El despertador sonó a las siete de la mañana, aunque casi no hizo falta, puesto a que Hobo justamente entró por uno de sus pequeños pasadizos para meterse en la cama de Ughbert bastante rápido, seguidamente poniéndole las patas en la cara, no sin antes pisotearle los pechos a Lizbeth, que aún seguía ahí, vestida completamente. Ambos evidentemente despertaron sobresaltados y la miraron con cierta alarma, incorporándose en la cama.
—¡¿Qué pasa?!—Preguntaba asustada Lizbeth, también algo aturdida por el sonido molesto y repetitivo del despertador del chico.
—''Han llegado Lord y Lady Zondervan...''—Avisaba la rata, a lo que Ughbert se espantó y retiró las cortinas del dosel con fuerza, levantándose de la cama de un salto, y golpeando el despertador para apagarlo.—''Eso, será mejor que os deis prisa o se enterarán de que habéis estado haciendo guarradas... y matando gente.''
—Tú se supone que no debías estar escuchando eso...—Gruñó algo avergonzado y enfadado Ughbert, mientras se ponía una bata para disimular ante sus padres, ya llevaba su pijama también, pero debía seguir simulando que pasaba frío.
—No hicimos nada, simplemente... le alivié un poco.—Aclaraba la pelirroja, muy ruborizada, sentándose en el lateral de la cama, ya que no podía levantarse.—Pero él no me hizo nada a mi...
—No le des explicaciones a esta, debemos ir rápido antes de que esas garrapatas les empiecen a decir cosas a mis padres.
La joven doncella solo asintió y ambos se prepararon, poniéndose sus zapatos, Lizbeth con el extra de su prótesis de pierna, el muchacho la ayudó inmediatamente, y una vez listos y con sus batas puestas decidieron peinarse en el tocador mutuamente y después ir a lavarse la cara y las manos.
Mientras estaban en el baño, llamaron a la puerta insistentemente, la joven adulta se quedó encerrada en el baño mientras Ughbert iba a abrir, y ahí vio a sus padres con una cara de preocupación notable y Jefferson con cara de vinagre detrás de ellos.
—¡Ughbert, mi amor!—Exclamaba Elèonore, abrazando a su hijo fuertemente, él hizo lo mismo, se sentía muy alterado, a parte de porque Lizbeth se encontraba allí, porque no sabía cómo iba a responder ante la desaparición de tantos empleados.—¿Te encuentras bien? Lizbeth llamó ayer por teléfono y dijo que los sirvientes se estaban comportando raro, sobre todo contigo, así que vinimos lo antes posible para ver qué sucede...
—Vamos a ir todos al salón para saber lo que ha ocurrido en estos días, al parecer han desaparecido algunas personas, es muy preocupante.—Hablaba Harold, compartiendo la preocupación de su esposa por su primogénito.
—Sí, han pasado muchas cosas... debemos hablar de esto...—Respondía Ughbert, con cara de molestia, que sus padres estuvieran allí entorpecería su misión, porque era muy posible que llamaran de nuevo a ese detective, y si empezaban a estar más atentos a los sucesos en la mansión lo tendrían sumamente difícil a partir de ese momento.
—Bien, queríamos avisar a Lizbeth para que viniera también a decir lo que ha pasado, pero no está en su habitación, incluso su cama está hecha...—La madre del joven por curiosidad miró dentro del cuarto de su hijo, pero allí no había nada destacable.—¿Crees que se habrá marchado en la noche...?
—Claro que no, ella jamás haría eso.—Respondió Ughbert, mirándoles con seriedad.—Prometió cuidarme.
—Tiene razón querida, vi antes que sus pertenencias siguen en su alcoba, incluso su ropa está doblada sobre la cama.—Mencionó el padre, recordando lo que vio en la habitación.—¿Dónde se habrá metido...? ¿Estará en la cocina haciéndote el desayuno?
—No, le dijimos el primer día que cuidara a nuestro hijo, no que le hiciera la comida, de eso se encarga la cocinera.
—Tsk... Lizbeth, puedes salir.—Dijo el adolescente, lo suficientemente alto como para que ella lo escuchara. Los padres de este se quedaron atónitos al escuchar eso, y entraron a la habitación, solo para ver cómo salía la joven pelirroja del baño, con cierto reparo.
—¡¿Q-qué estás haciendo aquí?!—Interrogó Elèonore escandalizada.—¿Habéis dormido juntos?
—Sí, señora Zondervan... Nuestra preocupación se hizo muy grande al ver que empezaba a faltar servidumbre en la mansión...—Trataba de justificarse Lizbeth, yendo hacia ellos aún vestida con su camisón, bata y el pelo suelto.—De modo que dormimos en esta habitación ya que tiene cerrojo por si algo malo sucedía en la noche... La mía no tiene y me sentía algo insegura allí sola.
—Es cierto, madre, padre, ambos nos sentíamos desprotegidos, algo está muy mal aquí.—Reforzaba Ughbert el argumento de la chica.—No le digan nada malo a ella, por favor.
—Está bien, no os preocupéis, comprendemos la situación, ayer por teléfono se le oía muy preocupada, así que lo dejaremos pasar por esta vez mientras no haya ocurrido nada indecente.
