la nieve de encima al otro adolescente de cabello platino.

—''Literalmente no tienen nada que usar de prueba contra ti,—Respondía Hobo, subiéndose al pecho de Izaäk.además no está muerto, le oigo respirar, si despierta él mismo dirá que se desmayó en mitad del patio''.

—Tienes razón, voy a calmarme...—Ughbert se quitó el guante de la mano derecha y le puso esta en la frente al chico, el lacayo estaba ardiendo, así que se preocupó aún más por él.—Creo que tiene fiebre... Esperemos que con esta ventisca el medico pueda llegar rápido.

—''¿Por qué te preocupas por él? Recuerda, quiere robaros y mataros, como todos los demás''.

—Eres tú la que me dice que él siente algo por mi y que no quiere hacerlo, solo tenemos que llevarlo a nuestro terreno...

—''Ughbert, no, tenemos bastante con Lizbeth, los dos sabemos que tarde o temprano descubrirá todo esto...''

—No digas eso...—El joven de cabello negro tuvo que dejar de hablar porque oyó unos pasos llegar apresuradamente a la sala donde estaban, concretamente de varias personas: Douglas Jefferson, el mayordomo, Claire Collins, el ama de llaves, y Lizbeth, quien iba separada de ellos algo más atrás.

—¿¡Qué ha sucedido?!—Exclamó la mujer de mediana edad, con un tono entre asustado y molesto.—¡Antonella ha ido gritando por ahí hasta llegar al teléfono y no he podido entender nada! ¡Estaba balbuceando en italiano!

—Me he encontrado a Izaäk inconsciente en el suelo, no tiene heridas, pero está muy caliente.—Explicó Ughbert, con seriedad, poniéndose frente a ellos, luego miró de reojo a la pelirroja, que miraba atentamente al adolescente de vuelta con incredulidad y miedo.—Le he pedido a Antonella que llame al doctor Smith.

—Va a tardar un poco con este temporal, hay que trasladarle a su alcoba y cambiarle de ropa por una que no esté empapada.—Aconsejaba el mayordomo principal de la casa, yendo hacia el sofá donde descansaba el otro chico, y cargándole en brazos para llevarle con más facilidad. Tras ello miró de manera amenazante a Ughbert, como desafiándole con la mirada y acusándole de aquello.—Y le recomiendo a usted, señorito Zondervan, que también vaya a cambiarse, casualmente también está lleno de nieve, es evidente que ambos estaban ahí fuera, haciendo a saber qué.

—No te incumbe lo que yo haga en mi jardín, mayordomo entrometido.—Contestó con la misma frialdad el joven de ojos grisáceos, sin achantarse ante el adulto.—Apresúrate en llevar a Izaäk, se ha convertido en mi amigo y no quiero que le pase nada, y como sigas así acabaré dándole tu puesto.

El chico le dio la espalda y se fue caminando hacia la puerta opuesta a la que entraron los tres sirvientes. Hobo y Lizbeth siguieron al señorito de la casa con rapidez hasta que pudieron alcanzarle, y juntos empezaron a subir las escaleras.

—Ughbert... Si ha pasado algo más entre tú y ese chico quisiera que me lo comentases...—Se dirigió la de ojos marrones a este, hablando de forma directa, pero temerosa.

—¿A qué viene eso ahora?—Él se detuvo en mitad de las escaleras, clavando sus pupilas en las de ella.

—No lo sé... solo quiero saberlo... últimamente siento todo muy extraño contigo.

—Hablaremos de ello en mi habitación, debo cambiarme, además no quiero que los sirvientes sepan de mi vida más aún.—Dejó de mirarla y siguió subiendo hasta el piso de arriba, y una vez allí, caminaron hasta la puerta de la habitación del chico y entraron, cerrando tras de sí con el cerrojo, cosa que preocupó a la pelirroja.

El muchacho de cabello negro no dijo nada y solo comenzó a quitarse la gabardina llena de nieve con la que había estado fuera rato antes, y Lizbeth, también callada, se acercó despacio a él y acercó su mano a Ughbert.

—¿No quieres ni siquiera mi ayuda ya...?—Cuestionó cabizbaja.

—Siento que me tienes miedo, tu cara al mirarme no es como antes, eso es lo que hay de extraño entre nosotros.—Respondió directamente él.—¿Qué te han dicho esos mequetrefes para que me temas?

—No ha sido la servidumbre... sabes que les caigo mal y no me hablan, ya ni siquiera paso por la planta baja. Solo pienso que fue precipitado lo que te dije y puede que no quieras un trato tan cercano conmigo... Pero no tengo miedo...—Lizbeth miró a otro lado, porque en parte le estaba mintiendo, sí tenía miedo, y esa situación le ponía en tensión, más la mezcla de sentimientos que tenía al haberse enamorado de él.

—¿Por que apartas la mirada al decir justamente eso? ¡Sí me tienes miedo!—Él le dio la espalda apretando los puños y se quitó el pañuelo con rabia tirándolo al suelo junto a su broche.—¡Hobo te escuchó hablar con Matilde!

Ahí los tres se quedaron petrificados, Ughbert porque sabía que había dado un dato muy revelador, Hobo porque su dueño había fastidiado todo, y Lizbeth porque supo que era cierto que la rata tenía algo que ver.

—¿Hobo...? Espera... ¿Qué crees que escuchó Hobo...? No entiendo...

—''¡No digas nada más, desquiciado! ¡O tendrás que matarla!''—Chillaba el roedor corriendo hacia los pantalones del chico, se enganchó a su pierna derecha, y arrastró sus patas con sus pequeñas uñas sobre la tela morada de la prenda, incluso emitía chillidos que la joven también podía escuchar.

—¡Cállate! ¡No debiste decirme nada! ¡Rata estúpida! ¡Vuelve al infierno!—Ughbert vociferó hacia su mascota enfadándose con creces. Aunque luego miró a Lizbeth, que estaba casi temblando al ver aquello con sus propios ojos, su corazón se había encogido de lo repentino que había sido aquello, no podía creer la situación en la que se metió, ahora sí tenía motivos reales para tener miedo.—¡Ella se metió contigo en mi clase cuando fuiste a hablar con Matilde y luego me dijo que le contaste que me oías hablar con ella! ¡¿Desde cuando lo haces?! ¡Respóndeme Lizbeth!

—Y-yo... C-creo que tienes un problema mental, ¡no estás bien!—Respondió finalmente la de ojos castaños, rompiendo en llanto.—Yo te quería proteger, te quería cuidar y... quería estar contigo mucho tiempo, pero he estado viendo y escuchando cosas que no me han gustado nada... Cosas sobre... asesinatos... Hay dos personas desaparecidas en la mansión, Ughbert. Y ahora casualmente te han sorprendido con Izaäk inconsciente, estoy empezando a temer por mi vida aquí...

Ella se puso de rodillas en el suelo y se tapó la cara con las manos, llorando cada vez más fuerte. Ughbert se quedó inmóvil, ver aquello le dolía más que nada en el mundo, entonces también empezó a lagrimear sin poder evitarlo. Sacó un pañuelo de seda de su bolsillo y se puso en cuclillas frente a Lizbeth, tendiéndoselo.

