Amaneció otro día más en la mansión Zondervan. Los trabajadores comenzaron sus labores del día tras levantarse y desayunar, para hacerles temprano el desayuno a Ughbert y a Lizbeth. Ellos dos se habían levantado ya, aunque el chico no había podido dormir, sin embargo permaneció en su cama pensando hasta las siete de la mañana, empezó a tener hambre y no tuvo más remedio que salir para desayunar. Su nueva niñera estaba esperándole en la salita en la que solían desayunar, y cuando Ughbert entró ella le vio y le saludó con la mano, sonriente.
—Buenos días Ughb...—Ella se calló en cuanto vio al chico acercarse, su expresión alegre cambió cuando se dio cuenta de que tenía la nariz hinchada y morada, también por debajo de sus ojos un poco, y sus ojeras estaban bastante más marcadas. La pelirroja se levantó deprisa del sillón donde estaba sentada le agarró la cara, mirándole de cerca—¡¿Qué te ha pasado?!
—Tranquila... me he golpeado muy fuerte contra uno de los palos del dosel de mi cama al levantarme deprisa para ir al baño en la noche.—Contestó habiéndose inventado todo para que pareciera creíble.—Al estar a oscuras no lo vi... Realmente soy un patoso.
—¿Y por qué no me has llamado para curarte? Debe de dolerte mucho...—Lizbeth le acarició la mejilla con cariño, bastante preocupada, se tragó la versión de Ughbert, no se puso a pensar mucho en ello, pues solo le preocupaba su salud.
—Sí, me duele y no pude dormir muy bien después, pero no quería molestarte, y tampoco confiarle esto a nadie más.
—Pues debes decirme lo que sea a mi, no te diré nada malo y no me vas a molestar, este es mi trabajo, debo cuidarte.
—La próxima vez te lo diré...
—Genial, ahora siéntate a desayunar, yo te traeré un poco de nieve o hielo en una bolsita de tela para ponértela ahí, así bajará la inflamación.
Ughbert asintió y se sentó como le dijo ella para empezar a comer, ya que había llevado su desayuno ahí poco antes sabiendo la hora a la que él se levantaba. Entonces Lizbeth salió por la puerta rápidamente para ir a buscar lo que le dijo al adolescente de cabello negro dejándolo a este solo, ya que Hobo se había ido a robarle las llaves a Claire pero no había vuelto, y eso le extrañó al muchacho, se preocupó de que la hubieran pillado y le hubieran hecho algo, pero su mascota sabía lo que hacía y confiaba en que pudiera hacer aquello.
Unos minutos después, Lizbeth volvió a la sala con una bolsa de tela marrón en una mano, cerró la puerta y se acercó a Ughbert, aunque no hizo nada todavía ya que él estaba desayunando aún. Este estaba tomándose un té negro con unas tostadas como de costumbre, y aunque no había acabado, se limpió la boca con una servilleta de tela y miró a su niñera, pero se mantuvo en silencio.
—¿Ocurre algo...?—Preguntó ella, algo inquieta, se dio cuenta de que Hobo no estaba con él, y eso era inusual.—Por cierto, ¿dónde está Hobo?
—No lo sé, y básicamente eso es lo que me ocurre, estoy un poco preocupado, más por ella que por mi nariz.—Contestó este, y ahí sí estaba siendo sincero.
Al escuchar esa respuesta del chico, la pelirroja se dio cuenta de que apreciaba mucho a su rata, a pesar de las cosas que aparentemente esta le decía a él, pensó en espiarle una vez se reuniera con ella de nuevo para saber cómo estaba ese asunto, Ughbert parecía comportarse normal, pero Lizbeth seguía teniendo en cuenta lo que escuchó aquellas veces en que sorprendió al joven hablando con su rata.
—Bueno, supongo que volverá,—Concluyó ella, tratando de esperanzar y animar al muchacho de cabello oscuro.—ahora, si no vas a comer más te voy a poner esto antes de que se derrita, es un trozo de hielo que he cogido del jardín, con las heladas mañaneras hay mucho.
Ughbert volvió a asentir sin decir nada más y entonces la niñera se acercó a él con la bolsa y se la puso despacio en la nariz al chico, esta no ocupaba mucho, era una bolsa pequeña. Él cerró los ojos, poco a poco sintió alivio, también le resultó bastante frío, pero se aguantó para curarse antes. No le dolía tanto como para pensar que se rompió la nariz, pero Lizbeth pensó que quizá se estaba haciendo el duro y no quería decir cuánto le dolía.
—Si no se te pasa tendré que avisar a un médico, tal vez te hayas fracturado la nariz o algo.—Volvió a hablar la pelirroja de ojos castaños, apartando la bolsa de la cara del muchacho un momento para mirarle mejor.
—No creo que haga falta, pero si lo ves necesario llamaremos a nuestro médico personal, ahora con el teléfono es bastante fácil.—Ughbert no quería avisar a nadie por si entorpecía su labor, sin embargo sería más complicado seguirla si estaba herido o le ocurría algo peor.
—Bueno, de momento tú ponte esto en la nariz cuando sientas dolor y poco a poco esa hinchazón bajará. Pero por favor, no te guardes nada, es decir, si te duele mucho y no se te pasa dímelo independientemente de la vergüenza que te pueda dar admitir algo así...
Ughbert miró a su nanny y se rió, ella le había visto sonreír antes, pero no reírse, y eso le hizo sonrojarse a la muchacha.
—Tranquila, no te avisé por la noche porque no quería interrumpir tus horas de sueño, no porque tuviera vergüenza,—Contestó con una leve risa el adolescente, aunque pronto se puso serio de nuevo.—te he contado cosas que deberían dármela mucho más, como lo de la bañera... y esto es un problema de salud, a todo el mundo le da miedo morir por algo antes de tiempo, por poca cosa que parezca.
—Tienes razón.—Ella sonrió y se sentó a su lado, mirándole de cerca, algo sonrojada todavía.—Sabes, te ves muy guapo cuando ríes, me alegro de que estés feliz.
—Eso es cosa tuya, lo sabes, tienes algo que me hace querer reír y estar feliz, y te preocupas mucho por mi y por mis sentimientos, Patricè me cuidaba en salud, pero mentalmente me maltrataba.
—Mis métodos son diferentes, supongo, nunca he sido mala con ningún niño o niña al que he cuidado, simplemente fui severa cuando se portan demasiado mal, pero siempre escuchándoles, y con esto no quiero decir que me parezcas un crío o algo así, sólo es que creo que cualquiera merece una oportunidad, tal vez los que son malos o desobedientes lo son por algo, yo intento comprender a los niños y jóvenes, y no sé, tú eres el más mayor al que he cuidado, y cuando te conocí pensaba que iba a ser más difícil que hablases o te expresases conmigo, mas todo es distinto estando contigo, y ha sido fácil ganarme tu confianza en dos días...
—No solo me tratas así porque sea tu trabajo o porque yo sea más mayor que el resto, me he dado cuenta de cómo nos miramos, y si realmente también miraras así a niños más pequeños sería un problema...—Ughbert puso su mano sobre la de Lizbeth, mirándola a sus ojos también, pero estaba algo preocupado, no estaba Hobo para decirle que se detuviera.—De hecho ahora nos estamos mirando así, tú y yo sabemos que esto es algo más que una relación entre niñera y el niño al que cuida, yo no soy un niño, me doy cuenta de las cosas.
