Lizbeth tras bañar a Ughbert, dejó que este se relajara un rato más en la bañera mientras ella iba a coger toda su ropa limpia de la habitación.
Él estaba confuso por lo que le había dicho antes de irse, no sabía exactamente cómo resolver su problema. Hobo estaba allí, y se subió al toallero de al lado de la bañera para acercarse a su amo y hablarle.
—"Sé que no te tomas nada de esto en serio, pero deberías hacerlo, y si no quieres morir más te vale que empieces a mover el trasero."—Advertía la rata marrón.
—Hobo... cuando me des una prueba congruente de que lo que dices es cierto te haré caso, pero hasta entonces no pienso matar a nadie, ni siquiera creo que tu voz sea real.—Respondía el joven, tratando de hablar en bajo.
—''Si estuvieras loco me hubieses dicho que sí a la primera, pero no lo estás, soy real, mis órdenes son reales, y si se te acaba el tiempo no habrá vuelta atrás.''
—Me estás perturbando, quiero una maldita prueba. Me da igual cómo la consigas, pero la quiero, esté en juego mi vida o no.
—''También está en juego la vida de tus padres, y ahora la de Lizbeth... Bien sea porque ellos la manten... O porque la tengas que matar tú.''—Ughbert abrió los ojos un tanto escandalizado, no iba a permitir que su familia muriera, y él mismo tampoco se podía permitir matar a una persona inocente.—''Tienes la habilidad de escucharme gracias a que Satanás te la ha dado, él mismo te lo está pidiendo a través de mi, yo soy su mensajera, por eso me encontraste.''
—Si es cierto que el mismo diablo está requiriendo que me deshaga de mis sirvientes quisiera que él en persona me lo diga. Soy maldito humano adolescente, es ridículo en todos los aspectos depender de alguien como yo.
—''El señor está muy ocupado, pero piensa que esto es muy importante, y tú tienes algo para llevar a cabo lo que te pide, por eso te lo pide a ti, pero la próxima vez que él me envíe al Infierno le diré que te de pruebas, aunque convendría que empezaras a reunir alguna que otra arma...''
—Matar a una persona no es tarea fácil, y aunque me esté volviendo loco, creo que aún necesito esas pruebas antes de empezar a hacer nada.
Tras la puerta del baño estaba Lizbeth con la boca abierta. Ella solo podía oír a Ughbert hablar, y desde luego no podía evitar escuchar lo que decía, se estaba preocupando bastante, la cosa era seria. O quizá estaba jugando y pretendía gastarle una broma de muy mal gusto. En cualquier caso lo mejor que podía hacer la cuidadora era ignorarlo y hacer como que no oía nada.
Tocó a la puerta finalmente, no se había atrevido a llamar antes por si le molestaba en mitad de algo raro, sin embargo más raro que lo que había oído era imposible que sucediera.
—¿Puedo pasar ya?—Preguntó Lizbeth, con un tono normal, como si no hubiese oído nada otra vez.
—Claro, entra.—Contestaba de los nervios el joven, echándole una última mirada asesina a su rata para que le dejara de una vez.
Lizbeth entró con la ropa nueva y la dejó sobre la encimera del lavabo. Después se aproximó a Ughbert y pudo ver cómo por el suelo su rata huía rápidamente hacia la puerta, mas esta estaba cerrada y no podía salir.
—¿Se te ha pasado... tu problema?—Volvía a cuestionar, preocupada por si no sabía hacer que bajara la erección que había sufrido.
Ughbert se preocupó tanto por lo que le decía Hobo que se había olvidado completamente, y ya su entrepierna se encontraba normal.
—Si... Se bajó solo...—Dijo este, avergonzado mirando hacia el agua, que empezaba a quedarse fría.—No tuve que hacer nada...
—Genial... ¿Quieres salir ya? ¿Tienes frío?
—Sí, saldré...
Cogiendo la toalla del toallero, la pelirroja la extendió frente a la bañera para que Ughbert saliera, y a su vez apartó la mirada para no tener que ver nada y que él se sintiera mal.
Sin duda le resultaba un chico extraño, y no pudo evitar pensar en lo que había escuchado, y que la rata estuviera de por medio y huyera cuando ella entraba, empezaba a entender porqué nadie quería ese trabajo.
Ughbert acabó saliendo de la bañera y agarró la toalla, envolviéndose con ella, luego Lizbeth le puso otra más pequeña en el pelo y se lo secó despacio, quedándolo ahí enrollado también. Él se ató la toalla a la cintura cuando se secó bien y metió la mano en el agua para buscar el tapón, una vez lo encontró lo quitó y la bañera se vació.
Luego de ello se quedó mirando a su cuidadora nueva, que estaba esperando alguna orden.
—Sabes,—Empezó a decir el chico de cabello oscuro.—has hecho todo a la perfección y en menos de un día has logrado caerme mejor que Patricè en quince años, eres una persona ejemplar, que lo sepas.
—Muchísimas gracias.—Contestó contenta y muy agradecida la pelirroja.—Tú eres el chico más respetuoso que he tenido que cuidar, y me he sentido muy bien cuando me has defendido esta mañana de la servidumbre, tú si que eres ejemplar.
Ambos se miraron entre sí a los ojos. Si no fuera porque estaba sintiéndose perturbada por lo que escuchó, a Lizbeth le empezaría a atraer el chico, pues su carácter tan intenso con los sirvientes y lo rudo que era para su edad le hacía atractivo a los ojos de la chica, sin embargo había varios obstáculos, como que estaba mal visto que una sirvienta tuviera una relación con un noble o su diferencia de edad... y sobre todo la habilidad del chico de poder hablar con una rata que sirve a Satanás según él, eso sobre todo.
Por otro lado, Ughbert también estaba hecho un lío, Hobo le estaba preocupando bastante con todas las cosas que le ''decía'', y si no estuviera en esa situación también comenzaría a cuestionarse por qué le ocurrió aquello en su miembro justamente al estar con Lizbeth, definitivamente iba a preguntar a su institutriz sobre ello, ya que justamente hoy le tocaba aprender biología, aunque tal vez le daría algo de vergüenza, y ahora desconfiaba de los demás empleados de la casa a pesar de que pensase que estaba volviéndose loco y lo que su rata le decía era mentira.
Volvieron a la realidad los dos tras mirarse tanto rato mientras pensaban, Ughbert ahora sí sentía algo de frío y quería vestirse ya.
—Bueno, yo debo vestirme ya,—Comentó el chico.—no sé qué hora será pero mis clases empezarán en breve y debo acudir a la sala de aprendizaje.
—De acuerdo,—Asintió la cuidadora, cogiendo primeramente la ropa interior del muchacho y dándosela.—te traje algo de ropa, no sabía cual, así que he traído un conjunto similar al de ayer. Si quieres puedo coger otra distinta.
