Lizbeth había llegado finalmente a la casa tras unas cuantas horas de haber hecho sus compras en el pueblo. Ughbert la esperaba en su habitación sentado en la cama, bastante inquieto, dándole vueltas a lo ocurrido y mirando el sitio justo donde había ahorcado rato antes a Meike. Esperaba con impaciencia a Lizbeth puesto a que ella podría calmarle, mas le costaría ocultar todo eso y menos mover el cadáver del conducto secreto, tenía miedo de que alguien le pillara y llamasen a la policía.
La pelirroja tocó la puerta de la habitación diciendo que era ella y el chico alzó la voz para que pasara, a lo que ella entró y volvió a cerrar la puerta a sus espaldas, sosteniendo varias bolsas de tela en sus manos y una cesta de mimbre tapada con un paño marrón.
—¡Hola Ughbert! ¿Has estado aquí todo el rato?—Preguntaba la chica nada más saludar al joven.
—Hola, Lizbeth, y no, antes di un paseo hasta la biblioteca y charlé con Izaäk.—Respondía, recordando el beso que se dio con el otro muchacho, cosa que también pensó antes más profundamente, había sido su primer beso, y con un hombre, eso no podía contárselo a Lizbeth o tal vez pensaría mal de él.—Es... más amable que el resto y en parte me entiende.
—Vaya, parece ser que has progresado un poco intentando hablar con la gente.—Ella sonrió contenta al escuchar lo que logró Ughbert.—Incluso podríais llegar a ser amigos.
—No lo creo, a partir de ahora la única persona en la que sé que puedo confiar eres tú, los demás están ocultando algo.—Hobo escuchaba al chico y se subió rápidamente a la cama, empezando a morder y tirar de su traje.
—''¡Ni se te ocurra decir nada de esto a la tetona! ¡Satán se enfadará si fallas en tu trabajo!''—Gritaba algo descontrolada la rata, y Ughbert la miró bastante extrañado, parecía más nerviosa que de costumbre.
—¿Hobo? ¿Qué te pasa? ¡Deja mi traje!—Ughbert agarró a su mascota , poniéndola en su regazo y acariciándola.
—Eh... bueno, eso de que los demás oculten algo me parece extraño, pero ya hablamos sobre su comportamiento, tú les conoces mejor que yo, pero por favor, no vayas a hacer nada raro...—Lizbeth sabía que Ughbert oía cosas raras que tenían que ver con su rata, y aún no hallaba una explicación lógica a ello, pero algo raro pasaba y ella lo sabía, ese animal no era normal, tenía que volver a escuchar a Ughbert a escondidas y averiguarlo por sí misma. Incluso notó al chico algo más exaltado de lo normal, como si ocultase algo que hubiera pasado en su ausencia, mas no lo manifestó y decidió estar normal con el chico, aparentando estar ajena a todo.
—''No le cuentes nada, ningún otro humano debe saber de todo esto, es muy importante, te lo digo en serio''.—Insistía Hobo, quedándose quieta en las piernas del chico moreno.
—¿Nada raro como qué?—Cuestionaba con nerviosismo él a lo último que dijo la pelirroja.
—Como despedirlos o algo así... Solo espera a que vuelvan tus padres y diles lo que has visto.
—No voy a despedir a nadie, tranquila... Olvidemos eso, ¿qué tal tus recados?
—Pues normal, ya tengo mi pie nuevo, mis cosas e incluso compré pastelillos para ti.—La cuidadora sacó de la cesta de mimbre que llevaba una bandeja con pasteles individuales de varias formas y colores.—No sabía exactamente de qué te gustaban, así que he comprado uno de cada de los que había, los cogí en mi pastelería favorita.
—Vaya... Tienen buena pinta.—Ughbert miró a los pasteles con algo de hambre, era hora de merendar y nada más ver esos pasteles se le hizo la boca agua.—No tenías por qué comprarme nada a mi, es tu dinero, y yo tengo aquí de todo y puedo pedir lo que quiera...
—Da igual que sea mi dinero, a mi me gusta compartir, y pensé en que podríamos comérnoslos juntos para merendar junto a un poco de té, espero que no tengas nada que hacer.
—Tengo la tarde libre...—El chico miró a Lizbeth algo conmovido y le agarró una mano suavemente.—Muchas gracias, de verdad... Me halaga que pienses en mi.
—Bueno, solo son pasteles.—Ella rió un poco, aunque se sonrojó también al notar la mano de Ughbert sobre la suya.—Ni siquiera sabía si te gustaban o no, me sentía mal por no saber qué cosas te gustan, así que quería hablar contigo de eso.
—En ese caso podemos hablar de ello mientras merendamos.—El muchacho de ojos grises se levantó mirándola y sonrió levemente, tendiéndole la mano.—Me agrada que seas tan atenta conmigo, eres como un soplo de aire fresco en mi vida.
Lizbeth se quedó callada y bastante roja, pero tomó la mano de Ughbert y se levantó con él, llevando la cesta y sus bolsas.
—G-gracias...—Pudo balbucear ella, sonriendo como una estúpida.