—Al principio yo también pensé que estaba loco, oír hablar a una rata no es normal, y menos oír lo que ella me decía, yo también estaba asustado, pero no soy yo, realmente es ella.—Intentó explicarse el moreno, secándose las lágrimas con el dorso de la mano. Ella levantó la cabeza y agarró temblorosa el pañuelo que este le había dado, no entendía nada, y por supuesto no le terminaba de creer, era todo muy disparatado.—Es evidente que algo está pasando aquí, y no, no soy yo, lo repito, Hobo puede hablar y pensar por sí misma, no es una simple rata amaestrada, si no, ¿cómo es posible que me haya podido decir lo que hablasteis tú y mi institutriz? Yo estaba en el comedor en ese momento, además desde fuera no hubiera podido oír la conversación tan claramente. Así que, me hubiese gustado más estar loco que estar en la situación en la que estamos ahora mismo, y cuando lo sepas todo lo comprenderás.

Ella no dijo nada, solo se levantó mientras se secaba las lágrimas, con cara de trauma profundo, y acto seguido miró a la rata, que se había metido en su jaula, mirándolos a los dos en absoluto silencio, Ughbert sabía que aquello terminó de quebrarlo todo, ahora había dos opciones: Convencer a Lizbeth de todo el asunto, o... acabar con ella.

Continuará...