—No, muchas gracias,—Ughbert cogió sus calzones y se los puso por debajo de la toalla sin que se le viese nada.—esta ropa que has traído me gusta, mi institutriz Matilde quiere que vaya muy arreglado a sus clases, pero me pide que me recoja el pelo y yo no quiero, mi pelo es sagrado, siempre va a ir suelto a menos que sea realmente necesario.
—Oh, ya veo, esta mañana cuando te peiné me fijé en lo bonito que es tu cabello, realmente te queda muy bien suelto.—Lizbeth cogió primero la camisa interior del joven Zondervan y se la dio para que se la pusiera, este se quedó un poco quieto y sorprendido al oír lo que ella le dijo.
—Gracias por ese halago,—Acabó cogiendo la camisa y se la puso solo, aunque luego su nanny pelirroja se la empezó a abotonar.—es la primera vez en mucho tiempo que oigo a alguien que no es de mi familia obsequiarme con tales alabanzas, normalmente las institutrices y el ama de llaves me suelen decir que el pelo de un hombre debe estar recogido y yo voy desaliñado y no soy digno de heredar el título de barón de Zondervan. También lo decía Patricè, pero solía darme igual lo que ella pensara porque veía todo mal en mi.
—Pues si te da igual lo que Patricè te dijera en el pasado también tiene que darte igual lo que las otras te digan, tú eres el futuro barón y el que heredará el título sí o sí, ¡al cuerno con todas ellas! Eres un chico apuesto, y muchos reyes y otros líderes han gobernado con sus melenas ondeando al viento, lo que importa es cómo eres tú mismo.
De nuevo el chico se sentía halagado y bastante contento por dentro, Lizbeth era la cuidadora perfecta para él, no le desanimaba, es más, le incitaba a ser como es sin tener reparo en lo que puedan decirle, además no era sobreprotectora y le daba libertad en sus actos, era cariñosa, atenta y nada ruda, o al menos aún no había visto esa faceta suya, sin embargo ella no tenía motivos para enfadarse con él y reñirle, estaba siendo educado y amable, hasta se había abierto con ella y estaba hablando mucho más de lo que hablaba normalmente con sus propios padres, eso para el chico ya era raro, pero agradable, sabía que ya podía confiar en ella a pesar de haber pasado solo un día desde que se conocieron.
Ughbert, sin nada que perder le agarró las manos a Lizbeth y la miró a los ojos otra vez, se sentía demasiado bien con ella, y sentía ahora que su vacío interno se estaba llenando gracias a su cercanía, no sabía qué podía ser ese sentimiento, pero empezaba a no querer apartarse del lado de esa chica.
—Lizbeth, permíteme decirte que eres una persona maravillosa, nadie me ha tratado con tanto cariño y atención como tú, eres perfecta, y que yo diga esto de alguien, o si quiera que merezca tantas palabras como te estoy otorgando a ti es una rareza. Me agradas mucho y querría que fueses mi cuidadora por el tiempo que sea necesario, o al menos que permanezcas a mi lado como cualquier otra cosa.
Ahora la que se quedó sin palabras era ella, no podía creer que estuviera oyendo algo así, normalmente en su trabajo nadie le agradecía tanto, pues tanto los niños como los padres la trataban con algo de desapego porque solo era su trabajo, nada más. Pero Ughbert Zondervan a pesar de ser un niño rico y mimado sabía dar las gracias, le hacía pensar a Lizbeth en que eso que decía la gente de que los pobres son más amables y agradecidos que los ricos era un falso bulo que se inventó alguien pobre para acusar a algún rico de cualquier cosa, porque desde luego, cuanto más adinerada era la casa en la que trabajaba ella, mejor la trataban, y no con lujos, si no con buenos tratos hacia ella. La mansión de los Zondervan estaba siendo el mejor sitio en el que nunca trabajó, y no se quería marchar de allí, aunque por desgracia a Ughbert solo le quedarían unos años para hacerse mayor y valerse por sí mismo.
—Eres un cielo... yo tampoco quiero irme de aquí, cuidarte es sencillamente maravilloso... ¿Puedo abrazarte?
—...Está bien, pero deja primero que me vista, tengo un poco de frío...
—¡Oh, discúlpame por olvidarme de vestirte, con todo esto se me ha pasado!—A ella se le veía preocupada y cogió los pantalones cortos del chico, ayudándole a ponérselos cuando él se quitó la toalla que tenía aún en la cintura. Ughbert, sin poder más se rió un poco, y Lizbeth le miró completamente desconcertada, pensó que era más difícil hacer sonreír a ese muchacho. Entonces, algo aún más raro fue cuando este por sí mismo la abrazó de golpe, Ughbert no se reconocía a sí mismo.
Ella, de piedra trató de corresponder a ese abrazo, y eso hizo, le abrazó de vuelta al chico, y poco después se apartaron.
—Ahora debo irme a clase, supongo que nos encontraremos más tarde.—Comentó este, sentándose en una banqueta que había por ahí y tratando de ponerse él mismo sus medias, se las puso torcidas y Lizbeth se agachó frente a él para ayudarle a colocarlas y de paso ponerle sus zapatos.
—Yo te estaré esperando por ahí, limpiaré la jaula de tu rata si quieres.
—Ya te dije que no es preciso que tú lo hagas, simplemente encárgaselo a una sirvienta cualquiera, y si se atreven a decirte algo ten por seguro que no saldrá impune.—El joven se levantó, volviendo a quedar serio, y entonces tras ponerse sus zapatos ambos salieron del cuarto de baño abriendo la puerta. Hobo también salió porque se había quedado junto a ella al no poder salir antes.—Encárgale esa tarea a Claire, es la ama de llaves, no corresponde para nada a su cargo, pero me cae mal esa vieja, si te dice algo dile que es expresamente orden mía y tú mandas sobre ella igualmente, si no te hace caso intervendré.
—De acuerdo.—Los dos se miraron un momento, y entonces la chica reaccionó cuando vio a otra doncella salir de una de las habitaciones y le hizo una reverencia al joven para disimular.—Le veo después, joven Zondervan...
Él solo asintió y se marchó junto a Hobo escaleras abajo hacia la sala donde daba las clases con su institutriz.
Lizbeth se quedó quieta en el pasillo mirándole irse, estaba algo confusa, y cuando la sirvienta aquella llegó a su altura se detuvo a su lado y le envió una fría y seria mirada.
—Tienes al servicio desconcertado, bonita.—Dijo con una voz irritable y resabida.—¿Qué le haces al señorito para que te trate tan bien con solo un día de estancia en la casa?
—Pues tratarle bien de vuelta, no le trato como un mocoso antisocial como hacéis vosotros.—Lizbeth respondió igual de cortante que su compañera de trabajo, tampoco la estaban tratando bien a ella, y se sentía escudada por el muchacho, de modo que no se volvería a callar nada.—Ughbert es una persona fantástica y nadie le ha dado una oportunidad.
