miércoles, 25 de diciembre de 2019

Capítulo 14: Ventisca

Pasaron dos días después de que Lizbeth supiera cosas sobre Ughbert y él, gracias a Hobo, supiera también que ella lo sabía, por eso ahora el chico debía ir con mucho más cuidado. Esos días fueron un poco más tensos de lo habitual, puesto a que el servicio ya se había dado cuenta de que ni Ben y Meike se encontraban en la mansión, no dejaron ni una nota de despido ni nada. Ahora de la caldera se encargaba Izaäk, los restos de los cadáveres habían sido totalmente reducidos a cenizas y nadie descubrió el crimen, nadie podía vincular nada al adolescente.
Al parecer los planes del servicio cambiaron, no podían continuar con su plan sin ellos y sin saber si los iban a delatar o qué iban a hacer fuera de la mansión, Hobo comunicó al chico que ellos retrasaron el ataque a la familia Zondervan y este se relajó un poco, aunque eso no impidió que Ughbert quisiera continuar con su trabajo, de hecho había algo que le hacía volver a querer matar, y rápidamente se puso a pensar en quién sería el siguiente y cómo lo liquidaría.

Era por la tarde después de la comida. Lizbeth le dijo al muchacho que iría a descansar a su habitación, y que si necesitaba algo que se lo dijera, y este vio una oportunidad de oro para hacer de las suyas. La pelirroja se sentía cohibida y con miedo, por eso intentaba no estar tan encima de Ughbert, aunque a escondidas le vigilaba para evitar que hiciera algo malo, y como no había vuelto a hacer nada extraño quiso ir a descansar. Echó el cerrojo a su cuarto habiéndole dicho al muchacho de cabello negro que llamara fuerte a su puerta si la necesitaba, este aceptó rápidamente, pues quiso aprovechar esto y de paso dejar descansar a su nanny.
Él, que no había salido a la calle en días desde que fue a la nieve con ella, optó por ponerse una gabardina y salir a su nevado patio trasero para pasear y aclarar su mente. Hobo como de costumbre le siguió, tenía nuevas noticias para su amo, así que por allí podían hablar sin problemas.
Una vez ambos estuvieron en la destilería de ginebra, donde murió Patricè, ellos se sentaron en el suelo en una parte bastante escondida y oscura, así también refugiándose del frío.

—¿Qué querías decirme, Hobo?—Cuestionaba el chico, mirando a la rata marrón.

—''Como sabes, tus sirvientes han aplazado su plan,—Respondía ella, mirándole fijamente.pero Satán necesita que bajes igualmente a verle, con poderes te puedes librar de que te pillen más de una vez''.

—¿A qué te refieres? No termino de entender eso... ¿Y cómo puedes hablar con él? ¿Por telepatía?

—''A ver, te lo explicaré: yo puedo bajar al Infierno a través de portales que hace el Señor con el poder que tiene, al ser poco son pequeños, pero lo suficiente grandes como para que yo pueda pasar cuando me llama, generalmente lo hace por las noches cuando todos duermen para que no se vea, y allí me informa de todo lo que hablan a escondida esos... humanos, por eso tú nunca lo has visto y yo lo sé todo desde antes de que te enteraras, pero cuando Satanás tenga un poco más de poder con el siguiente asesinato que cometas podrá hacerlo lo suficientemente grande como para que tú pases, entonces después de eso recibirás el poder que te corresponde y serás imparable''.

—Vaya... ¿No es peligroso ir allí?

—''No, al principio tendrás mucho calor, pero una vez seas convertido ya no lo sufrirás, todo te lo explicarán una vez llegues, así que no te preocupes''.

—¿Convertido? ¿M-me van a convertir en una especie de demonio?

—''Mitad demonio para ser exactos, pero tranquilo amo, tu lugar sigue estando en la tierra, además tienes trabajo que hacer aquí... Ahora ponte alerta, alguien viene''.

Ughbert se quedó callado, escuchando cómo la puerta de la destilería se abría y alguien caminaba por allí.

—¿Señorito Zondervan? ¿Está usted aquí?—Preguntaba el que parecía ser Izaäk. El llamado se levantó del suelo y salió de su escondite, mostrándose ante su joven sirviente.