miércoles, 24 de julio de 2019

Capítulo 13: Evadir las consecuencias

Amaneció otro día más en la mansión Zondervan. Los trabajadores comenzaron sus labores del día tras levantarse y desayunar, para hacerles temprano el desayuno a Ughbert y a Lizbeth. Ellos dos se habían levantado ya, aunque el chico no había podido dormir, sin embargo permaneció en su cama pensando hasta las siete de la mañana, empezó a tener hambre y no tuvo más remedio que salir para desayunar. Su nueva niñera estaba esperándole en la salita en la que solían desayunar, y cuando Ughbert entró ella le vio y le saludó con la mano, sonriente. —Buenos días Ughb...—Ella se calló en cuanto vio al chico acercarse, su expresión alegre cambió cuando se dio cuenta de que tenía la nariz hinchada y morada, también por debajo de sus ojos un poco, y sus ojeras estaban bastante más marcadas. La pelirroja se levantó deprisa del sillón donde estaba sentada le agarró la cara, mirándole de cerca—¡¿Qué te ha pasado?! —Tranquila... me he golpeado muy fuerte contra uno de los palos del dosel de mi cama al levantarme deprisa para ir al baño en la noche.—Contestó habiéndose inventado todo para que pareciera creíble.—Al estar a oscuras no lo vi... Realmente soy un patoso. —¿Y por qué no me has llamado para curarte? Debe de dolerte mucho...—Lizbeth le acarició la mejilla con cariño, bastante preocupada, se tragó la versión de Ughbert, no se puso a pensar mucho en ello, pues solo le preocupaba su salud. —Sí, me duele y no pude dormir muy bien después, pero no quería molestarte, y tampoco confiarle esto a nadie más. —Pues debes decirme lo que sea a mi, no te diré nada malo y no me vas a molestar, este es mi trabajo, debo cuidarte. —La próxima vez te lo diré... —Genial, ahora siéntate a desayunar, yo te traeré un poco de nieve o hielo en una bolsita de tela para ponértela ahí, así bajará la inflamación. Ughbert asintió y se sentó como le dijo ella para empezar a comer, ya que había llevado su desayuno ahí poco antes sabiendo la hora a la que él se levantaba. Entonces Lizbeth salió por la puerta rápidamente para ir a buscar lo que le dijo al adolescente de cabello negro dejándolo a este solo, ya que Hobo se había ido a robarle las llaves a Claire pero no había vuelto, y eso le extrañó al muchacho, se preocupó de que la hubieran pillado y le hubieran hecho algo, pero su mascota sabía lo que hacía y confiaba en que pudiera hacer aquello. Unos minutos después, Lizbeth volvió a la sala con una bolsa de tela marrón en una mano, cerró la puerta y se acercó a Ughbert, aunque no hizo nada todavía ya que él estaba desayunando aún. Este estaba tomándose un té negro con unas tostadas como de costumbre, y aunque no había acabado, se limpió la boca con una servilleta de tela y miró a su niñera, pero se mantuvo en silencio. —¿Ocurre algo...?—Preguntó ella, algo inquieta, se dio cuenta de que Hobo no estaba con él, y eso era inusual.—Por cierto, ¿dónde está Hobo? —No lo sé, y básicamente eso es lo que me ocurre, estoy un poco preocupado, más por ella que por mi nariz.—Contestó este, y ahí sí estaba siendo sincero. Al escuchar esa respuesta del chico, la pelirroja se dio cuenta de que apreciaba mucho a su rata, a pesar de las cosas que aparentemente esta le decía a él, pensó en espiarle una vez se reuniera con ella de nuevo para saber cómo estaba ese asunto, Ughbert parecía comportarse normal, pero Lizbeth seguía teniendo en cuenta lo que escuchó aquellas veces en que sorprendió al joven hablando con su rata. —Bueno, supongo que volverá,—Concluyó ella, tratando de esperanzar y animar al muchacho de cabello oscuro.—ahora, si no vas a comer más te voy a poner esto antes de que se derrita, es un trozo de hielo que he cogido del jardín, con las heladas mañaneras hay mucho. Ughbert volvió a asentir sin decir nada más y entonces la niñera se acercó a él con la bolsa y se la puso despacio en la nariz al chico, esta no ocupaba mucho, era una bolsa pequeña. Él cerró los ojos, poco a poco sintió alivio, también le resultó bastante frío, pero se aguantó para curarse antes. No le dolía tanto como para pensar que se rompió la nariz, pero Lizbeth pensó que quizá se estaba haciendo el duro y no quería decir cuánto le dolía. —Si no se te pasa tendré que avisar a un médico, tal vez te hayas fracturado la nariz o algo.—Volvió a hablar la pelirroja de ojos castaños, apartando la bolsa de la cara del muchacho un momento para mirarle mejor. —No creo que haga falta, pero si lo ves necesario llamaremos a nuestro médico personal, ahora con el teléfono es bastante fácil.—Ughbert no quería avisar a nadie por si entorpecía su labor, sin embargo sería más complicado seguirla si estaba herido o le ocurría algo peor. —Bueno, de momento tú ponte esto en la nariz cuando sientas dolor y poco a poco esa hinchazón bajará. Pero por favor, no te guardes nada, es decir, si te duele mucho y no se te pasa dímelo independientemente de la vergüenza que te pueda dar admitir algo así... Ughbert miró a su nanny y se rió, ella le había visto sonreír antes, pero no reírse, y eso le hizo sonrojarse a la muchacha. —Tranquila, no te avisé por la noche porque no quería interrumpir tus horas de sueño, no porque tuviera vergüenza,—Contestó con una leve risa el adolescente, aunque pronto se puso serio de nuevo.—te he contado cosas que deberían dármela mucho más, como lo de la bañera... y esto es un problema de salud, a todo el mundo le da miedo morir por algo antes de tiempo, por poca cosa que parezca. —Tienes razón.—Ella sonrió y se sentó a su lado, mirándole de cerca, algo sonrojada todavía.—Sabes, te ves muy guapo cuando ríes, me alegro de que estés feliz. —Eso es cosa tuya, lo sabes, tienes algo que me hace querer reír y estar feliz, y te preocupas mucho por mi y por mis sentimientos, Patricè me cuidaba en salud, pero mentalmente me maltrataba. —Mis métodos son diferentes, supongo, nunca he sido mala con ningún niño o niña al que he cuidado, simplemente fui severa cuando se portan demasiado mal, pero siempre escuchándoles, y con esto no quiero decir que me parezcas un crío o algo así, sólo es que creo que cualquiera merece una oportunidad, tal vez los que son malos o desobedientes lo son por algo, yo intento comprender a los niños y jóvenes, y no sé, tú eres el más mayor al que he cuidado, y cuando te conocí pensaba que iba a ser más difícil que hablases o te expresases conmigo, mas todo es distinto estando contigo, y ha sido fácil ganarme tu confianza en dos días... —No solo me tratas así porque sea tu trabajo o porque yo sea más mayor que el resto, me he dado cuenta de cómo nos miramos, y si realmente también miraras así a niños más pequeños sería un problema...—Ughbert puso su mano sobre la de Lizbeth, mirándola a sus ojos también, pero estaba algo preocupado, no estaba Hobo para decirle que se detuviera.—De hecho ahora nos estamos mirando así, tú y yo sabemos que esto es algo más que una relación entre niñera y el niño al que cuida, yo no soy un niño, me doy cuenta de las cosas. —Ughbert... ¿Crees que tú y yo...?—Lizbeth se le acercó un poco poniéndole la mano en la mejilla, pero él se levantó interrumpiéndola y negó, todo eso le estaba llevando a darse cuenta de que estaba enamorándose de ella, pero prácticamente todo el mundo dejó caer que eso no era lo adecuado y además tenía un trabajo en el que ella no podía inmiscuirse o le mandarían matarla para que no le delatara. Se dio cuenta solo de que no debía seguir hablando de aquello, pero cada vez era más difícil para el próximo barón de Zondervan callar sus sentimientos, y más cuando se dio cuenta de que realmente Lizbeth le gustaba, y no solo al nivel de sentirse atraído por su físico o sus insinuaciones como con Izaäk, podía ser amor, pero era pronto para tenerlo claro, y no iba a tirarlo todo por la borda por algo que podía no resultar en el futuro.
—No... Lizbeth, mejor limítate a cuidarme y haz como que no hemos hablado nada de esto.—Masculló frustrado el chico mientras se ponía la bolsa con hielo en la cara, en parte intentando tapársela también al estar muy rojo. Ella al oír eso se levantó bruscamente tras él, mirándole estupefacta. —Espera, ¿qué? S-si has empezado tú el tema...—La muchacha hablaba intentando no trabarse, al parecer eso le afectó y no sabía qué estaba pasando. —¡No soy lo que crees! Y créeme, no te gustaría saberlo. Deberías quedarte con la primera impresión del chico rarito y antisocial al que viste por primera vez. Lo que me pasa a mi es complicado, Lizbeth, tal vez el exterior refleje algo del interior aunque no haya que juzgar un libro por su portada. —No te entiendo... ¿qué quieres decirme? ¿Hay algo más que yo no sepa? —Como he dicho antes: A todo el mundo le da miedo morir antes de tiempo.—Él no dijo nada más y se apresuró hasta la salida, abriendo la puerta y yéndose bastante rápido. Lizbeth no le impidió marcharse, pero esas cosas tan crípticas que le dijo Ughbert le resultaron extrañas y dolorosas por partes iguales. Se puso la mano en el pecho, le empezaron a dar punzadas, se había enamorado de él y le dolió que le rechazara de esa manera tan extraña, y eso que no dijeron las cosas claramente, pero se intuía. Aquello también le hizo sentir ganas de llorar, mas no lo hizo, se mantuvo fuerte y respiró hondo, trataría de olvidar sus sentimientos, porque también estaba el tema de la rata y la aparente locura del muchacho, debía espiarle, no tenía otra opción. Ella se quedó un rato en aquella sala intentando tranquilizarse, mientras, Ughbert se había ido a un pasillo lejano, donde se quedó apoyado en la pared aún con la bolsa de tela con hielo sobre su hinchada y rojiza nariz. Había pasado un cuarto de hora más o menos, el chico moreno de ojos grises también caviló sobre el tema de Lizbeth, no podía olvidar ese asombroso cabello color fuego, esos ojos color café y esas pecas tan adorables que adornaban su cara, ella era preciosa a sus ojos, era una buena persona y se había quedado prendado de ella sin remedio, sin embargo ella no se merecía a un asesino sanguinario como él, un psicópata que quizá se estuviera imaginando todo aquello de la rata en su cabeza, aunque por más vueltas que le daba a su cabeza no lograba ver que fuera una paranoia suya. Ben mismo admitió mientras moría que era cierto lo de la conspiración contra su familia, entonces Ughbert acabó llegando a la misma conclusión que siempre: ''él estaba haciendo el bien'', pero, ¿era eso cierto? ¿Era esa la manera de acabar con el problema de sus sirvientes? Lizbeth le dijo que la gente mala se merecía una oportunidad, y él no les estaba dejando ninguna, ¿el que ellos tuvieran planes de matarlos le daba derecho al adolescente de asesinarles a ellos sin haber hecho nada? También era cierto que Hobo le dijo que era matar o morir, y su familia era buena, nadie más que Ughbert podía impedir su asesinato. Pensando justamente en su mascota, esta apareció correteando por el pasillo y al llegar a él, este miró hacia abajo y se puso en cuclillas para cogerla rápidamente, al agarrarla la miró de cerca y sonrió aliviado de verla por fin en perfectas condiciones. —Hobo... Menos mal que estás bien.—Suspiró el chico, alegre aunque se le notaba ligeramente decaído. —''Sí, aunque me da que tú no puedes decir lo mismo de ti.''—La rata se dio cuenta rápido de que su dueño no estaba del todo bien, ni siquiera serio como siempre. —Son cosas mías, eso no importa ahora mismo. Dime, ¿has conseguido la llave? —''En efecto, aunque casi me llevo un escobazo de la cocinera, por ir a la cocina, tenía hambre...'' —Bien, ¿dónde está? —''¿La cocinera? En la cocina, ¿dónde iba a estar?'' —Ella no, la llave. —''La he dejado en el pasadizo, así podrás cogerla cuando quieras y que nadie la vea en tu cuarto.'' —Genial, ahora mismo iré a cerrar con llave esa sala antes de que alguien entre y descubra todo. —''Vale, pero están empezando a notar ahí abajo que Meike no está, así que no tardarán en darse cuenta de que desaparecieron ella y Ben''. —Eso es lo de menos, los demás pensarán que ellos se habrán ido, por ahora no podrán encontrar ningún cadáver... Vamos a la habitación, Hobo,—Ughbert habló bastante tenebrosamente, y decidió moverse cuanto antes hacia su habitación para meterse a los pasadizos. Lizbeth, con el corazón en un puño y con la piel blanca como la nieve se hallaba tras una esquina volviendo a escuchar al chico hablar solo. Había seguido a Hobo al verla pasar por un sitio de lejos y se topó con esta situación, y por supuesto descubrió que Ughbert había hecho algo horrible en algún sitio de la casa y que Hobo de alguna manera pudo llevarle la llave de ese lugar para que nadie descubriera lo que hizo. La pelirroja con cautela siguió al muchacho de cabello negro que iba hasta su alcoba seguido de la rata, la cuidadora esperó a oír su puerta cerrarse para empezar a subir por las escaleras, y al hacerlo se colocó junto a la habitación cerrada de Ughbert para comprobar si podía oír algo más, pero no oyó nada a parte de algunos sonidos aleatorios. Pasó un rato pensando en si debía intervenir o no, ya que las cosas se pusieron un poco tensas entre ellos, aunque al final respiró hondo y se atrevió a llamar a la puerta. Le podía más el miedo de saber que ese chico era un asesino, pero quería saber si era verdad o simplemente él estaba loco y se lo estaba inventando o seguía con la broma al saber que ella le espiaba. La teoría de Lizbeth era que Ughbert realmente le estaba gastando una pesada broma haciéndole creer que estaba loco y quería matar gente o algo similar, aunque también le asustaba la posibilidad de que no fuera así y realmente hubiera matado a alguien, por eso decidió plantar cara al asunto. Pasó un rato y nadie respondió, así que abrió la puerta sin más y se topó con que no había nadie. Esa vez Ughbert se olvidó de cerrar la habitación por dentro, lo que hizo que la pelirroja se confundiera al ver que él ya no estaba allí habiendo entrado previamente, de hecho ella misma le oyó entrar desde el piso de abajo y oyó sonidos dentro del cuarto. Pensó en que debía tener alguna puerta secreta que le llevara a algún sitio, así que se puso a buscar por la habitación algún punto en el que se abriera dicha puerta. Parecía estar todo normal y no se veía nada que delatase una entrada a pasadizos secretos entre las paredes, por lo que Lizbeth decidió salir de ahí para esperar a Ughbert en otro sitio, podía meterse en problemas si la descubría ahí.