—No le damos una oportunidad porque es nuestro amo, tenemos que servirle, para su familia solo somos herramientas que pueden usar cuando les plazca, no tenemos por qué ser gentiles con él encima de que le hacemos todo y vive genial.
—Ya, pero mi trabajo no es ese, mi trabajo es cuidar de él y ser amistosa, y se ha hartado de compararme con Patricè para bien, o sea que lo estoy haciendo mejor que ella, por eso yo he conseguido más en un día que esa señora en toda su miserable vida.
—¡¿Cómo te atreves a hablar así de una difunta?! Solo eres una furcia barata, sigo pensando que te has ganado al señorito haciéndole algo oral, dejándote manosear o incluso le dejaste montarte como una fulana...
—¡¿QUÉ?! ¡¿Cómo osas si quiera a pensar en algo así de él?! ¡Es un adolescente y no sabe nada de esos temas!—La pelirroja decía la verdad basándose en lo que ocurrió en el cuarto de baño, sin embargo no pensaba contarle eso a aquella sirvienta.—¡Y si te molesta u os molesta a todos los del servicio que yo haga mejor mi trabajo pues esmeraos vosotros más en el vuestro y dejadme en paz a mi! No os debo nada a los sirvientes, y si no soy como la otra os aguantáis, ¡no tengo nada que ver con vosotros ni con Patricè!
Directamente le dio la espalda para no hablar más con esa criada, aunque antes de irse iba a decir una cosa más, ya que la otra se quedó callada, pero muy enfadada, sabía que no tenía que hablar de más por mucho que quisiera decir lo que pensaba.
—Ah, por órdenes directas del señorito Zondervan, dile a Claire que limpie la jaula de Hobo.
—Pero eso no es trabajo para...
—¡Son órdenes del señorito! ¡Díselo o tendréis problemas las dos!—Lizbeth directamente se fue con paso firme a otro lado que no fuera ese, y la otra doncella bufó muy mosqueada y también se dio la vuelta para seguir con su trabajo sin volver a decir nada.
Ughbert se había quedado justo a la mitad de las escaleras para no ser visto, pero lo escuchó todo, tal vez no entendió lo que dijo su sirvienta sobre lo que Lizbeth le hizo, pero vio que ella le defendió también y eso le encantó.
El joven de cabello oscuro se marchó escaleras abajo para ir a donde debía dar sus clases con la institutriz, su mentalidad estaba cambiando, pero a pesar de que se sentía bien con Lizbeth y estaba cómodo, seguía estando el problema de su rata. Ella le aseguró que no estaba loco, porque él mismo se estaba reteniendo, sin embargo tras ver aquel comportamiento tan extraño de una de las sirvientas, que siempre se portaba bien antes del suicidio de Patricè, comprobó que algo no estaba yendo bien. Era aquello y todo el comportamiento del resto de empleados, se estaban relajando tras la marcha de sus padres, y no podía consentir que eso se le fuera de las manos, pero tampoco se podía permitir hacerles daño, no por el momento.
_____________________________
Ughbert llegó a la sala donde le tocaba dar su clase con la institutriz y se sentó en su pupitre sin decir nada. En esa sala espaciosa solo había uno y la gran mesa donde se sentaba su maestra particular. Esta ocupaba una silla de madera marrón oscura y brillante acolchada en amarillo con flores. La mujer tenía el cabello recogido elegantemente, era de color castaño oscuro y en su rostro lucía unas gafas redondeadas y simples con un cordel colgando de sus patillas. No tendría más de cuarenta años, era una mujer relativamente joven y simpática, no era estricta y no tenía que ver con los sirvientes, eso tranquilizaba un poco a Ughbert, aunque le aconsejaba mucho sobre su aspecto para verse formal.
Cuando la institutriz llamada Matilde se percató de que el muchacho había entrado, dejó el libro que estaba leyendo sobre la mesa tras dejarle el marcapáginas entre estas y lo apartó.
—Buenos días señorito Zondervan, ¿listo para su clase de biología?—Cuestionó con energía la profesora, poniéndose en pie. Ella siempre fue alegre a pesar de que el muchacho fuera tan serio y frío, pero él hoy estaba de buen humor a pesar de la confusión de Hobo y el servicio.
—Buenos días, Matilde,—Respondió con un tono neutral el chico, mirando a su institutriz.—y sí, estoy listo, de hecho tengo una pregunta muy importante que hacerle sobre biología humana...
—Oh, adelante, ¿qué quiere preguntarme?
—Verá, acabo de bañarme con mi nueva cuidadora, y me ha ocurrido algo involuntario pero muy vergonzoso mientras estaba en la bañera y ella me limpiaba... ¿puedo confiar en usted? No quisiera que nadie del servicio mencionase algo como esto.
—Por supuesto que puede confiar en mi, señorito, yo soy su profesora desde que es pequeño y jamás he ido diciendo cosas de usted a otras personas, dígamelo sin problema.
—Pues... una parte... muy íntima de mi cuerpo... ahí abajo... cambió y se puso más grande y dura...—El joven bajó su cabeza avergonzado y muy rojo, después de haberse señalado la entrepierna ante Matilde, quien le miraba, colocándose sus gafas, y su expresión cálida y cómplice se volvió poco a poco a una de desconcierto. Gran parte de su sorpresa se debió a que Ughbert no estaba tan callado y distante como antes, y ahora confiaba sus problemas a su maestra como si de su madre se tratase.—Lizbeth me dijo que eso se debía a que estaba muy relajado en la bañera, y se rehusó de darme más detalles por si acaso, creo que temía meterse en problemas por decirme algo como eso, ¿usted puede explicármelo como parte de esta clase?
—C-claro, yo se lo explicaré sin problemas, para eso estoy, es importante que un adolescente empiece a conocer su cuerpo y sus posibilidades, está madurando y es completamente normal que le pase eso. Voy a sacar el esquema y se lo mostraré todo mejor.—Matilde se puso a rebuscar entre los archivadores de la sala y acabó por sacar un plano doblado que desdobló y luego colocó en una pizarra especial para poner este tipo de cosas y mostrársela mejor a sus alumnos. En aquella hoja de papel extensa, amarillenta y con marcas de haber estado doblada, se podía ver la parte baja de un hombre desnudo, de frente y de lateral, y Ughbert al ver eso se puso mucho más rojo todavía.—Los hombres tenéis pene, esto es algo que obviamente sabe ya que usted lo es, sin embargo veo que desconoce alguna de sus funciones, ahora vamos a repasar un poco el tema de la reproducción y después iremos a eso que le ha pasado...
Ughbert se quedó callado atendiendo a su institutriz y esta le empezó a explicar un montón de cosas que se sabían en la época sobre reproducción, hasta que llegó al punto al que el chico quería llegar:
—...Entonces lo que ha sufrido, señorito Zondervan, ha sido una erección, y esto ocurre cuando se excita al ver algo que le gusta mucho, y significa que está preparado para inicial el coito o acto sexual, y si su nueva nanny es joven y atractiva quizá significa que le atraiga su físico y su manera de bañarle, en esa situación es muy normal que eso le ocurra si no sabe controlarse.