—''Vaya, es el lavaplatos otra vez, pero sabes, es el único que se mantiene firme y se niega a participar más en todo esto''.

—¿Me buscabas?—Ughbert tuvo que ignorar a la fuerza lo que Hobo le dijo para acercarse al chico rubio, aunque mantuvo una expresión seria a pesar de que por alguna razón se sintiera bien al verle a solas, era casi la misma sensación que tenía al estar con Lizbeth, pero menos intensa.

—Sí, bueno, le vi entrar aquí solo y me preguntaba si le ocurría algo... me preocupa que alguien venga aquí solo sin motivo después de lo ocurrido.

—Lo entiendo, pero puedes mantener la calma, no planeo quitarme la vida si eso es lo que te apura. Vine aquí a pasar un rato con mi mascota, estar encerrado en casa tampoco me sienta bien.

—Menos mal...—Izaäk suspiró aliviado y se puso la mano en el pecho mirando hacia abajo, aunque después volvió a mirar a Ughbert a los ojos y se sonrojó.—También... quería hablar a solas con usted a cerca de... bueno...

—¿El beso? Yo también quería hablar sobre ello.—Al rubio no le dieron buenas vibras al ver que el moreno se mantenía serio y frío y mantenía la distancia con él.

—¿Qué opina...? ¿Le resultó placentero...?

—...Sí, la verdad es que me gustó, no voy a engañarte, pero espero que no hayas ido diciendo por ahí que te he besado, Holanda es muy pequeña y los rumores se disparan como la pólvora.

—¡No pienso comentar nada, puede confiar en mi!—Se le iluminó la cara al joven sirviente y sonrió ilusionado.—A mi también me gustó que usted me besara... La verdad es que pensé que me golpearía y me despediría al decirle aquello...

—Normalmente no despido a nadie por declararse ante mi, no despedí a Lizbeth cuando casi lo hizo, solo le pedí que mantuviera las distancias a unas más profesionales.

—¿Lizbeth se le ha declarado?

—Eso no importa ahora, Izaak.—Ughbert le agarró de la mano y le pegó a una pared despacio y acorralándole, mirándole fijamente.—¿Qué quieres de mi? Eso es lo que quiero saber.

—Eh... Ya se lo dije, solo deseo divertirme con alguien que me atrae... ya sabe...

—¿Y exactamente cómo quieres divertirte conmigo? Me temo que no sé demasiado sobre relaciones.

—Yo le puedo enseñar, señorito, solo debe confiar en mi.—Izaäk acarició la cara de Ughbert y esta vez fue él el que decidió besarle. Ahora ambos se besaban mutuamente y se acariciaban, el moreno se sintió bastante bien al hacerlo, era una lástima que aquello a largo plazo no pudiera funcionar.

Hobo miraba aquello desde el suelo riéndose por dentro, aquello le extrañó, ya que pensaba que eso sucedería antes con Lizbeth que con otra persona, y menos con un chico del servicio.
Después de un rato besándose y acariciándose mutuamente, se separaron y se miraron sonrojados. Izaäk se fijó en la nariz de Ughbert y le acarició despacio.

—¿Le sigue doliendo?—Preguntó el sirviente aún cerca del otro.Parece que los moratones se están yendo.

—No me duele casi... pero, ¿a qué viene eso ahora?—El de cabello negro rió un poco coqueto, aunque en parte era fingido para no hacer saltar las alarmas al rubio cenizo.—Me da vergüenza recordar cómo me hice ese golpe...

—Señorito... ¡¿Está riendo?! J-jamás le he visto ni siquiera sonreír...

—Ya te lo dije una vez: las personas cambian, y más cuando conocen a otra que les gusta...—Ughbert, intentando ser seductor, puso sus dedos en la barbilla del joven sirviente y volvió a besarle los labios, después bajando hasta su cuello por puro instinto y dándole besos también.