—¿A qué se refiere, padre?—Preguntó Ughbert, haciéndose el tonto, a lo que su madre miró a su esposo frunciendo el ceño.
—Harold, nuestro hijo es puro e inocente, no sería capaz de tocar a la niñera... de hecho repele cualquier contacto humano... hasta me cuesta creer que haya accedido a dormir con ella en la misma cama...
—Con todo respeto, creo que primero deberíamos aclarar las desapariciones en lugar de cuestionarnos por qué hemos dormido juntos, la cama es enorme, no nos hemos tocado en toda la noche, ya está bien.—Ughbert haciéndose el ofendido, teniendo que mentir. Salió al final de su cuarto apartando un poco a sus padres, los cuales se quedaron ciertamente sorprendidos con su comportamiento, su hijo les estaba pareciendo distinto, y el ambiente cada vez más perturbado. Jefferson seguía en el pasillo esperando, escuchando atentamente toda la conversación, Ughbert al fijarse en este le miró con odio, aunque no dijo ni una sola palabra.
—Vale hijo, pero, ¿no te vas a vestir antes de bajar?—El hombre adulto se había quedado quieto, observando cómo los dos se miraban de esa manera, se notaba a leguas la tensión entre el mayordomo y el muchacho.—Probablemente llamemos al detective Van Dijken y preferiría que estuvieras presentable.
—Sí, padre, pueden ir bajando, Lizbeth me vestirá y luego ella se irá a vestir también, no tardaremos demasiado.—Ughbert volvió a entrar a su cuarto y miró a la pelirroja, quien asintió y rápido fue hasta su armario para prepararle su ropa.
—De acuerdo hijo, te esperamos abajo.—Le dijo Elèonore y entonces ellos dos y Jefferson se marcharon de allí cerrando la puerta.
—''Esto se está prendiendo pero bien.''—Habló Hobo, que sabía estado escuchando desde el suelo, escondida bajo un sillón.
—Me da la sensación de que esto es una especie de espectáculo para alguien ahí abajo...—Gruñó Ughbert, pensando en lo que le dijo su padre.—Van a llamar a ese detective de nuevo como sospechaba...
—Lo siento... no debí haber llamado a tus padres ayer...—Se disculpó la niñera tristemente mientras iba hacia el armario para sacar la ropa del chico.
—Ya discutimos sobre eso, pensaste que hacías lo correcto, no pasa nada.—Contestó él, yendo hacia ella y agarrando una de sus mano antes de que sacara nada.—Yo también hice cosas de las que no me siento orgulloso, son cosas que pasan...
—Bueno, pero tú lo que haces es para salvar a tu familia...
—No me refiero a lo de matar gente...—Se quedó callado un momento, pensando en si debía confesarle lo ocurrido con Izaäk, no quería engañarla, y le mataría tarde o temprano, así que su ''romance'' no podría salir de ningún modo.
—¿Y a qué te refieres entonces...?—Ella le miró, preocupándose, pero Ughbert le apartó la mirada y la soltó finalmente.
—No creo que debamos hablar de ello ahora mismo, vamos a vestirnos, mis padres nos esperan y debemos enfrentarnos primero a asuntos más importantes.
—Está bien...—No dijo nada más la muchacha y prefirió ir sacando toda la ropa del muchacho moreno mientras él iba a por sus zapatos.
Después de eso, en un incómodo silencio, Ughbert se vistió con ayuda de Lizbeth, se puso sus zapatos, y luego esta se fue a su cuarto para cambiarse, diciéndole antes a él que fuera bajando porque ella tardaba más en arreglarse.
Lizbeth no podía parar de pensar en lo que le dijo el chico, ya que a esas alturas le contaba todo, o eso era lo que ella pensaba, y le angustiaba no saber qué era lo que hizo Ughbert de lo que se arrepentía.
Este se encontraba ya completamente arreglado bajando las escaleras a la planta cero y caminó lentamente con Hobo en el hombro hasta llegar al gran salón, donde vio a todos los sirvientes reunidos frente a los barones Zondervan.
—Ughbert... Cuéntanos qué ha pasado desde tu punto de vista, por favor.—Pidió directamente la madre del chico, aún con aires de preocupación. El ambiente estaba realmente turbio, la servidumbre se encontraba inquieta y se miraban unos a otros.
—Hace días empezaron a desaparecer algunos sirvientes, creo que Meike fue la primera, o quizá Ben, no recuerdo muy bien.—Contestó el chico tratando de parecer confuso e inocente.—Lo raro es que, según he oído, aún están sus pertenencias aquí...
—¿Dejaron sus cosas aquí?—Interrogó Harold, sorprendido hacia los empleados de su hogar.
—Sí, ahora mismo faltan Meike, Ben, Angelien y Antonella.—Informaba Claire, el ama de llaves, seriamente.—Estas dos parece que se fueron ayer, hubo un problema en la lavandería y supuestamente Angelien fue a buscar a alguien para repararla mientras los demás tenían su rato libre, y al parecer Antonella desapareció mientras todos dormíamos.
—Cuatro empleados... ¡nos han dejado cuatro empleados!—Exclamó Elèonore, frustrada.—Y lo peor es que no sabemos ni lo que ha ocurrido aquí en tan sólo unos días....