—¿Está insinuando que... mi cuerpo me pide mantener relaciones con mi cuidadora...?—Ughbert no entendía gran cosa, nunca le explicaron nada de aquello y se perdía.
—¡Por Dios, no! No piense eso, usted es algo joven para esas actividades, que una mujer le atraiga de esa manera solo significa que está desarrollándose correctamente y en un futuro podrá complacer a su futura esposa cuando la tenga y así tener hijos, pero no por ahora. Lo que puede hacer es complacerse a sí mismo para aliviarse, aunque supuestamente es pecado, pero algunos hombres me han confesado que es muy molesto aguantarlo, de modo que haga lo que tenga que hacer solo en la intimidad para solucionarlo la próxima vez.
—Ah, de acuerdo... entonces saco en claro que solo es una reacción de mi cuerpo al ver algo que me gusta...
—Sí, eso es, o en su defecto que te sientas demasiado a gusto como dijo la señorita Van Divel, no se precipite, por lo que sé ella es muy mayor para usted, y además una empleada, de modo que no se le ocurra intentar nada raro con ella.
—No estaba pensando en nada raro, Matilde, solo quiero saber de las cosas que me ocurren, me gusta estar informado.
—Es un joven muy listo, yo sé que es buen chico, señorito Zondervan, por eso he de advertirle para que no se acerque indebidamente a esa muchacha sin quererlo.
—De acuerdo, gracias por avisarme.
—¿Tiene alguna otra duda o podemos comenzar la clase normal?
—No, ya me ha quedado todo claro, gracias por resolverme la duda.
—Para eso estoy.—La mujer sonrió cálidamente, ella no parecía tener nada en contra de Lizbeth como los demás, Ughbert también confiaba en ella y esta se había dado cuenta del cambio del chico, cosa que atribuyó a la pelirroja, pero no pensó mal de ella como otros en la casa.—Pero la próxima vez ven un poco más arreglado, tienes que recogerte el pelo o cortártelo de una vez, ¡no sé cómo te lo voy a decir! Estarías más guapo si se te viese la cara.
El adolescente suspiró poniéndose la mano en la cara. Entonces prosiguieron con las clases normalmente, hasta que cerca de la una de la tarde Ughbert terminó y quedó libre para hacer lo que quisiera hasta la hora de la comida.
Hobo le esperaba en la puerta de la sala de sus clases, parecía alarmada y rápidamente se acercó a los pies del chico.
—''¡Ughbert! ¡El señor Satanás me ha pedido que te diga que confíes en él! Ahora mismo no puede enviar a ningún humano al infierno y no puede llevarte para contártelo en persona, ¡pero debes actuar ya!''
—¿Otra vez con esto? Deben ser malditas alucinaciones...—Refunfuñó el joven de cabello negro, gruñendo en bajo y agachándose para coger a su rata.
—''Por lo que más quieras, ve a tu cuarto y te demostraré lo real que son mis mensajes, y luego te enseñaré algo que te hará ver toda la verdad''.
—Como quieras...—Ughbert se apresuró a su cuarto atravesando los vacíos pasillos de su mansión hasta llegar a las escaleras que subían a su habitación.
Poco después, el chico llegó a esta con Hobo y entraron cerrando la puerta con el cerrojo. Ughbert dejó a la rata marrón en su cama y él se sentó a su lado.
—Venga, no tengo tiempo para esto, Lizbeth debe estar esperándome.—Volvió a hablar él, ya con más seguridad.
—''Mira, es hora de explicarte más a fondo todo esto para que me creas. Satanás no tiene poder suficiente para enviar humanos vivos al Infierno, pero si tú matas a personas malvadas para salvar a alguien, en este caso tu familia y la nueva cuidadora, le proporcionarás el poder suficiente que sale de esas personas por la maldad que tenían en vida, ya que sus almas son enviadas al infierno. Necesitas creer en mi, soy lo único que ha podido mandar Satanás para ayudarle a recolectar poder suficiente, salvarías el Infierno, y el mundo.''
Ughbert se quedó helado al escuchar aquello en su mente, le sonaba todo como un descabellado cuento fantasioso, aunque no pudo ni contestar o pensar si quiera en una respuesta, cuando Hobo salto al regazo del adolescente y se puso sobre las patas traseras, mirándole fijamente.
—''Dame un papel y un carboncillo, te daré pruebas físicas de que no soy una rata cualquiera ni te estás volviendo loco''—Insistió Hobo una vez más, entonces ella se bajó de su dueño y este se levantó hacia su escritorio, cogiendo un carboncillo de dibujo junto a una hoja en blanco, lo puso todo en el suelo y la rata bajó a este, cogiendo el carboncillo con sus patas. Hábilmente comenzó a dibujar sobre el papel un monigote muy simple pero con grandes cuernos y cola terminada en flecha, parecía obvio que se trataba del diablo.—''Este es Satanás, el señor del Inframundo. Él debe mantener el Infierno enviando a la gente malvada a ser castigada, él de por sí no es malo, es más bueno de lo que parece, y realmente existe, no son cuentos religiosos''.
—¿Es real...? ¡¿Puedes dibujar?!—El chico se sobresalto y tocó el dibujo para asegurarse, acabó por manchar levemente las yemas de sus dedos con el carboncillo negro y se miró.
—''Es un intento desesperado por que veas que es real, y con esto te quiero decir, Ughbert, que tú tienes algo que Satanás ha visto, quiere que seas su ayudante, su enviado en la Tierra, básicamente porque un día por casualidad miró esta parte del mundo y vio lo que tramaban tus empleados.—El pequeño roedor seguía representando lo que decía con dibujos vagos pero informativos, y Ughbert los podía ver, podía saber que era cierto, su rata estaba dibujando ante él. Había dibujado a sus sirvientes en corro con garabatos como si estuvieran hablando a escondidas de tres personas alejadas en el dibujo que eran sus padres y él.—''Tal y como te dije, lo de Patricè fue un presagio para que te dieses cuenta por ti solo de que una fuerza ajena a la Tierra está de tu lado y te salvará, Satanás gastó el poco poder del que disponía para hacer que esa mujer se suicidara sin más, ya que era la cabecilla del grupo y tendrías alguien menos a quien matar, pero ahora el cabecilla es Jefferson, y tanto él como el resto tienen que ser asesinados por ti.''
El joven quedó en silencio tras atender a aquella información tan reveladora. Satanás había inducido a Patricè a suicidarse, si eso era cierto y él mismo no estaba trastocando su realidad para ver y oír todo eso se aventuraría a actuar de una vez. Pero no estaba nada seguro, por una parte quería creer a Hobo y darles su merecido a esas malas personas, pero por otra no conseguía darle suficiente credibilidad al asunto y pensó que por aquel suicidio de su antigua nanny se estaba volviendo loco...