—S-señorito...—Jadeó estremeciéndose Izaäk, poniéndose una mano en la boca, a lo que el de ojos grises se acercó a su oído y le susurró:

—Puedes llamarme Ughbert simplemente, no me gustaría que esto fuese tan formal, al menos en privado.—Al acabar de hablar se separó de él, y este se quedó apoyado en la pared, mirándole bastante enrojecido y sorprendido, respirando entrecortado ante la soltura del hijo de los barones Zondervan, pues siempre le creyó serio, reservado y algo tímido, pero parecía saber cómo encender la primera chispa de la llama de la pasión, aunque realmente al moreno no sabía gran cosa, pero sabía desenvolverse ante una situación así aún si haber experimentado nada antes.

—Vale... Ughbert... Entonces... ¿Quieres que esto llegue a más? ¿No te importa que te llame de tú?

—Claro que no me importa, y llegará a lo que quieras que llegue... pero mientras sea privado, insisto.

—Sé la importancia de la privacidad en estos casos, obviamente la sociedad está en nuestra contra, mostrar ese tipo de afecto en público puede ser fatal para ambos, así que mi boca estará cerrada... al menos solo para decir cosas...—Izaäk se puso de rodillas frente a Ughbert, teniendo su cara justo enfrente de la entrepierna del adolescente.—Déjame complacerte... seguro que te gustará.

Ughbert se quedó en blanco, no sabía qué responder o qué pretendía aquel chico, aunque se imaginaba algo vagamente.

—¿Qué quieres hacer exactamente...?

—Oh, vamos, ¿eres tan inocente ahora como no saber qué quiero decir? Quiero darte placer con mi boca aquí...—Directamente el muchacho del servicio puso su mano derecha sobre el leve bulto que se le marcaba al contrario en sus pantalones y apretó un poco, no estaba erecto, pero si él seguía así lo acabaría estando.¿Me permites?

—Q-qué obsceno...—El de pelo negro miró a otro lado muy avergonzado y se quedó bastante serio, aunque le daba curiosidad saber cómo se sentía, pero le daba mucha vergüenza hacer aquello, y más allí dentro casi en público, que aunque la destilería estuviese cerrada por aquel momento, siempre podía entrar cualquiera de repente, y Ughbert no se sentía nada seguro.

—¡Ah, p-perdón!—Izaäk se levantó del suelo de inmediato disculpándose.—Me he dejado llevar por el momento... p-pensé que...

—E-escucha, Izaäk, sé que eres un poco mayor que yo y sabes más cosas, pero espero que comprendas que yo ahora mismo no estoy muy seguro, quiero decir... me pareces atractivo y realmente me ha gustado todo esto, pero este no es el mejor lugar, hace frío y puede entrar cualquiera... ¡Además vas demasiado rápido! Y-yo jamás he tenido ninguna experiencia amorosa, y menos con un varón...

Ughbert no pudo evitar mirarle de nuevo, ambos tenían la cara enrojecida por la situación y se sentían ardiendo, Izaäk estaba realmente excitado, sin embargo Ughbert quería poner más excusas para tener otras posibilidades, y no precisamente para pasar un rato placentero con él. El rubio se quedó en silencio algo cortado por haber ido tan deprisa, realmente no esperó que eso pasara y que Ughbert aceptara tan abiertamente que le gustaban otros chicos, el pobre solo quería aprovechar.
A Hobo le estaba encantando el espectáculo, su dueño le daba cada vez más sorpresas, pero no se imaginaba que se pusiera digno en ese momento.

—''¿En serio acabas de rechazar una felación?—Le preguntaba ella en tono jocoso.Estoy empezando a dudar de ti como demonio, jujuju...''

—Perdóname, no quería importunarte ni mucho menos...—Contestó el ayudante de cocina tras un largo e incómodo silencio.—Tienes razón, he ido muy rápido, no quería asustarte, e-estoy algo avergonzado ahora mismo.

—Yo también lo estoy, pero puedo llegar a entender por qué lo haces, las personas tenemos impulsos que nos hacen querer actuar...—Ughbert recordó cuando le dijo a Lizbeth que ellos se miraban de una manera especial y ella quiso decirle algo relacionado con ellos dos pero él la interrumpió negándolo todo, quizá no debió hacerlo.—¿Y sabes qué? Si no lo haces te quedarás con la duda de qué habrá pasado si no has hecho algo que querías, aunque las consecuencias sean malas, es experiencia en tu vida.