—Ah, eso es otra... me han dicho que habéis tratado mal a nuestro hijo, como eso sea cierto de aquí se irá más gente, y con una mala recomendación por nuestra parte a otras casas o trabajos,
—Con todo respeto, señor Zondervan, su hijo nos trata como seres inferiores y nos habla con desdén,—Habló con serenidad fingida Douglass Jefferson.—cambió mucho cuando salieron por la puerta, y seguramente esa nueva nanny le está enseñando todo eso.
—Disculpa, pero aquí cuando no están mis padres mando yo, y si no te gusta te aguantas, es tu trabajo estar a nuestro servicio.—Refunfuñaba Ughbert visiblemente enfadado, pero tratando de mantener la calma.—De hecho te empecé a hablar mal la noche antes de que mis padres se fueran mientras dormían porque estabas molestando a la señorita Van Divel, y rehusabas a dejarla en paz a pesar de sus repetidas súplicas por dejarla ir, por supuesto no iba a permitir que ocurriera semejante acoso en mi casa, y después de ello todos vosotros os pusisteis en una especie de huelga, vuestro trabajo se empezó a ver ciertamente deficiente, ¿quieres que hable más? ¿Como de tu intento de agresión hacia mi...?
—Douglass... ¿Es eso cierto?—Harold se empezó a enfurecer considerablemente mirando al mayordomo con odio mientras apretaba los puños.
—¡Claro que no, señor! ¡Este crío está mintiendo! Está en edad de ser rebelde y travieso, seguramente sólo se ve amenazado por mi y trata de defender su territorio.
—Otra vez me están comparando con un perro...—Se quejó Ughbert en bajo y miró hacia la puerta del gran salón esperando a que llegara Lizbeth, pero tardaba bastante, no había pensado lo mucho que podía costarle hacer las cosas por sí sola sin una pierna.
—Jefferson, vamos a llamar al detective otra vez y va a investigaros a todos y cada uno de vosotros, incluyendo a la niñera,—Habló esta vez la baronesa, igual de irritada que su esposo.—ella habrá visto de cerca lo ocurrido y seguramente podrá decirnos si ha visto esas cosas también o son invenciones de Ughbert, pero dado a que ella fue quien nos llamó en primer lugar, todo apunta a que no es así.
—Creíamos que eras de fiar, pero nos estas decepcionando, tu manera de hablar de nuestro hijo no me gusta en absoluto.
—Señores Zondervan, creo que deberíamos guardar la calma todos y hablar luego sobre nuestra situación con el señorito.—Opinaba ahora Claire.—Llamemos al detective y veamos si puede averiguar algo sobre lo que está ocurriendo...
—Claire, no sé si es usted consciente de la gravedad del asunto, ¡hablamos de que este ser casi agrede a nuestro hijo de quince años teniendo él como cuarenta!—Empezó a gritar Harold, ya no pudiendo contener su enojo.—¡Además de acosar a una empleada y encima estando nosotros en la mansión!
—¡Le juro que yo no hice nada de lo que dice Ughbert! ¡El resto le dirá que miente!—El mayordomo miró con nerviosismo a sus compañeros de trabajo, pero estos no sabían qué responder, se miraban unos a otros, querían encubrir lo que hizo, pues también podrían salir más cosas que hicieron los demás, pero no se atrevían a mentir ante el señor Zondervan.
—Nosotros no vimos nada de eso...—Habló finalmente Claire, quien era de las más mayores y decididas.—Llevo muchos años conociendo a Douglass y es incapaz de abusar de niños y mujeres.
—¡Eso es mentira!—De pronto se vio a Lizbeth apareciendo por la puerta doble del salón, entrando y dirigiéndose hacia la pequeña multitud de gente. Había podido escuchar lo último que dijo el ama de llaves.—Jefferson lleva acosándome sexualmente y hablando mal a Ughbert desde que se fueron, no hagan caso a estas personas señores Zondervan, son todos unos mentirosos y se encubren unos a otros porque no han estado haciendo su trabajo. Y si, este mal llamado hombre casi agrede a su hijo, me tuve que interponer para que no lo hiciera.
—Ah, por fin te dignas a aparecer...—Habló con desdén la cocinera, que era quien más rabia le tenía a Lizbeth, probablemente por celos.—¿Cómo te atreves a hacer esperar a los barones en un momento tan crucial?
—Disculpen mi tardanza, señores Zondervan...
—No se apure, señorita Van Divel,—Contestó gentilmente Elèonore.—Díganos qué más ocurrió.
—Eso es casi todo, tanto Jefferson como el resto de sirvientes decidieron jugar a cuestionar las órdenes del señorito y descuidar sus quehaceres, además de agredirnos verbalmente.
—¡No le hagan caso a esta buscona!—Volvió a chillar Jefferson, bastante inquieto.—Han visto cómo ha estado durmiendo con su hijo, seguramente quiere seducirle para llevarse su fortuna!
—Seguro que ha sido ella quien ha hecho desaparecer a nuestros compañeros.—Comentaba metiendo cizaña Sarah, una de las criadas, quien usualmente no se metía en aquellas cosas, pero estaba triste y nerviosa porque sus amigas más preciadas en la casa ya no estaban.—Habrá tardado tanto para ocultar las pruebas...
