miércoles, 7 de septiembre de 2016

Capítulo 4: ¿Familia o servicio?

Las grandes compuertas de hierro de entrada a la mansión fueron abiertas por dos lacayos dando paso a un carruaje de madera poco adornado y muy corriente, tirado por dos caballos: uno marrón y otro negro con manchas blancas. Cuando el carro pasó, se cerraron las puertas y los dos sirvientes que quedaban lo siguieron hasta que se detuvo frente toda la gente que estaba allí.
El cochero se bajó y abrió la puerta del carruaje, de este salió una mujer joven, vestida con un vestido marrón hasta los tobillos, muy similar a los que solía llevar la plebe. Era demasiado sencillo, según Ughbert, no era más que una vulgar pobretona que quería ganar un dinero cuidando de un niño. Este se imaginaba a una mujer cascarrabias como la anterior, pero al salir, él se dio cuenta de que ella era bastante joven, sólo quedaba averiguar cómo sería su carácter.
La nueva niñera se acercó a los señores Zondervan e hizo una leve reverencia. Llevaba una cofia en la cabeza recogiendo su pelo y únicamente se podían ver dos mechones rizados y pelirrojos que salían de este y adornaban su pecosa cara. No era precisamente fea, y aunque era algo rolliza, eso no le restaba nada de belleza, es más, sus enormes senos hicieron que Lady Eléonore se incomodara un poco, ya que ella no era demasiado pechugona y seguramente tuviera el doble de edad que ella.

Buenas tardes Lord y Lady Zondervan.Saludó esta al acabar su reverencia, mirando a los cabezas de familia, luego miró a Ughbert, sonriendo alegremente.Hola a usted también, joven.

—¡Muy buenas, bienvenida a nuestro hogar!Respondió Harold, dedicándole una sonrisa, así como su mujer.

Lo mismo digo, señorita Lizbeth, espero que te sientas muy cómoda aquí.—Añadía también Eléonore, de manera cortés.

—Gracias.—La muchacha pelirroja aparentaba estar feliz, de hecho no parecía que ocultara lo contrario, sus ojos marrones tenían un brillo especial, se la veía entusiasmada con su nueva ocupación.

Ughbert no se molestó en contestar ni saludar, solamente fijó su gélida y turbia mirada en ella, como si quisiera perturbarla o algo similar. Ella se dio cuenta y entristeció su cara, pensando que él no se sentía cómodo, aunque tenía en mente que eso cambiara.

Sé que soy una extraña que va a entrar a tu casa así de repente, pero confío en que tú y yo nos llevemos bien.Le decía Lizbeth al muchacho de cabello negro, mas este seguía sin decir nada y continuó mirándole de mala manera.

Ughbert, no seas maleducado.Pidió su madre, disgustada.Ella está siendo amable contigo.

Discúlpale,Interrumpió Harold, rodeando los hombros con el brazo a su hijo, el cual se le veía bastante incómodo.Desde hace unos meses está algo extraño, será la pubertad, y la muerte de la anterior niñera no ha mejorado las cosas.

No se preocupe mi Lord, he tratado con múltiples niños muy problemáticos, no creo que Ughbert lo sea, y si lo es dudo que pueda ponerse a la altura de ellos.Lizbeth rió un poco, a lo que los padres del chico rieron también, pero no él, estaba hirviendo por dentro y debía callarse todo lo que deseaba soltar por la boca..

Bueno, Ughbert no es un chico problemático,–Aseguró Eléonore.solo es reservado, y le ha afectado bastante la muerte de Patricè, nadie sabe lo que le incitó a hacer lo que hizo y eso nos ha impactado a todos.

Exacto, pero se está haciendo un poco tarde, será mejor que pasemos todos a dentro y dejemos a los criados hacer sus labores.Lord Harold hizo una señal con su mano para indicar a los sirvientes que podían retomar su trabajo. Acto seguido todos a excepción del mayordomo se metieron dentro y este se encargó de cerrar la puerta al final cuando todos entraron.