—''Niño, eres todo un casanova, enamoras tanto a hombres como mujeres, eres un demonio perfecto''.—Mascullaba la rata, la cual se había bajado de él antes de que se levantara y ahora estaba en el suelo.
Ughbert se quedó pensando en aquello, lo que decía Hobo era cierto: atrajo a Izaäk sin saber cómo, y Lizbeth también parecía encantada con él, mas no creía que llegase a enamorarse de un chico seis años menor que ella, ya se lo había dicho al ayudante de cocina y no mentía.
—Gracias a ti, Lizbeth...—Entonces ellos bajaron a la planta baja para merendar algo, y el resto del día solo lo dedicaron a conocerse mejor entre ellos, tampoco hicieron nada más destacable salvo jugar al ajedrez.
Ughbert no se topó de nuevo con Izaäk, y los demás del servicio no hacían nada fuera de lo común, al menos no delante de ellos, tampoco dijeron nada a Lizbeth al verla sola, y lo más importante: nadie preguntó por Meike.
Llegó la noche, la nanny pelirroja ya se había ido a dormir habiendo cenado algo ligero con el muchacho, y este se quedó en su cuarto, sentado en un sofá, esperando pacientemente hasta que todo el servicio también fuera a acostarse, ya que necesitaba transportar el cuerpo de Meike hasta la caldera para quemarla y no dejar rastros del asesinato. Lo malo es que no sabía que los restos óseos no se quemaban fácilmente, pero igualmente iba a intentarlo, solo una persona iba a rellenar la caldera por las mañanas, y si descubría algo sería el siguiente en morir.
Mientras esperaba, Ughbert miró a su rata y esta le miró desde el suelo fijamente, ya que notó que estaba pensativo.
—''¿Qué te ocurre?''—Preguntaba el roedor.—''¿Tienes alguna duda sobre lo que hacer?''
—Unas cuantas, pero no tengo más remedio que hacerlo.—Contestaba el chico, en un tono algo bajo.
—''¿Sobre qué dudas?''
—Sobre cómo deshacerme del cadáver de Meike, pensé en arrojarlo a la hoguera de la calefacción, a la caldera, pero no sé si eso hará que se desintegre por completo o cuánto tiempo necesitaré esperar, y con suerte que no se apaguen las llamas antes de que se reduzca a cenizas. Por la mañana a las seis siempre entra Ben a encender el fuego de nuevo para el resto del día o cuanto dure, así que él podrá ver algún que otro resto cuando retire las cenizas... eso me preocupa.
—''Bueno, aquí eres tú el que debe pensar, eres muy listo y yo no sé ni puedo darte más respuestas, pero te digo una cosa: si alguien descubre un cuerpo seguramente pensará que hay un asesino suelto, y puedes jugar con eso, además eres el señorito Zondervan, deben obedecerte en todo lo que les digas, podrías distraer por la mañana a Ben para que haga otra cosa antes de mirar la caldera''.
—En eso te doy la razón, entonces voy a ver si ya se han ido todos a dormir, no quiero que eso empiece a oler y se descubra todo.—Ughbert cogió el candil con el que iluminaba su cuarto y lo llevó consigo mientras entraba en el oscuro pasadizo en el que había dejado el cuerpo. Antes de trasladarlo caminó por el estrecho pasillo del mismo, sorteando el cadáver y siguió recto hasta toparse con las escaleras que bajaban al piso inferior. Esos pasillos secretos iban por el pasillo de las habitaciones del segundo piso, por el primero entre las paredes, hasta la planta subterránea donde estaba la caldera y por las paredes de la bodega. Estos escondían unas puertas que sólo se podían abrir desde dentro y se cerraban solas si nada las sujetaba, es decir: Ughbert podía ir a cualquier sala de la mansión que se le antojase desde su cuarto sin dejarse ver, y nadie más podía entrar en los pasadizos por otra entrada que no fuera la de la habitación del chico, y eso le daba bastante ventaja.
El adolescente de cabello oscuro paseaba por aquellos túneles con el candil en alto para alumbrar su camino, había bajado al primer piso por unas estrechas escaleras de caracol y una vez allí su camino se dividía en tres. Se los conocía bastante bien como para saber a dónde dirigirse, aunque en aquel momento solo iba a comprobar si había gente deambulando por ahí y no le importaba cuál escoger, de modo que fue por uno cualquiera y lo recorrió para intentar oír algo o verlo a través de cuadros con ranuras especiales para ver el exterior en vez de abrir la puerta y ser visto.
Observó a través de un visor pequeño uno de los salones principales de la casa: este estaba vacío y totalmente oscuro, no se oía nada ni se veía ninguna silueta rara, salvo algún que otro sofá o jarrón que se veía parcialmente por la luz tenue luz de luna que entraba por las ventanas.
Hobo había seguido a su dueño y ya que podía moverse rápido por el túnel se le ocurrió ayudar a Ughbert con su labor:
—''Voy a patrullar por fuera de los túneles para hacer esto más fácil, así que ve directamente a la sala de la caldera.''—Dijo esta hacia el muchacho de cabello oscuro.