—Eres sabio para unas cosas pero no para otras, es algo extraño, la verdad, porque eres muy inteligente.

—Porque soy un bicho raro, mis padres han querido preservar mi pureza al contrario que otros chicos.

—No... eres un genio.—Izaäk sonrió y se acercó al moreno agarrándole las manos y besando su mejilla.—Realmente sé que eres un chico maduro y ejemplar, he oído a Lizbeth muchas veces decir lo maravilloso que eres... y no sé, quizá las cosas puedan ir mejor con ella que conmigo...

Ahora el que se quedó callado fue Ughbert, básicamente le estaba diciendo que se fuera con ella, pero eso era algo de lo que él no tenía duda, al menos se dio cuenta en ese momento.

—¿Qué...? ¿Por qué dices eso?—Pudo cuestionar confuso el de ojos grises.

—Estar conmigo te dará placer un tiempo y quizá algo de felicidad, ir con ella puede dártela el resto de tu vida, y sin tener que esconderos...—Izaäk suspiró triste y le soltó las manos, apartándose de él.—Tengo que volver al trabajo... ahora tengo que hacer más cosas, ya nos veremos... señorito Zondervan.

El rubio se despidió con la mano y sin decir nada más se marchó de la destilería volviendo a cerrar la puerta. Ughbert quedó confuso y también cabizbajo, se apoyó en la pared y caviló acerca de lo que acababa de pasar.

—''Espero que ese no te esté ablandando,—Habló la rata a su dueño.es tan culpable como los otros aunque no esté haciendo nada, solo te está distrayendo''.

—¡Ya lo sé, cállate!—Vociferó el chico, empezando a enfadarse.—¡¿Por qué rayos llega hasta el extremo de querer... lamer mis genitales?! ¡¿Qué clase de estrategia es esa?!

—''No creo que sea una estrategia, creo que te la quería chupar de verdad porque le gustas, no está fingiendo eso...''

—¡¿Entonces por qué mete a Lizbeth también?! ¡Él mismo ha dicho que esto sería solo placer y nada más! ¡Actuaba como si se hubiera enamorado de mi!

—''En eso concuerdo, ha actuado un poco raro, pero cálmate, ¿a caso estás sintiendo algo por él? Eso ha sido muy apasionado.''

—No siento amor, me gusta haberle besado, no me he sentido mal al hacerlo, pero en la biblioteca el otro día dijo bien claro que podía ser solo placer y yo di por hecho que esto era solo eso, yo... yo amo a Lizbeth.

—''Oh... vaya, que confesión tan espontánea, deberías decírselo, ella también''.

—¿Con todo lo que sabe de mi? Debe pensar que estoy chiflado, si en algún momento ha sentido algo por mi seguro que todo este asunto le habrá hecho cambiar de opinión... ¡Joder!—El chico movió su brazo a un lado golpeando con el puño la pared de madera, aunque luego al quedarse callados los dos escuchó cómo fuera un viento bastante fuerte golpeaba los tablones de la cabaña donde estaba la destilería instalada y los hacía crugir y moverse, entonces Ughbert fue a mirar hacia la ventana y observó que se había desatado una ventisca, debía volver a la mansión antes de que el camino se tapara y el viento huracanado y la nieve no le dejaran ver, o en todo caso esperaba que no le cayera encima nada.

—''Nunca te había escuchado decir una palabra malsonante tan fuerte como esa, realmente estás fastidiado.''

—Lo estoy, Hobo, pero ahora nos preocupa otra cosa; hay una ventisca muy fuerte, no sé si esperar a que amaine un poco o ir ya con cuidado.

—Ah, si ya fueras mitad demonio podrías derretir la nieve a tu paso...

—¿En serio?

—Claro que no, simplemente sal y ya está, Satán te protege, no vas a morir por una ventisca.

Ughbert bufó y caminó hasta la puerta de la destilería que permanecía cerrada, tenía intención de abrirla, pero antes de eso agarró a Hobo.