Lizbeth, maravillada, vio el interior de ese gran hall en el que se había adentrado. La estancia era preciosa, decorada con tonos dorados y violetas, con muchos jarrones con flores o bien vacíos para decorar, algunas estatuas y algún que otro banco acolchado para decorar o descansar en algunas de las fiestas que solían preparar.
Aquella mansión se dividía en varios pisos, los subterráneos eran exclusivamente para la cocina y las habitaciones del servicio, así como algunas otras estancias para los pocos momentos de recreo que tenían ellos y la sala de la caldera, la cual estaba en el nivel más profundo.
Las plantas superiores eran las de las habitaciones de la familia o los invitados, y eran bastante más lujosas, espaciosas y coloridas que las del servicio, obviamente, aunque aparte de habitaciones también había salas lúdicas tanto para niños como para adultos y algunas otras salas como talleres o despachos.
Estaban aún en la planta que se encontraba a ras del suelo, y en ella había salones de baile, una biblioteca, una sala de descanso con grandes sofás y chimenea, y amplios pasillos en los que había grandes ventanales por los que se podían ver los preciosos jardines de la mansión.

Llevaron los señores Zondervan a la nueva cuidadora de Ughbert a uno de los salones para sentarse y charlar con ella de una manera más directa y cómoda, y el joven de la familia se quedó sentado en un sillón bastante más alejado de los otros, no quería tener nada que ver con la charla, pero no se iba porque sabía que sus padres se lo impedirían, y de cualquier manera iba a ser el centro de la conversación y que se iba a enfadar.

Bueno, señorita Lizbeth.Hablaba la madre de Ughbert de nuevo.—Tu puesto en una casa tan grande como esta puede resultar confuso, ya que no eres una sirvienta ni eres de la familia, pero intentaremos dejártelo todo claro para que no te pierdas.

De acuerdo, mi Lady.Asentía Lizbeth, agachando la cabeza como si estuviera haciendo una reverencia sentada.

Para empezar, tendrías el mismo rango que el ama de llaves,Informaba Harold.pero el mayordomo manda sobre ti. Sin embargo la anterior niñera de Ughbert, en ausencia de nosotros, era quien mandaba sobre él y sus quehaceres, de modo que, señorita Lizbeth, tú serás la única en la casa que podrá mandar sobre nuestro hijo y hacer cualquier cosa para su bien.

En otras palabras, serás como una doncella personal pero para todo el día y en todas las actividades de nuestro hijo.

Suena de maravilla.Contestaba la pelirroja, alegremente.–Pero... ¿qué pasa si Ughbert no me hace caso o rehúsa de hacer lo que le digo?

Ughbert es un chico bueno, como hemos dicho antes.Repetía la madre, mirando de reojo al chico, que miraba a su vez con cara de odio a todo el mundo.—Te hará caso como a su otra cuidadora. Eso sí, él tendrá que acostumbrarse a tu presencia, los primeros días se mantendrá arisco hacia ti, deberías poder contentarlo con lo que se le apetezca y las atenciones que requiera, cumpliéndolas todas correctamente.

Entonces, el muchacho, sin poder callarse más, se levantó bruscamente del sillón que ocupaba y miró a sus padres con un prominente enfado, apretando los puños con furia.

¡Ya está bien, madre, padre!Vociferó.¡No soy un perro! ¡Me estáis abochornando!Se hizo un silencio incómodo, mientras ambos progenitores miraban a su hijo, dándose cuenta de cómo estaban hablando de él.Con vuestro permiso, voy a retirarme a mi habitación.

Sin decir una sola palabra más, el joven se fue de la sala indignado, hacia las escaleras que subían a las habitaciones.

 Disculpa por esto.Dijo Harold a Lizbeth, cuando Ughbert desapareció de sus vistas y sonó a lo lejos un portazo.Hay veces que nuestro hijo se comporta de manera poco usual y no sabemos como tratarle... Ha cambiado mucho...

 Déjenlo en mis manos, señores Zondervan.Insistía la mujer cuidadora.Ya he tratado con niños antes como he dicho y sabré cuidar del joven señorito, es mayor que los niños que suelo cuidar, así que probablemente sea más fácil hacer que se abra a mi.

Será genial si congenias con él pronto, eres joven, supongo que será más fácil que se sienta a gusto con alguien que tenga una edad cercana a la suya.Eléonore se levantó y su marido la siguió, y tras este Lizbeth hizo lo mismo, esperando alguna orden o algo.Si estás lista podemos llevarte a tu cuarto. Tu equipaje te lo subirán los lacayos en un momento.