En la sala de la caldera, el chico se había puesto a limpiar toda la sangre que había derramado por el suelo y alguna que otra pared, habían caído gotas en la caldera también, pero si la tocaba se quemaría, así que prefirió por el momento no hacerlo, además, la sangre aquella, a causa del calor, ya estaba completamente seca y negruzca y no se distinguía de simple hollín o suciedad de cualquier otra cosa. De todas maneras se estaba apagando el fuego y Ughbert debía volverlo a encender antes de que alguien notara fría la casa, así que se puso unos guantes para manipular la leña y no quemarse y metió unos troncos más junto a los restos casi calcinados de los sirvientes, lo atizó un poco con un instrumento para la caldera y poco a poco el fuego volvió a avivarse. Cerró la puertecilla de la caldera y se quitó los guantes, sacudiéndose las cenizas que cayeron sobre su traje, sería sospechoso que él se hubiera ensuciado específicamente de aquello cuando siempre decía que no le gustaba ese lugar.


—Agh, cómo detesto esto...—Protestó el chico, poniendo una mueca de asco.—Limpiar como un sirviente... ¡yo! No me lo puedo creer...


—''No es la parte más divertida de este trabajo,—Contestó Hobo a su dueño.—pero si no lo limpias la sangre puede atraer bichos indeseados y oler terriblemente mal, ya tienes bastante con que la chimenea esté soltando un olor a carne quemada que puede hacer sospechar''.


—A veces tiran sobras de comida que se ha puesto mala a la caldera, es normal que de vez en cuando huela así, además el humo sale por la parte del tejado de la mansión porque los tubos tienen que recorrer toda la casa para calentarla, así que nadie podrá oler el aire que está tan alto, y desde luego nadie podrá bajar hasta aquí para oler tan cerca, porque aquí huele, pero dudo que el olor suba hacia la casa.


—''Visto así tienes razón, en fin, fíjate en si has dejado la más mínima mancha o algo, que tú no sabes limpiar y eso puede costarte caro''.


—¡Claro que no sé limpiar! ¡No es culpa mía si me lo hacen todo desde que nací!


—''Ay, por Satán, estás algo irritado, sé que es algo normal en ti, pero noto algo distinto, ¿me vas a decir qué te pasa?''


—Antes he discutido con Lizbeth y creo que la hice sentir mal... Eso es lo que me pasa, cotilla.

—''Pues más te vale que arregles las cosas con ella, es la única que no está conspirando contra ti y puede darte apoyo moral... ¿Y se puede saber qué le has hecho? No nos podemos permitir dejar pistas o dejar que nos descubra por algún descuido.''


—No lo sé, la conversación fue un tanto extraña, yo le dije que nos mirábamos de manera especial y luego ella me iba a decir algo sobre nosotros y yo la interrumpí y le dije que no... No sé, creo que estoy enamorado de ella y ella de mi... o que al menos nos gustamos.


—''Amo, es bastante difícil que puedas sostener una relación con esa chica, nosotros los demonios creemos en todo tipo de amor y atracciones sexuales, pero en los trabajos como estos no te conviene amar a alguien que puede repudiarte si descubre lo que eres o hacértelo más difícil''.


—Ya, pues yo no he elegido servir al Diablo, ahora por culpa de todo esto he perdido la oportunidad de amar a alguien...—Ughbert pareció quedarse dolido ante aquellas palabras de la rata, se puso las manos en la cara, angustiado y aún con dolor en su nariz y luego se destapó el rostro, bufando con frustración.


—''Tampoco elegiste que esa gente planee asesinaros, Satán solo quiso darte una oportunidad de vivir, porque créeme, tampoco hubieras podido vivir una vida plena llena de amor con nadie porque te habrían matado, así que no tienes nada que perder. Mi consejo es que vayas con Lizbeth y aproveches, incluso con el Izaäk ese, a él le tienes comiendo de tu mano, puedes usarlo y luego matarlo''.


—Bueno, aún no sé qué debería hacer, todo esto es nuevo para mi, lo de las relaciones y matar, así que vayamos con tranquilidad. Y ya que he terminado aquí vamos a subir, tengo que buscar a Lizbeth y disculparme por irme de repente.—Directamente el joven de cabello oscuro, al haber recogido todo, volvió a su habitación con su rata, cerró bien el pasadizo y salió de allí para ir a buscar a la pelirroja.

Esta se había quedado merodeando por el pasillo de las habitaciones esperando y pensando con nerviosismo, tras lo que escuchó seguía desconcertada y con miedo, no sabía cómo reaccionaría ante Ughbert cuando él volviera a encontrarla, y entre ese mar de sentimientos negativos le vio salir de la habitación. Se puso recta en cuanto tuvieron un contacto visual, y este se acercó apresuradamente a ella.

—¡Lizbeth! Quería disculparme por mi nefasto comportamiento de antes...—Se disculpaba el joven con pesar mientras la miraba a los ojos quedando frente a ella.no debí irme corriendo dejándote sola con la palabra en la boca, no es propio de un caballero...


—Eh... Y-yo...—Ella estaba temblando, en parte de miedo y en otra de confusión, pensó en lo que le dijo el chico antes, y concordaba con lo que le oyó decir a la rata. La niñera miró al roedor, quien estaba ahí quieto, sin hacer nada, mirándola también, y dentro suyo sentía que nada cuadraba, ahora ella era la que sentía que se estaba volviendo loca. Tras un rato de silencio intentó recomponerse y contestar, ya que Ughbert se le quedó mirando, impaciente y culpable ante lo que había dicho, él también sintió que se le escaparon cosas que no debió decirle a ella.—No te preocupes... te perdono... Tal vez te ha conmocionado el golpe en la nariz y por eso estabas así de nervioso... Quizá hoy debas descansar en tu cuarto...


—''Ughbert, cuidado, está muy inquieta,—Advertía Hobo, poniéndose a dos patas.¿no te has preguntado por qué estaba en este pasillo? Creo que entró a tu cuarto y no te vio... si es así le habrá extrañado con creces verte salir de él''.