Continuará!
Él estaba confuso por lo que le había dicho antes de irse, no sabía exactamente cómo resolver su problema. Hobo estaba allí, y se subió al toallero de al lado de la bañera para acercarse a su amo y hablarle.
—"Sé que no te tomas nada de esto en serio, pero deberías hacerlo, y si no quieres morir más te vale que empieces a mover el trasero."—Advertía la rata marrón.
—Hobo... cuando me des una prueba congruente de que lo que dices es cierto te haré caso, pero hasta entonces no pienso matar a nadie, ni siquiera creo que tu voz sea real.—Respondía el joven, tratando de hablar en bajo.
—''Si estuvieras loco me hubieses dicho que sí a la primera, pero no lo estás, soy real, mis órdenes son reales, y si se te acaba el tiempo no habrá vuelta atrás.''
—Me estás perturbando, quiero una maldita prueba. Me da igual cómo la consigas, pero la quiero, esté en juego mi vida o no.
—''También está en juego la vida de tus padres, y ahora la de Lizbeth... Bien sea porque ellos la manten... O porque la tengas que matar tú.''—Ughbert abrió los ojos un tanto escandalizado, no iba a permitir que su familia muriera, y él mismo tampoco se podía permitir matar a una persona inocente.—''Tienes la habilidad de escucharme gracias a que Satanás te la ha dado, él mismo te lo está pidiendo a través de mi, yo soy su mensajera, por eso me encontraste.''
—Si es cierto que el mismo diablo está requiriendo que me deshaga de mis sirvientes quisiera que él en persona me lo diga. Soy maldito humano adolescente, es ridículo en todos los aspectos depender de alguien como yo.
—''El señor está muy ocupado, pero piensa que esto es muy importante, y tú tienes algo para llevar a cabo lo que te pide, por eso te lo pide a ti, pero la próxima vez que él me envíe al Infierno le diré que te de pruebas, aunque convendría que empezaras a reunir alguna que otra arma...''
—Matar a una persona no es tarea fácil, y aunque me esté volviendo loco, creo que aún necesito esas pruebas antes de empezar a hacer nada.
Tras la puerta del baño estaba Lizbeth con la boca abierta. Ella solo podía oír a Ughbert hablar, y desde luego no podía evitar escuchar lo que decía, se estaba preocupando bastante, la cosa era seria. O quizá estaba jugando y pretendía gastarle una broma de muy mal gusto. En cualquier caso lo mejor que podía hacer la cuidadora era ignorarlo y hacer como que no oía nada.
Tocó a la puerta finalmente, no se había atrevido a llamar antes por si le molestaba en mitad de algo raro, sin embargo más raro que lo que había oído era imposible que sucediera.
—¿Puedo pasar ya?—Preguntó Lizbeth, con un tono normal, como si no hubiese oído nada otra vez.
—Claro, entra.—Contestaba de los nervios el joven, echándole una última mirada asesina a su rata para que le dejara de una vez.
Lizbeth entró con la ropa nueva y la dejó sobre la encimera del lavabo. Después se aproximó a Ughbert y pudo ver cómo por el suelo su rata huía rápidamente hacia la puerta, mas esta estaba cerrada y no podía salir.
—¿Se te ha pasado... tu problema?—Volvía a cuestionar, preocupada por si no sabía hacer que bajara la erección que había sufrido.
Ughbert se preocupó tanto por lo que le decía Hobo que se había olvidado completamente, y ya su entrepierna se encontraba normal.
—Si... Se bajó solo...—Dijo este, avergonzado mirando hacia el agua, que empezaba a quedarse fría.—No tuve que hacer nada...
—Genial... ¿Quieres salir ya? ¿Tienes frío?
—Sí, saldré...
Cogiendo la toalla del toallero, la pelirroja la extendió frente a la bañera para que Ughbert saliera, y a su vez apartó la mirada para no tener que ver nada y que él se sintiera mal.
Sin duda le resultaba un chico extraño, y no pudo evitar pensar en lo que había escuchado, y que la rata estuviera de por medio y huyera cuando ella entraba, empezaba a entender porqué nadie quería ese trabajo.
Ughbert acabó saliendo de la bañera y agarró la toalla, envolviéndose con ella, luego Lizbeth le puso otra más pequeña en el pelo y se lo secó despacio, quedándolo ahí enrollado también. Él se ató la toalla a la cintura cuando se secó bien y metió la mano en el agua para buscar el tapón, una vez lo encontró lo quitó y la bañera se vació.
Luego de ello se quedó mirando a su cuidadora nueva, que estaba esperando alguna orden.
—Sabes,—Empezó a decir el chico de cabello oscuro.—has hecho todo a la perfección y en menos de un día has logrado caerme mejor que Patricè en quince años, eres una persona ejemplar, que lo sepas.
—Muchísimas gracias.—Contestó contenta y muy agradecida la pelirroja.—Tú eres el chico más respetuoso que he tenido que cuidar, y me he sentido muy bien cuando me has defendido esta mañana de la servidumbre, tú si que eres ejemplar.
Ambos se miraron entre sí a los ojos. Si no fuera porque estaba sintiéndose perturbada por lo que escuchó, a Lizbeth le empezaría a atraer el chico, pues su carácter tan intenso con los sirvientes y lo rudo que era para su edad le hacía atractivo a los ojos de la chica, sin embargo había varios obstáculos, como que estaba mal visto que una sirvienta tuviera una relación con un noble o su diferencia de edad... y sobre todo la habilidad del chico de poder hablar con una rata que sirve a Satanás según él, eso sobre todo.
Por otro lado, Ughbert también estaba hecho un lío, Hobo le estaba preocupando bastante con todas las cosas que le ''decía'', y si no estuviera en esa situación también comenzaría a cuestionarse por qué le ocurrió aquello en su miembro justamente al estar con Lizbeth, definitivamente iba a preguntar a su institutriz sobre ello, ya que justamente hoy le tocaba aprender biología, aunque tal vez le daría algo de vergüenza, y ahora desconfiaba de los demás empleados de la casa a pesar de que pensase que estaba volviéndose loco y lo que su rata le decía era mentira.
Volvieron a la realidad los dos tras mirarse tanto rato mientras pensaban, Ughbert ahora sí sentía algo de frío y quería vestirse ya.
—Bueno, yo debo vestirme ya,—Comentó el chico.—no sé qué hora será pero mis clases empezarán en breve y debo acudir a la sala de aprendizaje.
—De acuerdo,—Asintió la cuidadora, cogiendo primeramente la ropa interior del muchacho y dándosela.—te traje algo de ropa, no sabía cual, así que he traído un conjunto similar al de ayer. Si quieres puedo coger otra distinta.