Claro, cuanto antes me haga a la casa, antes podré ponerme a conocer a fondo al señorito.

Acompañaron los señores de la casa a la pelirroja hasta el piso de arriba, donde se encontraban las habitaciones, y durante el camino, ella se fijó en la decoración y lo grande que era aquella casa en comparación a las que había estado. El mayordomo les seguía en todo momento por si querían algo de té o lo que fuera, y se encargó de abrirles la puerta del cuarto nuevo de Lizbeth.

En este pasillo se encuentran las alcobas de la familia.Explicaba Harold a la cuidadora.No podemos ponerte en el piso de abajo con los otros sirvientes porque si Ughbert necesita algo de ti por la noche, es más rápido y seguro que te encuentres en el mismo pasillo que él y no tardes en acudir por si le pasa algo malo.

Ya tiene una campana por si acaso, y la hará sonar cuando necesite algo.Corroboraba la mujer de la casa.No lo hará mucho, últimamente está siendo muy independiente y no creo que te moleste por la noche.

Lizbeth entró a su habitación y la miró de arriba abajo; era preciosa, grande, acogedora y tenía un tocador propio. Ella estaba acostumbrada a trabajar en unas casas de clase media-baja y estas eran mucho más pequeñas que aquella mansión en la que se acababa de meter. Realmente fue una suerte ver aquel anuncio antes que nadie, o quizá alguien sí lo vio pero le daba miedo meterse en una casa en la que la niñera anterior se hubiera suicidado. Lizbeth ignoró aquello solo porque necesitaba hospedaje y bastante dinero, y esa era una gran oportunidad para establecerse en algún sitio, aunque realmente se pensaba que al ser de tan baja clase no la iban a aceptar, de modo que fue muy afortunada.

—¡Me encanta este sitio!—Exclamaba Lizbeth, acercándose a la cama y tocándola con las manos. Las sábanas eran de color morado muy oscuro, algo tétrico, pero le gustaban los tonos oscuros.La cama es muy blandita y tiene pinta de ser bastante cálida.

Nos alegra mucho que te encuentres cómoda.Contestaba sonriente Harold.Hasta mañana por la mañana no partiremos, de modo que hoy trataremos de hacer que conozcas el funcionamiento de ciertas cosas que tienen que ver con Ughbert, ya que él esperará que conozcas todo y no creo que él sepa instruirte.

Les escucharé encantada.Lizbeth dejó su bolso sobre su cama para que no le molestara de momento y se dispuso a seguir a sus nuevos señores para aprender sobre su trabajo.

Estos salieron del cuarto y ella volvió a seguirlos fuera de ahí. El mayordomo, que se había quedado en la puerta, la cerró cuando los tres salieron y volvió a seguirlos. Su primera parada fue el baño común del piso de las habitaciones, en el cual se hallaba una de las criadas limpiando la bañera arrodillada antes esta. La empleada, en cuanto vio a Harold y Eléonore soltó el paño que estaba usando y se puso de pie, haciendo una reverencia hacia ellos, dispuesta a marcharse para no molestar, pero la baronesa la detuvo.

Meike, tú has sido la que ha preparado el baño a Ughbert esta última semana, ¿no?–Preguntó hacia su criada de cabello marrón claro recogido con una cofia que ocultaba casi todo este.

Sí, mi Lady, yo me he encargado de prepararle el baño al señorito estos días.—Respondía ella con una tímida voz, sin mirar directamente a los ojos de nadie.

Pues si no te importa, ¿podrías enseñar a Lizbeth cómo preparar la bañera para nuestro hijo y lo indispensable para el baño?

Por supuesto, señora Zondervan.

En ese caso nosotros estaremos preparando las cosas para nuestro viaje,—Esta vez habló nuevamente Harold, quien se había quedado algo atrasado porque tenía algo de prisa.si deseas saber cualquier otra cosa solo baja y pregunta, Lizbeth.

De acuerdo, gracias por esta oportunidad, señor.—Agradeció Lizbeth sonriente, dando una ligera reverencia hacia los señores, y estos también sonreían, pero se marcharon rápido de allí, volviendo al salón.