El adolescente la miró de reojo y después miró a Lizbeth nuevamente, poniéndose serio e intentando relajarse también, aunque a la vista de la chica su actuación no era muy creíble.


—Tienes razón, pero tengo cosas que hacer, antes de comer tengo una hora de clase, esta vez de música, así que no me puedo permitir quedarme echado.


—Cierto... Pero ya casi es la hora, ¿qué has estado haciendo todo este rato?


Se hizo silencio, el moreno se quedó callado pensando una excusa creíble, hasta que se le ocurrió:


—He estado... en el cuarto de baño, el desayuno me sentó mal y casi lo devuelvo, pero por fortuna estoy mejor.


—Oh... ¿No quieres un té o algo? Podemos decirle a tu institutriz que deje las clases para mañana si no te encuentras bien...


—Lizbeth, estoy bien. Las clases de música son lo único que me hace despejarme de los calvarios que sufro, así que deja de insistir, por favor.—Él intentó mantenerse calmado para que la pelirroja no sospechara, pero ella oyó cosas más que suficientes como para saber que algo no estaba bien, todo eso sumado a que él estaba visiblemente incómodo. Pensó en que quizá podía preguntar a su institutriz sobre el comportamiento del chico para saber si se comportaba más veces de manera errática o sólo estaba siendo así recientemente, y ya que se llevaba bien con Matilde no dudaría en hablar con ella sobre el chico.


—Como quieras, ve entonces a clase, te esperaré cerca.—Suspiró tristemente ella y entonces, adelantándose decidió bajar las escaleras sin esperar al chico. Este la miró serio, quedándose quieto, luego miró a Hobo, que solo le miró y negó con la cabeza, para luego bajar tras Lizbeth.

El chico se quedó pensativo, en la hora de la comida estarían solos y podrían hablar, así que aprovecharía ese momento para hacerlo y solucionar las cosas. También descendió al piso inferior para ir al aula en el que daba las clases, se cruzó de nuevo con su nueva niñera, quien estaba junto a su clase esperando, y se miraron, pero no se dijeron nada más y él entró por la puerta de la sala de aprendizaje donde su institutriz le esperaba.

Durante el tiempo que duró la clase de música, Lizbeth se quedó esperando en el mismo pasillo, ella podía escuchar cómo Ughbert charlaba con Matilde y poco más, supuso la pelirroja que la clase de aquel día era teórica, ya que el muchacho dejó su oboe en su cuarto, además su profesora no le hizo ir a por él, cosa que hacía cuando lo necesitaba.
A parte de escuchar vagamente lo que podía, la joven doncella cavilaba aún sobre lo que oyó rato antes, obviamente algo así no se lo podía quitar de la cabeza, aunque descartó lo del supuesto escondite que tenía Ughbert, puesto a que él mismo le dijo que había estado en el lavabo y eso le hizo pensar que se lo imaginó todo, pero lo que dijo sobre algo malo que llevó a cabo... por desgracia sí lo escuchó de verdad.

Por parte del adolescente moreno, este no se pudo concentrar demasiado en la lección de aquel día, ya que pensaba constantemente en Lizbeth, en Hobo, en los asesinatos que cometió y en los que tenía que cometer aún, que no eran pocos. Se preguntaba cómo demonios lo iba a lograr con Lizbeth estando ahí, y no solo porque podía descubrirlo, si no porque se empezaba a sentir fuertemente atraído por ella, y no sabía si el amor equilibraría las cosas, o por el contrario las desequilibraría más, y desde luego su cabeza no estaba para más desequilibrios.

Al finalizar la hora de clases, antes de que el hijo de los barones Zondervan abandonara el aula, Matilde le volvió a preguntar acerca de sus sentimientos, pero él se rehusó a dar más detalles, demasiados tuvo que dar por lo de su nariz, pues era obvio que todo el que se cruzara con él podía ver que la tenía amoratada e hinchada.
Rápidamente salió del aula, no quería saber nada más, no pudo desconectar como esperaba hacerlo, además se volvió a topar de frente con Lizbeth y que quedó quieto, esperando a que ella le dijera algo.

—Oh, ya has salido, ¿quieres que vayamos a comer?—Preguntaba directamente la chica de ojos marrones, intentando hablarle como siempre.

—Sí, tengo bastante hambre, la verdad...—Contestó Ughbert, en un tono igual de serio y frío como el del primer día que ella llegó a la mansión. Esto a ella le extrañó, y le dio más motivos para hablar con Matilde sobre su comportamiento, así que se decidió.

—Vale, pues si no te importa espérame un momento, puede ser aquí o en donde te pueda encontrar, tengo que comentarle algo a tu institutriz, no voy a tardar mucho, creo.

Todas las alarmas saltaron dentro de Hobo y su dueño, aunque más en ella, porque podía notar más la inquietud de aquella humana y sus posibles intenciones.

—''Voy a entrar con ella ahí, no me huelo nada bueno, ¡tiene que saber algo!''—Resonaron en la mente del chico las palabras de su rata dirigirse a él.

—¿He hecho algo mal?—Preguntó directamente el moreno a Lizbeth, adoptando un gesto triste.

—¡No! Por supuesto que no... Solo quería saber los tipos de clase que te da ella y si te sientes cómodo y esas cosas, no sé, tu profesora es la única adulta de aquí a parte de tus padres que me ha tratado bien, y como ella es la única que está también me gustaría hablar con ella de paso, espero que no te moleste...

—No, adelante... te espero en el comedor entonces...—Él miró de reojo a Hobo y esta asintió escondiéndose bajo la falda de Lizbeth para que esta no la viera entrar con ella. Entonces ambas entraron al aula y la pelirroja vio a la institutriz colocar unos libros en una estantería.

—Buenas tardes, Matilde, ¿puedo hablar con usted un instante sobre Ughbert?

—¡Buenas tardes, señorita Van Divel! Claro, ¿de qué quiere hablar?—La mujer de cabello marrón se sentó en su silla mientras la niñera se sentaba frente a ella en el pupitre del adolescente.

—Pues verá, recientemente he visto un comportamiento algo... cambiante en Ughbert, solo quería saber si con usted él se comporta de manera extraña o no.

—Hm... Él siempre fue un chico muy serio y no solía hablar demasiado, me resultaba muy enigmático y siempre encerrado en sí mismo, las canciones que compone son muy extrañas y algo turbias, y siempre viene desaliñado, con el pelo suelto, con ojeras y a veces con pelos de rata por todo su traje, pero a parte de eso es un adolescente muy inteligente y es bastante maduro para su edad, por no decir que es un genio componiendo y aprendiendo sobre música, pero siempre ha sido igual... hasta que llegó usted, después cambió de manera algo extraña.

—¿Quiere decir que el problema soy yo? ¿Ha hecho algo malo por mi culpa?—Lizbeth comenzó a sentirse preocupada, ella no deseaba malinfluenciar a nadie y pensaba que lo estaba haciendo todo correcto con él.

—No creo que se deba llamar problema como tal, si no: ''causa''. Lo que quiero decir es que desde que está aquí, señorita Van Divel, él se ha mostrado curioso y hablador en la clase de biología de ayer, y la causa es usted, lo he deducido también por lo que me dijo, me comentó en estricto secreto lo que le ocurrió a su cuerpo cuando usted le bañó, y yo le dije por qué podía ser. Yo se lo digo a usted porque él mismo me dijo que se lo comentó por preocupación, así que no creo que se moleste si lo comentamos.