—Ughbert... ¿Crees que tú y yo...?—Lizbeth se le acercó un poco poniéndole la mano en la mejilla, pero él se levantó interrumpiéndola y negó, todo eso le estaba llevando a darse cuenta de que estaba enamorándose de ella, pero prácticamente todo el mundo dejó caer que eso no era lo adecuado y además tenía un trabajo en el que ella no podía inmiscuirse o le mandarían matarla para que no le delatara. Se dio cuenta solo de que no debía seguir hablando de aquello, pero cada vez era más difícil para el próximo barón de Zondervan callar sus sentimientos, y más cuando se dio cuenta de que realmente Lizbeth le gustaba, y no solo al nivel de sentirse atraído por su físico o sus insinuaciones como con Izaäk, podía ser amor, pero era pronto para tenerlo claro, y no iba a tirarlo todo por la borda por algo que podía no resultar en el futuro.
—No... Lizbeth, mejor limítate a cuidarme y haz como que no hemos hablado nada de esto.—Masculló frustrado el chico mientras se ponía la bolsa con hielo en la cara, en parte intentando tapársela también al estar muy rojo. Ella al oír eso se levantó bruscamente tras él, mirándole estupefacta. —Espera, ¿qué? S-si has empezado tú el tema...—La muchacha hablaba intentando no trabarse, al parecer eso le afectó y no sabía qué estaba pasando. —¡No soy lo que crees! Y créeme, no te gustaría saberlo. Deberías quedarte con la primera impresión del chico rarito y antisocial al que viste por primera vez. Lo que me pasa a mi es complicado, Lizbeth, tal vez el exterior refleje algo del interior aunque no haya que juzgar un libro por su portada. —No te entiendo... ¿qué quieres decirme? ¿Hay algo más que yo no sepa? —Como he dicho antes: A todo el mundo le da miedo morir antes de tiempo.—Él no dijo nada más y se apresuró hasta la salida, abriendo la puerta y yéndose bastante rápido. Lizbeth no le impidió marcharse, pero esas cosas tan crípticas que le dijo Ughbert le resultaron extrañas y dolorosas por partes iguales. Se puso la mano en el pecho, le empezaron a dar punzadas, se había enamorado de él y le dolió que le rechazara de esa manera tan extraña, y eso que no dijeron las cosas claramente, pero se intuía. Aquello también le hizo sentir ganas de llorar, mas no lo hizo, se mantuvo fuerte y respiró hondo, trataría de olvidar sus sentimientos, porque también estaba el tema de la rata y la aparente locura del muchacho, debía espiarle, no tenía otra opción. Ella se quedó un rato en aquella sala intentando tranquilizarse, mientras, Ughbert se había ido a un pasillo lejano, donde se quedó apoyado en la pared aún con la bolsa de tela con hielo sobre su hinchada y rojiza nariz. Había pasado un cuarto de hora más o menos, el chico moreno de ojos grises también caviló sobre el tema de Lizbeth, no podía olvidar ese asombroso cabello color fuego, esos ojos color café y esas pecas tan adorables que adornaban su cara, ella era preciosa a sus ojos, era una buena persona y se había quedado prendado de ella sin remedio, sin embargo ella no se merecía a un asesino sanguinario como él, un psicópata que quizá se estuviera imaginando todo aquello de la rata en su cabeza, aunque por más vueltas que le daba a su cabeza no lograba ver que fuera una paranoia suya. Ben mismo admitió mientras moría que era cierto lo de la conspiración contra su familia, entonces Ughbert acabó llegando a la misma conclusión que siempre: ''él estaba haciendo el bien'', pero, ¿era eso cierto? ¿Era esa la manera de acabar con el problema de sus sirvientes? Lizbeth le dijo que la gente mala se merecía una oportunidad, y él no les estaba dejando ninguna, ¿el que ellos tuvieran planes de matarlos le daba derecho al adolescente de asesinarles a ellos sin haber hecho nada? También era cierto que Hobo le dijo que era matar o morir, y su familia era buena, nadie más que Ughbert podía impedir su asesinato. Pensando justamente en su mascota, esta apareció correteando por el pasillo y al llegar a él, este miró hacia abajo y se puso en cuclillas para cogerla rápidamente, al agarrarla la miró de cerca y sonrió aliviado de verla por fin en perfectas condiciones. —Hobo... Menos mal que estás bien.—Suspiró el chico, alegre aunque se le notaba ligeramente decaído. —''Sí, aunque me da que tú no puedes decir lo mismo de ti.''—La rata se dio cuenta rápido de que su dueño no estaba del todo bien, ni siquiera serio como siempre. —Son cosas mías, eso no importa ahora mismo. Dime, ¿has conseguido la llave? —''En efecto, aunque casi me llevo un escobazo de la cocinera, por ir a la cocina, tenía hambre...'' —Bien, ¿dónde está? —''¿La cocinera? En la cocina, ¿dónde iba a estar?'' —Ella no, la llave. —''La he dejado en el pasadizo, así podrás cogerla cuando quieras y que nadie la vea en tu cuarto.'' —Genial, ahora mismo iré a cerrar con llave esa sala antes de que alguien entre y descubra todo. —''Vale, pero están empezando a notar ahí abajo que Meike no está, así que no tardarán en darse cuenta de que desaparecieron ella y Ben''. —Eso es lo de menos, los demás pensarán que ellos se habrán ido, por ahora no podrán encontrar ningún cadáver... Vamos a la habitación, Hobo,—Ughbert habló bastante tenebrosamente, y decidió moverse cuanto antes hacia su habitación para meterse a los pasadizos. Lizbeth, con el corazón en un puño y con la piel blanca como la nieve se hallaba tras una esquina volviendo a escuchar al chico hablar solo. Había seguido a Hobo al verla pasar por un sitio de lejos y se topó con esta situación, y por supuesto descubrió que Ughbert había hecho algo horrible en algún sitio de la casa y que Hobo de alguna manera pudo llevarle la llave de ese lugar para que nadie descubriera lo que hizo. La pelirroja con cautela siguió al muchacho de cabello negro que iba hasta su alcoba seguido de la rata, la cuidadora esperó a oír su puerta cerrarse para empezar a subir por las escaleras, y al hacerlo se colocó junto a la habitación cerrada de Ughbert para comprobar si podía oír algo más, pero no oyó nada a parte de algunos sonidos aleatorios. Pasó un rato pensando en si debía intervenir o no, ya que las cosas se pusieron un poco tensas entre ellos, aunque al final respiró hondo y se atrevió a llamar a la puerta. Le podía más el miedo de saber que ese chico era un asesino, pero quería saber si era verdad o simplemente él estaba loco y se lo estaba inventando o seguía con la broma al saber que ella le espiaba. La teoría de Lizbeth era que Ughbert realmente le estaba gastando una pesada broma haciéndole creer que estaba loco y quería matar gente o algo similar, aunque también le asustaba la posibilidad de que no fuera así y realmente hubiera matado a alguien, por eso decidió plantar cara al asunto. Pasó un rato y nadie respondió, así que abrió la puerta sin más y se topó con que no había nadie. Esa vez Ughbert se olvidó de cerrar la habitación por dentro, lo que hizo que la pelirroja se confundiera al ver que él ya no estaba allí habiendo entrado previamente, de hecho ella misma le oyó entrar desde el piso de abajo y oyó sonidos dentro del cuarto. Pensó en que debía tener alguna puerta secreta que le llevara a algún sitio, así que se puso a buscar por la habitación algún punto en el que se abriera dicha puerta. Parecía estar todo normal y no se veía nada que delatase una entrada a pasadizos secretos entre las paredes, por lo que Lizbeth decidió salir de ahí para esperar a Ughbert en otro sitio, podía meterse en problemas si la descubría ahí.