—Ya podías haberme dicho eso antes...—Susurró en bajo él, mirando molesto al roedor.
—''Solo soy una rata, no puedo hacer gran cosa, si quieres más ayuda consigue un ayudante fiel''.—Y se fue sin más corriendo hacia otro pasillo. Ughbert bufó con cansancio sin poder reprochar nada y se dio media vuelta para ir a la planta más baja que era la de la caldera.
De nuevo paseó por los estrechos conductos con su candil y bajó las escaleras de caracol más aún, llegando a lo más bajo en la mansión. Allí solo había un pasillo y Ughbert anduvo por este hasta llegar su final. Tras este estaría la sala de la caldera, de hecho allí hacía mucho más calor que en el resto de la casa por la cercanía.
Lo malo de aquella estancia era que no tenía ningún cuadro falso para ver a través del pasadizo, estaba casi vacía y llena de leña y sacos enormes de carbón, además de herramientas para arreglar la caldera, palas para meter el combustible, algunos productos y poco más. Así que Ughbert tenía que jugársela un poco abriendo la puerta secreta que daba al lugar. Por pura suerte, no había nadie allí, así que de momento podía trasladar el cuerpo de Meike desde su habitación hasta allí sin que nadie le viera.
Volvió a subir hasta el pasadizo de su cuarto y entró a este para ponerse unos guantes finos antes de actuar, básicamente para no quemarse al tocar la caldera o clavarse alguna astilla al coger leña. Después volvió a entrar al pasadizo, cogió el candil y agarró con su mano libre el pie del cadáver de Meike, el cual ya estaba bastante frío y tieso, ya que hacía horas que había muerto, pero por suerte aún no se estaba descomponiendo. Ahora el chico debía volver a bajar hasta la sala de la caldera, aunque tenía un pesado lastre que transportar esta vez y tardaría un poco más.
Unos minutos después, tras haber estado arrastrando el cuerpo de su criada por el suelo del pasadizo secreto y dándole golpes por las escaleras, llegó a la planta subterránea y se detuvo antes de abrir la puerta para esperar a Hobo, ella debía decirle si todo estaba despejado y podía salir sin problemas. El roedor finalmente apareció y miró al chico, posándose sobre sus dos patas traseras.
—''Ya no queda nadie deambulando por la casa,—Informaba la rata.—solo Jefferson estaba tomándose una copa de vino en el área de los sirvientes, pero ese no va a bajar hasta aquí, igualmente estaré vigilando en la puerta por si viene alguien''.
—De acuerdo, ahora debo actuar rápido y en silencio, no puedo volver a esconderme en el pasadizo porque se cerrará la puerta sola y desde fuera no la puedo abrir de vuelta.
—''Podrías dejar un tronco en el camino de la puerta para que no se cierre y así puedas volver a entrar''.
—Buena idea...—El chico cuidadosamente abrió la puerta que llevaba hacia la sala de la caldera, estaba vacía y no estaba demasiado iluminada, solo se veía el fulgor que emanaban las pocas llamas que le quedaban a la hoguera. Ughbert buscó a sus pies algún tronco de leña cercano que pudiera recoger para quedar la puerta entreabierta, sin embargo estos estaban apilados al otro extremo de la enorme sala.—Hobo, ¿crees que podrías alcanzarme uno de los troncos?
—''Me temo que no tengo fuerza suficiente para agarrar uno lo bastante grande como para sostener la puerta antes de que se encaje''.
—Vale uno cualquiera que pueda sostenerla hasta que yo pase y coja uno más grande, si no iré a por algo a mi habitación.
—''Como quieras, a ver qué puedo hacer...''—Hobo corrió hasta dentro de la sala de la caldera y cogió un tronco alargado y no muy grueso, pero lo bastante como para que no se rompiera. Enganchó sus dientes en la madera y lo arrastró de nuevo hasta la puerta, donde Ughbert pudo ponerlo para que la frenara y no se encajara mientras estaba fuera de los pasadizos.
—Muchas gracias, luego te daré un trozo de pastel de los que me dio Lizbeth.—Ughbert entró en la sala despacio sin hacer mucho ruido y fue directo hacia la pila de leña para coger uno gordo y grande. Este le pesó un poco, porque el chico no es que fuera muy fuerte, pero pudo ponerlo en la puerta a lo largo para poder sacar el cadáver de Meike sin problemas. No podía cogerla en brazos, solo arrastrarla, y hacer eso por encima del tronco podría hacer que se retirara solo y la puerta acabara cerrándose. Lo que hizo Ughbert fue poner el cuerpo junto a la puerta y lo agarró de los hombros desde fuera, lo elevó un poco y lo quedó a la mitad sobre el tronco, poco a poco fue tirando de él intentando no retirar lo que sostenía la puerta y finalmente logró meter a su víctima completamente en la sala.
El chico se detuvo un momento, jadeando de cansancio, y miró a Meike aún inerte y fría, pero luego observó cómo Hobo se reía de él.
—¿De qué te ríes?—Preguntó molesto el adolescente, cruzándose de brazos.