—No, muchas gracias,—Ughbert cogió sus calzones y se los puso por debajo de la toalla sin que se le viese nada.—esta ropa que has traído me gusta, mi institutriz Matilde quiere que vaya muy arreglado a sus clases, pero me pide que me recoja el pelo y yo no quiero, mi pelo es sagrado, siempre va a ir suelto a menos que sea realmente necesario.
—Oh, ya veo, esta mañana cuando te peiné me fijé en lo bonito que es tu cabello, realmente te queda muy bien suelto.—Lizbeth cogió primero la camisa interior del joven Zondervan y se la dio para que se la pusiera, este se quedó un poco quieto y sorprendido al oír lo que ella le dijo.
—Gracias por ese halago,—Acabó cogiendo la camisa y se la puso solo, aunque luego su nanny pelirroja se la empezó a abotonar.—es la primera vez en mucho tiempo que oigo a alguien que no es de mi familia obsequiarme con tales alabanzas, normalmente las institutrices y el ama de llaves me suelen decir que el pelo de un hombre debe estar recogido y yo voy desaliñado y no soy digno de heredar el título de barón de Zondervan. También lo decía Patricè, pero solía darme igual lo que ella pensara porque veía todo mal en mi.
—Pues si te da igual lo que Patricè te dijera en el pasado también tiene que darte igual lo que las otras te digan, tú eres el futuro barón y el que heredará el título sí o sí, ¡al cuerno con todas ellas! Eres un chico apuesto, y muchos reyes y otros líderes han gobernado con sus melenas ondeando al viento, lo que importa es cómo eres tú mismo.
De nuevo el chico se sentía halagado y bastante contento por dentro, Lizbeth era la cuidadora perfecta para él, no le desanimaba, es más, le incitaba a ser como es sin tener reparo en lo que puedan decirle, además no era sobreprotectora y le daba libertad en sus actos, era cariñosa, atenta y nada ruda, o al menos aún no había visto esa faceta suya, sin embargo ella no tenía motivos para enfadarse con él y reñirle, estaba siendo educado y amable, hasta se había abierto con ella y estaba hablando mucho más de lo que hablaba normalmente con sus propios padres, eso para el chico ya era raro, pero agradable, sabía que ya podía confiar en ella a pesar de haber pasado solo un día desde que se conocieron.
Ughbert, sin nada que perder le agarró las manos a Lizbeth y la miró a los ojos otra vez, se sentía demasiado bien con ella, y sentía ahora que su vacío interno se estaba llenando gracias a su cercanía, no sabía qué podía ser ese sentimiento, pero empezaba a no querer apartarse del lado de esa chica.
—Lizbeth, permíteme decirte que eres una persona maravillosa, nadie me ha tratado con tanto cariño y atención como tú, eres perfecta, y que yo diga esto de alguien, o si quiera que merezca tantas palabras como te estoy otorgando a ti es una rareza. Me agradas mucho y querría que fueses mi cuidadora por el tiempo que sea necesario, o al menos que permanezcas a mi lado como cualquier otra cosa.
Ahora la que se quedó sin palabras era ella, no podía creer que estuviera oyendo algo así, normalmente en su trabajo nadie le agradecía tanto, pues tanto los niños como los padres la trataban con algo de desapego porque solo era su trabajo, nada más. Pero Ughbert Zondervan a pesar de ser un niño rico y mimado sabía dar las gracias, le hacía pensar a Lizbeth en que eso que decía la gente de que los pobres son más amables y agradecidos que los ricos era un falso bulo que se inventó alguien pobre para acusar a algún rico de cualquier cosa, porque desde luego, cuanto más adinerada era la casa en la que trabajaba ella, mejor la trataban, y no con lujos, si no con buenos tratos hacia ella. La mansión de los Zondervan estaba siendo el mejor sitio en el que nunca trabajó, y no se quería marchar de allí, aunque por desgracia a Ughbert solo le quedarían unos años para hacerse mayor y valerse por sí mismo.
—Eres un cielo... yo tampoco quiero irme de aquí, cuidarte es sencillamente maravilloso... ¿Puedo abrazarte?
—...Está bien, pero deja primero que me vista, tengo un poco de frío...
—¡Oh, discúlpame por olvidarme de vestirte, con todo esto se me ha pasado!—A ella se le veía preocupada y cogió los pantalones cortos del chico, ayudándole a ponérselos cuando él se quitó la toalla que tenía aún en la cintura. Ughbert, sin poder más se rió un poco, y Lizbeth le miró completamente desconcertada, pensó que era más difícil hacer sonreír a ese muchacho. Entonces, algo aún más raro fue cuando este por sí mismo la abrazó de golpe, Ughbert no se reconocía a sí mismo.
Ella, de piedra trató de corresponder a ese abrazo, y eso hizo, le abrazó de vuelta al chico, y poco después se apartaron.
—Ahora debo irme a clase, supongo que nos encontraremos más tarde.—Comentó este, sentándose en una banqueta que había por ahí y tratando de ponerse él mismo sus medias, se las puso torcidas y Lizbeth se agachó frente a él para ayudarle a colocarlas y de paso ponerle sus zapatos.
—Yo te estaré esperando por ahí, limpiaré la jaula de tu rata si quieres.
—Ya te dije que no es preciso que tú lo hagas, simplemente encárgaselo a una sirvienta cualquiera, y si se atreven a decirte algo ten por seguro que no saldrá impune.—El joven se levantó, volviendo a quedar serio, y entonces tras ponerse sus zapatos ambos salieron del cuarto de baño abriendo la puerta. Hobo también salió porque se había quedado junto a ella al no poder salir antes.—Encárgale esa tarea a Claire, es la ama de llaves, no corresponde para nada a su cargo, pero me cae mal esa vieja, si te dice algo dile que es expresamente orden mía y tú mandas sobre ella igualmente, si no te hace caso intervendré.
—De acuerdo.—Los dos se miraron un momento, y entonces la chica reaccionó cuando vio a otra doncella salir de una de las habitaciones y le hizo una reverencia al joven para disimular.—Le veo después, joven Zondervan...
Él solo asintió y se marchó junto a Hobo escaleras abajo hacia la sala donde daba las clases con su institutriz.
Lizbeth se quedó quieta en el pasillo mirándole irse, estaba algo confusa, y cuando la sirvienta aquella llegó a su altura se detuvo a su lado y le envió una fría y seria mirada.
—Tienes al servicio desconcertado, bonita.—Dijo con una voz irritable y resabida.—¿Qué le haces al señorito para que te trate tan bien con solo un día de estancia en la casa?
—Pues tratarle bien de vuelta, no le trato como un mocoso antisocial como hacéis vosotros.—Lizbeth respondió igual de cortante que su compañera de trabajo, tampoco la estaban tratando bien a ella, y se sentía escudada por el muchacho, de modo que no se volvería a callar nada.—Ughbert es una persona fantástica y nadie le ha dado una oportunidad.
—No le damos una oportunidad porque es nuestro amo, tenemos que servirle, para su familia solo somos herramientas que pueden usar cuando les plazca, no tenemos por qué ser gentiles con él encima de que le hacemos todo y vive genial.