En la sala de la caldera, el chico se había puesto a limpiar toda la sangre que había derramado por el suelo y alguna que otra pared, habían caído gotas en la caldera también, pero si la tocaba se quemaría, así que prefirió por el momento no hacerlo, además, la sangre aquella, a causa del calor, ya estaba completamente seca y negruzca y no se distinguía de simple hollín o suciedad de cualquier otra cosa. De todas maneras se estaba apagando el fuego y Ughbert debía volverlo a encender antes de que alguien notara fría la casa, así que se puso unos guantes para manipular la leña y no quemarse y metió unos troncos más junto a los restos casi calcinados de los sirvientes, lo atizó un poco con un instrumento para la caldera y poco a poco el fuego volvió a avivarse. Cerró la puertecilla de la caldera y se quitó los guantes, sacudiéndose las cenizas que cayeron sobre su traje, sería sospechoso que él se hubiera ensuciado específicamente de aquello cuando siempre decía que no le gustaba ese lugar.
—Agh, cómo detesto esto...—Protestó el chico, poniendo una mueca de asco.—Limpiar como un sirviente... ¡yo! No me lo puedo creer...
—''No es la parte más divertida de este trabajo,—Contestó Hobo a su dueño.—pero si no lo limpias la sangre puede atraer bichos indeseados y oler terriblemente mal, ya tienes bastante con que la chimenea esté soltando un olor a carne quemada que puede hacer sospechar''.
—A veces tiran sobras de comida que se ha puesto mala a la caldera, es normal que de vez en cuando huela así, además el humo sale por la parte del tejado de la mansión porque los tubos tienen que recorrer toda la casa para calentarla, así que nadie podrá oler el aire que está tan alto, y desde luego nadie podrá bajar hasta aquí para oler tan cerca, porque aquí huele, pero dudo que el olor suba hacia la casa.
—''Visto así tienes razón, en fin, fíjate en si has dejado la más mínima mancha o algo, que tú no sabes limpiar y eso puede costarte caro''.
—¡Claro que no sé limpiar! ¡No es culpa mía si me lo hacen todo desde que nací!
—''Ay, por Satán, estás algo irritado, sé que es algo normal en ti, pero noto algo distinto, ¿me vas a decir qué te pasa?''
—Antes he discutido con Lizbeth y creo que la hice sentir mal... Eso es lo que me pasa, cotilla.
—''Pues más te vale que arregles las cosas con ella, es la única que no está conspirando contra ti y puede darte apoyo moral... ¿Y se puede saber qué le has hecho? No nos podemos permitir dejar pistas o dejar que nos descubra por algún descuido.''
—No lo sé, la conversación fue un tanto extraña, yo le dije que nos mirábamos de manera especial y luego ella me iba a decir algo sobre nosotros y yo la interrumpí y le dije que no... No sé, creo que estoy enamorado de ella y ella de mi... o que al menos nos gustamos.
—''Amo, es bastante difícil que puedas sostener una relación con esa chica, nosotros los demonios creemos en todo tipo de amor y atracciones sexuales, pero en los trabajos como estos no te conviene amar a alguien que puede repudiarte si descubre lo que eres o hacértelo más difícil''.
—Ya, pues yo no he elegido servir al Diablo, ahora por culpa de todo esto he perdido la oportunidad de amar a alguien...—Ughbert pareció quedarse dolido ante aquellas palabras de la rata, se puso las manos en la cara, angustiado y aún con dolor en su nariz y luego se destapó el rostro, bufando con frustración.
—''Tampoco elegiste que esa gente planee asesinaros, Satán solo quiso darte una oportunidad de vivir, porque créeme, tampoco hubieras podido vivir una vida plena llena de amor con nadie porque te habrían matado, así que no tienes nada que perder. Mi consejo es que vayas con Lizbeth y aproveches, incluso con el Izaäk ese, a él le tienes comiendo de tu mano, puedes usarlo y luego matarlo''.
—Bueno, aún no sé qué debería hacer, todo esto es nuevo para mi, lo de las relaciones y matar, así que vayamos con tranquilidad. Y ya que he terminado aquí vamos a subir, tengo que buscar a Lizbeth y disculparme por irme de repente.—Directamente el joven de cabello oscuro, al haber recogido todo, volvió a su habitación con su rata, cerró bien el pasadizo y salió de allí para ir a buscar a la pelirroja.
Esta se había quedado merodeando por el pasillo de las habitaciones esperando y pensando con nerviosismo, tras lo que escuchó seguía desconcertada y con miedo, no sabía cómo reaccionaría ante Ughbert cuando él volviera a encontrarla, y entre ese mar de sentimientos negativos le vio salir de la habitación. Se puso recta en cuanto tuvieron un contacto visual, y este se acercó apresuradamente a ella.
—¡Lizbeth! Quería disculparme por mi nefasto comportamiento de antes...—Se disculpaba el joven con pesar mientras la miraba a los ojos quedando frente a ella.—no debí irme corriendo dejándote sola con la palabra en la boca, no es propio de un caballero...
—Eh... Y-yo...—Ella estaba temblando, en parte de miedo y en otra de confusión, pensó en lo que le dijo el chico antes, y concordaba con lo que le oyó decir a la rata. La niñera miró al roedor, quien estaba ahí quieto, sin hacer nada, mirándola también, y dentro suyo sentía que nada cuadraba, ahora ella era la que sentía que se estaba volviendo loca. Tras un rato de silencio intentó recomponerse y contestar, ya que Ughbert se le quedó mirando, impaciente y culpable ante lo que había dicho, él también sintió que se le escaparon cosas que no debió decirle a ella.—No te preocupes... te perdono... Tal vez te ha conmocionado el golpe en la nariz y por eso estabas así de nervioso... Quizá hoy debas descansar en tu cuarto...
—''Ughbert, cuidado, está muy inquieta,—Advertía Hobo, poniéndose a dos patas.—¿no te has preguntado por qué estaba en este pasillo? Creo que entró a tu cuarto y no te vio... si es así le habrá extrañado con creces verte salir de él''.
El adolescente la miró de reojo y después miró a Lizbeth nuevamente, poniéndose serio e intentando relajarse también, aunque a la vista de la chica su actuación no era muy creíble.
—Tienes razón, pero tengo cosas que hacer, antes de comer tengo una hora de clase, esta vez de música, así que no me puedo permitir quedarme echado.
—Cierto... Pero ya casi es la hora, ¿qué has estado haciendo todo este rato?
Se hizo silencio, el moreno se quedó callado pensando una excusa creíble, hasta que se le ocurrió:
—He estado... en el cuarto de baño, el desayuno me sentó mal y casi lo devuelvo, pero por fortuna estoy mejor.