—¡Sois unas ratas venenosas...!—Gritó enfadado Ughbert de pronto, aunque se dio cuenta de que lo que dijo quizá no era lo más adecuado y miró a Hobo, que estaba en el suelo mirándole fijamente.—Quiero decir... ¡sois algo mucho peor que no puedo ni alcanzar a describir! Lizbeth desde que ha llegado me ha protegido, ha tratado de ser amable conmigo y me ha hecho ser menos callado y recluido, pero no tiene que ver con la necedad que estáis diciendo, de hecho, tal y como ha dicho mi madre: si hubiera hecho algo malo no se hubiera molestado en llamarles por teléfono preocupada.
—Es cierto... hemos notado ese gran cambio.—Contestó la madre del chico, mirando a este.—No sé qué habrá pasado exactamente en estos días, pero es obvio que el trabajo de la señorita Van Divel está siendo impecable, lo otro realmente no importa tanto, lo que importa ahora son las desapariciones.
—Y desde luego no ayuda tu nefasta actitud, Jefferson,—Continuó Harold la frase de su esposa, con una mueca seria y demostrando su ganas de echar a ese tipo de sus dominios.—Así que vamos a prescindir de tus servicios, estás despedido.
En ese instante, Lizbeth y Ughbert se miraron, no sabían si eso era bueno o era malo, ya que debían asesinarlo, y si se iba de la mansión les costaría más encontrarle, pero por otro lado fuera de la mansión podrían acorralarle y esconder mejor su cadáver, además contaban con el apoyo de Satanás para ver a dónde se iba.
—¡¿Qué?! ¡No pueden despedirme! ¡Llevo muchos años en esta mansión siendo su mayordomo!—Se quejaba exaltado el hombre.
—Ya, yen estos años jamás nos habías fallado, hasta ahora.—Volvió a hablar la baronesa.—Espero que comprendas que agredir a nuestro hijo de cualquier manera es una cosa deplorable que no podemos permitir.
—¡Pero él pateó mis partes! ¡Y la niñera me pegó un puñetazo!
—Yo te pegué por intentar golpear a Ughbert.—Gruñó la pelirroja, encarándose a Douglass.
—Y yo por insultarnos, porque ya me estabas hartando.—Insistía el chico, mirando con rabia al mayordomo, quien estaba altamente alterado todavía.
Siguieron discutiendo por unos minutos, Lizbeth no volvió a decir nada, solo se quedó mirando disimuladamente a la doncella de compañía de Elèonore, quien estaba también en absoluto silencio, con cara de no entender qué pasaba ahí, ya que esta acababa de llegar con los barones y no sabía nada de lo ocurrido, pero la pelirroja dedujo que también estaría metida en los asuntos del resto de sirvientes.
—''Algo me dice que la siguiente será Jetta''.—Mencionó Hobo hacia Lizbeth mientras los demás se gritaban y Ughbert se agobiaba, tuvo que alejarse a mirar por la ventana, tanto ruido le aturdía, y todo ahí se estaba saliendo de control.—''Ella es la doncella personal de la madre de Ughbert, seguramente no sepa nada de lo ocurrido y le pida explicaciones a los demás cuando estén solos... obviamente me encargaré de espiarles''.
Aún sin poder decir nada, Lizbeth estaba escuchando al roedor e hizo un muy leve gesto con la cabeza indicando que le había escuchado. Ughbert también lo oyó, pero seguía mirando a la ventana pensativo sobre lo que podía pasar a partir de ese momento, con sus padres en la mansión y con los detectives, que seguramente tendrían que volver a interrogar a todos, su cometido se volvería mucho más complicado con tanta gente vigilando cada movimiento de todos.
De pronto, entre todo el jaleo, Harold acabó la discusión pidiendo silencio.
—¡Basta! Ahora mismo vamos a llamar a la policía y al detective Van Dijken.—Resolvió, finalmente fulminando con la mirada a Jefferson otra vez, padre e hijo se parecían bastante cuando estaban enfadados.—Y tú, como ya he dicho: estás despedido y no hay nada que puedas hacer para que te contratemos de nuevo. Después del interrogatorio o lo que tenga que pasar te irás de mi mansión.
—Muy bien, como digas, Harold.—Respondió el ya ex empleado de la casa, olvidándose del respeto que pudiera tenerle a ese hombre, puesto a que ya lo despidió.—Pero cuando esa mujer o tu hijo rarito se vuelvan en contra vuestra os arrepentiréis de esta decisión.
Al escuchar aquello, el barón Zondervan se acercó peligrosamente al ex mayordomo y le agarró de las solapas de su traje, casi levantándolo del suelo, muy enfadado.
—¡No dudaré en pegarte yo también como sigas insultando a mi hijo! El despido no es lo peor que te puede ocurrir...
—Harold, cariño, deja a ese desgraciado por ahora, llamemos al detective, han de investigar cuanto antes.—Habló su esposa, tomándole del hombro por detrás para tranquilizarle, y luego se alejaron los dos y miraron a sus sirvientes.—Bien, nadie se va a mover de esta sala hasta que llegue la policía, esperemos que se resuelva pronto. ¿Falta alguien más a parte de los desaparecidos?