—Ya, pero mi trabajo no es ese, mi trabajo es cuidar de él y ser amistosa, y se ha hartado de compararme con Patricè para bien, o sea que lo estoy haciendo mejor que ella, por eso yo he conseguido más en un día que esa señora en toda su miserable vida.
—¡¿Cómo te atreves a hablar así de una difunta?! Solo eres una furcia barata, sigo pensando que te has ganado al señorito haciéndole algo oral, dejándote manosear o incluso le dejaste montarte como una fulana...
—¡¿QUÉ?! ¡¿Cómo osas si quiera a pensar en algo así de él?! ¡Es un adolescente y no sabe nada de esos temas!—La pelirroja decía la verdad basándose en lo que ocurrió en el cuarto de baño, sin embargo no pensaba contarle eso a aquella sirvienta.—¡Y si te molesta u os molesta a todos los del servicio que yo haga mejor mi trabajo pues esmeraos vosotros más en el vuestro y dejadme en paz a mi! No os debo nada a los sirvientes, y si no soy como la otra os aguantáis, ¡no tengo nada que ver con vosotros ni con Patricè!
Directamente le dio la espalda para no hablar más con esa criada, aunque antes de irse iba a decir una cosa más, ya que la otra se quedó callada, pero muy enfadada, sabía que no tenía que hablar de más por mucho que quisiera decir lo que pensaba.
—Ah, por órdenes directas del señorito Zondervan, dile a Claire que limpie la jaula de Hobo.
—Pero eso no es trabajo para...
—¡Son órdenes del señorito! ¡Díselo o tendréis problemas las dos!—Lizbeth directamente se fue con paso firme a otro lado que no fuera ese, y la otra doncella bufó muy mosqueada y también se dio la vuelta para seguir con su trabajo sin volver a decir nada.
Ughbert se había quedado justo a la mitad de las escaleras para no ser visto, pero lo escuchó todo, tal vez no entendió lo que dijo su sirvienta sobre lo que Lizbeth le hizo, pero vio que ella le defendió también y eso le encantó.
El joven de cabello oscuro se marchó escaleras abajo para ir a donde debía dar sus clases con la institutriz, su mentalidad estaba cambiando, pero a pesar de que se sentía bien con Lizbeth y estaba cómodo, seguía estando el problema de su rata. Ella le aseguró que no estaba loco, porque él mismo se estaba reteniendo, sin embargo tras ver aquel comportamiento tan extraño de una de las sirvientas, que siempre se portaba bien antes del suicidio de Patricè, comprobó que algo no estaba yendo bien. Era aquello y todo el comportamiento del resto de empleados, se estaban relajando tras la marcha de sus padres, y no podía consentir que eso se le fuera de las manos, pero tampoco se podía permitir hacerles daño, no por el momento.
_____________________________
Ughbert llegó a la sala donde le tocaba dar su clase con la institutriz y se sentó en su pupitre sin decir nada. En esa sala espaciosa solo había uno y la gran mesa donde se sentaba su maestra particular. Esta ocupaba una silla de madera marrón oscura y brillante acolchada en amarillo con flores. La mujer tenía el cabello recogido elegantemente, era de color castaño oscuro y en su rostro lucía unas gafas redondeadas y simples con un cordel colgando de sus patillas. No tendría más de cuarenta años, era una mujer relativamente joven y simpática, no era estricta y no tenía que ver con los sirvientes, eso tranquilizaba un poco a Ughbert, aunque le aconsejaba mucho sobre su aspecto para verse formal.
Cuando la institutriz llamada Matilde se percató de que el muchacho había entrado, dejó el libro que estaba leyendo sobre la mesa tras dejarle el marcapáginas entre estas y lo apartó.
—Buenos días señorito Zondervan, ¿listo para su clase de biología?—Cuestionó con energía la profesora, poniéndose en pie. Ella siempre fue alegre a pesar de que el muchacho fuera tan serio y frío, pero él hoy estaba de buen humor a pesar de la confusión de Hobo y el servicio.
—Buenos días, Matilde,—Respondió con un tono neutral el chico, mirando a su institutriz.—y sí, estoy listo, de hecho tengo una pregunta muy importante que hacerle sobre biología humana...
—Oh, adelante, ¿qué quiere preguntarme?
—Verá, acabo de bañarme con mi nueva cuidadora, y me ha ocurrido algo involuntario pero muy vergonzoso mientras estaba en la bañera y ella me limpiaba... ¿puedo confiar en usted? No quisiera que nadie del servicio mencionase algo como esto.
—Por supuesto que puede confiar en mi, señorito, yo soy su profesora desde que es pequeño y jamás he ido diciendo cosas de usted a otras personas, dígamelo sin problema.
—Pues... una parte... muy íntima de mi cuerpo... ahí abajo... cambió y se puso más grande y dura...—El joven bajó su cabeza avergonzado y muy rojo, después de haberse señalado la entrepierna ante Matilde, quien le miraba, colocándose sus gafas, y su expresión cálida y cómplice se volvió poco a poco a una de desconcierto. Gran parte de su sorpresa se debió a que Ughbert no estaba tan callado y distante como antes, y ahora confiaba sus problemas a su maestra como si de su madre se tratase.—Lizbeth me dijo que eso se debía a que estaba muy relajado en la bañera, y se rehusó de darme más detalles por si acaso, creo que temía meterse en problemas por decirme algo como eso, ¿usted puede explicármelo como parte de esta clase?
—C-claro, yo se lo explicaré sin problemas, para eso estoy, es importante que un adolescente empiece a conocer su cuerpo y sus posibilidades, está madurando y es completamente normal que le pase eso. Voy a sacar el esquema y se lo mostraré todo mejor.—Matilde se puso a rebuscar entre los archivadores de la sala y acabó por sacar un plano doblado que desdobló y luego colocó en una pizarra especial para poner este tipo de cosas y mostrársela mejor a sus alumnos. En aquella hoja de papel extensa, amarillenta y con marcas de haber estado doblada, se podía ver la parte baja de un hombre desnudo, de frente y de lateral, y Ughbert al ver eso se puso mucho más rojo todavía.—Los hombres tenéis pene, esto es algo que obviamente sabe ya que usted lo es, sin embargo veo que desconoce alguna de sus funciones, ahora vamos a repasar un poco el tema de la reproducción y después iremos a eso que le ha pasado...
Ughbert se quedó callado atendiendo a su institutriz y esta le empezó a explicar un montón de cosas que se sabían en la época sobre reproducción, hasta que llegó al punto al que el chico quería llegar:
—...Entonces lo que ha sufrido, señorito Zondervan, ha sido una erección, y esto ocurre cuando se excita al ver algo que le gusta mucho, y significa que está preparado para inicial el coito o acto sexual, y si su nueva nanny es joven y atractiva quizá significa que le atraiga su físico y su manera de bañarle, en esa situación es muy normal que eso le ocurra si no sabe controlarse.