—Oh... ¿No quieres un té o algo? Podemos decirle a tu institutriz que deje las clases para mañana si no te encuentras bien...
—Lizbeth, estoy bien. Las clases de música son lo único que me hace despejarme de los calvarios que sufro, así que deja de insistir, por favor.—Él intentó mantenerse calmado para que la pelirroja no sospechara, pero ella oyó cosas más que suficientes como para saber que algo no estaba bien, todo eso sumado a que él estaba visiblemente incómodo. Pensó en que quizá podía preguntar a su institutriz sobre el comportamiento del chico para saber si se comportaba más veces de manera errática o sólo estaba siendo así recientemente, y ya que se llevaba bien con Matilde no dudaría en hablar con ella sobre el chico.
—Como quieras, ve entonces a clase, te esperaré cerca.—Suspiró tristemente ella y entonces, adelantándose decidió bajar las escaleras sin esperar al chico. Este la miró serio, quedándose quieto, luego miró a Hobo, que solo le miró y negó con la cabeza, para luego bajar tras Lizbeth.
El chico se quedó pensativo, en la hora de la comida estarían solos y podrían hablar, así que aprovecharía ese momento para hacerlo y solucionar las cosas. También descendió al piso inferior para ir al aula en el que daba las clases, se cruzó de nuevo con su nueva niñera, quien estaba junto a su clase esperando, y se miraron, pero no se dijeron nada más y él entró por la puerta de la sala de aprendizaje donde su institutriz le esperaba.
Durante el tiempo que duró la clase de música, Lizbeth se quedó esperando en el mismo pasillo, ella podía escuchar cómo Ughbert charlaba con Matilde y poco más, supuso la pelirroja que la clase de aquel día era teórica, ya que el muchacho dejó su oboe en su cuarto, además su profesora no le hizo ir a por él, cosa que hacía cuando lo necesitaba.
A parte de escuchar vagamente lo que podía, la joven doncella cavilaba aún sobre lo que oyó rato antes, obviamente algo así no se lo podía quitar de la cabeza, aunque descartó lo del supuesto escondite que tenía Ughbert, puesto a que él mismo le dijo que había estado en el lavabo y eso le hizo pensar que se lo imaginó todo, pero lo que dijo sobre algo malo que llevó a cabo... por desgracia sí lo escuchó de verdad.
Por parte del adolescente moreno, este no se pudo concentrar demasiado en la lección de aquel día, ya que pensaba constantemente en Lizbeth, en Hobo, en los asesinatos que cometió y en los que tenía que cometer aún, que no eran pocos. Se preguntaba cómo demonios lo iba a lograr con Lizbeth estando ahí, y no solo porque podía descubrirlo, si no porque se empezaba a sentir fuertemente atraído por ella, y no sabía si el amor equilibraría las cosas, o por el contrario las desequilibraría más, y desde luego su cabeza no estaba para más desequilibrios.
Al finalizar la hora de clases, antes de que el hijo de los barones Zondervan abandonara el aula, Matilde le volvió a preguntar acerca de sus sentimientos, pero él se rehusó a dar más detalles, demasiados tuvo que dar por lo de su nariz, pues era obvio que todo el que se cruzara con él podía ver que la tenía amoratada e hinchada.
Rápidamente salió del aula, no quería saber nada más, no pudo desconectar como esperaba hacerlo, además se volvió a topar de frente con Lizbeth y que quedó quieto, esperando a que ella le dijera algo.
—Oh, ya has salido, ¿quieres que vayamos a comer?—Preguntaba directamente la chica de ojos marrones, intentando hablarle como siempre.
—Sí, tengo bastante hambre, la verdad...—Contestó Ughbert, en un tono igual de serio y frío como el del primer día que ella llegó a la mansión. Esto a ella le extrañó, y le dio más motivos para hablar con Matilde sobre su comportamiento, así que se decidió.
—Vale, pues si no te importa espérame un momento, puede ser aquí o en donde te pueda encontrar, tengo que comentarle algo a tu institutriz, no voy a tardar mucho, creo.
Todas las alarmas saltaron dentro de Hobo y su dueño, aunque más en ella, porque podía notar más la inquietud de aquella humana y sus posibles intenciones.
—''Voy a entrar con ella ahí, no me huelo nada bueno, ¡tiene que saber algo!''—Resonaron en la mente del chico las palabras de su rata dirigirse a él.
—¿He hecho algo mal?—Preguntó directamente el moreno a Lizbeth, adoptando un gesto triste.
—¡No! Por supuesto que no... Solo quería saber los tipos de clase que te da ella y si te sientes cómodo y esas cosas, no sé, tu profesora es la única adulta de aquí a parte de tus padres que me ha tratado bien, y como ella es la única que está también me gustaría hablar con ella de paso, espero que no te moleste...
—No, adelante... te espero en el comedor entonces...—Él miró de reojo a Hobo y esta asintió escondiéndose bajo la falda de Lizbeth para que esta no la viera entrar con ella. Entonces ambas entraron al aula y la pelirroja vio a la institutriz colocar unos libros en una estantería.
—Buenas tardes, Matilde, ¿puedo hablar con usted un instante sobre Ughbert?
—¡Buenas tardes, señorita Van Divel! Claro, ¿de qué quiere hablar?—La mujer de cabello marrón se sentó en su silla mientras la niñera se sentaba frente a ella en el pupitre del adolescente.
—Pues verá, recientemente he visto un comportamiento algo... cambiante en Ughbert, solo quería saber si con usted él se comporta de manera extraña o no.
—Hm... Él siempre fue un chico muy serio y no solía hablar demasiado, me resultaba muy enigmático y siempre encerrado en sí mismo, las canciones que compone son muy extrañas y algo turbias, y siempre viene desaliñado, con el pelo suelto, con ojeras y a veces con pelos de rata por todo su traje, pero a parte de eso es un adolescente muy inteligente y es bastante maduro para su edad, por no decir que es un genio componiendo y aprendiendo sobre música, pero siempre ha sido igual... hasta que llegó usted, después cambió de manera algo extraña.
—¿Quiere decir que el problema soy yo? ¿Ha hecho algo malo por mi culpa?—Lizbeth comenzó a sentirse preocupada, ella no deseaba malinfluenciar a nadie y pensaba que lo estaba haciendo todo correcto con él.
—No creo que se deba llamar problema como tal, si no: ''causa''. Lo que quiero decir es que desde que está aquí, señorita Van Divel, él se ha mostrado curioso y hablador en la clase de biología de ayer, y la causa es usted, lo he deducido también por lo que me dijo, me comentó en estricto secreto lo que le ocurrió a su cuerpo cuando usted le bañó, y yo le dije por qué podía ser. Yo se lo digo a usted porque él mismo me dijo que se lo comentó por preocupación, así que no creo que se moleste si lo comentamos.
—Bueno... No sé qué decir a todo esto, ¿quiere decir que está interesado en mi?
—Exacto, yo se lo expliqué y le dije que era normal sentirse atraído por una chica guapa y joven como usted, y más teniendo los acercamientos que han tenido en poco tiempo, eso sí, es importante que le deje bien claro a él que usted es solo su doncella personal o nanny y nada más, solo intente no ser dura con él.