—Anda, agárrate fuerte a donde sea, voy a salir.—Advirtió a la rata, y esta se metió en su gabardina, escondiéndose en un bolsillo interior que había, y una vez lo hizo, el chico abrió las puertas y salió.

Una fuerte ráfaga de viento le azotó en la cara, haciendo que este frunciera el ceño, le había dado todo el frío en la cara, y decidió ponerse el brazo derecho ante esta para que no le volviera a pasar y así viera mejor.
Caminó entre el pesado manto de nieve que tenía su jardín, casi arrastrando sus pies por culpa de la ventisca, y poco a poco empezó a ver la fachada de su mansión y buscó una puerta por la que poder acceder a dentro, sin embargo, antes de hacerlo se fijó en que en el suelo había una persona tumbada boca abajo, a la que le estaba enterrando la nieve poco a poco, y el chico se agachó al lado de aquel cuerpo para ver de quién se trataba. Ughbert apartó la nieve de encima de aquella persona y pudo ver que se trataba de su sirviente Izaäk, que al parecer sufrió un accidente antes de llegar a la casa, pero el adolescente de cabello negro no pudo ver ninguna herida a simple vista.

—Izaäk... ¿Estás bien? Levanta...—Le hablaba algo preocupado a su sirviente mientras le zarandeaba un poco con las manos para que se moviera o dijera algo, pero el rubio platino parecía inconsciente.

—''¿Qué pasa, amo?''—Hobo salió levemente de su gabardina, pero el viento era muy fuerte y no pudo ver nada.—''¡Aay, entra rápido! ¡Este viento es insufrible!'' —Espera, Izaäk está aquí, tengo que llevarle a dentro, le ha pasado algo.

—''Déjale aquí y que se muera de hipotermia, así tienes menos a quien matar''

—No voy a hacer eso, no es el momento ni el lugar para dejarle morir...—Ughbert agarró como pudo a Izaäk e intentó levantarlo, aunque esta vez se le hizo más fácil, pues el chico era delgado y el moreno ya había trasladado otros cuerpos más pesados antes. Pudo casi ponerle en pie y avanzar torpemente hasta la puerta.

Finalmente pudieron entrar a la mansión junto a un montón de nieve que caía de sus atuendos y cabellos, dejando pisadas blancas en la moqueta de la sala. Justamente una sirvienta de cabello rizado y marrón oscuro, parcialmente oculto por su cofia blanca, estaba por allí limpiando el polvo con un plumero, y al oír entrar a Ughbert de sopetón, miró hacia él dándose cuenta de que cargaba a Izaäk haciendo un esfuerzo obvio.

—¡Signore Hugoberto! ¡¿Qué ha pasado?!—Exclamaba esta con un marcado acento italiano, corriendo hacia ellos.

—Antonella, llama al doctor Smith, he encontrado a Izaäk desmayado fuera... no sé qué le ha pasado.—Contestó Ughbert, intentando mantenerse tranquilo, dentro de lo que podía, aquello podía hacer que el resto del personal sospechara de él, aunque no hubiera hecho nada esta vez. Despacio dejó al chico en un sillón recostado e intentó mirarle para ver si le ocurría algo, pero seguía sin ver ninguna herida en su cuerpo.—No parece estar herido por ningún lado, pero estoy seguro de que le pasa algo...

—''Claro que le pasa algo, uno no se desmaya porque sí...''—Hobo asomó su cabecita marrón por la gabardina de nuevo y decidió saltar al suelo de ella para mirar mejor la escena.

Ughbert gruñó, ahora no podía decir nada, pero la criada salió corriendo de la sala hacia el teléfono más próximo y así llamar al doctor familiar.

—¿Y ahora qué hago? ¿Y si piensan que he sido yo?—Cuestionaba en bajo en chico, mirando a la rata, mientras intentaba quitarle la nieve de encima al otro adolescente de cabello platino.

—''Literalmente no tienen nada que usar de prueba contra ti,—Respondía Hobo, subiéndose al pecho de Izaäk.además no está muerto, le oigo respirar, si despierta él mismo dirá que se desmayó en mitad del patio''.