—''La próxima vez podrías cortar a tus víctimas en pedacitos fáciles de transportar,—Aconsejaba la rata.—aún eres un debilucho, creo que ese pastel deberías de comértelo tú, yo ya estoy suficientemente gorda''.
—¿Y no sería mejor que en vez de comer pasteles hiciera ejercicio? Yo no engordo, como muchísimo de todo.
—''Pues mejor, haz ejercicio, seguro que a Lizbeth le gusta verlo cuando te bañe, aunque ya le gusta bastante ver otras cosas...''
—Oh por Dios, cállate ya, me desconcentras, recuerda que estamos en peligro aquí...
—''Por Dios no, por Satán''.
Suspiró nuevamente harto de aquello el chico y se acercó a la caldera, que estaba en una esquina de la sala, era bastante grande y profunda, pero no tenía una entrada muy amplia, aunque por suerte no estaba demasiado alta como para que fuera difícil meter algo pesado.
—Vale, aquí tenemos otro problema: no voy a poder recurrir muchas veces más a la caldera para quemar los restos puesto a que casi todos los del servicio son grandes o gordos, Meike era delgada y pequeña así que hemos tenido suerte esta vez.
—''Podrías considerar eso que dije de hacerlos pedazos entonces, sería más fácil de quemar, de transportar y todo''.
—Ya iremos viendo, eso parece complicado y sucio... por ahora voy a proceder a quemar a esta perra mala, espero que tarden en darse cuenta de que ha desaparecido.—Ughbert nuevamente agarró a la doncella muerta de los brazos arrastrándola hasta la caldera. Abrió con cuidado la puertecita para meter la leña en ella y de esta salió una gran masa de calor que hizo al chico retroceder. Las brasas aún estaban un poco encendidas y tardarían poco en apagarse, a no ser que él pusiese más madera y otras cosas en ella.
Pensó que con su vestido sería complicado introducirla allí, así que se puso a desvestirla como buenamente pudo, dejándola en ropa interior, que aunque esta fuera pomposa, no lo era tanto como el propio vestido de sirvienta que usaba. Metió este primero en la hoguera junto a sus zapatos y otras cosas para que se fuera avivando el fuego y miró a su alrededor para ver qué podía usar. Se hizo con una botella de éter que había en una estantería para acelerar las llamas, solo se usaba en casos de emergencia en caso de que el fuego no se prendiera rápido en un día muy frío, y aquella vez al muchacho le serviría para reavivar las llamas, las cuales al meter el vestido y las otras prendas se habían elevado un poco, comenzando a quemarlas. Dejó cerca la botella, era mejor echarla después al final del todo, y primero agarró a Meike por sus axilas y recostó su cabeza en la entrada de la caldera, luego la agarró de los pies y la metió lentamente en ella, con cuidado de no quemarse él mismo.
Una vez quedó allí dentro, encogido, el cadáver de la sirvienta empezó a envolverse en llamas poco a poco, pero la cosa aún no había terminado.
Ughbert fue a la pila de leña y cogió dos troncos grandes, poniéndolos junto al cuerpo rápidamente, tenía algo de miedo, no se quería quemar, aunque llevase sus guantes normales, no llevaba los adecuados para meter leña en la caldera y se podía lastimar. Tras meter esos troncos cogió otros cuantos pequeñitos y los puso la mayoría intentando tapar el cuerpo con ellos. Una vez finalizó su trabajo, cogió la botella de éter etílico, destapó el corcho que la tapaba y echó un buen chorro dentro, que elevó las llamas de una manera bastante brusca. Rápidamente el adolescente de cabello oscuro cerró la puerta de acero de la caldera con su cerrojo y miró a través del cristal cómo aquello ardía, riéndose en bajo.
Estaba cansado, sudando del calor que hacía allí y del esfuerzo físico y mental que hizo al llevar a cabo esa tarea, mas le resultó muy satisfactorio haberlo hecho correctamente todo, solo faltaba que nadie descubriera los restos a la mañana siguiente.
Puso la botella con el líquido inflamable en su sitio para que nadie notara nada extraño al entrar, puso el tronco que sostenía la puerta en su sitio, y luego Hobo, como antes, arrastró el pequeño que quedaba hasta su sitio mientras Ughbert le sostenía la puerta, entonces, ambos volvieron a la habitación por los pasillos, iluminando el camino con el candil.
—''¡Muy bien, has eliminado a Meike satisfactoriamente! Seguro que el señor Oscuro estará orgulloso de tu primer trabajo''.—Hablaba Hobo, felicitando al muchacho, el cual estaba contento, pero a la vez algo inseguro, no podía bajar la guardia.
—Gracias, pero ahora debo estar atento para ver quién entra aquí,—Contestó poniéndose serio el chico de ojos grises.—así que pondré el despertador bien temprano antes de que nadie pueda despertarme o ir a ver la caldera, revisaré si queda algo de ese cuerpo, si quedan huesos tendré que sacarlos y enterrarlos o algo así.