—De acuerdo... pero yo más bien me refería a otro tipo de comportamientos que no tienen nada que ver con atracción o amor...—Lizbeth se quedó callada, pensando en si podía confiarle lo que escuchó a Matilde o guardarle ese secreto a Ughbert. Optó por decir solo lo de Hobo y no explícitamente el hecho de que podía haber asesinado a alguien.
—No tenga reparo en decírmelo, he sido su tutora muchos años y es probable que pueda ayudar.—Esta sonreía amigable, a Lizbeth esto le tranquilizaba porque podía contar con alguien más, o al menos eso le gustaba pensar.
—Bien, eh... A veces... le he oído dirigirse a su rata de manera extraña, como si conversara con ella, y esta parece responderle de una manera muy humana, tanto que da miedo...
La institutriz se quedó callada, mirando con estupefacción a Lizbeth, y tras unos segundos de asombro, se colocó las gafas y se rascó la cabeza.
—Vale, eso es un poco extraño... pero... ¿está segura de que le ha oído hablar con su rata?
—Sí, le oí desde bastante cerca.
—Bueno... No se preocupe, muchas personas hablan con sus mascotas y las humanizan, y las ratas son unos animales muy listos también, así que si ella está familiarizada con su dueño puede hacerle gestos de respuesta, no sé, solo es una suposición, también depende de lo que Ughbert le diga.
—Ya veo... Bueno, no logré escuchar con claridad nada de su... ''conversación'', pero seguro que es solo eso... Gracias por charlar conmigo, Matilde.—La pelirroja se levantó de la silla y se marchó. Esa charla casi no le sirvió de nada en absoluto, ni la tranquilizó ni la ayudó, pero ella tampoco quiso contar la verdad por si todo era una farsa de él, además realmente sentía cosas por ese chico, quería darle el beneficio de la duda antes de ir alarmando a la gente. Por otro lado... ella podía estar en peligro si no tenía cuidado, solo podía esperar y estar más pegada a Ughbert para llegar hasta el fondo de todo aquello.
Ella caminó hacia el comedor, suponía que Ughbert se fue allí para esperarla como le dijo, porque allí ya no estaba. Hobo seguía con ella bien escondida, y la pelirroja no sospechó en ningún momento de ello. La rata tenía mucho que contar a su dueño, desde luego no se iba a quedar callada con eso, era algo muy grave, pues la cuidadora le escuchó hablar con ella, aunque no sabía exactamente el qué y cabía la posibilidad de que no hubiera oído nada concreto como le dijo a la profesora, sin embargo no se quería arriesgar.
Se encontraron los dos en el comedor y Lizbeth se sentó frente al chico de cabello negro, este la miró fijamente con intención de preguntarle cosas sobre su conversación con la institutriz.
—¿Sobre qué habéis estado hablando?—Cuestionó el chico, en un tono más frío de lo habitual.
—Ya te lo dije.... sobre tus clases y eso, está todo bien, no te preocupes....—Respondió ella, intentando sonreír, mas estaba cada vez más inquieta, el adolescente ya no estaba igual con ella, no sabía por qué, ¿tal vez se había dado cuenta? No le había dado tiempo.
—''Ella lo sabe, te ha escuchado hablar conmigo,—Dijo directamente Hobo, saliendo del mantel de la mesa junto a los pies de Ughbert, a lo que este la miró.—no sé cuando ni cómo pero es lo que he escuchado, y se lo ha dicho a la profe, vigílala o mátala''.
—Bien, espero que todo esté correctamente, estaba algo preocupado.—Pudo responder intentando parecer más tranquilo, pero evidentemente por dentro su corazón latía muy rápido, no sabía qué podía hacer con eso, pero no quería matarla y no lo haría.
—Todo está bien, ¿tú estás mejor?
—Sí, lo estoy, no estoy revuelto y la hinchazón de la nariz ha bajado, espero que pronto que me quiten los moratones.
—Me alegro de que estés mejor Ughbert... ya te curarás del todo.
Luego de aquello a ambos les sirvieron la comida y comieron sin decirse gran cosa, el ambiente estaba turbio y no estaba como el día anterior, ella le tenía miedo a él y él le tenía miedo a ella, ninguno de los dos pensaba que aquello iba a acabar bien.
Continuará...
—No... Lizbeth, mejor limítate a cuidarme y haz como que no hemos hablado nada de esto.—Masculló frustrado el chico mientras se ponía la bolsa con hielo en la cara, en parte intentando tapársela también al estar muy rojo. Ella al oír eso se levantó bruscamente tras él, mirándole estupefacta. —Espera, ¿qué? S-si has empezado tú el tema...—La muchacha hablaba intentando no trabarse, al parecer eso le afectó y no sabía qué estaba pasando. —¡No soy lo que crees! Y créeme, no te gustaría saberlo. Deberías quedarte con la primera impresión del chico rarito y antisocial al que viste por primera vez. Lo que me pasa a mi es complicado, Lizbeth, tal vez el exterior refleje algo del interior aunque no haya que juzgar un libro por su portada. —No te entiendo... ¿qué quieres decirme? ¿Hay algo más que yo no sepa? —Como he dicho antes: A todo el mundo le da miedo morir antes de tiempo.—Él no dijo nada más y se apresuró hasta la salida, abriendo la puerta y yéndose bastante rápido. Lizbeth no le impidió marcharse, pero esas cosas tan crípticas que le dijo Ughbert le resultaron extrañas y dolorosas por partes iguales. Se puso la mano en el pecho, le empezaron a dar punzadas, se había enamorado de él y le dolió que le rechazara de esa manera tan extraña, y eso que no dijeron las cosas claramente, pero se intuía. Aquello también le hizo sentir ganas de llorar, mas no lo hizo, se mantuvo fuerte y respiró hondo, trataría de olvidar sus sentimientos, porque también estaba el tema de la rata y la aparente locura del muchacho, debía espiarle, no tenía otra opción. Ella se quedó un rato en aquella sala intentando tranquilizarse, mientras, Ughbert se había ido a un pasillo lejano, donde se quedó apoyado en la pared aún con la bolsa de tela con hielo sobre su hinchada y rojiza nariz. Había pasado un cuarto de hora más o menos, el chico moreno de ojos grises también caviló sobre el tema de Lizbeth, no podía olvidar ese asombroso cabello color fuego, esos ojos color café y esas pecas tan adorables que adornaban su cara, ella era preciosa a sus ojos, era una buena persona y se había quedado prendado de ella sin remedio, sin embargo ella no se merecía a un asesino sanguinario como él, un psicópata que quizá se estuviera imaginando todo aquello de la rata en su cabeza, aunque por más vueltas que le daba a su cabeza no lograba ver que fuera una paranoia suya. Ben mismo admitió mientras moría que era cierto lo de la conspiración contra su familia, entonces Ughbert acabó llegando a la misma conclusión que siempre: ''él estaba haciendo el bien'', pero, ¿era eso cierto? ¿Era esa la manera de acabar con el problema de sus sirvientes? Lizbeth le dijo que la gente mala se merecía una oportunidad, y él no les estaba dejando ninguna, ¿el que ellos tuvieran planes de matarlos le daba derecho al adolescente de asesinarles a ellos sin haber hecho nada? También era cierto que Hobo le dijo que era matar o morir, y su familia era buena, nadie más que Ughbert podía impedir su asesinato. Pensando justamente en su mascota, esta apareció correteando por el pasillo y al llegar a él, este miró hacia abajo y se puso en cuclillas para cogerla rápidamente, al agarrarla la miró de cerca y sonrió aliviado de verla por fin en perfectas condiciones. —Hobo... Menos mal que estás bien.