—Tienes razón, voy a calmarme...—Ughbert se quitó el guante de la mano derecha y le puso esta en la frente al chico, el lacayo estaba ardiendo, así que se preocupó aún más por él.—Creo que tiene fiebre... Esperemos que con esta ventisca el medico pueda llegar rápido.

—''¿Por qué te preocupas por él? Recuerda, quiere robaros y mataros, como todos los demás''.

—Eres tú la que me dice que él siente algo por mi y que no quiere hacerlo, solo tenemos que llevarlo a nuestro terreno...

—''Ughbert, no, tenemos bastante con Lizbeth, los dos sabemos que tarde o temprano descubrirá todo esto...''

—No digas eso...—El joven de cabello negro tuvo que dejar de hablar porque oyó unos pasos llegar apresuradamente a la sala donde estaban, concretamente de varias personas: Douglas Jefferson, el mayordomo, Claire Collins, el ama de llaves, y Lizbeth, quien iba separada de ellos algo más atrás.

—¿¡Qué ha sucedido?!—Exclamó la mujer de mediana edad, con un tono entre asustado y molesto.—¡Antonella ha ido gritando por ahí hasta llegar al teléfono y no he podido entender nada! ¡Estaba balbuceando en italiano!

—Me he encontrado a Izaäk inconsciente en el suelo, no tiene heridas, pero está muy caliente.—Explicó Ughbert, con seriedad, poniéndose frente a ellos, luego miró de reojo a la pelirroja, que miraba atentamente al adolescente de vuelta con incredulidad y miedo.—Le he pedido a Antonella que llame al doctor Smith.

—Va a tardar un poco con este temporal, hay que trasladarle a su alcoba y cambiarle de ropa por una que no esté empapada.—Aconsejaba el mayordomo principal de la casa, yendo hacia el sofá donde descansaba el otro chico, y cargándole en brazos para llevarle con más facilidad. Tras ello miró de manera amenazante a Ughbert, como desafiándole con la mirada y acusándole de aquello.—Y le recomiendo a usted, señorito Zondervan, que también vaya a cambiarse, casualmente también está lleno de nieve, es evidente que ambos estaban ahí fuera, haciendo a saber qué.

—No te incumbe lo que yo haga en mi jardín, mayordomo entrometido.—Contestó con la misma frialdad el joven de ojos grisáceos, sin achantarse ante el adulto.—Apresúrate en llevar a Izaäk, se ha convertido en mi amigo y no quiero que le pase nada, y como sigas así acabaré dándole tu puesto.

El chico le dio la espalda y se fue caminando hacia la puerta opuesta a la que entraron los tres sirvientes. Hobo y Lizbeth siguieron al señorito de la casa con rapidez hasta que pudieron alcanzarle, y juntos empezaron a subir las escaleras.

—Ughbert... Si ha pasado algo más entre tú y ese chico quisiera que me lo comentases...—Se dirigió la de ojos marrones a este, hablando de forma directa, pero temerosa.

—¿A qué viene eso ahora?—Él se detuvo en mitad de las escaleras, clavando sus pupilas en las de ella.

—No lo sé... solo quiero saberlo... últimamente siento todo muy extraño contigo.

—Hablaremos de ello en mi habitación, debo cambiarme, además no quiero que los sirvientes sepan de mi vida más aún.—Dejó de mirarla y siguió subiendo hasta el piso de arriba, y una vez allí, caminaron hasta la puerta de la habitación del chico y entraron, cerrando tras de sí con el cerrojo, cosa que preocupó a la pelirroja.

El muchacho de cabello negro no dijo nada y solo comenzó a quitarse la gabardina llena de nieve con la que había estado fuera rato antes, y Lizbeth, también callada, se acercó despacio a él y acercó su mano a Ughbert.

—¿No quieres ni siquiera mi ayuda ya...?—Cuestionó cabizbaja.

—Siento que me tienes miedo, tu cara al mirarme no es como antes, eso es lo que hay de extraño entre nosotros.—Respondió directamente él.—¿Qué te han dicho esos mequetrefes para que me temas?