—Izaäk.—Respondió escuetamente el ama de llaves.—Pero él está en su cuarto reposando, ayer sufrió un incidente y tuvimos que llamar al médico, seguramente ya se encuentre mucho mejor, solo tuvo un desvanecimiento por el cambio de temperatura ya que fue asignado a la caldera para sustituir a Ben.
—Ah, el doctor Smith y su hija son testigos de una de las discusiones que tuvimos al ir a ver a Izaäk.—Volvió a hablar Ughbert.—Tal vez convendría llamarlos para que dijeran su testimonio, por si acaso.
—Los llamaremos entonces.—Concluyó Harold, acercándose al teléfono, aunque antes de marcar volvió a mirar a sus empleados.—Si es posible traed al chico aquí también, necesitarán hablar con todos.
Claire asintió y miró a Sarah haciéndole un gesto con la cabeza para que esta fuera. De modo que la criada rubia se puso en marcha rápidamente para llamar al ayudante de la cocinera.
Harold se encargó de llamar a la policía y al detective Van Dijken mientras Elèonore mantenía la vista fija en todos y cada uno de los sirvientes, paseándose por la sala para clavar sus ojos azules en los de aquellas personas. Los rostros de cada uno de ellos eran muy variados: unos mostraban miedo, otros rabia, otros incertidumbre, y Jetta era la única que simplemente estaba confusa mirando a sus compañeros, estaba deseando preguntar qué rayos había pasado. Obviamente la baronesa tenía en cuenta que su doncella personal no tenía nada que ver con los sucesos ya que estuvo con ellos en el viaje, aunque igualmente tendría que ser interrogada, o al menos eso era lo que sospechaba.
Pasaron unos largos minutos, casi todos en la sala estaban callados, aunque la familia Zondervan y Lizbeth se habían quedado charlando sentados en unos sofás sobre lo acontecido aquellos días. La pelirroja contó su experiencia con Ughbert, diciendo que al principio estaba reacio a hablar demasiado y no parecía estar contento, pero con tan solo pasar unas horas juntos rápido cogió confianza con la chica y se hicieron amigos. Obviamente evitaron decir unas cuantas cosas sobre los asesinatos que Ughbert cometió y algunas otras cosas ciertamente incómodas para ellos, sin embargo para los padres del joven era más que evidente que podría haber algo más que amistad, ese cambio tan radical de su hijo no se podía deber solo a juntarse con una persona nueva aleatoria, de hecho pasó por sus cabezas algo que antes de partir no tenían presente: Ughbert estaba creciendo y madurando de verdad, ser raro, desaliñado y tétrico solo lo hacía especial, era un joven que destacaba, muy talentoso, pero desarrollaba excentricidades a medida que crecía, después de todo, así son los artistas, y su hijo era uno de ellos.
—Sabes hijo, quisiera pedirte perdón por sobreprotegerte.—Dijo Elèonore, agarrando la mano del muchacho suavemente sobre su pierna, ya que ambos se encontraban sentados juntos en el mismo sofá.—Creo que tu padre también estará de acuerdo en que cometimos una equivocación y debimos escucharte.
—Sí, es obvio que sabes defenderte más que de sobra solo, bueno, con un poco de ayuda, pero has demostrado que te estás volviendo todo un hombre.—Confirmaba Harold, sintiéndose orgulloso.
—Gracias... es que he visto cosas muy raras y el trato de todo el mundo hacia mi es despreciable.—Contestó Ughbert mirando al suelo un poco avergonzado, pero evitando decir todo lo que sabía, quería advertir a sus padres del gran peligro que corrían, mas era imposible, no le iban a creer.—También quería demostrar que puedo cuidar de mi hogar sin depender de nadie, así que hice lo que debía.
—Bien hecho hijo, pero cuando llegue la policía tendrás que ser totalmente sincero con ellos... sobre todo si algo involucra a Lizbeth...
—Madre... ya dijimos que ella no hizo nada, de hecho me defendió.
—No me refiero a eso... me refiero a...—Elèonore fue interrumpida por un sonido que golpeaba las puertas de la mansión insistentemente, por lo que se detuvo de hablar y todos se levantaron de los sillones, la mujer luego dirigió su mirada a los sirvientes.—Debe ser el detective... vamos, que alguien vaya a abrir.
—Yo no, yo estoy despedido.—Rió con cinismo Douglass, apoyado en una pared.
—Tú sigue, que aún te llevas un buen puñetazo.—Advirtió seriamente Harold, cada vez más impacientado y nervioso, pero solo recibió un suspiro de pesadez por parte del otro hombre, que no dijo nada más.
Ludger fue a abrir la puerta, y poco después volvió al gran salón siendo acompañado por el detective Van Dijken, unos policías, y una chica adolescente de cabello dorado y elegantemente recogido. Esta llevaba un vestido de color azul oscuro con flores y bordados y un sombrerito del mismo color que adornaba su peinado.
Los Zondervan y Lizbeth se acercaron a ellos y Harold le dio la mano al detective para saludarle.
—Bienvenido de nuevo, señor Van Dijken, lamentamos haberle llamado tan temprano.—Dijo este recibiendo el apretón de manos del otro adulto.