—Suspiró el chico, alegre aunque se le notaba ligeramente decaído. —''Sí, aunque me da que tú no puedes decir lo mismo de ti.''—La rata se dio cuenta rápido de que su dueño no estaba del todo bien, ni siquiera serio como siempre. —Son cosas mías, eso no importa ahora mismo. Dime, ¿has conseguido la llave? —''En efecto, aunque casi me llevo un escobazo de la cocinera, por ir a la cocina, tenía hambre...'' —Bien, ¿dónde está? —''¿La cocinera? En la cocina, ¿dónde iba a estar?'' —Ella no, la llave. —''La he dejado en el pasadizo, así podrás cogerla cuando quieras y que nadie la vea en tu cuarto.'' —Genial, ahora mismo iré a cerrar con llave esa sala antes de que alguien entre y descubra todo. —''Vale, pero están empezando a notar ahí abajo que Meike no está, así que no tardarán en darse cuenta de que desaparecieron ella y Ben''. —Eso es lo de menos, los demás pensarán que ellos se habrán ido, por ahora no podrán encontrar ningún cadáver... Vamos a la habitación, Hobo,—Ughbert habló bastante tenebrosamente, y decidió moverse cuanto antes hacia su habitación para meterse a los pasadizos. Lizbeth, con el corazón en un puño y con la piel blanca como la nieve se hallaba tras una esquina volviendo a escuchar al chico hablar solo. Había seguido a Hobo al verla pasar por un sitio de lejos y se topó con esta situación, y por supuesto descubrió que Ughbert había hecho algo horrible en algún sitio de la casa y que Hobo de alguna manera pudo llevarle la llave de ese lugar para que nadie descubriera lo que hizo. La pelirroja con cautela siguió al muchacho de cabello negro que iba hasta su alcoba seguido de la rata, la cuidadora esperó a oír su puerta cerrarse para empezar a subir por las escaleras, y al hacerlo se colocó junto a la habitación cerrada de Ughbert para comprobar si podía oír algo más, pero no oyó nada a parte de algunos sonidos aleatorios. Pasó un rato pensando en si debía intervenir o no, ya que las cosas se pusieron un poco tensas entre ellos, aunque al final respiró hondo y se atrevió a llamar a la puerta. Le podía más el miedo de saber que ese chico era un asesino, pero quería saber si era verdad o simplemente él estaba loco y se lo estaba inventando o seguía con la broma al saber que ella le espiaba. La teoría de Lizbeth era que Ughbert realmente le estaba gastando una pesada broma haciéndole creer que estaba loco y quería matar gente o algo similar, aunque también le asustaba la posibilidad de que no fuera así y realmente hubiera matado a alguien, por eso decidió plantar cara al asunto. Pasó un rato y nadie respondió, así que abrió la puerta sin más y se topó con que no había nadie. Esa vez Ughbert se olvidó de cerrar la habitación por dentro, lo que hizo que la pelirroja se confundiera al ver que él ya no estaba allí habiendo entrado previamente, de hecho ella misma le oyó entrar desde el piso de abajo y oyó sonidos dentro del cuarto. Pensó en que debía tener alguna puerta secreta que le llevara a algún sitio, así que se puso a buscar por la habitación algún punto en el que se abriera dicha puerta. Parecía estar todo normal y no se veía nada que delatase una entrada a pasadizos secretos entre las paredes, por lo que Lizbeth decidió salir de ahí para esperar a Ughbert en otro sitio, podía meterse en problemas si la descubría ahí.
En la sala de la caldera, el chico se había puesto a limpiar toda la sangre que había derramado por el suelo y alguna que otra pared, habían caído gotas en la caldera también, pero si la tocaba se quemaría, así que prefirió por el momento no hacerlo, además, la sangre aquella, a causa del calor, ya estaba completamente seca y negruzca y no se distinguía de simple hollín o suciedad de cualquier otra cosa. De todas maneras se estaba apagando el fuego y Ughbert debía volverlo a encender antes de que alguien notara fría la casa, así que se puso unos guantes para manipular la leña y no quemarse y metió unos troncos más junto a los restos casi calcinados de los sirvientes, lo atizó un poco con un instrumento para la caldera y poco a poco el fuego volvió a avivarse. Cerró la puertecilla de la caldera y se quitó los guantes, sacudiéndose las cenizas que cayeron sobre su traje, sería sospechoso que él se hubiera ensuciado específicamente de aquello cuando siempre decía que no le gustaba ese lugar.
—Agh, cómo detesto esto...—Protestó el chico, poniendo una mueca de asco.—Limpiar como un sirviente... ¡yo! No me lo puedo creer...
—''No es la parte más divertida de este trabajo,—Contestó Hobo a su dueño.—pero si no lo limpias la sangre puede atraer bichos indeseados y oler terriblemente mal, ya tienes bastante con que la chimenea esté soltando un olor a carne quemada que puede hacer sospechar''.
—A veces tiran sobras de comida que se ha puesto mala a la caldera, es normal que de vez en cuando huela así, además el humo sale por la parte del tejado de la mansión porque los tubos tienen que recorrer toda la casa para calentarla, así que nadie podrá oler el aire que está tan alto, y desde luego nadie podrá bajar hasta aquí para oler tan cerca, porque aquí huele, pero dudo que el olor suba hacia la casa.
—''Visto así tienes razón, en fin, fíjate en si has dejado la más mínima mancha o algo, que tú no sabes limpiar y eso puede costarte caro''.
—¡Claro que no sé limpiar! ¡No es culpa mía si me lo hacen todo desde que nací!
—''Ay, por Satán, estás algo irritado, sé que es algo normal en ti, pero noto algo distinto, ¿me vas a decir qué te pasa?''
—Antes he discutido con Lizbeth y creo que la hice sentir mal... Eso es lo que me pasa, cotilla.
—''Pues más te vale que arregles las cosas con ella, es la única que no está conspirando contra ti y puede darte apoyo moral... ¿Y se puede saber qué le has hecho? No nos podemos permitir dejar pistas o dejar que nos descubra por algún descuido.''
—No lo sé, la conversación fue un tanto extraña, yo le dije que nos mirábamos de manera especial y luego ella me iba a decir algo sobre nosotros y yo la interrumpí y le dije que no... No sé, creo que estoy enamorado de ella y ella de mi... o que al menos nos gustamos.
—''Amo, es bastante difícil que puedas sostener una relación con esa chica, nosotros los demonios creemos en todo tipo de amor y atracciones sexuales, pero en los trabajos como estos no te conviene amar a alguien que puede repudiarte si descubre lo que eres o hacértelo más difícil''.
—Ya, pues yo no he elegido servir al Diablo, ahora por culpa de todo esto he perdido la oportunidad de amar a alguien...—Ughbert pareció quedarse dolido ante aquellas palabras de la rata, se puso las manos en la cara, angustiado y aún con dolor en su nariz y luego se destapó el rostro, bufando con frustración.