—''Perfecto''.—La rata rió macabramente, y Ughbert solo sonrió, aunque de la misma manera, y pronto llegó a su habitación y se cambió de pijama, pues el que tenía quedó lleno de ceniza y estaba algo sudado, y una vez se limpió bien en el baño, cambió la alarma del despertador y lo puso para después meterse en la cama y finalmente dormir y descansar, aunque solo fuera por pocas horas.
Continuará.
La pelirroja tocó la puerta de la habitación diciendo que era ella y el chico alzó la voz para que pasara, a lo que ella entró y volvió a cerrar la puerta a sus espaldas, sosteniendo varias bolsas de tela en sus manos y una cesta de mimbre tapada con un paño marrón.
—¡Hola Ughbert! ¿Has estado aquí todo el rato?—Preguntaba la chica nada más saludar al joven.
—Hola, Lizbeth, y no, antes di un paseo hasta la biblioteca y charlé con Izaäk.—Respondía, recordando el beso que se dio con el otro muchacho, cosa que también pensó antes más profundamente, había sido su primer beso, y con un hombre, eso no podía contárselo a Lizbeth o tal vez pensaría mal de él.—Es... más amable que el resto y en parte me entiende.
—Vaya, parece ser que has progresado un poco intentando hablar con la gente.—Ella sonrió contenta al escuchar lo que logró Ughbert.—Incluso podríais llegar a ser amigos.
—No lo creo, a partir de ahora la única persona en la que sé que puedo confiar eres tú, los demás están ocultando algo.—Hobo escuchaba al chico y se subió rápidamente a la cama, empezando a morder y tirar de su traje.
—''¡Ni se te ocurra decir nada de esto a la tetona! ¡Satán se enfadará si fallas en tu trabajo!''—Gritaba algo descontrolada la rata, y Ughbert la miró bastante extrañado, parecía más nerviosa que de costumbre.
—¿Hobo? ¿Qué te pasa? ¡Deja mi traje!—Ughbert agarró a su mascota , poniéndola en su regazo y acariciándola.
—Eh... bueno, eso de que los demás oculten algo me parece extraño, pero ya hablamos sobre su comportamiento, tú les conoces mejor que yo, pero por favor, no vayas a hacer nada raro...—Lizbeth sabía que Ughbert oía cosas raras que tenían que ver con su rata, y aún no hallaba una explicación lógica a ello, pero algo raro pasaba y ella lo sabía, ese animal no era normal, tenía que volver a escuchar a Ughbert a escondidas y averiguarlo por sí misma. Incluso notó al chico algo más exaltado de lo normal, como si ocultase algo que hubiera pasado en su ausencia, mas no lo manifestó y decidió estar normal con el chico, aparentando estar ajena a todo.
—''No le cuentes nada, ningún otro humano debe saber de todo esto, es muy importante, te lo digo en serio''.—Insistía Hobo, quedándose quieta en las piernas del chico moreno.
—¿Nada raro como qué?—Cuestionaba con nerviosismo él a lo último que dijo la pelirroja.
—Como despedirlos o algo así... Solo espera a que vuelvan tus padres y diles lo que has visto.
—No voy a despedir a nadie, tranquila... Olvidemos eso, ¿qué tal tus recados?
—Pues normal, ya tengo mi pie nuevo, mis cosas e incluso compré pastelillos para ti.—La cuidadora sacó de la cesta de mimbre que llevaba una bandeja con pasteles individuales de varias formas y colores.—No sabía exactamente de qué te gustaban, así que he comprado uno de cada de los que había, los cogí en mi pastelería favorita.
—Vaya... Tienen buena pinta.—Ughbert miró a los pasteles con algo de hambre, era hora de merendar y nada más ver esos pasteles se le hizo la boca agua.—No tenías por qué comprarme nada a mi, es tu dinero, y yo tengo aquí de todo y puedo pedir lo que quiera...
—Da igual que sea mi dinero, a mi me gusta compartir, y pensé en que podríamos comérnoslos juntos para merendar junto a un poco de té, espero que no tengas nada que hacer.
—Tengo la tarde libre...—El chico miró a Lizbeth algo conmovido y le agarró una mano suavemente.—Muchas gracias, de verdad... Me halaga que pienses en mi.
—Bueno, solo son pasteles.—Ella rió un poco, aunque se sonrojó también al notar la mano de Ughbert sobre la suya.—Ni siquiera sabía si te gustaban o no, me sentía mal por no saber qué cosas te gustan, así que quería hablar contigo de eso.
—En ese caso podemos hablar de ello mientras merendamos.—El muchacho de ojos grises se levantó mirándola y sonrió levemente, tendiéndole la mano.—Me agrada que seas tan atenta conmigo, eres como un soplo de aire fresco en mi vida.
Lizbeth se quedó callada y bastante roja, pero tomó la mano de Ughbert y se levantó con él, llevando la cesta y sus bolsas.
—G-gracias...—Pudo balbucear ella, sonriendo como una estúpida.
—''Niño, eres todo un casanova, enamoras tanto a hombres como mujeres, eres un demonio perfecto''.—Mascullaba la rata, la cual se había bajado de él antes de que se levantara y ahora estaba en el suelo.