—Bueno... No sé qué decir a todo esto, ¿quiere decir que está interesado en mi?

—Exacto, yo se lo expliqué y le dije que era normal sentirse atraído por una chica guapa y joven como usted, y más teniendo los acercamientos que han tenido en poco tiempo, eso sí, es importante que le deje bien claro a él que usted es solo su doncella personal o nanny y nada más, solo intente no ser dura con él.

—De acuerdo... pero yo más bien me refería a otro tipo de comportamientos que no tienen nada que ver con atracción o amor...—Lizbeth se quedó callada, pensando en si podía confiarle lo que escuchó a Matilde o guardarle ese secreto a Ughbert. Optó por decir solo lo de Hobo y no explícitamente el hecho de que podía haber asesinado a alguien.

—No tenga reparo en decírmelo, he sido su tutora muchos años y es probable que pueda ayudar.—Esta sonreía amigable, a Lizbeth esto le tranquilizaba porque podía contar con alguien más, o al menos eso le gustaba pensar.

—Bien, eh... A veces... le he oído dirigirse a su rata de manera extraña, como si conversara con ella, y esta parece responderle de una manera muy humana, tanto que da miedo...

La institutriz se quedó callada, mirando con estupefacción a Lizbeth, y tras unos segundos de asombro, se colocó las gafas y se rascó la cabeza.

—Vale, eso es un poco extraño... pero... ¿está segura de que le ha oído hablar con su rata?

—Sí, le oí desde bastante cerca.

—Bueno... No se preocupe, muchas personas hablan con sus mascotas y las humanizan, y las ratas son unos animales muy listos también, así que si ella está familiarizada con su dueño puede hacerle gestos de respuesta, no sé, solo es una suposición, también depende de lo que Ughbert le diga.

—Ya veo... Bueno, no logré escuchar con claridad nada de su... ''conversación'', pero seguro que es solo eso... Gracias por charlar conmigo, Matilde.—La pelirroja se levantó de la silla y se marchó. Esa charla casi no le sirvió de nada en absoluto, ni la tranquilizó ni la ayudó, pero ella tampoco quiso contar la verdad por si todo era una farsa de él, además realmente sentía cosas por ese chico, quería darle el beneficio de la duda antes de ir alarmando a la gente. Por otro lado... ella podía estar en peligro si no tenía cuidado, solo podía esperar y estar más pegada a Ughbert para llegar hasta el fondo de todo aquello.

Ella caminó hacia el comedor, suponía que Ughbert se fue allí para esperarla como le dijo, porque allí ya no estaba. Hobo seguía con ella bien escondida, y la pelirroja no sospechó en ningún momento de ello. La rata tenía mucho que contar a su dueño, desde luego no se iba a quedar callada con eso, era algo muy grave, pues la cuidadora le escuchó hablar con ella, aunque no sabía exactamente el qué y cabía la posibilidad de que no hubiera oído nada concreto como le dijo a la profesora, sin embargo no se quería arriesgar.

Se encontraron los dos en el comedor y Lizbeth se sentó frente al chico de cabello negro, este la miró fijamente con intención de preguntarle cosas sobre su conversación con la institutriz.

—¿Sobre qué habéis estado hablando?—Cuestionó el chico, en un tono más frío de lo habitual.

—Ya te lo dije.... sobre tus clases y eso, está todo bien, no te preocupes....—Respondió ella, intentando sonreír, mas estaba cada vez más inquieta, el adolescente ya no estaba igual con ella, no sabía por qué, ¿tal vez se había dado cuenta? No le había dado tiempo.

—''Ella lo sabe, te ha escuchado hablar conmigo,—Dijo directamente Hobo, saliendo del mantel de la mesa junto a los pies de Ughbert, a lo que este la miró.no sé cuando ni cómo pero es lo que he escuchado, y se lo ha dicho a la profe, vigílala o mátala''.

—Bien, espero que todo esté correctamente, estaba algo preocupado.—Pudo responder intentando parecer más tranquilo, pero evidentemente por dentro su corazón latía muy rápido, no sabía qué podía hacer con eso, pero no quería matarla y no lo haría.

—Todo está bien, ¿tú estás mejor?

—Sí, lo estoy, no estoy revuelto y la hinchazón de la nariz ha bajado, espero que pronto que me quiten los moratones.

—Me alegro de que estés mejor Ughbert... ya te curarás del todo.

Luego de aquello a ambos les sirvieron la comida y comieron sin decirse gran cosa, el ambiente estaba turbio y no estaba como el día anterior, ella le tenía miedo a él y él le tenía miedo a ella, ninguno de los dos pensaba que aquello iba a acabar bien.

Continuará...

viernes, 10 de mayo de 2019

Capítulo 12: Sangre fría

Estaba a punto de amanecer, eran las cinco de la madrugada, y Ughbert se despertó con el sonido de su despertador. No le apetecía nada levantarse, además se había acostado a las dos y pico de la mañana y aunque no durmiera demasiado ese no era su horario normal. Se levantó a regañadientes, pero ni siquiera se vistió ni se peinó, sólo se puso el camisón de la noche anterior por si se volvía a ensuciar y tuviera algo limpio que ponerse después. Directamente se puso unas pantuflas, se colocó otra vez sus guantes y bajó por los pasadizos hasta la sala de la caldera. Había guardado un tronco mediano para quedar la puerta entreabierta y la quedó así.
Al meterse dentro corrió hacia la caldera, abrió la escotilla y miró dentro: el cadáver no estaba ni a medio quemar. Eso asustó bastante al chico, no podía sacarlo de ahí ni volver a encenderla sin que el encargado de la caldera sospechara al ir a la sala y verla encendida, de modo que a Ughbert no le quedaba otra más que esperar dentro del pasadizo secreto con Hobo, tratando de pensar en un plan B.

—¡Maldición! No se ha quemado... debí haber pensado mejor en todo esto...—Se lamentaba en bajo el chico, apoyado en la pared.

—''Lo suyo es seguir alimentando la hoguera continuamente y no dejar que se apague para que el cuerpo se queme por completo.''

—¿Por qué no me has dicho esto antes? ¡Tenemos disolventes más eficaces que esto que podíamos haber usado en mi misma bañera!

—''Porque el que tiene que usar el cerebro eres tú, amo,—Hobo le miraba poniéndose de pie, comenzando a explicarse.—cuanta más inteligencia uses para tus asesinatos más poder reunirás, cuanto más sufra tu víctima también. Esta noche Satanás me ha dicho que al matar a Meike sintió un poder bastante fuerte salir de ti, y que cuanto más reúnas más poderoso serás, obvio, pero antes debes matar a más personas para que el Señor Oscuro te pueda dar lo que te pertenece al bajar al Infierno, él te explicará mejor todo esto''.

—Esto es una paranoia... Pero ya lo he captado: no debo pedirte más consejos y debo pensar con más claridad...—Ughbert se puso serio, ahora creía a Hobo por mucho que le costase, él no notaba un cambio en sí mismo, pero sí se dio cuenta de que era una persona muy fría y sin remordimientos, cosa que le aclaraba el por qué de que Satanás confiara en él para obtener beneficios de los humanos, pero por otro lado era sentimental con Lizbeth, con ella había hablado más que con nadie aquel último mes.