—No se preocupe, barón Zondervan, es mi trabajo y mi deber resolver casos.—Respondió seriamente el detective.—Me dijeron ustedes que desaparecieron cuatro empleados misteriosamente en estos días que se marcharon, ¿no es así?
—Correcto, estamos muy confusos ahora mismo, no sabemos si se marcharon, huyeron de alguien o si les ocurrió algo malo.—Añadió la baronesa.
—Bien, pues si lo permiten empezaremos a investigar por la casa para buscar pruebas que nos puedan decir algo sobre su paradero, después les interrogaremos a todos los presentes sin excepción, aunque no hayan estado aquí, es necesario.
—Por supuesto, lo que haga falta.—Harold invitó al cuerpo policíaco a mirar por la mansión en busca de pruebas, y estos se pusieron en marcha, aunque la chica que llegó con ellos se mantuvo en el salón, escribiendo en una libreta que tenía. Los dueños de la casa no supieron exactamente quién era ella y por qué estaba allí, tal vez era una chica en prácticas.
—Disculpe, ¿quién es usted, señorita?—Cuestionó Elèonore, confusa.
—Buenos días, mi nombre es Greta Van Dijken, soy la hija del detective, solo estoy tratando de aprender el oficio de mi padre.—Contestó sonriente la muchacha.—Siento no haberme presentado antes, estaba apuntando las cosas esenciales sobre la base de este caso.
—Oh, pues adelante, puede investigar usted también.
La joven asintió, pero antes de ir a alguna otra parte miró a Ughbert, se quedó observándole detenidamente, y este al darse cuenta frunció el ceño molesto, ya que ella no decía nada.
—¿Quieres algo?—Preguntó escuetamente el chico, con sus brazos cruzados.
—Hm... según tu lenguaje corporal no pareces muy abierto a conversar.—Le habló Greta, manteniendo sus ojos color miel sobre los grises de Ughbert, mientras también apoyaba su lápiz en sus propios labios, pensativa.
—La verdad es que no, y me molesta que alguien se me quede mirando fijamente, así que no lo hagas.
—Tranquilo Ughbert, no creo que lo haga con mala intención.—Habló Lizbeth, quien estaba junto a él en todo momento.
—Quisiera interrogarle personalmente, señorito Zondervan.—Continuó hablando Greta, mostrándose alegre y dispuesta a seguir con su trabajo.—Hay diversos rumores sobre usted en el pueblo, todos ellos muy variopintos, ¿podría desmentirlos?
—¿Pero tú eres detective o una periodista de pacotilla?—Cuestionaba en adolescente, mirándola con indiferencia.
—Aprendo a ser detective, y saber de usted me ayudará a comprender en cierto modo qué sucedió o está sucediendo en su hogar, ¿me lo permite?
Ughbert se mantenía reacio a aquello, sin embargo su madre carraspeó, ya que seguía ahí junto a su esposo y Lizbeth escuchando la conversación.
—Vamos, creo que es mejor para ti que te interrogue ella a que lo haga el detective o cualquier otro de esos policías.—Le dijo la mujer a su hijo.—¿No recuerdas lo mal que se te dio el interrogatorio de Patricè?
—Se me va a dar mal cualquier interrogatorio, madre, no me gusta hablar con extraños de mi vida personal.
—Oye, pero es mejor que te haga preguntas una chica guapa de tu edad a que lo haga un señor mayor, ¿no?—Preguntaba su padre, añadiendo una pequeña risa con picardía.
—Tsk, qué remedio...
A Ughbert se le vio molesto, y Lizbeth en cambio estaba celosa por dentro, sabía que el comentario del señor Zondervan iba encaminado a un sitio que no le gustaba, sin embargo también era consciente de que el adolescente estaba enamorado de ella, y no se iría fácilmente con otra.
—Gracias por acceder, ¡esto me ayudará con mi aprendizaje!—Greta sonrió feliz y agarró de la muñeca al muchacho.—Ven, llévame a una sala donde podamos estar a solas y pueda preguntarte cosas.
—¡Pero...!—Ughbert se quedó perplejo, y la pelirroja también se alteró, con intención de seguirles.
—Voy con vosotros, tengo que cuidar de Ughbert...
—En un interrogatorio solo puede estar la persona interrogada, lo siento, señorita.—La rubia le echó una mirada maliciosa a la más mayor, que frunció el ceño y se sintió altamente retada.
—''Ojo, esa perra rubita va a ganarte el terreno como no hagas algo''.—Mencionaba Hobo hacia la de ojos marrones.—''Iré a ver qué ocurre ahí''.
La rata se subió por la ropa del joven y se posó en su hombro, cosa que dio un poco de repelús a la otra adolescente, pero intentó ignorarlo para llevarse rápido a Ughbert a una de las salas de descanso para hablar con él.
Los demás esperaron a que el detective y su equipo acabara de analizar toda la mansión, y mientras tanto, Greta y Ughbert acabaron en una de las salas de descanso, sentados uno frente al otro, y la rata del chico se puso en su regazo para oír lo que hablaban.
Durante unos largos segundos ambos quedaron en absoluto silencio, aunque por parte de la muchacha esto era intencionado, para ver cómo reaccionaba el contrario. Sin embargo, este mantenía su vista fija en ella, con el ceño ligeramente fruncido, también esperaba a que se le hiciera alguna pregunta.