La pelirroja se quedó a solas con la otra sirvienta, Meike Hertzberger, y esta no parecía estar muy contenta con la presencia de aquella muchacha en la casa. Era visiblemente más joven y sentía que no hacía falta allí, ya que Ughbert era bastante mayor como para tener una cuidadora, era un adolescente, y tener a una niñera joven y atractiva solo complicaría las cosas, al menos para la servidumbre.
Con pesar ayudó a Lizbeth a preparar el baño del chico y le explicó que llenara la bañera casi toda con agua caliente y un poco de agua fría con los dos grifos disponibles, luego que frotara algo de jabón de una pastilla dentro del agua para hacer espuma, y que después ayudase a Ughbert a lavar su cuerpo por donde él le diga. La nueva niñera se sintió algo extrañada al saber que debía lavar a un adolescente de quince años, pero como era algo que solía hacer con niños más pequeños simplemente trataría de obedecer y proceder como habitualmente hacía en otras casas, ignoraría el hecho de que era alguien más mayor puesto a que no se tomaba en vano su trabajo, quería ser profesional, y aquel sitio era el mejor en el que había estado, era obvio que tenía que dar la talla y una muy buena impresión.
Tras enseñar a Lizbeth a hacer todo aquello, Meike se fue deprisa del baño para no tener que ver más a la nueva, que por cierto, había notado la condescendencia con la que la trató la veterana del servicio. Lo achacó todo a la posible envidia, así que no le dio más importancia y se marchó para volver a preguntar algunas cosas a los señores de la mansión Zondervan, no les comentó a estos el hecho de que una de sus sirvientas le tratara mal el primer día, sabía que no podía caer bien a todo el mundo y no era una persona que se quejase de cosas tan absurdas, todos debían acostumbrarse a que estuviera trabajando allí como Patricè lo hizo.

                                                                                𝄢

Pasó el tiempo y se hicieron las siete de la tarde, tocaba cenar para los señores y los sirvientes ya estaban poniendo la mesa del gran comedor otra vez. Lizbeth se había cambiado de ropa a su uniforme nuevo y se había instalado del todo en su habitación, sin embargo, al acabar de instalarse se dio cuenta de que no sabía qué hacer, no tenía ni idea de dónde debía cenar; si con la familia a esa hora, o con los sirvientes después de que los Zondervan cenaran y se fueran a dormir, así que quiso acudir al comedor para preguntar directamente, pero tenía algo de reparo en molestarles y equivocarse al interrumpirles o preguntarles algo tan descarado. Salió de su habitación para buscar a alguien con quien hablar para preguntarles este dilema, y, por pura suerte, Ughbert salió de su cuarto también tras tantas horas ahí metido y lo primero que vio fue a su niñera nueva asomada a la planta baja desde la barandilla, con un gesto extraño.

Ejem...Carraspeó este, acercándose a ella por un lado.¿No se supone que es la hora de la cena? ¿Qué haces aquí?

Oh, joven Zondervan.Dijo ella, girándose para mirarle y se inclinó un poco para mostrar respeto.Me siento un tanto confusa en cuanto a mi estatus en su mansión... No sé si tengo que comer con los sirvientes, con la familia o sola, y no me gustaría molestar a sus padres...

La anterior comía con la servidumbre,Contestó con desinterés y de manera breve.pero hoy mis padres quieren que cenes con nosotros.

En ese caso, ¿debo bajar al salón ahora con usted?Lizbeth se mantenía amable frente al chico, aunque este demostraba frialdad y desconfianza frente a ella. Él no quería otra, ya era muy mayor para esas cosas, pero sus padres seguían insistentes en que sí la necesitaba. No le quedaba otra que aguantarse.

Acompáñame.El joven bajó las escaleras, dejando a la cuidadora detrás, sin querer esperarla, y esta, le siguió sin decir nada más. Podía notar que a el señorito de la casa no le hacía ni pizca de gracia su presencia, pero desde luego no se iba a rendir fácilmente con Ughbert, conseguiría acercarse a él costase lo que costase, pues sabía que los adolescentes eran difíciles, sin embargo por dentro tenían mucho que ofrecer si se sentían comprendidos, Lizbeth era una persona extremadamente positiva y le daba igual el mal recibimiento que le pudieran dar, sabía que algo cambiaría con el tiempo, aunque no se esperaba que algunas cosas cambiasen a peor, ni siquiera el propio Ughbert Zondervan.

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