Ughbert se quedó pensando en aquello, lo que decía Hobo era cierto: atrajo a Izaäk sin saber cómo, y Lizbeth también parecía encantada con él, mas no creía que llegase a enamorarse de un chico seis años menor que ella, ya se lo había dicho al ayudante de cocina y no mentía.
—Gracias a ti, Lizbeth...—Entonces ellos bajaron a la planta baja para merendar algo, y el resto del día solo lo dedicaron a conocerse mejor entre ellos, tampoco hicieron nada más destacable salvo jugar al ajedrez.
Ughbert no se topó de nuevo con Izaäk, y los demás del servicio no hacían nada fuera de lo común, al menos no delante de ellos, tampoco dijeron nada a Lizbeth al verla sola, y lo más importante: nadie preguntó por Meike.
Llegó la noche, la nanny pelirroja ya se había ido a dormir habiendo cenado algo ligero con el muchacho, y este se quedó en su cuarto, sentado en un sofá, esperando pacientemente hasta que todo el servicio también fuera a acostarse, ya que necesitaba transportar el cuerpo de Meike hasta la caldera para quemarla y no dejar rastros del asesinato. Lo malo es que no sabía que los restos óseos no se quemaban fácilmente, pero igualmente iba a intentarlo, solo una persona iba a rellenar la caldera por las mañanas, y si descubría algo sería el siguiente en morir.
Mientras esperaba, Ughbert miró a su rata y esta le miró desde el suelo fijamente, ya que notó que estaba pensativo.
—''¿Qué te ocurre?''—Preguntaba el roedor.—''¿Tienes alguna duda sobre lo que hacer?''
—Unas cuantas, pero no tengo más remedio que hacerlo.—Contestaba el chico, en un tono algo bajo.
—''¿Sobre qué dudas?''
—Sobre cómo deshacerme del cadáver de Meike, pensé en arrojarlo a la hoguera de la calefacción, a la caldera, pero no sé si eso hará que se desintegre por completo o cuánto tiempo necesitaré esperar, y con suerte que no se apaguen las llamas antes de que se reduzca a cenizas. Por la mañana a las seis siempre entra Ben a encender el fuego de nuevo para el resto del día o cuanto dure, así que él podrá ver algún que otro resto cuando retire las cenizas... eso me preocupa.
—''Bueno, aquí eres tú el que debe pensar, eres muy listo y yo no sé ni puedo darte más respuestas, pero te digo una cosa: si alguien descubre un cuerpo seguramente pensará que hay un asesino suelto, y puedes jugar con eso, además eres el señorito Zondervan, deben obedecerte en todo lo que les digas, podrías distraer por la mañana a Ben para que haga otra cosa antes de mirar la caldera''.
—En eso te doy la razón, entonces voy a ver si ya se han ido todos a dormir, no quiero que eso empiece a oler y se descubra todo.—Ughbert cogió el candil con el que iluminaba su cuarto y lo llevó consigo mientras entraba en el oscuro pasadizo en el que había dejado el cuerpo. Antes de trasladarlo caminó por el estrecho pasillo del mismo, sorteando el cadáver y siguió recto hasta toparse con las escaleras que bajaban al piso inferior. Esos pasillos secretos iban por el pasillo de las habitaciones del segundo piso, por el primero entre las paredes, hasta la planta subterránea donde estaba la caldera y por las paredes de la bodega. Estos escondían unas puertas que sólo se podían abrir desde dentro y se cerraban solas si nada las sujetaba, es decir: Ughbert podía ir a cualquier sala de la mansión que se le antojase desde su cuarto sin dejarse ver, y nadie más podía entrar en los pasadizos por otra entrada que no fuera la de la habitación del chico, y eso le daba bastante ventaja.
El adolescente de cabello oscuro paseaba por aquellos túneles con el candil en alto para alumbrar su camino, había bajado al primer piso por unas estrechas escaleras de caracol y una vez allí su camino se dividía en tres. Se los conocía bastante bien como para saber a dónde dirigirse, aunque en aquel momento solo iba a comprobar si había gente deambulando por ahí y no le importaba cuál escoger, de modo que fue por uno cualquiera y lo recorrió para intentar oír algo o verlo a través de cuadros con ranuras especiales para ver el exterior en vez de abrir la puerta y ser visto.
Observó a través de un visor pequeño uno de los salones principales de la casa: este estaba vacío y totalmente oscuro, no se oía nada ni se veía ninguna silueta rara, salvo algún que otro sofá o jarrón que se veía parcialmente por la luz tenue luz de luna que entraba por las ventanas.
Hobo había seguido a su dueño y ya que podía moverse rápido por el túnel se le ocurrió ayudar a Ughbert con su labor:
—''Voy a patrullar por fuera de los túneles para hacer esto más fácil, así que ve directamente a la sala de la caldera.''—Dijo esta hacia el muchacho de cabello oscuro.
—Ya podías haberme dicho eso antes...—Susurró en bajo él, mirando molesto al roedor.
—''Solo soy una rata, no puedo hacer gran cosa, si quieres más ayuda consigue un ayudante fiel''.—Y se fue sin más corriendo hacia otro pasillo. Ughbert bufó con cansancio sin poder reprochar nada y se dio media vuelta para ir a la planta más baja que era la de la caldera.