—''Exacto, y ahora no tienes mucho más tiempo para prepararte algo, Ben llegará a encender la caldera en menos de media hora, así que usa tu cerebro.''

Ughbert no dijo nada y se puso a pensar. Al rato, decidido, subió de vuelta a su cuarto y cogió otras pantuflas nuevas para cambiarse, ya que su ropa limpia de antes la dejó sobre su cama, pero las zapatillas se las llevó al pasadizo junto a la sala de la caldera y luego salió de este y se quedó en una parte oscura de la sala, no sin antes haber dejado el tronco sosteniendo la puerta, para que pudiera entrar pero a su vez que no se viera mucho la entrada. Hobo no mencionó nada al respecto, solo se quedó mirándole por allí, sentada sobre un leño, y Ughbert se puso a buscar por la sala alguna herramienta útil para lo que planeaba. Para su sorpresa encontró un hacha de cortar madera que parecía estar recién afilada, la miró de cerca y la cogió con ambas manos, le resultó un poco pesada, pero era una de las pocas herramientas útiles que podía usar, puesto a que las otras de limpieza y mantenimiento no servían de mucho.

—Muy bien, ahora solo queda esperar a Ben... y tengo algo muy interesante que comentarle.—Dijo el muchacho en bajo hacia su rata, podía verla gracias al candil que quedó por allí, ya que la sala estaba completamente a oscuras al no tener ventanas ni nada por donde entrara la luz.

—''Bueno, pero asegúrate de que acaba muerto después de esa conversación, no queremos que se descubra nada''.

—No te preocupes, Hobo, este sitio está bajo tierra y nadie se molesta en bajar hasta aquí, además, los gritos difícilmente se oirán, y no pienso dejarle ninguna oportunidad de escapar, por difícil que sea luchar contra un hombre de su tamaño...

—''Jejeje... buen chico...''

Él se quedó esperando, si algo tenía era paciencia, y entonces se quedó oculto en la parte más oscura de la sala, para que al entrar el lacayo no se percatara de su presencia, ocultando el hacha entre algunos sacos de carbón, apagó su candil para no ser descubierto y lo dejó también cerca para llevárselo más tarde.
Cerca de un cuarto de hora después, Ben Winkle, un hombre de unos cincuenta y muchos años, de un metro ochenta, pelo corto y marrón, bastante robusto, encargado de la caldera, llegó a dicha sala cargado con un saco de lo que parecía ser leña nueva o bien carbón. Este lo dejó a un lado suspirando cansado por llevar aquella carga a su espalda, todo sin ver al adolescente escondido. La caldera estaba apagada por ese entonces, así que no se veía nada más que la poca luz que entraba por la puerta de la entrada que quedó abierta, y Ben agarró un candelabro que había allí y lo encendió con cerillas para iluminar la habitación, y una vez lo hizo cerró la puerta, dispuesto a encender la calefacción central para calentar toda la casa.
Ughbert, ya listo para actuar, carraspeó para hacerse notar y el sirviente, asustado, se giró hacia el sonido son sorpresa y pudo ver con la tenue luz de las velas al adolescente.

—¡S-señorito Zondervan! ¿Qué hace aquí a oscuras?—Preguntaba aturdido el hombre.

—Respóndeme a algo: ¿qué opinas de Meike Hertzberger?—Cuestionó de vuelta el chico moreno, sin moverse del sitio.

—Eh... Es mi compañera de trabajo y la aprecio, no sé... ¿A qué viene esa pregunta? ¿Se encuentra usted bien? Es muy temprano para...

—Cállate,—Interrumpió él, manteniéndose serio y firme.—no la apreciarías tanto si supieras lo que me ha contado...

—¿Qué...? ¿Qué le ha dicho...?

—Oh, nada que no sepas tú, te lo explicaré, pero primero enciende la caldera, tengo mucho frío y no tengo más sueño, yo no sabía hacerlo solo y por supuesto ese es tu trabajo, yo no debo ensuciarme.

—E-está bien, pero... usted ha bajado hasta aquí por algo y se ha ensuciado igualmente, está lleno de hollín...

—¡No me contradigas y haz lo que te he ordenado!

—Sí, señorito...—Ben no le tenía tanto respeto a Ughbert como Meike, ella mantenía algo de miedo por el chico, pero él le diría un par de cosas a ese mocoso impertinente, sin embargo debía obedecer porque si no le podían despedir, al menos antes de que lograra seguir su plan junto al resto de sirvientes.

El hombre caminó hacia la caldera antes de meter unos troncos grandes y la abrió, al asomarse vio algo inusual entre las cenizas y al averiguar de qué se trataba dio un grito de pavor y tiró el candelabro al suelo, pero rápidamente lo volvió a coger para iluminar la sala, y sobre todo a Ughbert, aunque al mirar hacia donde el muchacho estaba antes pudo ver que ya no se encontraba allí.

—Ah... Meike confesó todo... que planeáis matarme a mi y a mi familia por el dinero...—Se escuchaba la lúgubre voz de Ughbert muy cerca de Ben, y este intentó alumbrar frenéticamente a los lados, aquello le estaba desconcertando, no se creía del todo que un chico de esa edad asesinara a alguien, estaba confuso y a la vez asustado tras ver el cuerpo a medio quemar de su compañera de trabajo.—Pero no llegó muy lejos, se me hizo muy fácil estrangular su delicado cuello... Por desgracia sus restos son más difíciles de eliminar.

—¡Ughbert...! ¡N-no sé qué rayos te crees haciendo esto...!—Ben estaba aterrorizado, a pesar de poder enfrentarse de sobra a un chico de quince años, pues él era un hombre adulto bastante fuerte y alto y no le frenaba un adolescente, pero el hecho de estar casi a oscuras y ver que pudo de sobras con otra persona adulta le hacía plantearse sus posibilidades contra él.—¡E-estoy seguro de que te mintió para hacerte creer eso o algo así de retorcido...! ¡Pero esto es ir demasiado lejos! ¡Asesino!

Ughbert no dijo nada, solo se limitó a coger el hacha, aunque no pudiera ver nada pudo cogerla gracias a que Hobo le estaba indicando hacia dónde ir por la oscuridad dándole toquecitos con la cola o el hocico en las piernas, la rata podía ver en ella, y eso le resultó muy útil al muchacho.

—Si dices la verdad no te mataré, solo me basta un perdón y entonces me pensaré el decirle a mis padres que os despidan a todos.—El de ojos grises se acercó al hombre, aún con el hacha a la espalda para que no se le viera.—Todos cometemos errores, y el de Meike fue irse de la lengua frente a mi, ahora lo sé todo, y si no dices nada de esto yo tampoco lo diré sobre lo que tramáis, no sé, ella sonaba muy convincente, me dijo que el cabecilla es Jefferson, pero que todos estáis unidos en esa conspiración contra los Zondervan.

—No tienes pruebas niñato,—Dijo con ira finalmente Ben, y le agarró de un hombro bruscamente con la mano libre al chico, empezando a apretarle y zarandearle.—¡y yo sí las tengo! ¡Hay un maldito cadáver en la caldera! ¡Haré que te encierren en un manicomio!

—¡No me toques...!—Ughbert se apartó de él gruñendo y empuñó el hacha. Haciendo un movimiento rápido y fuerte le cortó el brazo al sirviente por la parte inferior del hombro limpiamente, él gritó de dolor y tiró nuevamente el candelabro, arrodillándose en el suelo y agarrándose el hombro, el cual no paraba de expulsar sangre a chorros.—Igualmente nadie hubiera podido demostrar que yo la maté, ahora puedo decirle a la policía que descubrí tu crimen, tú me querías asesinar por ello y yo solo, como un pobre chico inútil, me defendí con lo primero que encontré... Te has metido con la persona equivocada, Ben...