—Bueno, señorito Zondervan...—Empezó a hablar Greta, dejando su cuaderno y pluma sobre la mesa.—Cuénteme cómo se sintió cuando su anterior nanny se suicidó.
—Me sentí muy liberado después de muchos años.—Respondió con total sinceridad e inexpresividad.—Creía que este tema lo dejamos hace una semana y media cuando eso pasó, ¿a qué viene que me preguntes esto ahora?
—Quiero saber si de alguna manera a ti te viene bien que desaparezcan los demás empleados de la mansión...
—La verdad es que el resto me da igual, especialmente Patricè era quien me amargaba la vida, y supongo que ella debía estar igual de podrida por dentro para sentir que debía acabar con la suya, es algo que ignoro y que no me hubiese gustado saber de alguien que me ha tratado mal desde que tengo memoria, no siento pena por ella, pero no tiene nada que ver conmigo.
—Está bien... en ese caso... hablemos de los rumores...
—Ilústrame, ¿qué se dice por el pueblo sobre el hijo retraído de los barones Zondervan?
—Principalmente... desde que llegó su nueva nanny se ha estado hablando de que... probablemente ella haya logrado convencer a Patricè para cometer un suicidio o matarla cubriendo el asesinato como tal y así ocupar su puesto, al ser más joven y atractiva habrá pensado en acercarse a usted para diversas cosas.
—Parece que es lo típico pensar que la señorita Van Divel vino expresamente a seducirme por mi fortuna y hacer cosas malas a los otros empleados, sin embargo contamos con un historial de buenas reseñas de familias que la tuvieron trabajando en sus hogares, muchos de ellos adinerados, y jamás se acercó a ninguno de ellos por dinero, sé que es una persona honrada y servicial que trabaja duro para ganarse su paga justamente, así que no me dio motivos para pensar que viene por eso, además no creo que supiera mucho a quién debía cuidar, se especializa en niños, no sabía que venía a cuidar de alguien que es casi un adulto.
—Vaya, para no querer hablar está dándome mucha conversación.—Greta se había puesto a escribir cosas apresuradamente en la libreta mientras había escuchado la respuesta de Ughbert, y él mantenía su posición recta e incómoda.
—Tienes suerte de que así sea, ni siquiera he desayunado y debería estar de peor humor, sin embargo alguien deberá desmentir todos esos absurdos bulos sobre una persona que es todo bondad.
—Bueno, si está seguro de que esa mujer es buena por ahora le voy a creer, supongo que ya se le interrogará a ella, entonces iremos con usted, tendrá que responderme a varias cosas más.
—Está bien... ¿qué quieres saber?—Él se quedó mirándola, debía soportar las tonterías de esa chica si quería que no sospecharan de él, podría venirle bien en un futuro tener buena relación con ella para no ser pillado, sin embargo podían pasar muchas cosas y era impredecible.
—Pues...¿alguien estuvo en esta sala ayer...?—El tono de la muchacha cambió a uno algo más monótono de repente y se levantó del sitio, observando la mesa detenidamente. Vio que tenía unas manchitas por el centro en el mantel, así que pasó su mano por estas, estaban aún húmedas, pues por el frío y las pocas horas que pasaron desde la charla con Antonella, no dio tiempo a que se secasen del todo.
—Lizbeth y yo nos tomamos un té anoche para relajarnos, estábamos muy nerviosos.—Respondió con seguridad Ughbert, aunque le había dado un escalofrío el cambio repentino de la chica, que en primer momento pareció alegre y amistosa.
Greta pasó sus dedos ligeramente humedecidos bajo su nariz y percibió un aroma algo fuerte, aunque no se notaba mucho por el estado de la mancha. Miró por la mesa y vio marcas de tres platillos en el terciopelo del mantel, por lo que sospechó que había otra persona con ellos.
—¿Hubo otra persona con ustedes...?—Miró de reojo al muchacho.—Hay tres marcas de platos, y supongo que su rata no toma té.
—Pusimos otro plato con pastas para acompañarlo.—Resolvió rápidamente el futuro barón, y decidió levantarse también de la silla, sosteniendo a su rata entre sus manos.
—Ajá, ¿y por qué no hay migajas de dichas pastas? Las pastas de té se desmenuzan con facilidad, y en esta tela es muy fácil que se queden pegadas.
—Existen las servilletas, señorita Greta, pusimos algunas sobre el mantel para no manchar, el té se debió derramar un poco al servirlo fuera de la bandeja de la tetera.
La intensidad del momento había cambiado de manera radical, ahora ella iba directa al cuello y comenzó a sospechar fuertemente sobre lo ocurrido en esa sala, Ughbert empezaba a ponerse un poco ansioso porque en algún momento se le acabarían las excusas buenas.
—Bueno, supongo que le voy a tener que creer, un caballero debe ser educado al comer y es probable que no haya dejado migajas, pero lo del té derramado es raro... huele algo fuerte...
—Ah... eh... confieso que echamos un poquito de licor... No se lo digas a mis padres...
—¿Era eso...? Bien, me mantendré callada, quizá ese secretillo no haga daño a nadie...