—No ha sido la servidumbre... sabes que les caigo mal y no me hablan, ya ni siquiera paso por la planta baja. Solo pienso que fue precipitado lo que te dije y puede que no quieras un trato tan cercano conmigo... Pero no tengo miedo...—Lizbeth miró a otro lado, porque en parte le estaba mintiendo, sí tenía miedo, y esa situación le ponía en tensión, más la mezcla de sentimientos que tenía al haberse enamorado de él.

—¿Por que apartas la mirada al decir justamente eso? ¡Sí me tienes miedo!—Él le dio la espalda apretando los puños y se quitó el pañuelo con rabia tirándolo al suelo junto a su broche.—¡Hobo te escuchó hablar con Matilde!

Ahí los tres se quedaron petrificados, Ughbert porque sabía que había dado un dato muy revelador, Hobo porque su dueño había fastidiado todo, y Lizbeth porque supo que era cierto que la rata tenía algo que ver.

—¿Hobo...? Espera... ¿Qué crees que escuchó Hobo...? No entiendo...

—''¡No digas nada más, desquiciado! ¡O tendrás que matarla!''—Chillaba el roedor corriendo hacia los pantalones del chico, se enganchó a su pierna derecha, y arrastró sus patas con sus pequeñas uñas sobre la tela morada de la prenda, incluso emitía chillidos que la joven también podía escuchar.

—¡Cállate! ¡No debiste decirme nada! ¡Rata estúpida! ¡Vuelve al infierno!—Ughbert vociferó hacia su mascota enfadándose con creces. Aunque luego miró a Lizbeth, que estaba casi temblando al ver aquello con sus propios ojos, su corazón se había encogido de lo repentino que había sido aquello, no podía creer la situación en la que se metió, ahora sí tenía motivos reales para tener miedo.—¡Ella se metió contigo en mi clase cuando fuiste a hablar con Matilde y luego me dijo que le contaste que me oías hablar con ella! ¡¿Desde cuando lo haces?! ¡Respóndeme Lizbeth!

—Y-yo... C-creo que tienes un problema mental, ¡no estás bien!—Respondió finalmente la de ojos castaños, rompiendo en llanto.—Yo te quería proteger, te quería cuidar y... quería estar contigo mucho tiempo, pero he estado viendo y escuchando cosas que no me han gustado nada... Cosas sobre... asesinatos... Hay dos personas desaparecidas en la mansión, Ughbert. Y ahora casualmente te han sorprendido con Izaäk inconsciente, estoy empezando a temer por mi vida aquí...

Ella se puso de rodillas en el suelo y se tapó la cara con las manos, llorando cada vez más fuerte. Ughbert se quedó inmóvil, ver aquello le dolía más que nada en el mundo, entonces también empezó a lagrimear sin poder evitarlo. Sacó un pañuelo de seda de su bolsillo y se puso en cuclillas frente a Lizbeth, tendiéndoselo.

—Al principio yo también pensé que estaba loco, oír hablar a una rata no es normal, y menos oír lo que ella me decía, yo también estaba asustado, pero no soy yo, realmente es ella.—Intentó explicarse el moreno, secándose las lágrimas con el dorso de la mano. Ella levantó la cabeza y agarró temblorosa el pañuelo que este le había dado, no entendía nada, y por supuesto no le terminaba de creer, era todo muy disparatado.—Es evidente que algo está pasando aquí, y no, no soy yo, lo repito, Hobo puede hablar y pensar por sí misma, no es una simple rata amaestrada, si no, ¿cómo es posible que me haya podido decir lo que hablasteis tú y mi institutriz? Yo estaba en el comedor en ese momento, además desde fuera no hubiera podido oír la conversación tan claramente. Así que, me hubiese gustado más estar loco que estar en la situación en la que estamos ahora mismo, y cuando lo sepas todo lo comprenderás.

Ella no dijo nada, solo se levantó mientras se secaba las lágrimas, con cara de trauma profundo, y acto seguido miró a la rata, que se había metido en su jaula, mirándolos a los dos en absoluto silencio, Ughbert sabía que aquello terminó de quebrarlo todo, ahora había dos opciones: Convencer a Lizbeth de todo el asunto, o... acabar con ella.

Continuará...