—¿Está insinuando que... mi cuerpo me pide mantener relaciones con mi cuidadora...?—Ughbert no entendía gran cosa, nunca le explicaron nada de aquello y se perdía.
—¡Por Dios, no! No piense eso, usted es algo joven para esas actividades, que una mujer le atraiga de esa manera solo significa que está desarrollándose correctamente y en un futuro podrá complacer a su futura esposa cuando la tenga y así tener hijos, pero no por ahora. Lo que puede hacer es complacerse a sí mismo para aliviarse, aunque supuestamente es pecado, pero algunos hombres me han confesado que es muy molesto aguantarlo, de modo que haga lo que tenga que hacer solo en la intimidad para solucionarlo la próxima vez.
—Ah, de acuerdo... entonces saco en claro que solo es una reacción de mi cuerpo al ver algo que me gusta...
—Sí, eso es, o en su defecto que te sientas demasiado a gusto como dijo la señorita Van Divel, no se precipite, por lo que sé ella es muy mayor para usted, y además una empleada, de modo que no se le ocurra intentar nada raro con ella.
—No estaba pensando en nada raro, Matilde, solo quiero saber de las cosas que me ocurren, me gusta estar informado.
—Es un joven muy listo, yo sé que es buen chico, señorito Zondervan, por eso he de advertirle para que no se acerque indebidamente a esa muchacha sin quererlo.
—De acuerdo, gracias por avisarme.
—¿Tiene alguna otra duda o podemos comenzar la clase normal?
—No, ya me ha quedado todo claro, gracias por resolverme la duda.
—Para eso estoy.—La mujer sonrió cálidamente, ella no parecía tener nada en contra de Lizbeth como los demás, Ughbert también confiaba en ella y esta se había dado cuenta del cambio del chico, cosa que atribuyó a la pelirroja, pero no pensó mal de ella como otros en la casa.—Pero la próxima vez ven un poco más arreglado, tienes que recogerte el pelo o cortártelo de una vez, ¡no sé cómo te lo voy a decir! Estarías más guapo si se te viese la cara.
El adolescente suspiró poniéndose la mano en la cara. Entonces prosiguieron con las clases normalmente, hasta que cerca de la una de la tarde Ughbert terminó y quedó libre para hacer lo que quisiera hasta la hora de la comida.
Hobo le esperaba en la puerta de la sala de sus clases, parecía alarmada y rápidamente se acercó a los pies del chico.
—''¡Ughbert! ¡El señor Satanás me ha pedido que te diga que confíes en él! Ahora mismo no puede enviar a ningún humano al infierno y no puede llevarte para contártelo en persona, ¡pero debes actuar ya!''
—¿Otra vez con esto? Deben ser malditas alucinaciones...—Refunfuñó el joven de cabello negro, gruñendo en bajo y agachándose para coger a su rata.
—''Por lo que más quieras, ve a tu cuarto y te demostraré lo real que son mis mensajes, y luego te enseñaré algo que te hará ver toda la verdad''.
—Como quieras...—Ughbert se apresuró a su cuarto atravesando los vacíos pasillos de su mansión hasta llegar a las escaleras que subían a su habitación.
Poco después, el chico llegó a esta con Hobo y entraron cerrando la puerta con el cerrojo. Ughbert dejó a la rata marrón en su cama y él se sentó a su lado.
—Venga, no tengo tiempo para esto, Lizbeth debe estar esperándome.—Volvió a hablar él, ya con más seguridad.
—''Mira, es hora de explicarte más a fondo todo esto para que me creas. Satanás no tiene poder suficiente para enviar humanos vivos al Infierno, pero si tú matas a personas malvadas para salvar a alguien, en este caso tu familia y la nueva cuidadora, le proporcionarás el poder suficiente que sale de esas personas por la maldad que tenían en vida, ya que sus almas son enviadas al infierno. Necesitas creer en mi, soy lo único que ha podido mandar Satanás para ayudarle a recolectar poder suficiente, salvarías el Infierno, y el mundo.''
Ughbert se quedó helado al escuchar aquello en su mente, le sonaba todo como un descabellado cuento fantasioso, aunque no pudo ni contestar o pensar si quiera en una respuesta, cuando Hobo salto al regazo del adolescente y se puso sobre las patas traseras, mirándole fijamente.
—''Dame un papel y un carboncillo, te daré pruebas físicas de que no soy una rata cualquiera ni te estás volviendo loco''—Insistió Hobo una vez más, entonces ella se bajó de su dueño y este se levantó hacia su escritorio, cogiendo un carboncillo de dibujo junto a una hoja en blanco, lo puso todo en el suelo y la rata bajó a este, cogiendo el carboncillo con sus patas. Hábilmente comenzó a dibujar sobre el papel un monigote muy simple pero con grandes cuernos y cola terminada en flecha, parecía obvio que se trataba del diablo.—''Este es Satanás, el señor del Inframundo. Él debe mantener el Infierno enviando a la gente malvada a ser castigada, él de por sí no es malo, es más bueno de lo que parece, y realmente existe, no son cuentos religiosos''.
—¿Es real...? ¡¿Puedes dibujar?!—El chico se sobresalto y tocó el dibujo para asegurarse, acabó por manchar levemente las yemas de sus dedos con el carboncillo negro y se miró.
—''Es un intento desesperado por que veas que es real, y con esto te quiero decir, Ughbert, que tú tienes algo que Satanás ha visto, quiere que seas su ayudante, su enviado en la Tierra, básicamente porque un día por casualidad miró esta parte del mundo y vio lo que tramaban tus empleados.—El pequeño roedor seguía representando lo que decía con dibujos vagos pero informativos, y Ughbert los podía ver, podía saber que era cierto, su rata estaba dibujando ante él. Había dibujado a sus sirvientes en corro con garabatos como si estuvieran hablando a escondidas de tres personas alejadas en el dibujo que eran sus padres y él.—''Tal y como te dije, lo de Patricè fue un presagio para que te dieses cuenta por ti solo de que una fuerza ajena a la Tierra está de tu lado y te salvará, Satanás gastó el poco poder del que disponía para hacer que esa mujer se suicidara sin más, ya que era la cabecilla del grupo y tendrías alguien menos a quien matar, pero ahora el cabecilla es Jefferson, y tanto él como el resto tienen que ser asesinados por ti.''
El joven quedó en silencio tras atender a aquella información tan reveladora. Satanás había inducido a Patricè a suicidarse, si eso era cierto y él mismo no estaba trastocando su realidad para ver y oír todo eso se aventuraría a actuar de una vez. Pero no estaba nada seguro, por una parte quería creer a Hobo y darles su merecido a esas malas personas, pero por otra no conseguía darle suficiente credibilidad al asunto y pensó que por aquel suicidio de su antigua nanny se estaba volviendo loco...
Continuará!