—''Tampoco elegiste que esa gente planee asesinaros, Satán solo quiso darte una oportunidad de vivir, porque créeme, tampoco hubieras podido vivir una vida plena llena de amor con nadie porque te habrían matado, así que no tienes nada que perder. Mi consejo es que vayas con Lizbeth y aproveches, incluso con el Izaäk ese, a él le tienes comiendo de tu mano, puedes usarlo y luego matarlo''.
—Bueno, aún no sé qué debería hacer, todo esto es nuevo para mi, lo de las relaciones y matar, así que vayamos con tranquilidad. Y ya que he terminado aquí vamos a subir, tengo que buscar a Lizbeth y disculparme por irme de repente.—Directamente el joven de cabello oscuro, al haber recogido todo, volvió a su habitación con su rata, cerró bien el pasadizo y salió de allí para ir a buscar a la pelirroja.
Esta se había quedado merodeando por el pasillo de las habitaciones esperando y pensando con nerviosismo, tras lo que escuchó seguía desconcertada y con miedo, no sabía cómo reaccionaría ante Ughbert cuando él volviera a encontrarla, y entre ese mar de sentimientos negativos le vio salir de la habitación. Se puso recta en cuanto tuvieron un contacto visual, y este se acercó apresuradamente a ella.
—¡Lizbeth! Quería disculparme por mi nefasto comportamiento de antes...—Se disculpaba el joven con pesar mientras la miraba a los ojos quedando frente a ella.—no debí irme corriendo dejándote sola con la palabra en la boca, no es propio de un caballero...
—Eh... Y-yo...—Ella estaba temblando, en parte de miedo y en otra de confusión, pensó en lo que le dijo el chico antes, y concordaba con lo que le oyó decir a la rata. La niñera miró al roedor, quien estaba ahí quieto, sin hacer nada, mirándola también, y dentro suyo sentía que nada cuadraba, ahora ella era la que sentía que se estaba volviendo loca. Tras un rato de silencio intentó recomponerse y contestar, ya que Ughbert se le quedó mirando, impaciente y culpable ante lo que había dicho, él también sintió que se le escaparon cosas que no debió decirle a ella.—No te preocupes... te perdono... Tal vez te ha conmocionado el golpe en la nariz y por eso estabas así de nervioso... Quizá hoy debas descansar en tu cuarto...
—''Ughbert, cuidado, está muy inquieta,—Advertía Hobo, poniéndose a dos patas.—¿no te has preguntado por qué estaba en este pasillo? Creo que entró a tu cuarto y no te vio... si es así le habrá extrañado con creces verte salir de él''.
El adolescente la miró de reojo y después miró a Lizbeth nuevamente, poniéndose serio e intentando relajarse también, aunque a la vista de la chica su actuación no era muy creíble.
—Tienes razón, pero tengo cosas que hacer, antes de comer tengo una hora de clase, esta vez de música, así que no me puedo permitir quedarme echado.
—Cierto... Pero ya casi es la hora, ¿qué has estado haciendo todo este rato?
Se hizo silencio, el moreno se quedó callado pensando una excusa creíble, hasta que se le ocurrió:
—He estado... en el cuarto de baño, el desayuno me sentó mal y casi lo devuelvo, pero por fortuna estoy mejor.
—Oh... ¿No quieres un té o algo? Podemos decirle a tu institutriz que deje las clases para mañana si no te encuentras bien...
—Lizbeth, estoy bien. Las clases de música son lo único que me hace despejarme de los calvarios que sufro, así que deja de insistir, por favor.—Él intentó mantenerse calmado para que la pelirroja no sospechara, pero ella oyó cosas más que suficientes como para saber que algo no estaba bien, todo eso sumado a que él estaba visiblemente incómodo. Pensó en que quizá podía preguntar a su institutriz sobre el comportamiento del chico para saber si se comportaba más veces de manera errática o sólo estaba siendo así recientemente, y ya que se llevaba bien con Matilde no dudaría en hablar con ella sobre el chico.
—Como quieras, ve entonces a clase, te esperaré cerca.—Suspiró tristemente ella y entonces, adelantándose decidió bajar las escaleras sin esperar al chico. Este la miró serio, quedándose quieto, luego miró a Hobo, que solo le miró y negó con la cabeza, para luego bajar tras Lizbeth.
El chico se quedó pensativo, en la hora de la comida estarían solos y podrían hablar, así que aprovecharía ese momento para hacerlo y solucionar las cosas. También descendió al piso inferior para ir al aula en el que daba las clases, se cruzó de nuevo con su nueva niñera, quien estaba junto a su clase esperando, y se miraron, pero no se dijeron nada más y él entró por la puerta de la sala de aprendizaje donde su institutriz le esperaba.
Durante el tiempo que duró la clase de música, Lizbeth se quedó esperando en el mismo pasillo, ella podía escuchar cómo Ughbert charlaba con Matilde y poco más, supuso la pelirroja que la clase de aquel día era teórica, ya que el muchacho dejó su oboe en su cuarto, además su profesora no le hizo ir a por él, cosa que hacía cuando lo necesitaba.
A parte de escuchar vagamente lo que podía, la joven doncella cavilaba aún sobre lo que oyó rato antes, obviamente algo así no se lo podía quitar de la cabeza, aunque descartó lo del supuesto escondite que tenía Ughbert, puesto a que él mismo le dijo que había estado en el lavabo y eso le hizo pensar que se lo imaginó todo, pero lo que dijo sobre algo malo que llevó a cabo... por desgracia sí lo escuchó de verdad.
Por parte del adolescente moreno, este no se pudo concentrar demasiado en la lección de aquel día, ya que pensaba constantemente en Lizbeth, en Hobo, en los asesinatos que cometió y en los que tenía que cometer aún, que no eran pocos. Se preguntaba cómo demonios lo iba a lograr con Lizbeth estando ahí, y no solo porque podía descubrirlo, si no porque se empezaba a sentir fuertemente atraído por ella, y no sabía si el amor equilibraría las cosas, o por el contrario las desequilibraría más, y desde luego su cabeza no estaba para más desequilibrios.
Al finalizar la hora de clases, antes de que el hijo de los barones Zondervan abandonara el aula, Matilde le volvió a preguntar acerca de sus sentimientos, pero él se rehusó a dar más detalles, demasiados tuvo que dar por lo de su nariz, pues era obvio que todo el que se cruzara con él podía ver que la tenía amoratada e hinchada.
Rápidamente salió del aula, no quería saber nada más, no pudo desconectar como esperaba hacerlo, además se volvió a topar de frente con Lizbeth y que quedó quieto, esperando a que ella le dijera algo.
—Oh, ya has salido, ¿quieres que vayamos a comer?—Preguntaba directamente la chica de ojos marrones, intentando hablarle como siempre.
—Sí, tengo bastante hambre, la verdad...—Contestó Ughbert, en un tono igual de serio y frío como el del primer día que ella llegó a la mansión. Esto a ella le extrañó, y le dio más motivos para hablar con Matilde sobre su comportamiento, así que se decidió.
—Vale, pues si no te importa espérame un momento, puede ser aquí o en donde te pueda encontrar, tengo que comentarle algo a tu institutriz, no voy a tardar mucho, creo.
Todas las alarmas saltaron dentro de Hobo y su dueño, aunque más en ella, porque podía notar más la inquietud de aquella humana y sus posibles intenciones.
