(Advertencia: esto es una adaptación del capítulo 1 que escribí en 2014, de modo que probablemente haya cosas que me hayan quedado mal redactadas, igualmente espero poder ponerlo a la altura de mi escritura actual, disfrutad de la historia aunque no sea profesional, le pongo mucho cariño :))
_____________________________
_____________________________
Se encontraba la ciudad de Groninga toda nevada bajo el grisáceo cielo plagado de nubes blanquecinas, su gente recorría las calles y hacía sus compras bien abrigados. Esta se dividía notablemente entre nobles y gente de clase obrera y baja, se notaba por las llamativas ropas de los ricos y las harapientas de los pobres, que solían vestir marrón y blanco sobre todo.
Por esos tiempos había gremios de criadas que eran contratadas para trabajar en las casas y mansiones más selectas de su ciudad, al menos las más cualificadas para el trabajo. Este en principio era sencillo y estaba bien pagado, aunque muchas veces había ricos poco modélicos que trataban con desdén y maldad a sus empleadas, pero dado a la época, esto no les importaba, ya que al menos recibían una paga respetable y no tenían otro empleo mejor o si quiera un hogar en el que vivir, de modo que cualquier trabajo en una acomodada mansión de lujo merecería la pena a pesar de tener que soportar a un crío maleducado o a una familia abusiva.
Sin embargo, había un lugar apartado de la ciudad, al que muchas criadas rehusarían de ir a trabajar después de lo que acontecería en ese mismo mes de octubre de mil ochocientos ochenta y cinco, aunque fuera la mansión más grande y lujosa de la familia más acomodada de la zona.
A una media hora en carruaje de la gran ciudad de Groninga se encontraba una pequeña villa llamada Roodeschool, donde a sus afueras, oculta por un bosque cercano, se hallaba la gran mansión de la familia Zondervan. Dicha familia contrataba a los mejores empleados domésticos que se podían encontrar en Groninga, y estos eran bien tratados, alimentados y sus habitaciones eran limpias, espaciosas y con casi tantos lujos como la propia familia, nadie aparentemente tenía de qué quejarse.
Todo el complejo Zondervan constaba de la mansión principal, donde tanto la familia como los criados vivían, grandes jardines y extensas tierras, en las que estaba el cementerio tras la mansión, que se hallaba apartado del jardín trasero y vallado, y los enebros junto a la destilería, ya que los Zondervan producían ginebra en su pequeña fábrica.
En resumen: la vida allí era un sueño para todo aquel que viviera en esa gigantesca casa, o al menos eso parecía desde fuera, pues la gente de clases inferiores era propensa a pensar que la nobleza era todo apariencias aunque por dentro todo estuviese mal en las familias pudientes. Mas no era así con los Zondervan, no... hasta ahora.
Vivían felices los cabezas de familia Lord Harold y Lady Eléonore Zondervan con su único hijo Ughbert, quien acababa de cumplir los quince años de su vida. Ellos estaban continuamente ocupados y siempre recibían visitas en la casa, aunque desde hacía un tiempo nadie más vivía con ellos, puesto a que los padres del barón Zondervan recientemente fallecieron de ancianos, y los de su mujer residían en otro sitio, y ninguno de los dos tenía hermanos que viviese junto a ellos, por lo cual estaban solos los tres con el servicio y sus amigos que les iban a visitar.
El hijo de la pareja siempre iba bien vestido con un trajes hechos a medida, no le gustaba vestir informal, aunque era cierto que cuando no había visitas le gustaba quedarse en pijama, las pocas veces que su estricta niñera y cuidadora Patrice se lo permitía.
Ughbert era delgado y medía un metro sesenta y seis. Era de un rostro pálido como el hueso y poseía un sedoso cabello negro a media melena y ondulado que nunca se recogía, pero que cuidaba a la perfección. Siempre tenía ojeras bajo sus ojos grises azulados, restringía su sueño porque no le gustaba dormir más de la cuenta y quería aprovechar su día, y además tenía una pequeña peculiaridad: era difícil sacarle una palabra de la boca. No le gustaba hablar, sus padres determinaron que era cosa de la adolescencia, pues no quería relacionarse ni hablar con nadie de su edad, y solo se comunicaba cuando era realmente necesario, además en ocasiones su comportamiento era misterioso, sobre todo por el hecho de que adoptara a una rata de la calle y se la quedara de mascota, la cual nombró Hobo. Sus padres no se lo impidieron, ya que pocas cosas llamaban la atención de su hijo y casi nada le hacía sonreír, salvo esa pequeña criatura marrón, a la que comenzó a cuidar, bañar, alimentar y peinar, como si fuera su hermana pequeña, ella le hacía feliz.
Ughbert era delgado y medía un metro sesenta y seis. Era de un rostro pálido como el hueso y poseía un sedoso cabello negro a media melena y ondulado que nunca se recogía, pero que cuidaba a la perfección. Siempre tenía ojeras bajo sus ojos grises azulados, restringía su sueño porque no le gustaba dormir más de la cuenta y quería aprovechar su día, y además tenía una pequeña peculiaridad: era difícil sacarle una palabra de la boca. No le gustaba hablar, sus padres determinaron que era cosa de la adolescencia, pues no quería relacionarse ni hablar con nadie de su edad, y solo se comunicaba cuando era realmente necesario, además en ocasiones su comportamiento era misterioso, sobre todo por el hecho de que adoptara a una rata de la calle y se la quedara de mascota, la cual nombró Hobo. Sus padres no se lo impidieron, ya que pocas cosas llamaban la atención de su hijo y casi nada le hacía sonreír, salvo esa pequeña criatura marrón, a la que comenzó a cuidar, bañar, alimentar y peinar, como si fuera su hermana pequeña, ella le hacía feliz.
La otra cosa que entusiasmaba al muchacho era la música, le apasionaba desde pequeño y le recordaba a su abuelo, quien era pianista, y muy bueno además. Este le enseñaba mucho sobre este tipo de arte y Ughbert gracias a él supo que tenía su mismo don, sin embargo no con el mismo instrumento, pues el chico se decantó más por el Oboe, de ahí que llamara a su rata ''Hobo''.
Llegó el día martes 20 de octubre, y sin motivo aparente, a las seis de la tarde, la cuidadora de Ughbert apareció ahorcada en la destilería de ginebra, todos supusieron que se había suicidado, mas no se encontró ninguna nota y nadie sabía por qué lo hizo. Ella estaba en la mitad de su vida, y como todos los demás sirvientes, ella vivía de lujo. Aquello consternó notablemente a la servidumbre y el ambiente se volvió turbio, incluso los barones Zondervan no sabían como obrar, pues les preocupó aquello, además de por la pobre asistenta, por su hijo, quien se quedó sin niñera y además podía suponer un trauma para él, puesto a que vivió junto a esa mujer casi toda su vida y siempre estaban juntos.
¿Qué habría hecho que se suicidara Patricè Donelly?
¡Vaya! Si así es el primer capítulo, me imagino los demás como serán.
ResponderEliminar