De nuevo paseó por los estrechos conductos con su candil y bajó las escaleras de caracol más aún, llegando a lo más bajo en la mansión. Allí solo había un pasillo y Ughbert anduvo por este hasta llegar su final. Tras este estaría la sala de la caldera, de hecho allí hacía mucho más calor que en el resto de la casa por la cercanía.
Lo malo de aquella estancia era que no tenía ningún cuadro falso para ver a través del pasadizo, estaba casi vacía y llena de leña y sacos enormes de carbón, además de herramientas para arreglar la caldera, palas para meter el combustible, algunos productos y poco más. Así que Ughbert tenía que jugársela un poco abriendo la puerta secreta que daba al lugar. Por pura suerte, no había nadie allí, así que de momento podía trasladar el cuerpo de Meike desde su habitación hasta allí sin que nadie le viera.
Volvió a subir hasta el pasadizo de su cuarto y entró a este para ponerse unos guantes finos antes de actuar, básicamente para no quemarse al tocar la caldera o clavarse alguna astilla al coger leña. Después volvió a entrar al pasadizo, cogió el candil y agarró con su mano libre el pie del cadáver de Meike, el cual ya estaba bastante frío y tieso, ya que hacía horas que había muerto, pero por suerte aún no se estaba descomponiendo. Ahora el chico debía volver a bajar hasta la sala de la caldera, aunque tenía un pesado lastre que transportar esta vez y tardaría un poco más.
Unos minutos después, tras haber estado arrastrando el cuerpo de su criada por el suelo del pasadizo secreto y dándole golpes por las escaleras, llegó a la planta subterránea y se detuvo antes de abrir la puerta para esperar a Hobo, ella debía decirle si todo estaba despejado y podía salir sin problemas. El roedor finalmente apareció y miró al chico, posándose sobre sus dos patas traseras.
—''Ya no queda nadie deambulando por la casa,—Informaba la rata.—solo Jefferson estaba tomándose una copa de vino en el área de los sirvientes, pero ese no va a bajar hasta aquí, igualmente estaré vigilando en la puerta por si viene alguien''.
—De acuerdo, ahora debo actuar rápido y en silencio, no puedo volver a esconderme en el pasadizo porque se cerrará la puerta sola y desde fuera no la puedo abrir de vuelta.
—''Podrías dejar un tronco en el camino de la puerta para que no se cierre y así puedas volver a entrar''.
—Buena idea...—El chico cuidadosamente abrió la puerta que llevaba hacia la sala de la caldera, estaba vacía y no estaba demasiado iluminada, solo se veía el fulgor que emanaban las pocas llamas que le quedaban a la hoguera. Ughbert buscó a sus pies algún tronco de leña cercano que pudiera recoger para quedar la puerta entreabierta, sin embargo estos estaban apilados al otro extremo de la enorme sala.—Hobo, ¿crees que podrías alcanzarme uno de los troncos?
—''Me temo que no tengo fuerza suficiente para agarrar uno lo bastante grande como para sostener la puerta antes de que se encaje''.
—Vale uno cualquiera que pueda sostenerla hasta que yo pase y coja uno más grande, si no iré a por algo a mi habitación.
—''Como quieras, a ver qué puedo hacer...''—Hobo corrió hasta dentro de la sala de la caldera y cogió un tronco alargado y no muy grueso, pero lo bastante como para que no se rompiera. Enganchó sus dientes en la madera y lo arrastró de nuevo hasta la puerta, donde Ughbert pudo ponerlo para que la frenara y no se encajara mientras estaba fuera de los pasadizos.
—Muchas gracias, luego te daré un trozo de pastel de los que me dio Lizbeth.—Ughbert entró en la sala despacio sin hacer mucho ruido y fue directo hacia la pila de leña para coger uno gordo y grande. Este le pesó un poco, porque el chico no es que fuera muy fuerte, pero pudo ponerlo en la puerta a lo largo para poder sacar el cadáver de Meike sin problemas. No podía cogerla en brazos, solo arrastrarla, y hacer eso por encima del tronco podría hacer que se retirara solo y la puerta acabara cerrándose. Lo que hizo Ughbert fue poner el cuerpo junto a la puerta y lo agarró de los hombros desde fuera, lo elevó un poco y lo quedó a la mitad sobre el tronco, poco a poco fue tirando de él intentando no retirar lo que sostenía la puerta y finalmente logró meter a su víctima completamente en la sala.
El chico se detuvo un momento, jadeando de cansancio, y miró a Meike aún inerte y fría, pero luego observó cómo Hobo se reía de él.
—¿De qué te ríes?—Preguntó molesto el adolescente, cruzándose de brazos.
—''La próxima vez podrías cortar a tus víctimas en pedacitos fáciles de transportar,—Aconsejaba la rata.—aún eres un debilucho, creo que ese pastel deberías de comértelo tú, yo ya estoy suficientemente gorda''.