—''Voy a entrar con ella ahí, no me huelo nada bueno, ¡tiene que saber algo!''—Resonaron en la mente del chico las palabras de su rata dirigirse a él.
—¿He hecho algo mal?—Preguntó directamente el moreno a Lizbeth, adoptando un gesto triste.
—¡No! Por supuesto que no... Solo quería saber los tipos de clase que te da ella y si te sientes cómodo y esas cosas, no sé, tu profesora es la única adulta de aquí a parte de tus padres que me ha tratado bien, y como ella es la única que está también me gustaría hablar con ella de paso, espero que no te moleste...
—No, adelante... te espero en el comedor entonces...—Él miró de reojo a Hobo y esta asintió escondiéndose bajo la falda de Lizbeth para que esta no la viera entrar con ella. Entonces ambas entraron al aula y la pelirroja vio a la institutriz colocar unos libros en una estantería.
—Buenas tardes, Matilde, ¿puedo hablar con usted un instante sobre Ughbert?
—¡Buenas tardes, señorita Van Divel! Claro, ¿de qué quiere hablar?—La mujer de cabello marrón se sentó en su silla mientras la niñera se sentaba frente a ella en el pupitre del adolescente.
—Pues verá, recientemente he visto un comportamiento algo... cambiante en Ughbert, solo quería saber si con usted él se comporta de manera extraña o no.
—Hm... Él siempre fue un chico muy serio y no solía hablar demasiado, me resultaba muy enigmático y siempre encerrado en sí mismo, las canciones que compone son muy extrañas y algo turbias, y siempre viene desaliñado, con el pelo suelto, con ojeras y a veces con pelos de rata por todo su traje, pero a parte de eso es un adolescente muy inteligente y es bastante maduro para su edad, por no decir que es un genio componiendo y aprendiendo sobre música, pero siempre ha sido igual... hasta que llegó usted, después cambió de manera algo extraña.
—¿Quiere decir que el problema soy yo? ¿Ha hecho algo malo por mi culpa?—Lizbeth comenzó a sentirse preocupada, ella no deseaba malinfluenciar a nadie y pensaba que lo estaba haciendo todo correcto con él.
—No creo que se deba llamar problema como tal, si no: ''causa''. Lo que quiero decir es que desde que está aquí, señorita Van Divel, él se ha mostrado curioso y hablador en la clase de biología de ayer, y la causa es usted, lo he deducido también por lo que me dijo, me comentó en estricto secreto lo que le ocurrió a su cuerpo cuando usted le bañó, y yo le dije por qué podía ser. Yo se lo digo a usted porque él mismo me dijo que se lo comentó por preocupación, así que no creo que se moleste si lo comentamos.
—Bueno... No sé qué decir a todo esto, ¿quiere decir que está interesado en mi?
—Exacto, yo se lo expliqué y le dije que era normal sentirse atraído por una chica guapa y joven como usted, y más teniendo los acercamientos que han tenido en poco tiempo, eso sí, es importante que le deje bien claro a él que usted es solo su doncella personal o nanny y nada más, solo intente no ser dura con él.
—De acuerdo... pero yo más bien me refería a otro tipo de comportamientos que no tienen nada que ver con atracción o amor...—Lizbeth se quedó callada, pensando en si podía confiarle lo que escuchó a Matilde o guardarle ese secreto a Ughbert. Optó por decir solo lo de Hobo y no explícitamente el hecho de que podía haber asesinado a alguien.
—No tenga reparo en decírmelo, he sido su tutora muchos años y es probable que pueda ayudar.—Esta sonreía amigable, a Lizbeth esto le tranquilizaba porque podía contar con alguien más, o al menos eso le gustaba pensar.
—Bien, eh... A veces... le he oído dirigirse a su rata de manera extraña, como si conversara con ella, y esta parece responderle de una manera muy humana, tanto que da miedo...
La institutriz se quedó callada, mirando con estupefacción a Lizbeth, y tras unos segundos de asombro, se colocó las gafas y se rascó la cabeza.
—Vale, eso es un poco extraño... pero... ¿está segura de que le ha oído hablar con su rata?
—Sí, le oí desde bastante cerca.
—Bueno... No se preocupe, muchas personas hablan con sus mascotas y las humanizan, y las ratas son unos animales muy listos también, así que si ella está familiarizada con su dueño puede hacerle gestos de respuesta, no sé, solo es una suposición, también depende de lo que Ughbert le diga.
—Ya veo... Bueno, no logré escuchar con claridad nada de su... ''conversación'', pero seguro que es solo eso... Gracias por charlar conmigo, Matilde.—La pelirroja se levantó de la silla y se marchó. Esa charla casi no le sirvió de nada en absoluto, ni la tranquilizó ni la ayudó, pero ella tampoco quiso contar la verdad por si todo era una farsa de él, además realmente sentía cosas por ese chico, quería darle el beneficio de la duda antes de ir alarmando a la gente. Por otro lado... ella podía estar en peligro si no tenía cuidado, solo podía esperar y estar más pegada a Ughbert para llegar hasta el fondo de todo aquello.
Ella caminó hacia el comedor, suponía que Ughbert se fue allí para esperarla como le dijo, porque allí ya no estaba. Hobo seguía con ella bien escondida, y la pelirroja no sospechó en ningún momento de ello. La rata tenía mucho que contar a su dueño, desde luego no se iba a quedar callada con eso, era algo muy grave, pues la cuidadora le escuchó hablar con ella, aunque no sabía exactamente el qué y cabía la posibilidad de que no hubiera oído nada concreto como le dijo a la profesora, sin embargo no se quería arriesgar.
Se encontraron los dos en el comedor y Lizbeth se sentó frente al chico de cabello negro, este la miró fijamente con intención de preguntarle cosas sobre su conversación con la institutriz.
—¿Sobre qué habéis estado hablando?—Cuestionó el chico, en un tono más frío de lo habitual.
—Ya te lo dije.... sobre tus clases y eso, está todo bien, no te preocupes....—Respondió ella, intentando sonreír, mas estaba cada vez más inquieta, el adolescente ya no estaba igual con ella, no sabía por qué, ¿tal vez se había dado cuenta? No le había dado tiempo.
—''Ella lo sabe, te ha escuchado hablar conmigo,—Dijo directamente Hobo, saliendo del mantel de la mesa junto a los pies de Ughbert, a lo que este la miró.—no sé cuando ni cómo pero es lo que he escuchado, y se lo ha dicho a la profe, vigílala o mátala''.
—Bien, espero que todo esté correctamente, estaba algo preocupado.—Pudo responder intentando parecer más tranquilo, pero evidentemente por dentro su corazón latía muy rápido, no sabía qué podía hacer con eso, pero no quería matarla y no lo haría.
—Todo está bien, ¿tú estás mejor?
—Sí, lo estoy, no estoy revuelto y la hinchazón de la nariz ha bajado, espero que pronto que me quiten los moratones.
—Me alegro de que estés mejor Ughbert... ya te curarás del todo.
Luego de aquello a ambos les sirvieron la comida y comieron sin decirse gran cosa, el ambiente estaba turbio y no estaba como el día anterior, ella le tenía miedo a él y él le tenía miedo a ella, ninguno de los dos pensaba que aquello iba a acabar bien.
Continuará...