—¡T-te acabarán pillando, maldito crío asqueroso! ¡ESTÁS LOCO!—Chillaba con un horrible y angustioso dolor el hombre mientras se desangraba, aunque en un esfuerzo en vano por sobrevivir, se intentó levantar y le pegó un violento puñetazo a Ughbert en la cara con su único brazo. Él retrocedió agarrándose la cara, le hizo sangrar la nariz, a lo que el chico se tocó esta y se miró los dedos manchados de su propia sangre, entonces puso su mirada en Ben con una ira sobrehumana y agarró con fuerza el hacha, corrió hacia el sirviente y le asestó un duro hachazo debajo del estómago haciendo que el filo del arma se adentrara bien en su cuerpo, se desgarró tanto su ropa como su piel y su carne, haciendo que todos sus órganos sanguinolentos salieran hacia fuera cortados: los intestinos, el estómago, todo cayó al suelo junto a Ben, quien no paró de gritar incluso al caer boca abajo, tanto de dolor como de auxilio para que alguien viniera a rescatarle, mas nadie podía oír nada allí abajo, solo Ughbert podía deleitarse con ese macabro espectáculo, viendo como el otro se retorcía en un charco de su propia vitalidad.

—Aquí el único loco eres tú, y todos vosotros, que queréis destrozar una familia y matar personas inocentes por un poco de dinero.—Comentaba Ughbert, acercándose a la cabeza del hombre, y se puso de cuclillas, agarrándole del pelo para levantársela y mirarle a la cara, empezando a sonreír pérfido.—No lo vais a conseguir, yo no os voy a dejar...

—T-tú también e-estás m-matando gente...—Intentaba hablar con una voz débil y ronca el adulto moribundo, mientras expulsaba sangre por su boca también, tosiendo.—N-nosotros aún no os hemos hecho nada...

—Eso me sirve como confesión, además lo hubierais hecho, yo solo lo he impedido, lo voy a impedir, más bien...—Se levantó el chico de nuevo y se dispuso a rematarlo, pegándole más hachazos por todo el cuerpo, comenzando por su espalda, subiendo, y finalmente en su cráneo, casi partiéndole por la mitad la cabeza y dejando salir los restos de sus sesos que se desparramaron por el suelo.

Todo acabó lleno de sangre, había salpicaduras por todas partes, incluso en la propia ropa, piel y cabello de Ughbert, pero ya sabía que eso iba a acabar así, por eso quemaría la ropa ensangrentada y se pondría el camisón con el que durmió, que estaba limpio.

—''Eso sí que es pasar de cero a cien...''—Mencionó Hobo, bastante sorprendida.—''Creo que alguien debe de estar flipando ahí abajo, pero, ¿cómo vas a limpiar todo esto? Puede entrar alguien por curiosidad y verlo''.

—Acabo de asesinar al encargado de la caldera, nadie más baja aquí, así que hasta que descubran que no está tendré tiempo de limpiar todo esto y entrar cuando se me antoje a terminar de quemar los cuerpos... Además puedo cerrar con llave esta sala, pero para ello tendría que quitársela a Claire que es quien tiene todas las de la casa... Si se la pido directamente sería muy sospechoso.

—''Oh, vaya, me pregunto quién podría coger una llave sin ser visto...''

—Pues obviamente la rata toca-testículos, tú vas a coger esa llave y entonces cerraré este lugar y me aseguraré de que nadie entra salvo yo.

—''Eso está hecho''.

Ughbert aún no había acabado ahí, a continuación debía eliminar lo más evidente que podía oler mal con el tiempo: el cadáver de Ben, así que con el mismo hacha comenzó a cortar sus extremidades sin pensárselo demasiado, aunque ahora le costaba un poco más hacerlo debido a que la adrenalina del momento se disipó y estaba bastante cansado de la confrontación y de haber dormido poco, pero finalmente logró desprender sus extremidades y cabeza de su torso y uno a uno los metió en la caldera junto a los órganos que quedaron por fuera del cuerpo, por suerte seguía teniendo sus guantes y no lo tocaría con las manos desnudas. Tras esto colocó unos troncos, se quitó su camisón y los guantes y se limpió la sangre de su cara y sus tobillos con la tela. Metió su pijama, los guantes y sus zapatillas ensangrentadas en la caldera también y la volvió a encender con unos cerillos y carbón, cerró la escotilla esperando que prendiera y cuando se vio que comenzó a hacerlo volvió al pasadizo secreto.
Él se encontraba en ropa interior y descalzo, aún con un poco de sangre encima que no logró quitarse bien, además él estaba dolorido por el golpe que le dio el sirviente y al no tener ropa estaba muerto de frío, pero quiso que así fuera para no subir ni una sola pista que le relacionara con el crimen a su habitación.
Se puso las pantuflas limpias que quedó allí y subió a su alcoba de vuelta con la intención de lavarse lo que le quedaba en su cuerpo de la sangre de Ben. Hobo se había ido por otro camino para hacer lo de las llaves antes de que Claire se despertara, y Ughbert, al llegar a su habitación, se metió en el cuarto de baño y empezó a lavarse la cara y el cuerpo en el lavabo. Se miraba al espejo mientras lo hacía, y a parte de ver su nariz enrojecida y un poco hinchada del puñetazo vio que unos mechones de su flequillo se habían mojado al lavar su rostro y quedaron sobre este, por lo que el muchacho pudo ver que empezaron a gotear un líquido rojizo acuoso, eso significaba que su pelo también estaba manchado de sangre y se dio cuenta tarde, intentó mojárselo poco a poco, retirando el viscoso líquido humano de sus mechones con los dedos. Una vez se aseguró de que su cabello estaba limpio, se lo secó con una toalla morada oscura y luego su cuerpo. Por suerte no veía que le quedase una sola gota de sangre en él, así que se peinó, aprovechó para hacer sus necesidades y salió del cuarto de baño al dejarlo seco y limpio. Se volvió a poner su pijama, apagó su candil y volviendo a meterse en la cama se arropó hasta el cuello e intentó dormir un poco más, se sintió bastante bien al sentir el calor de las sábanas y su ropa limpia, por desgracia no pudo hacer nada más con su cabello, seguía un poco húmedo.

Tras un rato de dar vueltas en su espaciosa cama se dio cuenta de que no podría dormirse otra vez: estaba acelerado, nervioso, deseaba que nadie bajara ahí abajo y descubriera todo, además sentía un molesto ardor en su cara, notaba como su nariz y parte del centro de su rostro se hinchaba más por aquel puñetazo, debía inventarse una excusa para eso, obviamente le preguntarían qué le había ocurrido, y desde luego no iba a contar la verdad.
Había asesinado a dos personas en dos días seguidos y no le había costado nada, por no hablar de que no sintió el más mínimo pudor ni asco al despedazar el cuerpo de Ben, ver sus órganos y tanta sangre, realmente se estaba convirtiendo en un asesino, y le preocupaba enormemente lo fácil que se le estaba haciendo, sin embargo la cosa se complicaría a partir de esa mañana, mas no podía detenerse, los sirvientes no lo iban a hacer.

Continuará.