—¿Y no sería mejor que en vez de comer pasteles hiciera ejercicio? Yo no engordo, como muchísimo de todo.
—''Pues mejor, haz ejercicio, seguro que a Lizbeth le gusta verlo cuando te bañe, aunque ya le gusta bastante ver otras cosas...''
—Oh por Dios, cállate ya, me desconcentras, recuerda que estamos en peligro aquí...
—''Por Dios no, por Satán''.
Suspiró nuevamente harto de aquello el chico y se acercó a la caldera, que estaba en una esquina de la sala, era bastante grande y profunda, pero no tenía una entrada muy amplia, aunque por suerte no estaba demasiado alta como para que fuera difícil meter algo pesado.
—Vale, aquí tenemos otro problema: no voy a poder recurrir muchas veces más a la caldera para quemar los restos puesto a que casi todos los del servicio son grandes o gordos, Meike era delgada y pequeña así que hemos tenido suerte esta vez.
—''Podrías considerar eso que dije de hacerlos pedazos entonces, sería más fácil de quemar, de transportar y todo''.
—Ya iremos viendo, eso parece complicado y sucio... por ahora voy a proceder a quemar a esta perra mala, espero que tarden en darse cuenta de que ha desaparecido.—Ughbert nuevamente agarró a la doncella muerta de los brazos arrastrándola hasta la caldera. Abrió con cuidado la puertecita para meter la leña en ella y de esta salió una gran masa de calor que hizo al chico retroceder. Las brasas aún estaban un poco encendidas y tardarían poco en apagarse, a no ser que él pusiese más madera y otras cosas en ella.
Pensó que con su vestido sería complicado introducirla allí, así que se puso a desvestirla como buenamente pudo, dejándola en ropa interior, que aunque esta fuera pomposa, no lo era tanto como el propio vestido de sirvienta que usaba. Metió este primero en la hoguera junto a sus zapatos y otras cosas para que se fuera avivando el fuego y miró a su alrededor para ver qué podía usar. Se hizo con una botella de éter que había en una estantería para acelerar las llamas, solo se usaba en casos de emergencia en caso de que el fuego no se prendiera rápido en un día muy frío, y aquella vez al muchacho le serviría para reavivar las llamas, las cuales al meter el vestido y las otras prendas se habían elevado un poco, comenzando a quemarlas. Dejó cerca la botella, era mejor echarla después al final del todo, y primero agarró a Meike por sus axilas y recostó su cabeza en la entrada de la caldera, luego la agarró de los pies y la metió lentamente en ella, con cuidado de no quemarse él mismo.
Una vez quedó allí dentro, encogido, el cadáver de la sirvienta empezó a envolverse en llamas poco a poco, pero la cosa aún no había terminado.
Ughbert fue a la pila de leña y cogió dos troncos grandes, poniéndolos junto al cuerpo rápidamente, tenía algo de miedo, no se quería quemar, aunque llevase sus guantes normales, no llevaba los adecuados para meter leña en la caldera y se podía lastimar. Tras meter esos troncos cogió otros cuantos pequeñitos y los puso la mayoría intentando tapar el cuerpo con ellos. Una vez finalizó su trabajo, cogió la botella de éter etílico, destapó el corcho que la tapaba y echó un buen chorro dentro, que elevó las llamas de una manera bastante brusca. Rápidamente el adolescente de cabello oscuro cerró la puerta de acero de la caldera con su cerrojo y miró a través del cristal cómo aquello ardía, riéndose en bajo.
Estaba cansado, sudando del calor que hacía allí y del esfuerzo físico y mental que hizo al llevar a cabo esa tarea, mas le resultó muy satisfactorio haberlo hecho correctamente todo, solo faltaba que nadie descubriera los restos a la mañana siguiente.
Puso la botella con el líquido inflamable en su sitio para que nadie notara nada extraño al entrar, puso el tronco que sostenía la puerta en su sitio, y luego Hobo, como antes, arrastró el pequeño que quedaba hasta su sitio mientras Ughbert le sostenía la puerta, entonces, ambos volvieron a la habitación por los pasillos, iluminando el camino con el candil.
—''¡Muy bien, has eliminado a Meike satisfactoriamente! Seguro que el señor Oscuro estará orgulloso de tu primer trabajo''.—Hablaba Hobo, felicitando al muchacho, el cual estaba contento, pero a la vez algo inseguro, no podía bajar la guardia.
—Gracias, pero ahora debo estar atento para ver quién entra aquí,—Contestó poniéndose serio el chico de ojos grises.—así que pondré el despertador bien temprano antes de que nadie pueda despertarme o ir a ver la caldera, revisaré si queda algo de ese cuerpo, si quedan huesos tendré que sacarlos y enterrarlos o algo así.
—''Perfecto''.—La rata rió macabramente, y Ughbert solo sonrió, aunque de la misma manera, y pronto llegó a su habitación y se cambió de pijama, pues el que tenía quedó lleno de ceniza y estaba algo sudado, y una vez se limpió bien en el baño, cambió la alarma del despertador y lo puso para después meterse en la cama y finalmente dormir y descansar, aunque solo fuera por pocas horas.
Continuará.