Ahora de nuevo el ambiente se quedó tranquilo, Greta creyó a Ughbert por el momento, él se sintió aliviado, pero no pensó que algo como las marcas de las tazas y platos en el mantel le fuera a delatar, debía ser más cuidadoso en un futuro.
La muchacha miró por la sala más detenidamente por si algo se le escapaba, pero no vio nada que le hiciera sospechar, así que se acercó a Ughbert otra vez.
—Aquí no hay nada relevante para el caso, solo se ha descubierto que usted bebe a escondidas, aunque es complicado que no se sienta tentado viviendo literalmente en una fábrica de ginebra.—La rubia se rió de manera coqueta, de nuevo cambiando su actitud para verse nuevamente alegre ante el chico, que trataba de mantenerse alerta por cualquier cosa que ella hiciera, sabía que trataba de incriminarlo en algo.
—Sí... la verdad es que solo quiero que se me vea como más adulto, eso es todo.—Respondía Ughbert de manera contundente.—Me asignaron otra niñera y tengo casi dieciséis años, es absurdo...
—Supongo que sus padres no le dejan crecer por miedo a perder a su niño... aunque la verdad es que se está convirtiendo en un apuesto hombre...—Greta intentó aproximarse más al muchacho de pelo negro, y este retrocedía un poco a su vez, aunque acabó tocando con su espalda contra la silla de la mesa de costura, y ella aprovechó para quedarse casi pegada a él, mirándole muy de cerca a los ojos, con un rostro amenazante otra vez.—Solo espero que esa idea en tu cabeza no te haga hacer locuras por nadie...
—¿Tú entiendes el concepto de ''espacio personal"?—Preguntó Ughbert, sintiéndose cada vez más incómodo y enfadado, además se sentía muy confuso ya que Greta cambiaba de ánimo cada varios segundos, haciendo que se inquietara y no supiera ya cómo responder, así que le puso una de las manos en el pecho despacio para alejarla.—Te pido amablemente que te apartes, para interrogar a alguien no hace falta esto.
—He visto interrogatorios de todo tipo, y algunos son muy violentos...—La rubia de ojos ámbar acabó por apartarse del contrario, poniéndose neutral.—Han desaparecido muchas personas en poco tiempo en esta mansión, todos empleados, tanto usted como Lizbeth son los más sospechosos, así que estaré vigilando siempre que pueda.
—¿Me estás amenazando? Me da igual la presión que quieras ponerme encima, pueden haberse ido por mil razones, o alguno de los otros ha podido traicionarles, ¿qué sé yo?
—No es una amenaza, señorito Zondervan, solo hago mi trabajo, tómelo como usted quiera... Pero esa joven, Lizbeth, puede ser la causante de todo, y, o bien usted está intentando encubrirla porque le ha convencido, o aún no se ha dado cuenta.
—Puedes pensar lo que quieras, pero Lizbeth no ha hecho nada malo delante de mi y sé que por detrás tampoco, y ahora, si ya hemos terminado esta tontería, me gustaría irme.—Ughbert no esperó respuesta y caminó con Hobo en las manos hacia la puerta de la habitación.
—Es evidente que tengo que preguntar qué has estado haciendo estos días y y los momentos en los que desaparecieron los empleados, pero se lo dejaré a un profesional...—Refunfuñó la rubia, siguiéndole frustrada, y él no le respondió, solo abrió la puerta y se marchó al salón para reunirse con sus padres otra vez.
Ambos llegaron al salón, la chica solo fue a hablar con su padre sobre lo que hablaron, y Ughbert no dijo nada, solo pensó en lo que debería hacer a partir de ese momento, sabía que esa muchacha iba a ser un gran problema, además igualmente le iba a tocar otro interrogatorio, bastante más pesado.
Después de hablar un poco más sobre lo que supuestamente hizo Ughbert en ausencia de sus padres, decidieron no decir nada más hasta que se acabara el interrogatorio y
volvieran todos los agentes, Lizbeth también se mantuvo callada para no
hacer sospechar a nadie, pero Hobo fue con ella y le contó lo sucedido. Evidentemente a Lizbeth le sentó muy mal oír que esa niñata trataba de incriminarla a ella y a su chico, pero intentó verse calmada porque sabía que muchas personas sospechaban de ella y de su relación con Ughbert.
Los Zondervan acabaron pidiendo el desayuno a los sirvientes mientras la policía acababa, y mientras cocinaban y ponían las cosas eran vigilados por Van Dijken por si algo ocurría.
Pudieron desayunar al menos yendo al gran comedor, Ughbert estaba muerto de hambre y no había podido comer nada desde que se levantó, estaba de tan mal humor que no volvió a decir ni una sola palabra a nadie, solo se limitó a comer y a pensar en lo ocurrido. Lizbeth estaba preocupada, también sospechó que esa muchacha planeaba algo raro, quería hablarlo con Ughbert, pero estaban sus padres delante todavía, y también el detective y su hija. Otro de los detectives estaba en la planta subterránea de la mansión para vigilar a los sirvientes mientras por su parte tomaban su desayuno, y ya cuando todo el mundo acabó volvieron al salón para empezar los interrogatorios oficiales.
Continuará.